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jueves, abril 12, 2018

Leopoldo Lugones / Los perros lunáticos















Rozando interminables muros,
Trotan sin fin. Su endeble traza
Bajo la luna se adelgaza,
Y ella los vuelve más oscuros.

Y siguen con absurdo empeño
En nuestra misma dirección,
Los fatales perros sin dueño,
Sordos al mimo y al baldón.

Una esquivez de presidiario
Manifiesta su intimidad
Con los vampiros del osario
Y el horror de la soledad.

Afelpando su oblicua marcha,
Toda la noche van así,
Exasperado por la escarcha
Su silencioso frenesí.

O una demencia paralela
Su gañido histérico arranca,
Y se pasan la noche en vela
Ululando a la muerte blanca.

(de "Romanzas de un buen invierno")

Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, Argentina, 1874-Tigre, Argentina, 1938)


"Las horas doradas" (1922),
Éste es mi Lugones,
selección de Javer Cófreces,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2018








Ref.:
Dardanelos
Página 12
La Nación
CeDIE

martes, agosto 10, 2010

Leopoldo Lugones / Salmo




Salmo pluvial

Tormenta

Érase una caverna de agua sombría el cielo;
el trueno, a la distancia, rodaba su peñón;
y una remota brisa de conturbado vuelo,
se acidulaba en tenue frescura de limón.

Como caliente polen exhaló el campo seco
un relente de trébol lo que empezó a llover.
Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,
se vio el caudal con vívidos azules florecer.

Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;
sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal;
y el firmamento entero se derrumbó en un rayo,
como un inmenso techo de hierro y de cristal.

Lluvia

Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto
que plantaba sus líquidas varillas al trasluz,
o en pajonales de agua se espesaba revuelto,
descerrajando al paso su pródigo arcabuz.

Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces,
descolgó del tejado sonoro caracol;
y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces,
transparente y dorada bajo un rayo de sol.

Calma

Delicia de los árboles que abrevó el aguacero.
Delicia de los gárrulos raudales en desliz.
Cristalina delicia del trino del jilguero.
Delicia serenísima de la tarde feliz.

Plenitud

El cerro azul estaba fragante de romero,
y en los profundos campos silbaba la perdiz.

Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, 1874-Tigre, 1938), El libro de los paisajes, Otero y García, Editores, Buenos Aires, 1917

Ilustración: Atardecer con laguna, Ernesto Laroche

jueves, octubre 22, 2009

Leopoldo Lugones / Anacreonte


La vejez de Anacreonte

A Ponciano Vivanco

La tarde coronábale de rosas.
Sus dulces versos, en divino coro,
Se iban flotando como polen de oro
Sobre las alas de invisibles mariposas.

Componían los mimos suaves glosas,
Mujía blandamente el mar sonoro,
Como si fuera un descornado toro
Uncido a la cuadriga de las diosas.

Y más rosas llovieron; y la frente
Del poeta inclinóse dulcemente,
Y un calor juvenil flotó en sus venas.

Sintió llenos de flores los cabellos,
Las temblorosas manos hundió en ellos...
Y en vez de rosas encontró azucenas.

Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, 1874-Tigre, 1938), Los crepúsculos del jardín [1905], Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980

De Lugones en este blog:
Segundo violín

Ver también:
Antología votada de la poesía argentina
Modernismo

Ilustración: Anacreonte, Baco y Amor, Jean Léon Gérôme, 1848

viernes, marzo 27, 2009

La luna de Lugones


Segundo violín

La luna te desampara
y hunde en el confín remoto
su punto de huevo roto
que vierte en el mar su clara.

Medianoche van a dar,
y al gemido de la ola
te angustias, trémula y sola,
entre mi alma y el mar.

de "A ti, única (Quinteto de la Luna y del Mar)" 

Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, 1874-Tigre, 1938), El libro de los paisajes, Otero y García Editores, Buenos Aires, 1917


Ilustración: Caricatura de Lugones, revista Martín Fierro, julio de 1924 Canal Encuentro

martes, agosto 29, 2006

Relaciones

Los versos en los que Borges advertía se quebraba el estilo marmóreo de Lugones:

Al promediar la tarde de aquél día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga congoja de dejarte
lo que me hizo saber que te quería.

Leopoldo Lugones, Alma venturosa. 1922

Los primeros versos de El adiós, letra de Virgilio San Clemente, música de Maruja Pacheco Huergo, estrenado en 1937 por Corsini:

En la tarde que en sombras se moría,
buenamente nos dimos el adiós;
mi tristeza profunda no veías
y al marcharte sonreíamos los dos.


www.cuscatla.com/argentina.htm

www.todotango.com/Spanish/biblioteca/letras/letra.asp?idletra=650

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