Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Eduardo Eielson. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Eduardo Eielson. Mostrar todas las entradas

miércoles, agosto 04, 2021

Jorge Eduardo Eielson / Cuerpo de tierra



Todo lo que veo sobre la tierra 
Me convence que jamás seré un hombre 
Ni una mujer ni una hormiga 
Y ni siquiera una persona educada 
No me corto el pelo ni la barba 
Sino cuando el cielo me lo pide 
El cocodrilo es mi hermano querido 
Las cucarachas mi única familia 
Comparto con la yerba y con el sapo 
El amor a la lluvia con la araña el arte 
De levantar castillos de saliva 
Así avanzo avanzo todavía 
Generalmente en cuatro patas 
Encima de dos zapatos 
O debajo de un sombrero

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, Italia, 2006), Noche oscura del cuerpo, Jaime Campodónico Editor, Lima, 1989
Envío de Jonio González

---
Foto: Viceversa

domingo, agosto 24, 2014

Jorge Eduardo Eielson / Mutatis mutandi













1

Existirá una máquina purísima
copia perfecta de sí misma
y tendrá mil ojos verdes
y mil labios escarlata
no servirá para nada
pero tendrá tu nombre
Oh eternidad

2

cifra sin fin cifra sin
fin cifra que nunca
principia
cantidad esplendente
cero encendido
dime tú por qué
dime dónde cuándo cómo
cuál es el hilo ciego
que se quema entre mis dedos
y por qué los cielos claros
y mis ojos cerrados
y por qué la arena toda
bajo mi calzado
y por qué entre rayos sólo
entre rayos me despierto
entre rayos me acuesto

3

oh laberinto
diamantes en marcha
electricidad que canta
en sus altos divinos cilindros
qué lejos ya mi corazón
mis intestinos y mi voz todo
misteriosamente dispuesto en cúpulas
iguales como las estaciones
o el manto de las horas
todo en busca
de esplendores que no llegan
de evaporados mundos
de lejanas y altas velocidades
que no perdonan

4

igual a la luz
más tus ojos
como yo o como tú
pero encendido
jardín de plumas que no existe
luz de nada
aire y tierra sin fronteras
agua y fuego confundidos
semejante a cuanto adoro
pero nada
semejante a tu mirada ciertamente
semejante a centenares
de millares de millones
de manzanas
pero en llamas

5

porque tu cuerpo es de tierra
y mi cuerpo es de tierra
de qué sirve la tierra sin tu cuerpo
de qué sirve la tierra sin mi cuerpo
de qué sirve tu cuerpo sin mi cuerpo
y mi cuerpo y tu cuerpo de qué sirven
si tu cuerpo y mi cuerpo son de tierra
tierra más tierra nuestros hijos
tierra con redondez la tierra
y todo lo que existe sobre la tierra
tierra tierra tierra tierra

6

pura astronave brilla siempre
como una simple lámpara de aceite
que ya se siente sola
y sin familia
en el terrible espacio
entre tanto cielo ciego
que no cesa
y tanto abismo centelleante
que no se abre

7

de inexplicable cristal
que respira
quisiera ser de nylon
de celophan de acero
de sonrientes materias
que no mueren
no soy en cambio
sino de carne y hueso
juguete pálido del jazz
y de las horas
miserable volumen
que padece

8

de noche
de rodillas
solo de noche
de noche sólo
de verde tú
yo de rojo
de rodillas
en la noche
de tanto verte
y no tenerte
o de tenerte
y ya no verte
ni de rodillas
ni tú de verde
ni yo de rojo

9

nada
sino una masa clara
de millones y millones de kilos
de plomo de plata de nada
vacío y peso y vacío nuevamente
nada de plomo plomo en la nada
nada de plata plata en la nada
nada de nada nada en la nada
nada
sino la luna
la nada
y la nada nuevamente

10

escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
vuelvo a añadir palabras
palabras otra vez
palabras aún
además pájaros hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
borro todo por fin
no escribo nada

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006), Mutatis mutandis, La Rama Florida, Lima, 1967
Envío de Jonio González

sábado, junio 19, 2010

Jorge Eduardo Eielson / Dos poemas


Via della Croce

frecuentemente
cuando estoy sentado
en una silla
y estoy solo
y no he dormido
ni comido ni bebido
ni amado
tengo la impresión
de caer en un abismo
amarrado a mis vestidos
y a mi silla
y de irme muriendo suavemente
acariciando mis vestidos
y mi silla
tengo la impresión
de caer en un abismo
y de improviso asistir
a una remota fiesta
en el fondo de una estrella
y de bailar en ella
tiernamente
con mi silla

Via Veneto

me pregunto
si verdaderamente
tengo manos
si realmente poseo
una cabeza y dos pies
y no tan solo guantes
y zapatos y sombrero
y por qué me siento
tan puro
más puro todavía
y más próximo a la muerte
cuando me quito los guantes
el sombrero y los zapatos
como si me quitara las manos
la cabeza y los pies

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006), Carmen Ollé, Antología de la poesía peruana: Fuego abierto, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2008

Foto: Eielson literaturas.com