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viernes, septiembre 27, 2024

Luis de Góngora / Ayer naciste, y morirás mañana...



XLIX

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

Si te engañó tu hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, España, 1561 - 1627), Sonetos, edición de Ramón García González; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2004  

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Imagen: Retrato de Luis de Góngora (detalle), copia del siglo XVIII en el Museo del Prado, de Madrid, del original de Diego Velázquez, 1622, actualmente en el Museum of Fines Arts, de Boston

sábado, junio 02, 2018

Luis de Góngora / Ciego que apuntas y atinas





















Ciego que apuntas y atinas,
caduco dios, y rapaz,
vendado que me has vendido
y niño mayor de edad:
por el alma de tu madre,
que murió, siendo inmortal,
de invidia de mi señora,
que no me persigas más.
Déjame en paz, Amor tirano,
déjame en paz.

Baste el tiempo mal gastado
que he seguido, a mi pesar,
tus inquïetas banderas,
forajido capitán;
perdóname, Amor, aquí,
pues yo te perdono allá,
cuatro escudos de paciencia,
diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, Amor tirano,
déjame en paz.

Amadores desdichados,
que seguís milicia tal,
decidme, ¿qué buena guía
podéis de un ciego sacar?
De un pájaro, ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza, de un rapaz?
¿Qué galardón, de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
déjame en paz.

Diez años desperdicié,
los mejores de mi edad,
en ser labrador de Amor
a costa de mi caudal;
como aré y sembré, cogí:
aré un alterado mar,
sembré una estéril arena,
cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
déjame en paz.

Una torre fabriqué,
del viento en la raridad,
mayor que la de Nembroth
y de confusión igual;
gloria llamaba a la pena,
a la cárcel, libertad,
miel dulce al amargo acíbar,
principio al fin, bien al mal.
Déjame en paz, Amor tirano,
déjame en paz.

 Luis de Góngora (Córdoba, España, 1561-1627), Romances, Antonio Carreño, Cátedra, Madrid, 1982
Envío de Jonio González
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Ilustración: Luis de Góngora por Pablo Picasso (variaciones del retrato de Diego de Velázquez), 1947 EPPH

viernes, junio 26, 2015

Luis de Góngora / Andeme yo caliente













XLVIII [1]581.

Ándeme io caliente
i ríase la gente

Traten otros del gobierno
Del mundo i sus Monarchías,
Mientras goviernan mis días
Mantequillas, i pan tierno,
I las mañanas de Invierno
Naranjada y aguardiente,
 I ríase la gente.

Coma en dorada vaxilla
El Príncipe mil cuidados
Como píldoras dorados,
Que yo en mi pobre mesilla
Quiero más una morcilla
Que en el asador rebiente,
 I ríase la gente.

Quando cubra las montañas
De blanca nieve el Henero,
Tenga io lleno el brassero
De vellotas, i castañas,
I quien las dulces patrañas
Del Rei que rabió me cuente,
 I ríase la gente.

Busque mui en hora buena
El mercader nuevos soles;
Io conchas, i caracoles
Entre la menuda arena,
Escuchando a Philomena
Sobre el chopo de la fuente,
 I ríase la gente.

Pase a media noche el mar
I arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
Que io más quiero passar
Del golfo de mi lagar
La blanca, o roja corriente,
 I ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
Que de Pyramo, i su amada
Hace thalamo una espada,
Do se junten ella i él,
Sea mi Tisbe un pastel,
I la espada sea mi diente,
 I ríase la gente.

[1581]

Luis de Góngora (Córdoba, España, 1561-1627), Tomo Segundo de las obras de D. Luis de Góngora, Antonio Chacón y Ponce de León (rec.), 1628, Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, España, 2005

Noticia:
"Góngora escribió en una época en que la poesía circulaba manuscrita; raro era el poeta que veía impresas sus obras en vida, y don Luis no fue en eso una excepción. Sí lo fue en la profusión y en el fervor con que se difundieron sus versos. Algunos de los manuscritos que la contienen son misceláneos, pero otros son obras primorosas, de pendolista, cuya materialidad pretende estar a la altura del contenido. Entre estos, el más importante es el que se conoce como manuscrito Chacón por el nombre de su colector, don Antonio Chacón y Ponce de León, señor de Polvoranca. Desde 1619, don Antonio Chacón fue reuniendo la obra de don Luis y comunicándola con el propio poeta, que le proporcionó fechas y circunstancias de sus versos y rechazó falsas atribuciones, lo que constituye un hecho sin parangón en la poesía moderna española. El manuscrito, en tres volúmenes en vitela, se concluyó en 1628, un año después de la muerte de Góngora. Pasó a engrosar la biblioteca del que había sido su gran admirador y protector, el conde-duque de Olivares, a quien está dedicado.
"El manuscrito Chacón se dio a conocer a principios del siglo XX y desde entonces ha constituido la base de las ediciones de Góngora."
Biblioteca Nacional de España (BNE), Góngora, la estrella inextinguible
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Ilustración: Retrato de Luis de Góngora  © Biblioteca Nacional de España

viernes, junio 21, 2013

Poemas elegidos, 39


Jorge Aulicino
(Buenos Aires, 1949)

Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora
Sin contar el XXVIII de Trilce, de César Vallejo ("He almorzado solo ahora y no he tenido..."); o "Escrito sobre una mesa de Montparnasse", de Raúl González Tuñón; o "Los mares del Sur", de Cesare Pavese, o "La casa de los aduaneros" o "Dora Markus", de Eugenio Montale; o "Este momento", de Joaquín Giannuzzi; o el I de Alberto Girri en "El amor", ("No es el amor ni es negocio del alma..."), o "Las cenizas de Gramsci", de Pier Paolo Pasolini, y sabiendo que lejanamente en mi vida están Neruda ("Tango del viudo", "Barcarola") y el "Canto a mí mismo" de Whitman que tradujo León Felipe; y aun el Canto XXXIV del Infierno, que me acompañó desde joven, elijo este poema. Porque la revelación, el descubrimiento, la primera percepción de la poesía, se la debo a Góngora; a dos de sus versos en el azar de un libro de Castellano en el primero o en el segundo año de la secundaria: "Infame turba de nocturnas aves /Gimiendo tristes y volando graves". Sentí que todo en ese conjunto de palabras era imprescindible, necesario, y a la vez inestable. Eso no era prosa (había leído prosa, bastante), y no sólo por su maravilloso sonido. El eco de esas aves agoreras en la caverna de Polifemo me hablaba con zonas enrarecidas de lenguaje y de imaginación; y de mitología, de quimeras, de un claroscuro -decisivo para mí-, naturalista y fantástico. Cuando desentrañé la estrofa en que aquellos versos están, y la que precede, y la que sigue, experimenté por primera vez que la ardua tarea de seguir el texto puede ser premiada con delicias inenarrables, palabra por palabra (cenizoso, greña, caliginoso, umbrío); con la mera contemplación del andar de un pensamiento: máquina encantada. Muchos años después, otro poema que habla de mitología y aves me produjo un gran impacto -viruela de la segunda juventud-: "Desde la terraza", de Girri, en el que alude a una escena en la playa, da unas vueltas sobre la validez de las construcciones de la mente y concluye:

¡apenas un golpe
de fábula, vivo e instantáneo,
cuando el viento amplifica
el rumor de los bañistas,
y nos llega en corales,
ensordece como graznidos,
son graznidos!

Graznidos de aves, mitológicas pero reales, otra vez.


Fábula de Polifemo y Galatea
(Fragmento)

                      Al Conde de Niebla

I
Estas que me dictó rimas sonoras,
culta sí, aunque bucólica Talía,
¡oh excelso conde!, en las purpúreas horas
que es rosas la alba y rosicler el día,
ahora que de luz tu niebla doras,            
escucha, al son de la zampoña mía,
si ya los muros no te ven, de Huelva,
peinar el viento, fatigar la selva.
 
II
Templado, pula en la maestra mano
el generoso pájaro su pluma,
o tan mudo en la alcándara, que en vano
aun desmentir al cascabel presuma;
tascando haga el freno de oro, cano,
del caballo andaluz la ociosa espuma;
gima el lebrel en el cordón de seda,
y al cuerno, al fin, la cítara suceda.
 
III
Treguas al ejercicio sean robusto,
ocio atento, silencio dulce, en cuanto
debajo escuchas de dosel augusto,
del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto;
que si la mía puede ofrecer tanto
clarín (y de la Fama no segundo),
tu nombre oirán los términos del mundo.
 
IV
Donde espumoso el mar sicilïano
el pie argenta de plata al Lilibeo
(bóveda o de las fraguas de Vulcano,
o tumba de los huesos de Tifeo),
pálidas señas cenizoso un llano
-cuando no del sacrílego deseo-
del duro oficio da. Allí una alta roca
mordaza es a una gruta de su boca.
 
