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martes, octubre 15, 2024

León de Greiff / Tres poemas



Rapsodia-soneto para Gregorio

Camarada! Camarada en fantásticas, en ilógicas, en absurdas y múltiples lides,
siempre fiel a mi vera, con tu gesto de risa, de sarcasmo, de burlas y befas y mofa,
en el viejo navío -bergantín o goleta, urca, birreme o praho- caballero en la hóspite cofa,
cuántas veces, mil veces! relataras leyendas prolijas, en que fuimos, los dos, adalides!

Añoranzas de puertos exóticos! Fragantes hembras! Zambras! Embriagueces de trágicas 
    vides!
Las humosas tabernas y sombríos tabucos! Por España y por Indias, algaradas con la ríspida 
    gente gallofa:
y las noches eternas por los árticos hielos: y la azul, sollozante, romántica estrofa
estrujada de llantos, cuando noches lunosas -ante rejas morunas- ¡serenatas y duelos: 
    amatorios  ardides!

Ya cesó la Odisea. Hora somos añejos marinos. Viejos troncos y mútilos que a la orilla botó 
    el oleaje...
De un naufragio despojos: abolidos despojos... Marineros anclados, en hirsuta, fatídica riba...
Es la vida pretexto, nada más, para historias y fábulas, para historias que todos, de falsas, 
    rïendo, motejan...

Camarada! Camarada en fantásticas lides! Compañero de todo mi viaje: mi real e hipotético 
    viaje
alredor de los Mundos, por abscónditos Mares! Los barcos -hogaño- sin nosotros alegres se 
    alejan...
Camarada! Encendamos las pipas! El humo! Vagarosos recuerdos... -Por tu rostro curtido una 
    lágrima surca, furtiva.  
                                                                                                                      1920


Sonetines

Nunca la Poesía cosa grave.
Jamás la Poesía baladí...
Varia la Poesía: a Ella me dí
como a la Dona viperina o suave.

Si la Dona te ama ¿quién lo sabe?
Si no te ama, ¿quién lo sabe? dí.
Fugada, aún es rosa de Engadí.
La Poesía es ave, es nube, es nave

de los vientos juguete: así la Dona.
¿Nunca la Poesía cosa seria?
¿Nunca la Dona, clara, fiel, segura?

Una u otra te hiere o galardona,
te enaltece, te sume en la miseria:
las dos son la razón de la locura,

ESTRAMBOTE

son la sal del ensueño y la aventura,
los gajos de laurel o la corona
de espinas: a la vez honor, laceria,
acerbía, dolor, amor, ventura.
Razón y sinrazón: Son cosa seria...
(Concepto de Gaspar de Noche-Escura).


IV
                 A Enrique Caballero Escovar

Lo primero de todo es la mujer.
De la mujer -primero- lo mejor.
De la mujer lo mejor es su flor.
La flor de la mujer... Es, a saber:

La intercolumnia flor (ser o no ser
en ello está el meollo: en Elsinor
lo dijo Hamlet -pésimo amador:
Ofelia lo atestigua: intacto arder).

Lo primero de todo está en se dar.
En se dar para en trueque recibir
lo mejor: ¿qué otra suerte? ¿qué otro albur?

Lo primero de todo es el amar.
Hay que amar a destajo hasta morir.
Hasta que Cronos blanda su segur.

ESTRAMBOTE

Del Este al Norte del Oeste al Sur,
amar en verde, en rojo o en azur
(siguiendo a Omar Jayyám de Nischapur
y a Beremundo el Lelo, augur, tahúr)
 ¡abur! ¡agur!

                                               14. VIII. 1970

León de Greiff (Medellín, Colombia, 1895 - Bogotá 1976), Antología, Universidad Externado de Colombia, Facultad de Comunicación Social y Periodismo, Bogotá, 2005

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sábado, octubre 05, 2024

León de Greiff / Dos poemas




Tergiversaciones

I

Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso
suelo rimar -en verso de contorno difuso-
mi viaje byroniano por las vegas de Zipa...,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja fingirse paraísos... al uso
de alucinado Pöe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin... hasta del Padre Víctor Hugo omniforme...!

Y tánta tierra inútil por escasez de músculos!
tánta industria novísima! tánto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos...

(1916)

(Tergiversaciones, 1925) 



Balada del tiempo perdido

I

El tiempo he perdido
y he perdido el viaje...

