Mostrando las entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pier Paolo Pasolini. Mostrar todas las entradas

lunes, noviembre 04, 2024

Pier Paolo Pasolini / No es amor...




No es amor. Pero ¿en qué medida es mi
culpa no hacer de mis afectos
amor? Mucha culpa; sin 
embargo, si pudiera de una pureza loca,
de una ciega piedad vivir día
por día… Provocar escándalo de mansedumbre.
Pero la violencia en la que me aturdo,
de los sentidos, del intelecto, durante años,
fue el único camino. En torno
a mis orígenes hubo, de los engaños
establecidos, de las ilusiones necesarias,
sólo la Lengua: que los primeros afanes
de un niño, las prehumanas pasiones,
ya impuras, no expresaba. Y luego
cuando adolescente en la nación
supe que nada que no fuese la alegría
del vivir infantil –en una patria
provinciana, pero para mí absoluta, heroica-
era anarquía. En la nueva y ya mísera
burguesía de una provincia sin pureza,
la primera aparición de Europa
fue para mí un aprendizaje para el uso más
puro de la expresión, que la escasez
de fe de una clase moribunda
compensara con la locura y los tópicos
de la elegancia: fue la indecente
claridad de una lengua que evidencia
la voluntad de no ser, inconsciente,
y la consciente voluntad de existir
en el privilegio y en la libertad
que por Gracia pertenecen al estilo.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1924 - Ostia, Italia, 1975), "La religione del mio tempo" (1961), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión de Jorge Aulicino



Non è amore...

Non è Amore. Ma in che misura è mia
colpa il non fare dei miei affetti
Amore? Molta colpa, sia
pure, se potrei d’una pazza purezza,
d’una cieca pietà vivere giorno
per giorno… Dare scandalo di mitezza.
Ma la violenza in cui mi frastorno,
dei sensi, dell’intelletto, da anni,
era la sola strada. Intorno
a me alle origini c’era, degli inganni
istituiti, delle dovute illusioni,
solo la Lingua: che i primi affanni
di un bambino, le preumane passioni,
già impure, non esprimeva. E poi
quando adolescente nella nazione
conobbi altro che non fosse la gioia
del vivere infantile – in una patria
provinciale, ma per me assoluta, eroica –
fu l’anarchia. Nella nuova e già grama
borghesia d’una provincia senza purezza,
il primo apparire dell’Europa
fu per me apprendistato all’uso più
puro dell’espressione, che la scarsezza
della fede d’una classe morente
risarcisse con la follia ed i tòpoi
dell’eleganza: fosse l’indecente
chiarezza d’una lingua che evidenzia
la volontà a non essere, incosciente,
e la cosciente volontà a sussistere
nel privilegio e nella libertà
che per Grazia appartengono allo stile.
---
Foto: Pier Paolo Pasolini en su película Los cuentos de Canterbury (1972) Produzioni Europee Associate (PEA)/ Sunset Boulevard/ Corbis/ Getty Images

lunes, abril 15, 2024

Pier Paolo Pasolini / De "Poesía en forma de rosa"




Apéndice
La falta de demanda de poesía

Como un esclavo enfermo o una bestia,
vagaba por un mundo que me tocó en suerte,
con la lentitud que tienen los monstruos
del barro - o del polvo - o del bosque -
arrastrándose sobre la panza - o sobre las aletas
vanas para la tierra firme - o alas de membranas...
Alrededor había terraplenes o calzadas de grava,
o quizá estaciones abandonadas en el fondo de la ciudad
de los muertos - con las calles y pasajes subterráneos
de la alta noche, cuando se sienten solamente
trenes espantosamente distantes,
y el lavado de las alcantarillas, en el frío definitivo,
en la sombra que no tiene mañana.
Entonces, mientras me erguía como un gusano,
blando, repugnante en su ingenuidad,
algo pasó en mi alma - como
si en un día claro se oscureciese el sol;
por encima del dolor de la bestia cansada,
surgió otro dolor, más mezquino y oscuro,
y el mundo de los sueños se quebró.
"¡Ya nadie te pide poesía!"
Y: "Ha pasado tu tiempo de poeta..."
"¡Los años cincuenta se acabaron en el mundo!"
"¡Tú, con las Cenizas de Gramsci, te marchitas
y todo lo que fue vida te duele
como una herida que se vuelve a abrir y da la muerte!"

