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domingo, junio 21, 2015

Leopoldo Castilla / Noche en Muan Sing


    






                    
                    a Rubén Monterrubio

Blanca luz de heroína
                     la noche de Muan Sing.

Oculto en el resplandor de la luna
alguien ofrece opio
y desaparece dentro de su sombra.
Todo perdido
trafica fuegos fatuos.

Ya los Thais, los Leos, los Icós,
cada uno
tocado por un color, volvieron,
soplados por la tarde, a sus aldeas.

Sólo queda ese hombre, como una helazón, por las calles.
El que vende olvido.

También la naturaleza sueña.
Mira cuánto hace por no ser real una planta.
Como el mundo se va,
                   ella busca otro mundo:
el paraíso de la amapola
                 son tus distancias.

Muan Sing es la frontera.
Después de aquí, ya sabes:
te alcanzará la vida para estar en la tierra
                         y no podrás tocarla.

Leopoldo Castilla (Salta, Argentina, 1947), Gong (Canto Al Asia), La Letra Impar, Buenos Aires, 2012


lunes, noviembre 18, 2013

Leopoldo Castilla / Vista aérea















Aquí estuvo una vez el mundo.

En estos círculos
de agua quemada
fundió su calavera,
en la grafía de estos ribazos
drenó las tinieblas del viaje,
dejó irse a la muerte.

El mar retrocede
ante el territorio desollado
donde late el sortilegio
de los lagos seniles.

Abandonó sus huellas
con la suave brutalidad del páramo:
tatuadas
la implosión de un volcán
la furia de los metales.

Y un silencio a desaparición
                          que no se acaba.

Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Coirón, Ediciones del Zorrito, Buenos Aires, 2011

miércoles, abril 18, 2012

Leopoldo Castilla / Confines




Confines

Alguien viaja todavía
en trenes difuntos en el campo.
Alguien alambra el agua.

El cielo atraviesa la laguna, tras otro cielo
y una sortija inmensa
de luz, vacío y lluvia desterrada
perfora el planeta.

Hay casas por ahí. Pobres hasta el hueso.

Más al fondo,
donde uno comienza a perder la tonada,
aúllan
el coirón en los eriales
y en los álamos de Neuquén
                      las horas quietas.

No hay quien vuelva de allí.

Un viejo refucilo
acorrala al hombre
descarga los ojos de los animales
y fulmina la frontera.

Después
-si es que hay después-
de la nada
         nace
            la nieve
y de un relámpago la cordillera.


Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Coirón, Ediciones del Zorrito, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Concetto spaziale, 1951, Lucio Fontana

jueves, diciembre 24, 2009

Leopoldo Castilla / de "Libro de Egipto"



La pirámide

a Antonio Requeni


Entré a la trampa de rodillas,
iluminado por mi carne
como una víbora.
Traje luz de afuera,
el desorden de los animales,
el mareo de la hierba,
una voluta intrusa
atragantada
entre los planos fríos
y el silbido del canto de las piedras.

Aquí, en el centro de la pirámide,
sin gravedad, sin alma,
donde el universo se detiene
y cava la fosa de su propia guerra,
en un ángulo homicida,
hendido
por el venablo de una línea recta,
aguardo que descienda el faraón,
suntuoso de olvido,
desde otro sol
por la escalera inversa.

Ya no me oculta mi nombre ni mi calavera.

La pirámide se cierra
insurrecta en la luz.

El espejismo era toda la tierra.


Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Libro de Egipto, Ediciones Ultimo Reino, Buenos Aires, 2003

De Castilla en este blog:
LV, de Manada

Foto: Caravana cerca de las pirámides de Giza, 2006, Jorge Aulicino

lunes, diciembre 07, 2009

Leopoldo Castilla / La historia


LV

Tardan en morir los siglos
como tarda en nacer el polvo.


¿Donde estuvo la historia
lloverá nieve negra,
páginas de ardiente transparencia,
élitros de hombre?

La memoria del universo, bifronte,
cabe en un instante.
En otra dimensión
está sola la espada,
sola la mano y, muy lejos,
solitario el enemigo que cae.
Allí nadie restituye a Roma.
En cada segundo Odiseo pierde a Odiseo.
El camino comienza, sólo comienza
y desaparece el viaje,
En cada acto el César elimina al César.
Uno es el Cristo y otro el resucitado.

Esa latitud detiene las esferas de Galileo
y en el derrumbe eterno
fija el átomo. Ríe, impar, el Diablo
y se reonoce Heráclito.

Allí, seco
en su bocanada el héroe
que decapitó un impero
(no sus vestidos,
la guerra fría de sus puntillas,
sus alamares de espanto)
allí el fuego fatuo de las naciones
estupefacto el Papa
y en su aguja negra el esclavo.

En esa inmensidad,
inmóvil en su crisálida,
vuela la historia,
helicoidal,
inversa,
rumbo a su gusano.

Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Manada, Ediciones el Mono Armado, Buenos Aires, 2009

Ilustración: La caída de Icaro, Jacob Peter Gowi, 1636

De Castilla en este blog:
Nacimiento de la simetría

sábado, octubre 06, 2007

La otra mitad


Nacimiento de la simetría

a Osvaldo Torasso


De esas dos mitades sólo una es real.
Hechizada por su aparición
y antes que la luz la disuelva
engendró otra para verse.

Medio árbol es el que extiende sus ramas para tocarse,
medio hombre el que custodia su propia calavera
y sólo con un ala y un espejo vuela la mariposa.

Una desesperada volandería de mitades llena de mañanas el mundo.

Siempre que la muerte, que es tuerta,
con su ojo demasiado solitario
no se atreva a mirar,
lo irreal semillará la tierra.


Leopoldo Castilla (Salta, 1947), El amanecido. Ediciones el Mono Armado, Buenos Aires, 2005