Ni sé adónde he ido...
Mas sí vi un paisaje
sólo en ocres:
desteñido...

Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas
de turbio pelaje,
de negras plumas.
Y luces mediocres. Y luces mediocres.
Vi también erectos
pinos: señalaban un dombo confuso,
ominoso, abstruso,
y un horizonte gris de lindes circunspectos.
Vi aves
graves,
aves graves de lóbregas plumas
—antipáticas al hombre—,
silencios escuché, mudos, sin nombre,
que ambulaban ebrios por entre las brumas...
Lodo, barro, nieblas; brumas nieblas, brumas.

Ni sé adónde he ido,
y he perdido el viaje
y el tiempo he perdido...

II

El tiempo he perdido
y he perdido el viaje…

Ni sé adónde he ido...
Mas supe de un crepúsculo de fuego
crepitador: voluminosos gualdas
y calcinados lilas!
(otrora muelles como las tranquilas
disueltas esmeraldas).
Sentí, lascivo, aromas capitosos!
¡Bullentes crisopacios
brillaban lujuriosos
por sobre las bucólicas praderas!
Rojos vi y rubios, trémulos trigales
al beso de los vientos cariciosos!
Sangrantes de amapolas vi verde-azules eras!

Vi arbolados faunales:
Versallescos palacios
fabulosos
para lances y juegos estivales!
Todo acorde con pitos y flautas,
cornamusas, fagotes pastoriles,
y el lánguido piano
chopiniano,
y voces incautas
y mezzo-viriles
de mezzo-soprano.

Ni sé adónde he ido...
y he perdido el viaje
y el tiempo he perdido...

III

Y el tiempo he perdido
y he perdido el viaje...Ni sé adónde he ido...
Por ver el paisaje
en ocres,
desteñido,
y por ver el crepúsculo de fuego!

Pudiendo haber mirado el escondido
jardín que hay en mis ámbitos mediocres!
o mirando sin ver: taimado juego,
buido ardid, sutil estratagema, del Sordo, el Frío, el Ciego.

(1923)

(Libro de signos, 1930)

León de Greiff  (Medellín, Colombia, 1895 - Bogotá, 1976), Material de Lectura n° 84, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2010

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Foto: Otraparte

lunes, julio 01, 2024

Gustavo Adolfo Garcés / De "Intento un verso de espíritu leve"




Vendaval

El mar y el viento
no tienen
traducción


Hallazgo

La noche
habla
todas
las lenguas


Hasta el fin de los números 140

Llegas al alma
por el esplendor
de lo inútil

y entonces
las palabras
se hacen
ciencia


Hasta el fin de los números 360

El deseo
tiene más dedos que el verso

Gustavo Adolfo Garcés (Medellín, Colombia, 1957), Intento un verso de espíritu leve, Libro Homenaje del XXXI Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Corpoulrika/Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 2023
Envío de Darío Jaramillo Agudelo, vía Gozar Leyendo, correo periódico de la editorial colombiana Luna Libros
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viernes, marzo 22, 2024

María Mercedes Carranza / Historia universal de la camelia




De todas, más o menos de todas
por las entretelas del corazón
anda Margarita Gauthier.
Algunas llevan la camelia
en el hombro, otras bajo las enaguas.
Todas entre bambalinas, con Armandos,
desmayos, rubores y lágrimas.
Entre Eva, que fue el principio
–se desconoce a la madre de Yavé–
y usted señorita, la historia es larga.
Camelias blancas, camelias amarillas,
camelias negras. Pompadoures
de su príncipe, Catalinas
de su corazón. Beatas por un pelo,
la Estuardo en los altares;
vírgenes como Isabel, o como Lucrecia,
camelia venenosa, víctimas de un Borgia.
María Luisa, gorda y fea,
más sensible que una adormidera,
Josefina entre diademas y Paulina
su dignísima cuñada. Queda Julia
la hija del Divino y Biblia arriba
Judith, camelia santa.
Y sobre ellas y las que faltan,
la celeste Celestina, que a todas ama
y a todas guía, aún con el sabor
en las encías y vive y reina
por los siglos de los siglos.

María Mercedes Carranza (Bogotá, 1945-2003), Poesía completa, Lumen, Barcelona, 2019
Envío de Jonio González

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Foto: HJCK

miércoles, marzo 13, 2024

Juan Manuel Ponce / La cadencia secreta



La cadencia secreta de la vida
está en el llanto del recién nacido
en el jadeo del amor
en el ritmo del corazón que ama.