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1924 - Ostia, Italia, 1975), "Poesia in forma di rosa" (1964), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003

Más poemas de Pier Paolo Pasolini en Otra Iglesia Imposible


Appendice
LA MANCANZA DI RICHIESTA DI POESIA

Come un schiavo malato, o una bestia,
vagavo per un mondo che mi era assegnato in sorte,
con la lentezza che hanno i mostri
del fango - o della polvere - o della selva -
strisciando sulla pancia - o su pinne
vane per la terraferma - o ali fatte di membrane...
C'erano intorno argini, o massicciate,
o forse stazioni abbandonate in fondo a città
di morti - con le strade e i sottopassaggi
della notte alta, quando si sentono soltanto
trenni spaventosamente lontani,
e sciacquii di scoli, nel gelo definitivo,
nell'ombra che non ha domani.
Così, mentre mi erigevo come un verme,
molle, ripugnante nella sua ingenuità,
qualcosa passò nella mia anima - come
se in un giorno sereno si rabbuiasse il sole;
sopra il dolore della bestia affannata,
si collocò un altro dolore, più meschino e buio,
e il mondo dei sogni si incrinò.
"¡Nessuno ti richiede più poesia!"
E: "È passato il tuo tempo di poeta..."
"¡Gli anni cinquanta sono finiti nel mondo!"
"¡Tu con le Ceneri di Gramsci ingiallisci,
e tutto ciò che fu vita ti duole
come una ferita che si riapre e dà la morte!"

---
Foto: Pier Paolo Pasolini durante la filmación de "El Evangelio según San Mateo", 1962 Keystone/ Hulton Archive/ Getty Images

viernes, marzo 03, 2023

Pier Paolo Pasolini / En el aeropuerto



Aparece el sol. Y golpea las alas,
los asfaltos. Tierno como leche
entre las fofas nubes, un azul sideral
lo empalidece, y los adoquines de la Apia
reflejan fantasmas de oro en los adornos
de la lluvia parda que se deshace
densa todavía sobre los rebaños acurrucados,
impalpable sobre aluminios que encandilan
esfumándose, sobre los trimotores incendiados...

Y allá, bajo el cielo de un enero
desgarrado de negro y plata primaveral,
en la inmensa cúpula en que ya alegre
perfuma el Agro, nobles y serviles,
los hombres trabajan, hormigas absortas
en torno a cajas, barracas, camionetas,
con apagados gritos, una mueca en la cara 
de humilde ironía, expresiones secas 
de gratitud.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia, 1975), "Appendice a La Ceneri di Gramsci", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003


Foto: Pier Paolo Pasolini, el actor francés Bernard Blier y el director italiano Carlo Lizzani durante el rodaje de la película El Jorobado de Roma, 1960 Reporters Associati & Archivi/Mondadori/ Getty Images


All'aeroporto

Appare il sole. E percuote le ali
gli asfalti. Tenero come latte
tra le sfatte nubi, un azzurro siderale
ne sbianca, e i lastrici dell'Appia
proiettano spettri d'oro negli ornati
della pioggia marrone che si smaglia
densa ancora sui greggi accoccolati,
impalpapile sugli allumini che abbagliano
sfumando, sui trimotori incendiati...

E là, sotto quel cielo d'un gennaio
rotto da nero e argento primaverile,
nell'immensa calotta in cui già gaio
profuma l'Agro, regali e servili,
degli uomini lavorano, formiche assorte
intorno a casse, baracche, camionette.
con sopite grida, facce sconvolte
da umili ironie, espressioni grette
di gratitudine.

miércoles, septiembre 15, 2021

Pier Paolo Pasolini / El deseo de riqueza del subproletariado romano


Los observo, estos hombres, educados
en otra vida que no es mía: frutos
de una historia tan distinta, y reencontrados,
casi hermanos, aquí, en la última forma
histórica de Roma. Los observo: en todos
hay como el aire de un pastor que duerme
armado de cuchillo: en sus jugos
vitales se extiende una tiniebla intensa,
la papal ictericia de Belli,
no púrpura, sino rojizo opaco,
bilioso cocido. La ropa interior, debajo,
fina y sucia; en el ojo, la ironía
que trasunta su húmeda, roja,
indecente inflamación. La tarde los expone
casi en ermitas, en reservas
hechas de callejones, paredones, pasillos
y huecos perdidos en el silencio.
Es sin duda la primera de sus pasiones
el deseo de riqueza: sórdido
como sus miembros no lavados,
oculto, y al mismo tiempo descubierto,
privado de todo pudor; como sin pudor
es el ave de rapiña que revolotea pregustando
tácita el bocado, o el lobo, o la araña;
ellos codician la plata como gitanos,
mercenarios, putas: se lamentan
si no lo tienen, usan lisonjas
aviesas para obtenerla, se glorian
plautinamente si tienen el saco lleno.
Si trabajan -trabajo de mafiosos matarifes,
feroces lustradores, invertidos dependientes,
tranviarios holgazanes, tísicos ambulantes,
peones buenos como perros - sucede
que tienen igualmente un aire de ladrones:
mucha ávida astucia en esas venas...
Han salido del vientre de sus madres
para reencontrarse en veredas o en prados
prehistóricos, y anotados en un registro
que de toda historia los quiere ignorantes...
Su deseo de riqueza
es, así, bandidesco, aristocrático.
Similar al mío. Cada uno piensa para sí,
para vencer la angustiosa apuesta,
en decirse: "Está hecha", con un guiño de rey...
Nuestra esperanza es igualmente obsesa:
estetizante, en mí, en ellos anárquica.
Al refinado y al subproletariado espera
el mismo orden jerárquico
de sentimientos: ambos fuera de la historia,
en un mundo que no tiene otras aberturas
que hacia el sexo y el corazón,
otra profundidad que en los sentidos.
en donde la alegría es alegría, el dolor dolor.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia, 1975)

