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sábado, abril 11, 2015

Leopoldo Marechal / de "Poema de la física"

















28

¿Qué lectura, Ezequiel, y cuál mensaje?
Todo en la Creación es "relativo",
   desde el átomo al ángel:
se manifiesta en relación con "algo",
porque no tiene su "principio" en sí.
Las perfecciones de la criatura
se limitan ya en el Tiempo ya en el Espacio
ya en otras condiciones "restrictivas"
   que hacen llorar al ser.
Y llora al ser atado a sus fronteras
porque leyó en el Libro su "relatividad",
y la mira en razón de un Absoluto
que se le impone como "necesario".
Todo efecto, Ezequiel, "necesita" su causa:
es una relación de vida o muerte.
De tal modo, si atenta es la lectura,
bajo el rostro mudable de las cosas
brilla la cara eterna del Autor.
   Y el Libro restaurado
ya quiere ser un Templo.

(fragmento)

Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 1900-1970), "Poema de la física", 1979, póstumo
La Guacha, N° 36, Buenos Aires, septiembre, 2011

domingo, mayo 03, 2009

No está el Amado en el Amante



Del amor navegante

Porque no está el Amado en el Amante
Ni el Amante reposa en el Amado,
Tiende amor su velamen castigado
Y afronta el ceño de la mar tonante.

Llora el Amor en su navío errante
Y la tormenta libra su cuidado,
Porque son dos: Amante desterrado
Y Amado con perfil de navegante.

Si fuesen uno, Amor no existiría
Ni llanto ni bajel ni lejanía,
Sino la beatitud de la azucena.

¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!
¡Oh círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.

Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 1900-1970), "Sonetos a Sophia", 1940. Antología poética, Espasa-Calpe, Colección Austral, Buenos Aires, 1950

Nota: Este poema fue seleccionado para una antología de diez décadas de poesía argentina a cargo de diez poetas contemporáneos, a razón de diez poemas por década, que editorial Bajo la Luna publicará el año próximo, coordinada por Jorge Fondebrider. Al editor de este blog le tocó la década de los '40.

Foto: Marechal, c.1960. Archivo personal

De Marechal en este blog:
A un domador de caballos

viernes, enero 16, 2009

Leopoldo Marechal / A un domador de caballos



















1
Cuatro elementos en guerra
forman el caballo salvaje.
Domar un potro es ordenar la fuerza
y el peso y la medida;
es abatir la vertical de fuego
y enaltecer la horizontal de agua;
poner un freno al aire, dos alas a la tierra.

¡Buen domador el que armoniza y tañe
las cuatro cuerdas del caballo!
(Cuatro sonidos en guerra
forman el potro salvaje.)
Y el que levanta las manos de músico y las pone
sobre la caja del furor
puede mirar de frente a la Armonía
que ha nacido recién
y en pañales de llanto.
Porque domar un potro
es como templar una guitarra.

2
¡Domador de caballos y amigo que no pone
fronteras a la amistad,
y hombre dado al silencio
como a un vino precioso!
¿Por qué vendrás a mí con el sabor
de los días antiguos,
de los antiguos días abiertos y cerrados
a manera de flores?
¿Vienes a reclamar el nacimiento
de un prometido elogio,
domador de caballos?

(Cordajes que yo daba por muertos resucitan:
recobran en mi mano el peligroso
desvelo de la música.)

3
Simple como un metal, metal de hombre,
con el sonido puro
de un hombre y un metal;
oscuro y humillado
pero visible todavía el oro
de una nobleza original que dura
sobre tu frente;
hombre sin ciencia, mas escrito
de la cabeza hasta los pies con leyes
y números, a modo
de un barro fiel;
y sabio en la medida
de tu fidelidad;
así vienes, amigo sin fronteras,
así te vemos en el Sur:
y traes la prudencia ceñida a tus riñones.
Y la benevolencia
como una flor de sal en tu mirada
se abre para nosotros, domador.

4
¡Edificada tarde!
Su inmensa curva de animal celeste
nos da la tierra;
somos dos hombres y un domador de caballos,
puestos en un oficio musical.
Hombre dado al silencio como a un vino precioso,
te adelantas ahora:
en tu frente la noble costumbre de la guerra
se ha dibujado como un signo,
y la sagacidad en tu palabra
que no deshoja el viento.

5
¿Qué forma oscura tiembla y se resuelve
delante de nosotros?
¿Qué gavilla de cólera recoge
tu mano, domador?
(Cuatro sonidos en guerra
forman el potro salvaje.)
Somos dos hombres y un domador de caballos
puestos en un oficio musical.

Y el caballo es hermoso: su piel relampagueante
como la noche;
con el pulso del mar, con la graciosa
turbulencia del mar:
hecho a la traslación, a la batalla
y a la fatiga: nuestro signo.

6
El caballo es hermoso como un viento
que se hiciera visible,
pero domar el viento es más hermoso
y el domador lo sabe.

Y así los vemos en el Sur: jinete
del río y de la llama;
sentado en la tormenta
del animal que sube como el fuego
que se dispersa como el agua viva;
sus dedos musicales afirmados
en la caja sonora
y puesta su atención en la Armonía
que nace de la guerra, flor de guerra.

7
Así lo vimos en el Sur. Y cuando,
vencedor y sin gloria,
hubo estampado en el metal caliente
de la bestia su sello y nuestras armas,
¡amigo sin riberas! lo hemos visto
regresar al silencio,
oscuro y humillado,
pero visible todavía el oro
de una realeza antigua que no sabe
morir sobre su frente.

Su nombre: Domador de Caballos, al Sur.
Domador de caballos,
no es otra su alabanza.

Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 1900-1970), "Poemas australes", 1937, Poesía (1924-1950), edición y prólogo de Pedro Luis Barcia, Ediciones del 80, Buenos Aires, 1984
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Ilustración: Marechal por Hermenegildo Sábat. Clarín