El origen del universo
es la atracción de la materia
urgida por el amor.

El espacio infinito y el mar
caben en un beso.
Toda la eternidad, tu casa blanca
la cordillera, las hortensias del jardín
la luna y las lagunas
celebran este día, ese instante
en que sonríes
como un dios.

Lo grande habla en lo pequeño.

Juan Manuel Ponce (Tuluá, Colombia, 1949, Peregrinos, Taller de Edición Rocca, Bogotá, 2023
Vía Darío Jaramillo, Listín Diario, 18.2.2024

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Foto: Semana, Colombia

jueves, noviembre 16, 2023

Santiago Rodas / De "Érase una vez un poeta"



Érase una vez un poeta
perdido entre los barrios de Puerto Tejada.
Contemplaba las nubes distraído
rumiando el cosmos
con la salubre intención de construir una metáfora
de la sensación que le producía el paisaje.
De pronto a su lado
apareció el Diablo como solo sabe Él aparecer.
Y juntos, el Viruñas y el poeta,
se sentaron a ver la trayectoria de nubes
sin mediar palabra.
Así como dos horas con treinta,
hasta que el Diablo se cansó
y con un hastalueguito
se fue buscando
con qué entretenerse
                   dejando tras de sí
un tufo de cuero de vaca mal curtido.

Santiago Rodas (Medellín, Colombia, 1990), Érase una vez un poeta, Atarraya, Medellín, 2023
Vía Darío Jaramillo en Luna Libros, noviembre de 2023


sábado, septiembre 02, 2023

Alvaro Mutis / Cita



Y ahora que sé que nunca visitaré Estambul,
me entero que me esperan en la calle de Shidah Kardessi,
en el cuarto que está encima de la tienda del oculista.
Un golpe de aguas contra las piedras de la fortaleza,
me llamará cada día y cada noche
hasta cuando todo haya terminado.
Me llamará sin otra esperanza
que la del azar agridulce
que tira de los hilos neciamente
sin atender la música
ni seguir el asunto en el libreto.
Entretanto, en la calle de Shidah Kardessi
tomo posesión de mis asuntos
mientras se extiende el tiempo
en ondas crecientes y sin pausa
desde el cuarto que está encima
de la tienda del oculista

Álvaro Mutis (Bogotá, 1923 - Ciudad de México, 2013), Los trabajos perdidos, Era, Ciudad de México, 1965
Envío de Jonio González


jueves, agosto 10, 2023

Juan Gustavo Cobo Borda / Tres poemas



Rey en el exilio
                
                A José Luis Díaz-Granados

Sus huestes se pasan en tropel al enemigo;
las tácticas que él utilizara
se emplean en su contra
y no queda ni el consuelo
de un sobrio epitafio.
Hay, en todo ello, una justicia exacta,
implícita en su decisión de servir a la patria.
(Ahhh, las grandes palabras).
La política era pues esta infamia,
Y sus memorias, pasto del gorgojo y la ignorancia.

Casa de citas, Centro Colombo-Americano, Bogotá, 1980


Rue de Matignon, 3

El viejo judío enfermo -su oficio eran mirar-
levanta con el índice el párpado paralizado:
allí están los polvorientos estandartes del Emperador.
Las leyendas del liberalismo
no han logrado enturbiar su gesto aristocrático.
Además, renegar de Yahvé, mendigar unos francos
no era, en verdad, asunto grave,
Quedaba el idioma, y el antiguo oficio de Dios
que es perdonar. Pero el desterrado no es hombre práctico:
desdicha y aflicción, como en toda biografía respetable.
Mientras Matilde cotorrea,
Heine, aburrido, se demora en morir.

Salón de Té, Centro Colombo-Americano, Bogotá, 1979


Leyendo a Conrad

Las aspas del ventilador
apenas remueven el aire
y en algún remoto cuarto de este hotel,
destartalado pero noble,
una mujer se demora bajo el agua.
Fue entonces cuando el capitán comenzó
a narrarnos su historia.
Transcurría en el Oriente,
entre islas secretas
y radas de blancura deslumbrante.
Aparecía un hombre,
traficante de armas, y culpas innominadas.
También el piadoso consuelo de una mulata.
Eso fue todo. Y sin embargo,
luego de que los huéspedes nos dispersamos,
fatigados por un día de playa,
ella siguió resonando, de modo inolvidable.

