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sábado, enero 01, 2022

Jorge Aulicino / Fin de año




¿será el único que se entusiasme
con los restos de las fiesta?
botellas vacías en las veredas
pedazos de papel, bolsas de plástico derramadas
bajo el sol batiente junto a los árboles

¿será el único que sabe dónde está la fiesta?

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), "La caída de los cuerpos", 1983, Poesía reunida, Ediciones en Danza, 2020


Foto: Jorge Aulicino por Daniel Mordzinski, Buenos Aires, 2008

miércoles, julio 31, 2013

Poemas elegidos, 92


Mauro Viñuela 
(Resistencia, 1971)

Espejan, amarillan, de Jorge Aulicino
No tengo los fundamentos, ni la medida matemática del tiempo, para señalar el origen de un hecho estético. O de una experiencia vital. El poema comienza en verdad hace tiempo, a orillas del río Piave. Mis ancestros, mis amados ancestros, raspan sus vestimentas entre las piedras. Y, quizá, piensan, también, en la palabra "cierto". Y luego se transforman en criaturas indefensas. Expuestas a la gloriosa tecnología y a las doctrinas filosóficas. Mi subjetividad de lector me sitúa en un "Espejan, amarillan", llevado al mismo infinito. Esa es, en parte, la curiosa agonía sublime del poema.











Espejan, amarillan

Espejan, amarillan, los crisantemos inauténticos,
porque sólo los hemos visto filosóficamente.
Pero, fijate, tantas cosas hemos sido, y todas igualmente
inauténticas; todas espejan, luego amarillan.
Y hemos sido, incluso, crisantemos,
en busca de una paz provisoria de cocina
en la tormenta invernal; flores presumo que pulposas
en la cellisca que soplaba en la casa misma.
Espejan, amarillan, nuestros crisantemos,
en la medida que damos mayor consistencia a nuestras vidas.
El problema, te lo diré sin vueltas,
es que yo podía, digamos hace cuarenta años,
entrar en un café, que era oscuro y verdadero:
verdadero en el sentido que era nuestra posesión y había
sido la posesión de los viejos, de los nuestros y de desconocidos
viejos, aunque familiares, pues estábamos seguros
respondían a consignas migratorias; podían nombrar sus pueblos,
tan antiguos como el café al que me refiero: antiguos por igual
en su conciencia, no en la medida matemática del tiempo.
Oscuros en el café éramos sin embargo radiosos de espera.
Tocábamos la tela de nuestro saco y decíamos: cierto.
Nadie nos sacaba de nuestro vacío ensimismamiento
pues era un puro ensimismamiento: estar en uno.
Y con nadie nos habíamos citado, éramos al paso,
pero el café lo poseíamos, y la ciudad, y el subterráneo.
Espeja el crisantemo y aquel clavo doblado en la pared.
Amarilla todo en abstracto. Te lo digo sin vueltas.
No poseo ahora los cafés, ni el subterráneo.
Son cafés nuevos, no tienen bordes en los cuales
la mirada podía raspar, dejar su marca.
Como te digo: no es el problema la inautenticidad
de nuestro crisantemo. Porque espeja, amarilla,
pero es sólo conciencia de aquella vieja ciudad.

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949)


Foto: Mario Viñuela en FB

viernes, junio 21, 2013

Poemas elegidos, 39


Jorge Aulicino
(Buenos Aires, 1949)

Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora
Sin contar el XXVIII de Trilce, de César Vallejo ("He almorzado solo ahora y no he tenido..."); o "Escrito sobre una mesa de Montparnasse", de Raúl González Tuñón; o "Los mares del Sur", de Cesare Pavese, o "La casa de los aduaneros" o "Dora Markus", de Eugenio Montale; o "Este momento", de Joaquín Giannuzzi; o el I de Alberto Girri en "El amor", ("No es el amor ni es negocio del alma..."), o "Las cenizas de Gramsci", de Pier Paolo Pasolini, y sabiendo que lejanamente en mi vida están Neruda ("Tango del viudo", "Barcarola") y el "Canto a mí mismo" de Whitman que tradujo León Felipe; y aun el Canto XXXIV del Infierno, que me acompañó desde joven, elijo este poema. Porque la revelación, el descubrimiento, la primera percepción de la poesía, se la debo a Góngora; a dos de sus versos en el azar de un libro de Castellano en el primero o en el segundo año de la secundaria: "Infame turba de nocturnas aves /Gimiendo tristes y volando graves". Sentí que todo en ese conjunto de palabras era imprescindible, necesario, y a la vez inestable. Eso no era prosa (había leído prosa, bastante), y no sólo por su maravilloso sonido. El eco de esas aves agoreras en la caverna de Polifemo me hablaba con zonas enrarecidas de lenguaje y de imaginación; y de mitología, de quimeras, de un claroscuro -decisivo para mí-, naturalista y fantástico. Cuando desentrañé la estrofa en que aquellos versos están, y la que precede, y la que sigue, experimenté por primera vez que la ardua tarea de seguir el texto puede ser premiada con delicias inenarrables, palabra por palabra (cenizoso, greña, caliginoso, umbrío); con la mera contemplación del andar de un pensamiento: máquina encantada. Muchos años después, otro poema que habla de mitología y aves me produjo un gran impacto -viruela de la segunda juventud-: "Desde la terraza", de Girri, en el que alude a una escena en la playa, da unas vueltas sobre la validez de las construcciones de la mente y concluye:

¡apenas un golpe
de fábula, vivo e instantáneo,
cuando el viento amplifica
el rumor de los bañistas,
y nos llega en corales,
ensordece como graznidos,
son graznidos!