Nada personal. 
Poesía política de Pier Paolo Pasolini.
Selección, versiones, prólogo y notas 
de Jorge Aulicino. 
Ediciones en Danza, 
Buenos Aires, 2016







Foto: Pier Paolo Pasolini durante el rodaje de Decamerón, Roma, 1971 Vittoriano Rastelli/Corbis/Getty Images


Il desiderio di ricchezza del sottoproletariato romano

Li osservo, questi uomini, educati
ad altra vita che la mia: frutti
d'una storia tanto diversa, e ritrovati,
quasi fratelli, qui, nell'ultima forma
storica di Roma. Li osservo: in tutti
c'è come l'aria d'un buttero che dorma
armato di coltello: nei loro succhi
vitali, è disteso un tenebrore intenso,
la papale itterizia del Belli,
non porpora, ma spento peperino,
bilioso cotto. La biancheria, sotto,
fine e sporca; nell'occhio, l'ironia
che trapela il suo umido, rosso,
indecente bruciore. La sera li espone
quasi in romitori, in riserve
fatte di vicoli, muretti, androni
e finestrelle perse nel silenzio.
È certo la prima delle loro passioni
il desiderio di ricchezza: sordido
come le loro membra non lavate,
nascosto, e insieme scoperto,
privo di ogni pudore: come senza pudore
è il rapace che svolazza pregustando
chiotto il boccone, o il lupo, o il ragno;
essi bramano i soldi come zingari,
mercenari, puttane: si lagnano
se non ce n'hanno, usano lusinghe
abbiette per ottenerli, si gloriano
plautinamente se ne hanno le saccocce piene.
Se lavorano - lavoro di mafiosi macellari,
ferini lucidatori, invertiti commessi,
tranvieri incarogniti, tisici ambulanti,
manovali buoni come cani - avviene
che abbiano ugualmente un'aria di ladri:
troppa avita furberia in quelle vene...

Sono usciti dal ventre delle loro madri
a ritrovarsi in marciapiedi o in prati
preistorici, e iscritti in un'anagrafe
che da ogni storia li vuole ignorati...
Il loro desiderio di ricchezza
è, così, banditesco, aristocratico.
Simile al mio. Ognuno pensa a sé,
a vincere l'angosciosa scommessa,
a dirsi: "È fatta," con un ghigno di re...
La nostra speranza è ugualmente ossessa:
estetizzante, in me, in essi anarchica.
Al raffinato e al sottoproletariato spetta
la stessa ordinazione gerarchica
dei sentimenti: entrambi fuori dalla storia,
in un mondo che non ha altri varchi
che verso il sesso e il cuore,
altra profondità che nei sensi.
In cui la gioia è gioia, il dolore dolore.

Pier Paolo Pasolini, La religione del mio tempo, Garzanti, Milano 1961 Pier Paolo Pasolini