Ofrenda en el altar del bolero, Golpe de Dados, Bogotá, 1979

Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1947 - 2022), José Rodríguez Padrón, Antología de poesía hispanoamericana, Selecciones Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1984


viernes, febrero 03, 2023

Ramona de Jesús / De "Dos metros cuadrados de piel"



Estudio comparativo de la anatomía de las manos en la representación
de la pintura inglesa de comienzos del siglo XIX

existían hombres de ideas auténticas
y sinceras. dueños de jardines de pájaros
exóticos, de botellas de láudano junto
a los pinceles. hombres de un profundo
desagrado por lo convencional. Algunos
de ellos, para estudiar la naturaleza,
cerraban —con las manos de su amante
en el marco—, la puerta. nacía la pintura:
Beatriz y sus dos ramilletes descompuestos
que no cavan un hueco, no se lamen
un dedo, no levantan, no empuñan,
ni tallan la piedra. por esos hombres o en su contra,
vino mi padre a enseñarnos a pintar casas,
a resanar paredes. era un buen hombre.
renunció a ser poeta. poseía como aquellos,
un profundo desagrado por lo convencional
y una selección de fotos de Lady Diana
en las que nunca se le vieron las manos.


Consideraciones sobre la destrucción de Roma I

no culpo al gallo de fuego chino por nuestro incendio
no veo augurios en las mellas del anillo
ni busco respuestas en los cachitos de uña 
que escupimos en los ceniceros
me rehúso a leer un vaticinio en ese sueño donde los gatos
franqueaban laberintos y escaleras
a ser de aquellos que esperan que doce cornejas caigan muertas 
antes de firmar la hipoteca

todo lo humano también es divino solo porque es humano
y existe un efecto transcendente en el acto de no cruzar 
ciertos litorales

para que la vida no le haga golpe de estado a las palabras
o para que un verso no le haga golpe de estado al sexo 
hemos de conformarnos con contemplar la iglesia en llamas 
desde las escaleras
no porque seamos ateos no porque no tengamos miedo 
sino porque es suficiente dejar el sexo en el sexo
el horóscopo en la billetera
y en el poema los acertijos del incendio

Ramona de Jesús (Medellín, Colombia, 1990)

Dos metros cuadrados de piel
,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2022










viernes, agosto 19, 2022

Andrea Cote Botero / Dos poemas



La Merienda

También acuérdate María
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bien una hoguera encallada
o un yermo
o un relámpago.

Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.

El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que para nosotros salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.

Pero a pesar de todo,
tu lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supieras,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas
aunque te haga llorar.

Pero sobre todo, María,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaran de mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que es este el tiempo
y este su quehacer.


Siembra Triste

No salgas al campo vacío
todo sembrado por debajo
del dolor todo.
No bebas el agua de los ríos
los que
y por debajo
duermen
las ciudades extraviadas.

No mires de frente a los árboles
Porque ellos están humillados,
y ocultan las rojas raíces en los hoyos del aire.

No salgas al campo
y las piedras no te hablarán de su sed
y la selva no será odio
y la aurora no será el horror.

No salgas y no habrá otro espanto
que el de este
redondo fondo sembrado de lo muerto
donde aún ,
ahíto
y diezmado,
te amenaza el amor.

Andrea Cote Botero (Barrancabermeja, Colombia, 1981), Puerto calcinado, Universidad Externado de Colombia, Facultad de Comunicación Social-Periodismo, 2003


miércoles, agosto 17, 2022

Fátima Vélez Giraldo / Mapaches




Mapaches

un abrigo caliente
si es posible peludo
para anidar el
festivo de otoño
el hueco
en la rutina
a veces
en el abrigo
a veces
en el codo
ese a veces
arbitrario
pacta
con la ciudad
arbitraria
dejo que tomen
lo que quieran
con tal de darme un techo

escurro
sólo quedan dos gotas que no son iguales, porque las gotas nunca son iguales, y aparece una niña antigua que dice en inglés cojo y con acento, My finger is my finger and my finger is my shape, y luego dice Cuidado, que también la ciudad da mujeres que olvidan tener cuerpos y brazos y manos
hueca
te olvidas
que prometiste no
hablar de ti
en segunda persona

y en qué lengua hablar
a la altura de la 77
bajo la estatua de Cristóbal Colón
el día de Cristóbal Colón

13 de octubre de 1614

-13 de octubre de 2014

                             -400

ya decía que soy de menos
otras épocas
descubro
como
alguien
antes descubrió
tierra nueva
que la felicidad
tiene piel de mapache

Fátima Vélez Giraldo (Manizales, Colombia, 1985), Diseño de interiores, 2015 vía Literariedad


sábado, agosto 13, 2022

Harold Alvarado Tenorio / De "De los gozos del cuerpo"




La tarde va cayendo en su gris...

