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martes, febrero 27, 2024

César Bisso /de "Andares"



Estado de ánimo

Ah la lluvia de marzo…

Borra nombres, huellas,
rememora calendarios,
exalta viejas dolencias.
Guarnece a los cobardes. 

Esta lluvia sin tiempo
debilita la pira,
apacigua tempestades,
desala el fondo del mar,
inmola dioses y relatos.

Vivifica la historia 
mientras mece la cuna
de la infamia.

Lava hojas, cadáveres…


El viaje

El duende se desliza por las escaleras del morro
bajo el sordo desamparo de la noche.
De pronto encuentra la estación de autobuses
y rodeado de murciélagos aguarda la hora
cuando la lluvia vomita sobre la tierra.
Antes, lo vieron vaciar bolsos malolientes
en busca de un poema extraviado, alguna vez,
entre la ropa pegajosa de los pobres.
Aquí no hay nada -le dicen- sólo dolor disperso
en alcantarillas. ¿Sólo dolor? pregunta, moroso de frío.
¿Y cómo regreso a casa? ¿Cuál es la boletería?
El autobús, a punto de partir al país más profundo,
demora la marcha hasta que leven sus pequeños pasos.
Llega a sentarse en la última fila, donde el mar
ya no escucha a las gaviotas
y la tierra se transforma en un cielo azul, inefable.                             

                                                           a Ledo Ivo

César Bisso (Coronda, Argentina, 1952)

Andares
,
Ediciones La Yunta,
Buenos Aires, 2023









Más poemas de César Bisso en Otra Iglesia Es Imposible

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lunes, marzo 30, 2020

Diego Colomba / De "El largo aliento"












Decadente

Olvidado entre bolsas de arpillera, con un yuyo en la boca, contempla el desgarro del cielo. Su espalda flaca se hunde en las espigas, ausculta el traqueteo de la chata en los rastrojos. Ni siquiera un ladrido puede arrebatarlo del vértigo con que las cosas se van muriendo.


Una densidad

Tus lentes culo de botella, esas marcas que dejan en la piel grasosa, el brillo de tus ojos, tu barba de días, ese quinoto perfumado que llevás en el bolsillo, el asiento de tractor clavado en la tierra donde probás la embriaguez de lo que dura, no son las moléculas escandidas de una historia. Apenas pedazos de tu materia viva.

Un orden sensible

Aunque se empape la cobija de rocío y amanezca mañana acatarrado, no quiere salir de esa confusión de destellos y oscuridades que arrojan los naranjos en el porlan. Seguirá hamacándose, un rato más, en la amistad dudosa de la noche.

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972), El largo aliento, Alción, Córdoba, Argentina, 2016

Diego Colomba - Otra Iglesia Es Imposible - Premios Nacionales - Ediciones en Danza - Barnacle - Editorial Municipal de Rosario - Op. Cit. - Círculo de Poesía

Foto: Diego Colomba/Facebook

lunes, septiembre 10, 2018

Raúl Vera Ocampo / El otro Shelley













A  veces uno es
fantasma
de uno mismo
y el destino
ordena un tránsito
que deja atónito
al desprevenido
en su paso
por la vida,
¿qué saber
de una silueta
que disipa
su imagen
con el pie
en el estribo
de la nada?

Un pobre hombre
de nombre Shelley
igual que el otro,
poeta
respetado,
éste con su destino
incierto, vulnerado,
enganchado en su bote
y muerto
en el lago Thompson
de un fiero
escopetazo;
qué ridícula suerte
encuentran algunos
y yo descubro
ahí mismo
en ese camposanto
de Spoon River
que la suerte
es dura,
capricho
de pocos.

Uno puede morir
o vivir
es lo mismo,
si el azar
de la ruleta
que nos depara
ese tránsito
desatinado
te señala
una mueca irónica
puedes ver entonces
tu imagen
reflejada
en el filo
de una escopeta
o en la página
en blanco
de un libro
todavía
no escrito.
Y ése
es tu destino.