martes, agosto 20, 2019

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 21












Anécdota de los viejos reyes

Caramba, se cantaba en D.,
soldados, oficiales, hombres de gobierno;
sobre el Mar del Norte brillaba un insólito día de sol;
tenía veinte años
y hacía poco era rey;
consideraba al rey de Dinamarca como mi padre -
o uno de ellos, porque de padres tenemos un ejército entero;
a los veinte años ellos te miran con indiferencia o con odio,
pero siempre con una insensata voluntad de enseñar -¿qué?
Ahora tengo la edad de ellos;
aquí F. ¡otra que cantos militares de alegría!
¡Otra que banquetes oficiales para hombres solos
que se emborrachan y se dan palmadas en la espalda!
Aquí se cantan extrañas antífonas;
y naturalmente están presentes, por derecho, curas y mujeres.
Tenía veinte años
y había matado al Monstruo,
había hecho
la del gran héroe, como son tantos jóvenes y no lo saben;
y por eso, grandes fiestas, grandes amores:
el mañana nos tocaba,
como si hubiera quien sabe cuántos otros Monstruos para matar;
no hubo más, como era natural;
el que había vencido en los bosques de D. fue un caso único;
pero no importa, nuestros pechos igual estaban llenos
de alegría y de certeza del futuro.
Y ahora estoy aquí, la vida se fue,
tengo la edad de aquel viejo carcamal del rey de Dinamarca
que me había llamado, lleno de dolor y ansia por su pueblo
(que creyese yo en esas cosas, está bien, ¡pero él, el viejo sabio!)
y escucho las fatales antífonas
que no se puede propiamente decir que sean alegres;
estoy muriendo,
pero no de muerte natural:
muero de heridas:
he matado de hecho (¡¡a mi edad!!) un nuevo Monstruo;
sí, piensen, en las forestas en torno a mi ciudad, a F.,
se ha presentado un Monstruo: un segundo caso único, es evidente:
lo enfrenté, como cuando tenía veinte años -
¿qué podía hacer?- ¡y logré dejarlo fuera de combate otra vez!
Increíble: pero la victoria no la gozo esta vuelta;
no se bebe, no hay francachela,
no se mira con los ojos ebrios un largo mañana;
ha sido una victoria infeliz:
aunque los Monstruos hayan sido dos, y dos las victorias,
¡un hombre no goza más que de una victoria en la vida!

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia,1975) "Appendice a Trasumanar e organizzar", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible: Pasolini - Círculo de Poesía - Calle del Orco - Quimera - ABC

Foto: Télam


Aneddoto dei vecchi Re

Capperi, si cantava a D.,
soldati, ufficiali, uomini di governo;
sul mare del Nord brillava un'insolita giornata di sole;
avevo vent'anni
e da poco ero Re;
consideravo il Re di Danimarca come mio padre -
o uno dei padri, ché di padri abbiamo un intero esercito;
a vent'anni essi ci guardano o con distacco o con odio,
ma sempre con una dissennata voglia d'insegnare - che cosa poi?
Adesso ho la loro età;
qui a F. altro che canti militari di gioia!
Altro che banchetti ufficiali per uomini soli
che si ubriacano e si danno manete sulle spalle!
Qui se cantano strane antifone;
e naturalmente sono presenti, di diritto, preti e femmine.
Avevo vent'anni
e avevo ucciso il Mostro;
gliel'avevo fatta
da bravo eroe como son tanti giovani e non lo sanno;
e perciò grandi feste, grandi amori;
il domani toccava a noi;
come se ci fossero chissà quanti altri Mostri da ucccire;
non ce ne furono più, com'era naturale;
quello che avevo vinto, nelle foreste di D., era un caso unico;
ma non importa, i nostri petti erano ugualmente pieni
di gioia e di certeza del futuro.
E ora sono qui, la vita se n'è andata
ho la età de quel vecchio bacucco del re di Danimarca
che mi aveva chiamato, pieno di dolore e ansia per il suo popolo
(che ci credessi io a queste cose va bene, ma lui il vecchio saggio!)
e ascolto le fatali antifone
che non si può proprio dire che siano allegre;
sto morendo,
ma non di morte naturale:
io muoio di ferite:
ho ucciso infatti (alla mia età!!) un nuovo Mostro;
sì, pensate nelle foreste intorno alla mia città, a F.,
si è presentato, un Mostro: un secondo caso unico, è evidente:
l'ho affrontato, come quando avevo vent'anni -
cosa dovevo fare? - e son riuscito a farlo fuori un'altra volta!
Incredibile: però la vittoria stavolta non me la godo;
non si beve, non si fa bisboccia,
non si guarda con gli occhi ubriachi a un lungo domani;
è stata una vittoria infelice:
anche si i Mostri sono stati due, e due le vittorie,
un uomo non gode che una sola vittoria nella vita!

viernes, enero 05, 2018

Pier Paolo Pasolini / ¡El PCI para los jóvenes!

