La tarde va cayendo en su gris
y uno que otro disparo de fusil o revólver
recuerda que estás en tu país de muertos.

Alguien volverá a llamar esta tarde,
alguien sin esperanza.

Que la tarde muera como mueres hoy
en el silencio del primer día de un año
como tantos otros del pasado.

No comprendiste las palabras
aquellos que conocieron la locura
jamás crecieron en brazos de los dioses
jamás cantaron contra el infinito.


Wamba

En este lugar, 
un desocupado Caballero Hospitalario
de la Orden de San Juan de Jerusalén
ordenó durante cuarenta años
las tibias, los fémures y las calaveras que ves.
Es la Huesera de Wamba,
un rey godo coronado 
a la muerte de Recesvinto 
hace 1339 años.
Nadie sabe quiénes fueron,
ni qué hicieron,
ni nos importa ahora.
Por causa de su pobreza
no tuvieron sepultura.
Sólo eso sabemos.
Recuerda, entonces, viajero
que todos somos de Wamba,
Wamba es nuestra tierra.
Wamba fue nuestro ayer
y será el mañana.


Proverbios

No hables.

Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.

Confía sólo en los niños y los animales
y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.

A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas
y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,
tus angustias, pero nunca tus éxitos.

De tus hermanos ama el que está lejos
y teme al que vive cerca.

A tus padres nunca preguntes por su pasado
ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes
tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
y si llegas a tener hijos, piensa que,
como en los juegos de azar,
podrás ganar o perder.

El destino no existe.

Eres tú tu destino.

Y si llegas a la vejez
da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo,
pero implora con resignación por tu pronta muerte.

Los que no tenemos dinero ni poder
valemos menos que un caballo,
un perro,
un pájaro o una luna llena.

Los que no tenemos dinero ni poder
siempre hemos callado para poder vivir largos años.

Los que no tenemos dinero ni poder
llegados a los cuarenta
debemos vivir en silencio
en absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,
así lo certifica el presente.

Quien no pudo cambiar su país
antes de cumplir la cuarta década,
está condenado a pagar su cobardía por el resto
de sus días.

Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entre ellos,
y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

Harold Alvarado Tenorio (Buga, Colombia, 1945), De los gozos del cuerpo, Universidad de Caldas, Colombia, 2012


Foto: Babab

domingo, mayo 22, 2022

Ramón Cote / De "Colección privada"




Batalla de San Romano. Paolo Uccello

Para alcanzar una sola de las naranjas
que mudas, que cuelgan, que redondas
ofrecen en medio de la muerte

su perfecta geometría,
su dulce peso específico,
su más desconcertante inocencia,

que como un telón de fondo de la contienda
seducen por su prohibición
y su belleza, como aquel fruto del árbol
del conocimiento,

es necesario descalzarse, esquivar
en primer término al condotiero Niccolo da Tolentino,
rodear los robustos caballos, admirar sus armaduras,
tocar el labrado de sus estribos,
seguir avanzando en medio de un bosque de lanzas
de las huestes florentinas
teniendo el cuidado de no pisar
ninguno de los cuerpos caídos,

deformes ya
más que por la herida mortal
o el pavor de la batalla,
por la drástica ley de la perspectiva,
para saber que esos frutos
que tanto hemos perseguido
no se encuentran en el lugar
donde nuestro ojo y deseo suponían,
pues son un reflejo de otras naranjas
más lejanas y que jamás mano alguna
podrá alcanzar.

Así lo quiso Paolo Uccello,
maestro de la ilusión óptica.
Y de la melancolía


Jardín de Villa Medici. Velázquez

                                                 Para Álvaro Mutis

Ya no soy ese joven que llegara a Italia
para aprender en sus talleres y claustros y palacios
los codiciados secretos de la pintura.
Ahora ocupo el cargo de pintor de cámara de la corte
y he venido nuevamente a Roma
con el único propósito de adquirir obras de arte
para la colección de su majestad Felipe IV.