Raúl Vera Ocampo (La Rioja, Argentina, 1935), Mundo ajeno, Vinciguerra, Buenos Aires, 1998
Envío de Jonio González

Ref.:
Librería Hernández
Wikipedia
YouTube

domingo, marzo 06, 2016

Graciela Maturo / En retirada












         


               a la memoria de Ramón P. Muñoz Soler

Donde el aire es más calmo
donde el ruido rojizo de la feria
se hace luz y paloma
donde el tiempo
ha detenido sus batallas
oyes tu corazón
infinitamente
solo

Casa de la agonía en que se unen
la memoria del cielo y el verdor
Fuego que avanza sobre las aguas mansas
llama fría
que abres
puertas desconocidas

Espero en la oscuridad
ajena al vértigo que roza los espejos
cansada ya del brillo
la risa y las espadas
Absorta miro el cuenco de las palabras
en el anochecer que vela el crujido de los muebles
En la penumbra de aconteceres silenciosos
pasa el ala de fuego de un ángel no nombrado

La luz avanza ahora sobre el mundo.
Ellos, los mercaderes no perciben
el vuelo de las palabras encendidas
ni el secreto rumor de la materia
en la alquimia de los días finales.

Una oscura marea
mueve los dulces ríos de la tierra.
El sabio se retira a su caverna
para escuchar la nueva melodía

Graciela Maturo (Santa Fe, Argentina, 1928) en Otra Iglesia es Imposible

viernes, diciembre 25, 2015

Roberto Themis Speroni / Come mi madre un guiso de verduras















Come mi madre un guiso de verduras
en su casa distante; come un guiso
que tiene casi un siglo y los cubiertos,
niquelados de amor, comen con ella
hoy, en abril, mientras mis tres hermanos
comen en sus hogares, con los hijos
sonoros de maíz, blancos de almíbar.

Mi padre come arriba, con los muertos
que fundaron Orión, que amojonaron
el granizo celeste de la Vía,
y que en la piel boreal de Casiopea
hallaron la respuesta del sextante.

Yo espero aquí; no ceno todavía.
Lo haré después, cuando los míos duerman.

Roberto Themis Speroni (La Plata, 1922-City Bell, 1967), Speroni. Poesía completa, edición de la Municipalidad de La Plata y del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1982.
Envío de Jonio González

Foto: s/d

lunes, junio 29, 2015

Diego L. García / De "Ruido invierno"













los días van comiéndose las sobras
y con los recuerdos de las sobras hemos construido
esta ciudad / este abismo de palabras / fotos
para perdernos en el trayecto de regreso
¿a dónde iremos antes? / ¿hasta dónde
el lento bocado del miedo / la trampa
de lo que vemos interminable en sus bordes?
pronto / los platos caen al suelo y estallan
y el dibujo / mandala / abandona nuestro
punto de vista / y somos en uno de los aros
concéntricos parte que viaja en el desarme /
perdida unidad / oh pasado / un silencio
que baja la cabeza y sigue / acomoda
el cuello de su abrigo para afrontar
el frío próximo / los años


*


"Aulam repertam auri plenam Euclio
Vi summa servat, miseris adfectus modis"
                 Plauto, Aulularia

el avaro Euclión guarda su olla de oro
la cuida de monstruos / de sus bocas
que escupen pequeñas imágenes de sí mismo
no duerme / teme a la daga del sueño / a la Noche
no habla / tiembla
con el amor de las palabras / aúlla /
es lobo cuando la carne está servida /
no caza / ama la piedad de los dioses /
envidia el pan del mendigo
el avaro Euclión no es sino su olla de oro
ni el sol / ni los perros / ni la risa de los niños
recorren las cuevas de su tiempo /
tiempo que no sabe
va royendo su existencia / ego compactado
en una moneda de oro
que gira en el aire
y por cualquiera de sus caras
el precio será justo

