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viernes, noviembre 27, 2015

Lucio Madariaga / Silencio y después













La mujer del vestíbulo en la calle
del ruido
          ríe
desafiante
          confiándose a la noche
como si poco importara el dolor

¡Ay si supiera!

Lo que suele tener ese aroma
dulce
    a tanta vida


Una fracción de segundo arrítmica
inmensa y solitaria
es todo lo que nos hace falta
para comenzar
de nuevo.

Hay algo desgarrador en el silencio:

me resulta auténtico.

Lucio L. Madariaga (Buenos Aires, 1985)

Materia oscura,
La Pulga Renga,
Rosario, 2015









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Foto: Lucio Madariaga en FB

domingo, junio 30, 2013

Poemas elegidos, 58


Lucio Madariaga
(Buenos Aires, 1985)

¡Crearme, recrearme, vaciarme...!, de Juan Ramón Jiménez
Elijo este poema porque lo leí en un momento muy turbulento y triste de la adolescencia, entre los 15 y 16 años, y fue lo único en tanto poesía que leí en esa etapa. Pero volvía a leerlo, y volvía a leerlo, y volvía a leerlo. Me hizo un hueco en el cráneo. A veces se filtraba por el mismo y parecía que se esfumaba, aunque siempre se las ingeniaba para volver a meterse por ahí y continuaba repiqueteando como una esperanza, una apuesta o algo así.






¡Crearme, recrearme, vaciarme, hasta
que el que se vaya muerto, de mí, un día,
a la tierra, no sea yo; burlar honradamente,
plenamente, con voluntad abierta,
el crimen, y dejarle este pelele negro
de mi cuerpo, por mí!
¡Y yo, esconderme
sonriendo, inmortal, en las orillas puras
del río eterno, árbol
-en un poniente inmarcesible-
de la divina y májica imajinación!

Juan Ramón Jiménez (Huelva, 1881-San Juan de Puerto Rico, 1958)

Foto: Lucio Madariaga en FB

jueves, junio 09, 2011

Lucio Madariaga / Dos poemas



Il dolore

El pordiosero de la oficina
en el pulmón
del asma,
comulga con la derrota
y la dona
al mejor postor.

No se trata de volver al origen.
Hablo de puntos de partida.

El único dolor eficiente
es
el constitutivo.


A la sombra del tilo

Viene del monte un aroma a casuarina
y lujuria recién lavada
que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
desnuda
pero dispuesta

No hay dádivas para este corazón
señor de la mañana;

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
y el éxtasis en puntas de pie,
de saber,
que este amor,
se come
con las manos.


Lucio L. Madariaga (Buenos Aires, 1985)

Foto: Lucio L. Madariaga Facebook