Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Enrique Ramponi. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Enrique Ramponi. Mostrar todas las entradas

jueves, agosto 20, 2020

Jorge Enrique Ramponi / Mediodía

















Meridiano:
vértice cabal del día.
Mi patio calza una baldosa de oro.

En el columpio fácil de una caña
cuelgan su vuelo brusco los gorriones,
bajo el baño de sombra del alero.

El ángulo de pico mide granos de asfixia
y aventan el cansancio, abanicos las alas.

De una cuenca del muro, dos bocas pedigüeñas
tiritan la llorosa sonaja de sus voces,
salpicando el silencio con sus gotas de música.

Jorge Enrique Ramponi (Mendoza, Argentina, 1907-1977), Los mejores poemas de la poesía argentina, selección y notas de Juan Carlos Martini Real, Corregidor, Buenos Aires, 1974


Foto: (De izq. a der.) Abelardo Vázquez, Graciela de Sola, Alfonso Sola González y Jorge Enrique Ramponi La Quinta Pata

jueves, febrero 10, 2011

Jorge Enrique Ramponi / De "Los límites y el caos"



Ceremonia del cuervo

De qué remoto germen o ritual pernicioso
llegan al corazón ceremonias de cuervo legendario esta noche,
reverencias de búho
venido del cuadrante de una heráldica aviesa;
mímicas obstinadas de pájaro de túnel
que anuda entre sus cejas la tiniebla y el éxtasis,
y oficia estremecido su animal sacramento, de espaldas al oráculo.

Entre venias pausadas,
frontal a redonda de su culto sombrío, trazo un símbolo arcano,
con las garras en cruz lo signa polo a polo.
Olfatea hacia el norte cierto almizcle maligno
que le enturbia el plumaje con un viento de eclipse.

Cita las cuatro esquinas
con un gesto abismado de pontífice impío, cardinal y remoto;
con el pico en el eje las anuda en un orden jeroglífico ciego.
De par en par las alas
y la cola imbricada de abanico yacente,
en un largo vuelo quieto cubre el óvalo y gime su consigna de cábala.
Tendido en él lo asume fanático de indicios,
se tira a las espaldas escamas rencorosas,
lo empolla en su liturgia como a un huevo sagrado.

-Afronta tu desdicha, fértil enardecido
quién sabe por qué filtro de malicia perversa:
si Dios no está contigo cuando cantas
acaso te laten en el bulbo semillas del demonio.

-Nadie elude su crisma de tinieblas y caos
si nació para el rito de los crueles poderes furtivos de la noche.

-Nadie pierde su estela
si es fiel a su presagio secreto desde el prólogo.

El deudo que responde ya no es él,
su denuedo talla altares feroces en la propia desgracia,
tornavoces aciagos,
púlpitos de la misma materia del gemido.

Ora con eslabones de intemperie maligna,
con pésames de plomo que estampan en el alma su quilate de luto,
encandilada esfinge que rebota en sus huesos.

Quenas dos veces muertas, sin médula y sin soplo,
fosforecen sepultos avatares, álgebras torvas,
esfinges con vísceras de tumba.
Torres del desafío
cumplida la parábola, de regreso en el polvo.
Alfabetos sin quicio que responden preguntas
turbias admoniciones, animales relámpagos.

Sin confín en la extrema latitud del sollozo
se le conoce a quién invoca en su liturgia.
La audiencia despiadada se le acusa en el ceño de extranjero difícil,
clandestino, sinuoso.
En la lira de fuego que le tiembla en la frente malévola de hereje.
Le cae un yeso negro, funeral, sobre el alma.
Se le vuelven laureles de azufre los cabellos.

Solo ante el ara inicua,
lívido hasta el registro de las revelaciones en la clave del mártir,
le tañe facciones un viento de otro mundo.


(Los límites y el caos) [1972]


Jorge Enrique Ramponi (Mendoza, 1907-1977), Antología de la poesía argentina, tomo I, selección de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979

Foto: Ramponi Analecta Literaria