V
Guarnición tosca de este escollo duro
troncos robustos son, a cuya greña
menos luz debe, menos aire puro
la caverna profunda, que a la peña;
caliginoso lecho, el seno obscuro
ser de la negra noche nos lo enseña
infame turba de nocturnas aves,
gimiendo tristes y volando graves.
 
VI
De este, pues, formidable de la tierra
bostezo, el melancólico vacío
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío,
de los montes, esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella.
 
VII
Un monte era de miembros eminente
este que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero;
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.
 
VIII
Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que lo peina proceloso,
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetüoso,
que (adusto hijo de este Pirineo)
su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano
surcada aun de los dedos de su mano.
 
IX
No la Trinacria en sus montañas, fiera
armó de crüeldad, calzó de viento,
que redima feroz, salve ligera,
su piel manchada de colores ciento;
pellico es ya la que en los bosques era
mortal horror al que con paso lento
los bueyes a su albergue reducía,
pisando la dudosa luz del día.

X
Cercado es (cuanto más capaz, más lleno)
de la fruta, el zurrón, casi abortada,
que el tardo otoño deja al blando seno
de la piadosa hierba, encomendada;
la serba, a quien le da rugas el heno,
la pera, de quien fue cuna dorada
la rubia paja, y -pálida tutora-
la niega avara, y pródiga la dora.
 
XI
Erizo es el zurrón, de la castaña,
y (entre el membrillo o verde o datilado)
de la manzana hipócrita, que engaña,
a lo pálido no, a lo arrebolado,
y, de la encina (honor de la montaña,
que pabellón al siglo fue dorado)
el tributo, alimento, aunque grosero,
del mejor mundo, del candor primero.
 
XII
Cera y cáñamo unió (que no debiera)
cien cañas, cuyo bárbaro rüído,
de más ecos que unió cáñamo y cera
albogues, duramente es repetido.
La selva se confunde, el mar se altera,
rompe Tritón su caracol torcido,
sordo huye el bajel a vela y remo;
¡tal la música es de Polifemo!

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, España, 1561-1627)
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Foto: Jorge Aulicino por Leticia Scattini, Concordia, 2012

miércoles, noviembre 29, 2006

Luis de Góngora / Sonetos

A CIERTA DAMA QUE SE DEJABA VENCER
DEL INTERÉS ANTES QUE DEL GUSTO

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,
La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.
¿Quién, pues, se maravilla deste hecho,
Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?
Interés, ojos de oro como gato,
Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, cient arpones
Le flechó de la aljaba de un talego.
¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato cient cañones?


DE LA BREVEDAD ENGAÑOSA DE LA VIDA

Menos solicitó veloz saeta
Destinada señal, que mordió aguda;
Agonal carro en la arena muda
No coronó con más silencio meta,
Que presurosa corre, que secreta,
A su fin nuestra edad. A quien lo duda
(Fiera que sea de razón desnuda)
Cada sol repetido es un cometa.
Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
En seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas,
Las horas que limando están los días,
Los días que royendo están los años.


DE UN CAMINANTE ENFERMO QUE SE ENAMORÓ
DONDE FUE HOSPEDADO

Descaminado, enfermo, peregrino
En tenebrosa noche, con pie incierto
La confusión pisando del desierto,
Voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
Distincto oyó de can siempre despierto,
Y en pastoral albergue mal cubierto
Piedad halló, si no halló camino.
Salió el sol, y entre armiños escondida,
Soñolienta beldad con dulce saña
Salteó al no bien sano pasajero.
Pagará el hospedaje con la vida;
Más le valiera errar en la montaña,
Que morir de la suerte que yo muero.


MIENTRAS POR COMPETIR ...

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;
Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,
Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,
No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


DEL MARQUÉS DE SANTA CRUZ

No en bronces, que caducan, mortal mano,
Oh católico Sol de los Bazanes
(Que ya entre gloriosos capitanes
Eres deidad armada, Marte humano),
Esculpirá tus hechos, sino en vano,
Cuando descubrir quiera tus afanes
Y los bien reportados tafetanes
Del turco, del inglés, del lusitano.
El un mar de tus velas coronado,
De tus remos el otro encanecido,
Tablas serán de cosas tan extrañas.
De la inmortalidad el no cansado
Pincel las logre, y sean tus hazañas
Alma del tiempo, espada del olvido.


A UN SUEÑO

Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos,
Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),
El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.
Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.

http://www.poesia-inter.net/indexlg.htm

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, España, 1561-1627)
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Imagen: Retrato de Luis de Góngora por Diego Velázquez, 1622. Museum of Fine Arts  de Boston, copia del siglo XVIII en el Museo del Prado, Madrid