Es triste. La polémica
contra el PCI debería haberse hecho
en la primera mitad de la década pasada. Están retrasados, hijos.
Y no importa si entonces ustedes aún no habían nacido…
Ahora los periodistas de todo el mundo (incluidos
los de la televisión)
les lamen (como creo que aún se diga en el lenguaje
de las universidades) el culo. Yo no, amigos.
Tienen caras de hijos de papá.
Buena raza no miente.
Tienen el mismo ojo ruin.
Son miedosos, ambiguos, desesperados
(¡muy bien!) pero también saben como ser
prepotentes, chantajistas y seguros:
prerrogativas pequeño-burguesas, amigos.
Cuando ayer en Valle Giulia pelearon
con los policías,
¡yo simpatizaba con los policías!
Porque los policías son hijos de pobres.
Vienen de las periferias, campesinas o urbanas.
En cuanto a mí, conozco muy bien
su vida desde niños a muchachos,
las inestimables mil liras, el padre un muchacho también,
a causa de la miseria, que no da autoridad.
La madre encallecida como un changador, o tierna,
a causa de alguna enfermedad, como un canarito;
y tantos hermanos; la casucha
entre los huertos con la salvia roja (en terrenos
de otros, loteados); los bajos fondos
sobre las cloacas; o los departamentos en los grandes
conglomerados populares, etc.
Y además, miren cómo los visten: como a payasos,
con esa tela rústica que apesta a rancho,
galpones y pueblo. Lo peor de todo es, por supuesto,
el estado psicológico al que los reducen
(por unas cuarenta liras al mes):
sin sonreír ya nunca más,
sin más amistad con el mundo,
separados, excluidos (en una exclusión incomparable);
humillados por su pérdida de calidad de hombres
por la de policías (ser odiados lleva a odiar).
Tienen veinte años, la edad de ustedes, queridos y queridas.
Estamos obviamente de acuerdo contra la institución policial.
¡Pero agárrenselas contra el Poder Judicial, y verán!
Los muchachos policías
que ustedes por sacro vandalismo (de selecta tradición
resurgimental)
de hijos de papá, han apaleado,
pertenecen a la otra clase social.
En Valle Giulia, ayer, hemos tenido un fragmento
de lucha de clase: y ustedes, amigos (aunque de la parte
de la razón) eran los ricos,
mientras que los policías (que estaban de la parte
equivocada) eran los pobres. ¡Linda victoria, entonces,
la de ustedes! En estos casos,
a los policías se les dan flores, amigos.
Popolo y Corriere della Sera, Newsweek y Monde
les lamen el culo. Son sus hijos,
su esperanza, su futuro: si les recriminan
¡no se preparan por cierto a una lucha de clase
contra ustedes! Cuanto más,
a la vieja lucha intestina.
Para quien, intelectual u obrero,
está fuera de esta lucha de ustedes, es muy divertida la idea
de que un joven burgués muela a palos a un viejo
burgués, y que un viejo burgués mande a la cárcel
a un joven burgués. Suavemente
los tiempos de Hitler retornan: la burguesía
ama castigarse con sus propias armas.
Pido perdón a aquellos mil o dos mil jóvenes hermanos míos
que operan en Trento o en Turín,
en Pavía o en Pisa,
en Florencia y un poco también en Roma,
pero tengo que decir: el Movimiento Estudiantil
no frecuenta los evangelios cuya lectura
sus aduladores de mediana edad les atribuyen,
para sentirse jóvenes y crearse inocencias chantajistas.
Sólo una cosa los estudiantes realmente conocen:
el moralismo del padre magistrado o profesional,
la violencia conformista del hermano mayor
(naturalmente encaminado por la vía del padre),
el odio a la cultura de su madre, de orígenes
campesinos, aunque ya lejanos.
Esto, queridos hijos, es lo que ustedes saben.
Y lo aplican a través de dos inderogables sentimientos:
la conciencia de vuestros derechos (se sabe, la democracia
los toma en consideración sólo a ustedes) y la aspiración
al poder.
Sí, sus slogans mencionan siempre
la toma del poder.
Leo en sus barbas ambiciones impotentes,
en sus palideces snobismos desesperados,
en sus ojos huidizos disociaciones sexuales,
en su rebosante salud prepotencia, en su escasa salud desprecio
(sólo en aquellos pocos entre ustedes que viene de la burguesía
ínfima, o de alguna familia obrera,
estos defectos tienen cierta nobleza:
¡conócete a ti mismo y a la escuela de Barbiana!).
Ustedes ocupan las universidades
pero digan que la misma idea la realicen
los jóvenes obreros.
Y entonces:
¿Corriere della Sera y Popolo, Newsweek y Monde
tendrán tanto interés
en tratar de comprender sus problemas?
¿La policía se limitará a recibir algunos golpes
dentro de la fábrica ocupada?
Es una observación banal;
y chantajista. Pero sobre todo vana:
porque ustedes son burgueses
y, por lo tanto, anticomunistas. Los obreros, ellos,
han quedado en 1950 y más atrás incluso.
Una idea antigua como la de la Resistencia
(que debía ser contestada hace veinte años,
y peor para ustedes si no habían nacido)
vive todavía en los pechos populares, en la periferia.
Será que los obreros no hablan ni el francés ni el inglés,
y sólo alguno, pobrecito, por la noche, en la sede del Partido,
se afana en aprender un poco de ruso.
Acábenla con seguir pensando en sus derechos,
acábenla con pedir el poder.
Un burgués redimido debe renunciar a todos sus derechos,
y erradicar de su alma, de una vez por todas,
la idea del poder. Todo eso es liberalismo:
déjenselo a Bob Kennedy.
Maestros se hacen ocupando fábricas,
no en las universidades, sus aduladores (también comunistas)
no les dicen la sencilla verdad: que son una nueva
especie idealista de “qualunquistas” como sus padres,
como sus padres, todavía, hijos.
En efecto,
¡los estadounidenses, vuestros adorables coetáneos,
con sus insensatas flores, se están inventando,
ellos mismos, un lenguaje revolucionario “nuevo”!
¡Se lo inventan cada día!
Pero ustedes no pueden hacerlo porque en Europa ya tienen uno:
¿lo pueden ignorar?
Sí, ustedes quieren ignorarlo (con gran satisfacción
del Times y del Tempo).
Lo ignoran yendo, con el moralismo de las profundas provincias,
“más a la izquierda”. Es extraño,
abandonando el lenguaje revolucionario
del pobre, del viejo, togliattiano, oficial
Partido Comunista,
han adoptado una variante herética
pero en base a la jerga más baja
de los sociólogos sin ideología (o de los papis burócratas).
Hablando así,
piden todo de palabra,
mientras, en los hechos, piden sólo eso
a lo cual tienen derecho (como buenos hijos burgueses):
una serie de improrrogables reformas,
la aplicación de nuevos métodos pedagógicos,
la renovación de un organismo estatal.
¡Buenos! ¡Santos sentimientos!
¡Que la buena estrella de la burguesía los asista!
Embriagados por la victoria contra los jovencitos
de la policía constreñidos por la pobreza a ser siervos,
(y emborrachados por el interés de la opinión pública
burguesa, con la que se comportan como mujeres
sin amor, que ignoran y maltratan
al pretendiente rico)
ponen a un lado el único instrumento verdaderamente peligroso
para combatir contra sus padres:
es decir, el comunismo.
Espero que hayan comprendido
que comportarse como puritanos
es un modo de impedirse
una acción revolucionaria verdadera.
¡Pero vayan, más bien, hijos, a tomar Federaciones!
¡Vayan a invadir Sedes!
¡Vayan a ocupar las oficinas
del Comité Central! ¡Vayan, vayan
a acampar en Via delle Botteghe Oscure!*
Si quieren el poder, apodérense, al menos, del poder
de un Partido que está todavía en la oposición
(aunque un poco golpeado, por la autoridad de señores
en modestos sacos cruzados, bochófilos, amantes de la litotes,
burgueses coetáneos de sus estúpidos padres)
y tiene como objetivo teórico la destrucción del Poder.
Que él se decida a destruir, mientras tanto,
lo que de burgués hay en él,
lo dudo mucho, incluso con el aporte de ustedes,
si, como decía, buena raza no miente…
De todos modos: ¡¡el PCI para los jóvenes!!