Dieglo L. García (Berazategui, Argentina, 1983), Ruido invierno, La Luna Que, Buenos Aires, 2015
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Foto: Diego L. García en FB

martes, abril 07, 2015

Bruno Di Benedetto / Aquiles no alcanza a esa maldita tortuga













La falla no está en el talón ni
en la flecha que muerde
dos veces el mismo río:
somos griegos que se vuelven chinos,
pero el acertijo no cambia:
cuatro patas, dos patas,
la tercera
nos crece de noche: caballos
de patas improbables, rellenos
de alpiste,
decí, decí.
Troya gira
como una calesita que arderá
por los siglos de los siglos.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina), Cine de trasnoche, inédito

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Foto: Bruno Di Benedetto FB

viernes, abril 03, 2015

Rubén Reches / Miro torvamente al cielo















                                                                      A Guillermo Boido

Miro torvamente al cielo y te cubro
como un mendigo sus fósforos y su botella,
tiempo nuestro,
bosque resplandeciente del que la luz parece ya no querer huir,
precisa suma de las manos
que sin cesar trasladan agua y fuego entre tus árboles,
de los rostros que, entre tus paredes de casa infinita,
sueltan sin tregua músicas y bruma
-todos al fin y al cabo amables cántaros que sólo crecen fuera de la tierra,
que sólo sobre la tierra dan pupilas-,
amada caja de contables brillos y oscuridades,
jardín del instante en donde hay viejos y niños y mujeres con las que hacer sal,
luz, luz que rueda y que desnuda
o luz de las lámparas, más amiga de la voz,
tiempo nuestro, solamente nuestro,
tus costumbres son las únicas justas,
tus ciudades los supremos cofres,
tus piedras las más mudas y grises.
Jamás el universo se hallará mejor que hoy,
ni el sol pesará tan dulcemente sobre la tierra,
ni la madera estuvo así a punto de hablar,
ni duraron tanto las mariposas.
Sólo tu barro se habrá sabido negro,
sólo tus árboles habrán intentado temblar,
sólo tus flores habrán oído pisadas.
Ningún pájaro volará más ágilmente que esta lluvia
y ningún muerto pensó más que está sombra.
El débil país de todas tus palabras,
que no circunda de ningún rumor a la tierra,
hace como los otros que encendían fósforos contra el silencio,
pero se ilumina solo además con el viento.
Por vientos y perfumes y animales desvelados
siempre harán saber las noches más oscuras
que en su sótano frutas penden de ramas,
pero sólo de la tuya se habrá contado que bajó
ella misma junto a quien se confundía y asustaba
a avisarle: "¡Calma! ¡No somos los siglos esfumados!"
"¡Aquí palpo los volúmenes de oro!"
 
 *

Pero nadie prepara tu defensa.
Tus vigías mendigos miran más de un instante al cielo y se duermen;
y se despiertan con la pereza de quien ha hablado con Alguien
que ya marchó sobre la hierba que cubrirá tus ciudades,
que oyó ruidos de insecto, tesoro que vas cayendo al pozo,
de cuando ya no haya pirata que te desentierre.

[inédito]

Rubén Reches (Buenos Aires, 1949-2018)
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Foto: s/d

viernes, febrero 13, 2015

Assia Djebar / Por cuál verdad












I

Escribir en principio, y cualquiera fuese la lengua,
la que balbuceamos o gritamos,
luego, más tarde, que escribimos- ¡ Y no es
de pronto la misma!
Escribir al fin, o a pesar del hiato que
seguidamente va a seguirte, como una sombra
quebrada, deformada...
Escribir, bien hubiera podido ser en chino, o en
bengalí, o en inglés: fue en árabe (para
aprender el Corán) y en francés; en la escuela.
Escribir, fue al principio la primera;
la oscura necesidad.

II

El francés pues, aquel de la escuela, aquel el de
“nuestros ancestros, los galos”, ahora bien, ¡no eran
“nuestros” ancestros y no eran galos!
Mis, nuestros ancestros hablaban, o gritaban,
o cantaban en árabe, en bereber, en ...
Qué importancia, dado que ellos no escribían
o más bien no escribían más,
guerreaban (¡al menos,
en los relatos de nuestras abuelas!).
Mi abuela, en árabe, contaba a los
niños de su alrededor, la guerra, los rehenes,
el incendio de los olivares, en la zauia (1)
En la escuela francesa, la institutriz, llegada
de Francia – Contaba Carlomagno, e inclusive
Charles Martel, en Poitiers...
En árabe, la abuela continuaba
su historia, siempre de noche
y sobre la esterilla, cerca de las velas...
¡La voz de la maestra y la de la abuela
de la noche, se entrelazaron en mi memoria!