Esta tibia tarde de septiembre
regreso como entonces al Jardín de Villa Medici
y mientras repaso en mi memoria
los nombres de algunos pintores ilustres
—Tiziano, Veronés, Correggio, Caravaggio—
observo a un par de hombres cancelar con unas tablas
una noble puerta de piedra que se alza delante de unos pinos.

Al respirar en el jardín el dulce aroma del azahar
que me hace revivir de repente mi infancia en Sevilla,
una voz me pide que abandone por un momento mis funciones,
que me olvide de mi dedicación y entrega a los demás
y guarde sólo para deleite mío testimonio de estas horas.

Entonces cierro los ojos y suplico al cielo
que sea capaz de repetir más tarde en la tela
esta efímera felicidad que ahora me acompaña,
antes de que mi propia memoria,
como la puerta de piedra que están cubriendo,
no me reconozca y me impida la entrada.

Al verme contemplar la pintura desde lejos
el rey me pregunta qué singular acontecimiento allí se refleja,
qué oculta alegoría pretendo enunciar,
pero solamente acierto a responder que es la tarde, majestad,
solamente la tarde romana que pasa.

Ramón Cote Baraibar (Cúcuta, Colombia, 1963), "Colección privada" (2003)

Temporal
. Obra reunida
Fondo de Cultura Económica, 
Bogotá, 2021










miércoles, marzo 30, 2022

María Mercedes Carranza / Tengo miedo



                               Todo desaparece ante el miedo. El miedo,
                            Cesonia; ese bello sentimiento, sin aleación,
                            puro y desinteresado; uno de los pocos
                           que sacan su nobleza del vientre.

                                                             Albert Camus, Calígula


Miradme: en mí habita el miedo.
Tras estos ojos serenos, en este cuerpo que ama: el miedo.

El miedo al amanecer porque inevitable el sol saldrá y he de verlo,
cuando atardece porque puede no salir mañana.
Vigilo los ruidos misteriosos de esta casa que se derrumba,
ya los fantasmas, las sombras me cercan y tengo miedo.
Procuro dormir con la luz encendida
y me hago como puedo a lanzas, corazas, ilusiones.
Pero basta quizás solo una mancha en el mantel
para que de nuevo se adueñe de mí el espanto.
Nada me calma ni sosiega:
ni esta palabra inútil, ni esta pasión de amor,
ni el espejo donde veo ya mi rostro muerto.
Oídme bien, lo digo a gritos: tengo miedo.

María Mercedes Carranza (Bogotá, 1945-2003)

El oficio de vivir
,
Biblioteca de Escritoras Colombianas,
Luna Libros,
Bogotá, 2022










sábado, marzo 19, 2022

Horacio Benavides / Tres poemas




–NOSOTROS tuvimos suerte
solo nos mataron
y podemos ir sobre el río
en el balanceo de los camarotes
charlando
–Usted que tiene los ojos buenos, compadre,
dígame, ¿qué ve en la orilla?
–La tierra que fue nuestra
–¿Y qué más ve?
–El humo de las bestias
consumiéndose en los patios
y el humo de las casas
solo el humo


La rosa

A la orilla de la rosa
está la rosa
La una se deshoja
y pasa
A la otra
el tiempo no la toca
La primera es la segunda
La tercera
la que el agua nombra


El reloj

El reloj
es un pájaro
disecado vivo
Un pájaro
que picotea
y picotea
el tiempo
sin romperlo
El reloj
es un dios caído
y torturado

Horacio Benavides (Bolívar, Cauca, Colombia, 1949), vía Luna Libros/Gozar Leyendo, marzo 2022

Por sombra, la luz
,
antología;
Seix Barral,
Bogotá, 2021










Foto: Sílaba

viernes, febrero 25, 2022

Juan Toledo / Dos poemas




Lenguaraces 

Santo Tomás de Aquino: 8 millones de palabras
Aristóteles: un millón
Platón: medio millón
Sócrates: muchas
Wittgenstein: "De lo que no se puede hablar, es 
mejor callarse."
Mi madre: “Silencio, estoy viendo mi telenovela.”


Fama 

Tuvo el merecido pero
miserable honor
de ser el autor más
importante en un país
donde no se leía.

Analfabetismo:
veintitrés por ciento.
Analfabetismo literario:
setenta y tres por ciento
Tiraje de un nuevo libro
doscientos cincuenta ejemplares.
Valor promedio de un libro:
tres días y medio de salario mínimo.