Pero, ay, ¿qué les estoy sugiriendo? ¿Qué les estoy
aconsejando? ¿A qué los estoy incitando?
¡Me arrepiento, me arrepiento!
He tomado el camino que conduce al mal menor
que Dios me maldiga. No me escuchen.
¡Ay, ay, ay,
extorsionado extorsionador
estaba dando aliento a las trompetas del buen sentido!
Me he detenido justo a tiempo,
salvando al mismo tiempo,
el dualismo fanático y la ambigüedad…
Pero he llegado al borde de la vergüenza…
(¡Oh Dios! ¿debo tomar en consideración
la eventualidad de hacer junto a ustedes la Guerra Civil
dejando a un lado mi vieja idea de Revolución?)

[Nuovi Argomenti, nº 10, abril-junio de 1968]

* La calle, en Roma, donde se encontraba la sede del Comité Central del Partido Comunista Italiano (PCI) (N. del Ad.)

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia,1975), Empirismo herético, introducción, traducción y notas de Esteban Nicotra, Editorial Brujas, Córdoba, Argentina, 2005. Transatlántico, n° 5

Foto: s/d


Pci ai giovani!

I versi sugli scontri di Valle Giulia che hanno scatenato dure repliche fra gli studenti
Mi dispiace. La polemica contro 
il Pci andava fatta nella prima metà 
del decennio passato. Siete in ritardo, cari. 
Non ha nessuna importanza se allora non eravate ancora nati: 
peggio per voi.

Adesso i giornalisti di tutto il mondo (compresi 
quelli delle televisioni) 
vi leccano (come ancora si dice nel linguaggio 
goliardico) il culo. Io no, cari.

Avete facce di figli di papà. 
Vi odio come odio i vostri papà. 
Buona razza non mente. 
Avete lo stesso occhio cattivo. 
Siete pavidi, incerti, disperati 
(benissimo!) ma sapete anche come essere 
prepotenti, ricattatori, sicuri e sfacciati: 
prerogative piccolo-borghesi, cari.

