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lunes, junio 15, 2015

Liliana Lukin / De "El libro del buen amor"










III

El mal, no los errores, perdura,
lo perdonable está perdonado hace tiempo, los
  cortes de navaja
se han cerrado también, sólo el corte que produce
  el mal,
ése no se cura, se reabre en la noche, cada noche.
                                        Ingeborg Bachmann


He descubierto una rama de odio
en la magnolia del parquecito:
no es de nadie el árbol, el paseo,
el descubrimiento.

De quién es el odio?
Ama la magnolia su brote,
su rama que estalla a punto
de floración bella y blanca?

Qué estupor ver esa especie
creciendo, su inocencia
aparente en la forma de
encarnar,

qué deseo de un
alerta a los sentados, los solos,
los amantes de la sombra,
decir: cuidado allí, cuidado así

yo misma asustada
todavía, conjeturando sobre
modos sorpresivos de proliferación
de un sentimiento

en el reflejo del cristal que el hielo deja
en el tapiz, el musgo en la terraza,
dentro del poso de la taza de café,
hay un odio que crece para alguien

en el cuajo de leche y en la cepa
del vino y en el hilo de coser
puede haber odio.

Camino hacia la zona de luz,
salgo del bosque casi artificial,
de utilería los bancos en la grava,

llevo la rama
pesada, todo lo que miro
se enturbia en el agobio
del recuerdo de un árbol.

Mala semilla durmiendo
entre nosotros, para siempre burlados
en la idea de un Jardín.

Liliana Lukin (Buenos Aires, 1951), El libro del buen amor, Ediciones Wolkowicz, Buenos Aires, 2015

Foto: Liliana Lukin por Eduardo Grossman en El Placard



sábado, julio 14, 2012

Liliana Lukin / De "La Ética demostrada..."




De La Ética demostrada según el orden poético *

X

Sueño con un bosque
que va a desaparecer,
donde cada árbol sabe
que puede ser una casa
en el sueño.

Sé que eso es cierto
pero poco probable,
y al viento de su disgregación,
hachado sin piedad
por una fuerza
sin manos ni herramientas,
el bosque hace su poder
y puebla de hogares
lo desierto.

Yo despierto asombrado,
no como quien soñó
trabajos imposibles,
no como habiendo levantado
estructuras pequeñas del desastre,
sino como quien estuvo
en un bosque,
admiró la intrincada
ingeniería natural,
calculó riesgos y bondades
y prefirió esa muerte y su
resurrección.


XVI

Sueño con el que escribe,
desenvuelto de sí, desarropado,
incómodo en su falta de lugar,
lo sueño escuchando un habla
y como un eco, proliferar
entre las fuerzas que bien conoce
y de las que da constancia.

Sueño con sus sencillos
movimientos domésticos,
danzas que no alteran
el escenario desnudo
ni la vaga sombra, lo grave
que se esfuma al acercarse él
a la mesa, la pluma, los papeles.

Al despertar, una tristeza
perturbará mi vida, no como si
se perdiera esa escritura, sino peor,
como si fuera yo un niño
que espera fuegos de artificios y ve,
de a poco, en ese cielo,
apagarse toda luz.

Liliana Lukin (Buenos Aires, 1951), La Ética demostrada según el orden poético, Ediciones la Cebra, Buenos Aires, 2011

* Se refiere al libro Ética demostrada según el orden geométrico, de Baruch Spinoza (De la nota en esta edición)

Ilustración: Ponts en fer à Asnières, 1887, Èmile Bernard MoMA