Su reducido pero
ilustre público estaba
conformado por unos
contados estudiantes del
Liceo San Ignacio de Loyola,
las hijas gemelas
del embajador japonés,
el rector del Alma Mater,
el subjefe de los servicios
de inteligencia del Estado,
el ministro de agricultura
y el hijo bohemio del
embajador de su país
en París.

Así que sus libros
fueron más comentados
que leídos. Muchas páginas
y pasajes de los dos volúmenes
de su Obras Completas y el
subsecuente magnum opus
en verso
Memorias de un mudo
pasaron a ser contadas,
recontadas, cantadas
y tergiversadas en
no pocos casos
con nuevos personajes
y desenlaces nunca descritos.

Por eso el arzobispo,
quien tampoco lo había leído,
atinó perfectamente cuando
en la misa de requiem
en la catedral mayor, con
el féretro cubierto con
el pabellón nacional,
unas flores y tres libros
lo llamó: “Nuestro Homero”.

Juan Toledo (Bogotá, 1962), Voces equidistantes. Antología de poetas latinoamericanos en el Reino Unido, Ediciones Equidistancias, Londres-Buenos Aires, 2022
Selección y estudio de Enrique D. Zattara 


Juan Toledo es traductor, podcaster, editor y profesor. Nació en Bogotá, estudió química en la Universidad Nacional y luego literatura y filosofía en Birkbeck College, UCL, donde también completó una maestría en traducción y estudios hispánicos. Ha residido en la capital británica por más de seis lustros y por un poco más de dos décadas laboró como gestor cultural en la Arts Division del British Council del Reino Unido. Por tres años editó uno de los primeros periódicos en castellano del Reino Unido, Crónica Latina, y años más tarde fue director de una emisora de radio independiente en Brixton, en el sur de Londres. Publicó Ocurrencias y recurrencias (2020). Actualmente es editor y co-presentador de Artefacto y The Programme, dos podcasts de ZTR Radio, y editor de la revista cultural bilingüe y digital Perro Negro. (Nota del recopilador)

Foto: Gentileza de Ediciones Equidistancias

domingo, marzo 07, 2021

William Ospina / De "Sanzetti"
















Thriller

El asesino viene buscando al asesino.
Un árbol, unas rejas, un cigarro, un revólver.
La tarde se detuvo en las bancas del parque.
El secreto se cierra como una caja fuerte.

Todo está en un rumor de fronteras y de islas,
En algún tren lejano ella esconde las llaves,
No hay nadie en el pasillo de la esperanza rota,
Las nubes van cayendo como lentos leopardos.

Pero tú no te creas que aquí termina todo,
La puerta está ensamblada con culpas y amenazas,
Algo vuelve a empezar en los relojes muertos,
Alguien arma el trapecio de los circos del cielo.


Tango

La oblicua luz que salta de los cuerpos contrarios,
Diabluras de una música que se arrastra en el viento,
El clavel del puñal entre el vivo y el otro,
Y una racha de exilio por las dársenas ciegas.

Las polacas, los besos en los dedos cruzados,
¿Quién arroja a los charcos su sombra de alma en pena?
Vuelve al patio la Luna su herradura sin puerta,
Tapias en los suburbios alambradas de estrellas.

La sombra antes que el cuerpo traza el signo salvaje,
Viejas noches infligen su página inconclusa,
Danzan barcos fantasmas la ciudad de hombres solos
Y lo que no fue nunca maquina su venganza.

William Ospina (Padua, Tolima, Colombia, 1954), Sanzetti, Navona Editorial, Barcelona, España, 2018


Foto: William Ospina por Daniel Mordzinski, Buenos Aires, 2008 FILBA

sábado, diciembre 26, 2020

Piedad Bonett / Los hombres tristes no bailan en pareja















Los hombres tristes ahuyentan a los pájaros.
Hasta sus frentes pensativas bajan
las nubes
y se rompen en fina lluvia opaca.
Las flores agonizan
en los jardines de los hombres tristes.
Sus precipicios tientan a la muerte.
En cambio,
las mujeres que en una mujer hay
nacen a un tiempo todas
ante los ojos tristes de los tristes.
La mujer-cántaro abre otra vez su vientre
y le ofrece su leche redentora.
La mujer-niña besa fervorosa
sus manos paternales de viudo desolado.
La de andar silencioso por la casa
lustra sus horas negras y remienda
los agujeros todos de su pecho.
Otra hay que al triste presta sus dos manos
como si fueran alas.
Pero los hombres tristes son sordos a sus músicas.
No hay pues mujer más sola,
más tristemente sola,
que la que quiere amar a un hombre triste.