Quando ieri a Valle Giulia avete fatto a botte
coi poliziotti, 
io simpatizzavo coi poliziotti. 
Perché i poliziotti sono figli di poveri. 
Vengono da subtopie, contadine o urbane che siano. 
Quanto a me, conosco assai bene 
il loro modo di esser stati bambini e ragazzi, 
le preziose mille lire, il padre rimasto ragazzo anche lui, 
a causa della miseria, che non dà autorità.

La madre incallita come un facchino, o tenera 
per qualche malattia, come un uccellino; 
i tanti fratelli; la casupola 
tra gli orti con la salvia rossa (in terreni 
altrui, lottizzati); i bassi 
sulle cloache; o gli appartamenti nei grandi 
caseggiati popolari, ecc. ecc.

E poi, guardateli come li vestono: come pagliacci, 
con quella stoffa ruvida, che puzza di rancio 
furerie e popolo. Peggio di tutto, naturalmente, 
è lo stato psicologico cui sono ridotti 
(per una quarantina di mille lire al mese): 
senza più sorriso, 
senza più amicizia col mondo, 
separati, 
esclusi (in un tipo d’esclusione che non ha uguali);
umiliati dalla perdita della qualità di uomini 
per quella di poliziotti (l’essere odiati fa odiare).

Hanno vent’anni, la vostra età, cari e care. 
Siamo ovviamente d’accordo contro l’istituzione della polizia. 
Ma prendetevela contro la Magistratura, e vedrete! 
I ragazzi poliziotti 
che voi per sacro teppismo (di eletta tradizione 
risorgimentale) 
di figli di papà, avete bastonato, 
appartengono all’altra classe sociale. 
A Valle Giulia, ieri, si è così avuto un frammento 
di lotta di classe: e voi, cari (benché dalla parte 
della ragione) eravate i ricchi, 
mentre i poliziotti (che erano dalla parte 
del torto) erano i poveri. Bella vittoria, dunque, 
la vostra! In questi casi, 
ai poliziotti si danno i fiori, cari. Stampa e Corriere della Sera, Newsweek e Monde 
vi leccano il culo. Siete i loro figli, 
la loro speranza, il loro futuro: se vi rimproverano 
non si preparano certo a una lotta di classe 
contro di voi! Se mai, 
si tratta di una lotta intestina.

Per chi, intellettuale o operaio, 
è fuori da questa vostra lotta, è molto divertente la idea 
che un giovane borghese riempia di botte un vecchio 
borghese, e che un vecchio borghese mandi in galera 
un giovane borghese. Blandamente 
i tempi di Hitler ritornano: la borghesia 
ama punirsi con le sue proprie mani. 
Chiedo perdono a quei mille o duemila giovani miei fratelli 
che operano a Trento o a Torino, 
a Pavia o a Pisa, /a Firenze e un po’ anche a Roma, 
ma devo dire: il movimento studentesco (?) 
non frequenta i vangeli la cui lettura 
i suoi adulatori di mezza età gli attribuiscono 
per sentirsi giovani e crearsi verginità ricattatrici; 
una sola cosa gli studenti realmente conoscono: 
il moralismo del padre magistrato o professionista, 
il teppismo conformista del fratello maggiore 
(naturalmente avviato per la strada del padre), 
l’odio per la cultura che ha la loro madre, di origini 
contadine anche se già lontane.

Questo, cari figli, sapete. 
E lo applicate attraverso due inderogabili sentimenti: 
la coscienza dei vostri diritti (si sa, la democrazia 
prende in considerazione solo voi) e l’aspirazione 
al potere.

Sì, i vostri orribili slogan vertono sempre 
sulla presa di potere. 
Leggo nelle vostre barbe ambizioni impotenti, 
nei vostri pallori snobismi disperati, 
nei vostri occhi sfuggenti dissociazioni sessuali, 
nella troppa salute prepotenza, nella poca salute disprezzo 
(solo per quei pochi di voi che vengono dalla borghesia 
infima, o da qualche famiglia operaia 
questi difetti hanno qualche nobiltà: 
conosci te stesso e la scuola di Barbiana!) 
Riformisti! 
Reificatori! 
Occupate le università 
ma dite che la stessa idea venga 
a dei giovani operai.

E allora: Corriere della Sera e Stampa, Newsweek e Monde 
avranno tanta sollecitudine 
nel cercar di comprendere i loro problemi? 
La polizia si limiterà a prendere un po’ di botte 
dentro una fabbrica occupata? 
Ma, soprattutto, come potrebbe concedersi 
un giovane operaio di occupare una fabbrica 
senza morire di fame dopo tre giorni? 
e andate a occupare le università, cari figli, 
ma date metà dei vostri emolumenti paterni sia pur scarsi 
a dei giovani operai perché possano occupare, 
insieme a voi, le loro fabbriche. Mi dispiace.