III

Diría yo, hoy que para mi, escribir –
escribir de la sola escritura que me impele, y me
habita, y me manda, escribir en francés
pero para inscribir, a pesar de todo, voces
de ancestras y verdades invertidas, volcadas,
en sus juegos de sombras y de realidad,
eso sería, escribir en francofonía,
En los márgenes,
A la frontera, en lo más recóndito de uno mismo,
de nosotros...
De ellos, allá, antiguamente enemigos
La escritura doble
Las verdades dobles y reflejándose en
opuestos
Escribir en francofonía
En francografía
En francés todavía vivo
A sobresaltos, entre la lengua de los orígenes
rasgadas, andrajosas, jirones
de memoria
Y el francés que resiste, mi francés, que
a pesar de mi, hace en mi, el grand écart
Para reparar, desde luego,
Para renacer, ayer y hoy,
Por cuál verdad...

Assia Djebar (Cherchell, Argelia, 1936-París, 2015), Le Magazine Littéraire nº 451, marzo de 2006
Traducción de Carlos Alvarado Con tinta de amapolas
Envío de Jonio González

(1) Escuela coránica y/o mezquita con derecho a asilo (N. del T.)

© Carlos Alvarado



Pour quelle vérité

Ecrire d’abord et quelle que soit la langue, 
celle qu’on balbutie ou qu’on crie,
puis plus tard qu’on écrit- et ce n’est plus soudain la même!

Ecrire enfin, où malgré l’hiatus qui par la
 suite va vous suivre, comme une ombre brisée, déformée…

Ecrire, cela aurait pu être en chinois, ou en
 bengali, ou en anglais: ce fut en arabe (pour apprendre le Coran) et en français; à l’école.

Ecrire, ce fut d’abord la première; 
l’obscure nécessité.

II

Le français donc, celui de l’école, celui de 
“nos ancêtres, les Gaulois,”, or ils n’étaient pas  “nos” ancêtres, et ils n’étaient pas Gaulois!

Mes, nos ancêtres parlaient, ou criaient, 
ou chantaient en arabe, en berbère, en…
Quelle importance, puisqu’ils n’écrivaient pas, ou plutôt
 qu’ils n’écrivaient plus,
 ils faisaient la guerre( du moins dans les récits de nos grands-mères!).

Ma grand-mère, en arabe, racontait aux enfants autour d’elle, la guerre, les otages, l’incendie des oliviers, à la zaouïa.

A l’école française l’institutrice- venue de France- racontait Charlemagne, et même Charles Martel à Poitiers…

En arabe, l’aieule continuait 
son histoire, toujours la nuit
et sur la natte, près des bougies…

La voix de la maîtresse et celle de l’aïeule de
La nuit se sont entrelacées dans ma mémoire!

III

Dirais-je aujourd’hui que pour moi écrire-
Écrire de la seule écriture qui me pousse, et
m’habite, et me commande, écrire en français
mais pour inscrire tout de même voix
des aïeules et vérités inversées, renversées
dans leurs jeux d’ombre et de réalité, 
ce serait cela, écrire en francophonie.

 Sur les marges.

A la frontière, au plus loin de soi même,
de nous…


D’eux, là –bas, autrefois ennemis

L’écriture double

Les verité doubles et se réfléchissant en
contraires

Ecrire en francophonie

En francographie

En français encore vivant
              
En soubresauts entre la langue des 
origines déchirées, dépenaillées, lambeaux
de mémoire

Et le français qui résiste, mon français qui malgré moi fait en moi le grand écart.

Pour réparer, bien sûr

Pour renaître, hier et demain,

Pour quelle vérité…