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)

La pequeña batalla de los días
Llantén, 
Buenos Aires, 2019










Foto: Arcadia

Descargas: Nadie en casa, Piedad Bonett, Universidad Externado de Colombia, 2006 PDF

lunes, diciembre 07, 2020

Ramón Cote / Panteón pagano


















           El catálogo melancólico de la memoria
                                            Juan Luis Panero

Es serena y sagrada la lenta caída del sol
cuando el atardecer del verano detiene el tiempo
y su luz dorada acaricia como un ciego la superficie
de todas las cosas que están a su alcance,
reconociéndolas como suyas,
amándolas más que nunca con sus hábiles manos
de orfebre, livianas y puras, demorándose en ellas
como si fueran la más hermosa de sus filigranas. 

El ejército rojo del sol final va incendiando los límites
de toda la ciudad. Los muros de ladrillo antes solitarios
y anónimos, los altos edificios de cemento gris
y las inválidas cabinas telefónicas,
parecen por su fulgor acumulado monumentos que el verano eleva
a la altura de los templos, a la contundencia
metálica de lo eterno, como si todas las calles al atardecer
con sus rejas y vitrales y terrazas
se convirtieran en un enorme panteón pagano. 

En la noche y a la distancia
la memoria y su tinta solitaria realizan
el catálogo melancólico de sus ruinas doradas,
desenterrando bajo los días lo suyo de los veranos,
los dioses que también fueron suyos,
en la más desolada y ardiente de las profanaciones.
 
De la inútil reclamación por sus pertenencias
sólo queda un resto de polvo de oro entre las uñas
y por el aire un fugitivo perfume de magnolias.

Ramón Cote (Cúcuta, Colombia, 1963), Como quien dice adiós a lo perdido, Valparaíso Ediciones, Granada, España, 2014


martes, diciembre 10, 2019

Alvaro Mutis / Grieta matinal















Cala tu miseria,
sondéala, conoce sus más escondidas cavernas.
Aceita los engranajes de tu miseria,
ponla en tu camino, ábrete paso con ella
y en cada puerta golpea
con los blancos cartílagos de tu miseria.
Compárala con la de otras gentes
y mide bien el asombro de sus diferencias,
la singular agudeza de sus bordes.
Ampárate en los suaves ángulos de tu miseria.
Ten presente a cada hora
que su materia es tu materia,
el único puerto del que conoces cada rada,
cada boya, cada señal desde la cálida tierra
donde llegas a reinar como Crusoe
entre la muchedumbre de sombras
que te rozan y con las que tropiezas
sin entender su propósito ni su costumbre.
Cultiva tu miseria,
hazla perdurable,
aliméntate de su savia,
envuélvete en el manto tejido con sus más secretos
     hilos.
Aprende a reconocerla entre todas,
no permitas que sea familiar a los otros
ni que la prolonguen abusivamente los tuyos.
Que te sea como agua bautismal
brotada de las grandes cloacas municipales,
como los arroyos que nacen en los mataderos.
Que se confunda con tus entrañas, tu miseria;
que contenga desde ahora los capítulos de tu muerte,
los elementos de tu más certero abandono.
Nunca dejes de lado tu miseria,
así descanses a su vera
como junto al blanco cuerpo
del que se ha retirado el deseo.
Ten siempre lista tu miseria
y no permitas que se evada por distracción o engaño.
Aprende a reconocerla hasta en sus más breves
     signos:
el encogerse de las finas hojas del carbonero,
el abrirse de las flores con la primera frescura de la
     tarde,
la soledad de una jaula de circo varada en el lodo
del camino, el hollín en los arrabales,
el vaso de latón que mide la sopa en los cuarteles,
la ropa desordenada de los ciegos,
las campanillas que agotan su llamado
en el solar sembrado de eucaliptos,
el yodo de las navegaciones.
No mezcles tu miseria en los asuntos de cada día.
Aprende a guardarla para las horas de tu solaz
y teje con ella la verdadera,
la sola materia perdurable
de tu episodio sobre la tierra.

de Los trabajos perdidos [1965]

Alvaro Mutis (Bogotá, 1923-Ciudad de México, 2013), Poemas, selección y nota del autor, Material de Lectura 24, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México, 2008

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Foto: AFP/Clarín