È un suggerimento banale; 
e ricattatorio. Ma soprattutto inutile: 
perché voi siete borghesi 
e quindi anticomunisti. Gli operai, loro, 
sono rimasti al 1950 e più indietro. 
Un’idea archeologica come quella della Resistenza 
(che andava contestata venti anni fa, 
e peggio per voi se non eravate ancora nati) 
alligna ancora nei petti popolari, in periferia. 
Sarà che gli operai non parlano né il francese né l’inglese, 
e solo qualcuno, poveretto, la sera, in cellula, 
si è dato da fare per imparare un po’ di russo. 
Smettetela di pensare ai vostri diritti, 
smettetela di chiedere il potere.

Un borghese redento deve rinunciare a tutti i suoi diritti, 
a bandire dalla sua anima, una volta per sempre, 
l’idea del potere. 
Se il Gran Lama sa di essere il Gran Lama 
vuol dire che non è il Gran Lama (Artaud): 
quindi, i Maestri 
- che sapranno sempre di essere Maestri - 
non saranno mai Maestri: né Gui né voi 
riuscirete mai a fare dei Maestri.

I Maestri si fanno occupando le Fabbriche 
non le università: i vostri adulatori (anche Comunisti) 
non vi dicono la banale verità: che siete una nuova 
specie idealista di qualunquisti: come i vostri padri, 
come i vostri padri, ancora, cari! Ecco, 
gli Americani, vostri odorabili coetanei, 
coi loro sciocchi fiori, si stanno inventando, 
loro, un nuovo linguaggio rivoluzionario! 
Se lo inventano giorno per giorno! 
Ma voi non potete farlo perché in Europa ce n’è già uno: 
potreste ignorarlo? 
Sì, voi volete ignorarlo (con grande soddisfazione 
del Times e del Tempo). 
Lo ignorate andando, con moralismo provinciale, 
“più a sinistra”. Strano, 
abbandonando il linguaggio rivoluzionario 
del povero, vecchio, togliattiano, ufficiale 
Partito Comunista, 
ne avete adottato una variante ereticale 
ma sulla base del più basso idioma referenziale 
dei sociologi senza ideologia.

Così parlando, 
chiedete tutto a parole, 
mentre, coi fatti, chiedete solo ciò 
a cui avete diritto (da bravi figli borghesi): 
una serie di improrogabili riforme 
l’applicazione di nuovi metodi pedagogici 
e il rinnovamento di un organismo statale. I Bravi! Santi sentimenti! 
Che la buona stella della borghesia vi assista! 
Inebriati dalla vittoria contro i giovanotti 
della polizia costretti dalla povertà a essere servi, 
e ubriacati dell’interesse dell’opinione pubblica 
borghese (con cui voi vi comportate come donne 
non innamorate, che ignorano e maltrattano 
lo spasimante ricco) 
mettete da parte l’unico strumento davvero pericoloso 
per combattere contro i vostri padri: 
ossia il comunismo.

Spero che l’abbiate capito 
che fare del puritanesimo 
è un modo per impedirsi 
la noia di un’azione rivoluzionaria vera. 
Ma andate, piuttosto, pazzi, ad assalire Federazioni! 
Andate a invadere Cellule! 
andate ad occupare gli usci 
del Comitato Centrale: Andate, andate 
ad accamparvi in Via delle Botteghe Oscure! 
Se volete il potere, impadronitevi, almeno, del potere 
di un Partito che è tuttavia all’opposizione 
(anche se malconcio, per la presenza di signori 
in modesto doppiopetto, bocciofili, amanti della litote, 
borghesi coetanei dei vostri schifosi papà) 
ed ha come obiettivo teorico la distruzione del Potere. 
Che esso si decide a distruggere, intanto, 
ciò che un borghese ha in sé, 
dubito molto, anche col vostro apporto, 
se, come dicevo, buona razza non mente...

Ad ogni modo: il Pci ai giovani, ostia!

Ma, ahi, cosa vi sto suggerendo? Cosa vi sto 
consigliando? A cosa vi sto sospingendo? 
Mi pento, mi pento! 
Ho perso la strada che porta al minor male, 
che Dio mi maledica. Non ascoltatemi. 
Ahi, ahi, ahi, 
ricattato ricattatore, 
davo fiato alle trombe del buon senso. 
Ma, mi son fermato in tempo, 
salvando insieme, 
il dualismo fanatico e l’ambiguità... 
Ma son giunto sull’orlo della vergogna.

Oh Dio! che debba prendere in considerazione 
l’eventualità di fare al vostro fianco la Guerra Civile 
accantonando la mia vecchia idea di Rivoluzione?


http://temi.repubblica.it/espresso-il68/1968/06/16/il-pci-ai-giovani/