Graznidos de aves, mitológicas pero reales, otra vez.


Fábula de Polifemo y Galatea
(Fragmento)

                      Al Conde de Niebla

I
Estas que me dictó rimas sonoras,
culta sí, aunque bucólica Talía,
¡oh excelso conde!, en las purpúreas horas
que es rosas la alba y rosicler el día,
ahora que de luz tu niebla doras,            
escucha, al son de la zampoña mía,
si ya los muros no te ven, de Huelva,
peinar el viento, fatigar la selva.
 
II
Templado, pula en la maestra mano
el generoso pájaro su pluma,
o tan mudo en la alcándara, que en vano
aun desmentir al cascabel presuma;
tascando haga el freno de oro, cano,
del caballo andaluz la ociosa espuma;
gima el lebrel en el cordón de seda,
y al cuerno, al fin, la cítara suceda.
 
III
Treguas al ejercicio sean robusto,
ocio atento, silencio dulce, en cuanto
debajo escuchas de dosel augusto,
del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto;
que si la mía puede ofrecer tanto
clarín (y de la Fama no segundo),
tu nombre oirán los términos del mundo.
 
IV
Donde espumoso el mar sicilïano
el pie argenta de plata al Lilibeo
(bóveda o de las fraguas de Vulcano,
o tumba de los huesos de Tifeo),
pálidas señas cenizoso un llano
-cuando no del sacrílego deseo-
del duro oficio da. Allí una alta roca
mordaza es a una gruta de su boca.
 
V
Guarnición tosca de este escollo duro
troncos robustos son, a cuya greña
menos luz debe, menos aire puro
la caverna profunda, que a la peña;
caliginoso lecho, el seno obscuro
ser de la negra noche nos lo enseña
infame turba de nocturnas aves,
gimiendo tristes y volando graves.
 
VI
De este, pues, formidable de la tierra
bostezo, el melancólico vacío
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío,
de los montes, esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella.
 
VII
Un monte era de miembros eminente
este que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero;
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.
 
VIII
Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que lo peina proceloso,
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetüoso,
que (adusto hijo de este Pirineo)
su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano
surcada aun de los dedos de su mano.
 
IX
No la Trinacria en sus montañas, fiera
armó de crüeldad, calzó de viento,
que redima feroz, salve ligera,
su piel manchada de colores ciento;
pellico es ya la que en los bosques era
mortal horror al que con paso lento
los bueyes a su albergue reducía,
pisando la dudosa luz del día.

X
Cercado es (cuanto más capaz, más lleno)
de la fruta, el zurrón, casi abortada,
que el tardo otoño deja al blando seno
de la piadosa hierba, encomendada;
la serba, a quien le da rugas el heno,
la pera, de quien fue cuna dorada
la rubia paja, y -pálida tutora-
la niega avara, y pródiga la dora.
 
XI
Erizo es el zurrón, de la castaña,
y (entre el membrillo o verde o datilado)
de la manzana hipócrita, que engaña,
a lo pálido no, a lo arrebolado,
y, de la encina (honor de la montaña,
que pabellón al siglo fue dorado)
el tributo, alimento, aunque grosero,
del mejor mundo, del candor primero.
 
XII
Cera y cáñamo unió (que no debiera)
cien cañas, cuyo bárbaro rüído,
de más ecos que unió cáñamo y cera
albogues, duramente es repetido.
La selva se confunde, el mar se altera,
rompe Tritón su caracol torcido,
sordo huye el bajel a vela y remo;
¡tal la música es de Polifemo!

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, España, 1561-1627)
---
Foto: Jorge Aulicino por Leticia Scattini, Concordia, 2012

jueves, marzo 06, 2008

Soy leyenda (1)

Sé que vivo rodeado de vampiros
como Robert Neville, "Sal, Neville" (2),
oigo sus gritos; sin embargo,
me saludan amablemente por la mañana, están
al sol, o bajo la luz opaca en invierno,
disimulan con escobas, llaves de auto,
leen un periódico, objetos inofensivos
pero quieren
convertirme al vampirismo, previa apropiación
de mi sangre privada: luego podré acompañarlos
en sus rondas nocturnas, Neville, sal, gritaré
con ellos.
Me ofrecen integrarme a la sociedad, qué más,
odian mi insociabilidad, tienen razón.
No les gusta mi pensamiento de derecha
/anticapitalista
o mi izquierdismo de mercado, que cambia
a adversión por el género humano y amor en la
/batalla personal.
Neville, sal. Todo el tiempo viendo películas
/alquiladas
que devuelvo antes del anocher en la cueva de enfrente,
y oyendo la obra completa de Shostacovich;
solo eso, y un churrasco a veces en el boliche.
Sal, sal, gritan, puedes divertirte, Neville, sal.

Jorge Aulicino ©

(1) © Richard Matheson, 1954
(2) Op. Cit.

martes, mayo 22, 2007

Cierta dureza en la sintaxis, 3

28
Puso el pie entre el caniche y una mujer
para bajar el escalón hacia la calle
cuando pasó ante sus ojos ese rostro joven desfigurado
por un lampazo de rápidas galaxias.

Suele hablarse de las pinturas fáciles con gramática compleja.
A este Bacon que se interpuso entre el perro trivial
y la imagen de la vacua vereda de enfrente
nada es posible agregar.

En los ojos no había desesperación
y la mandíbula se iba hacia el Oriente
mientras pasaba oteando el mundo de los otros
aquella figura concebida con apuro por el dolor indiferente

--vencido por las sociales cuestiones de una Cartago
en llamas, abrumado por la clásica escultura
de un Prometeo entregado a los buitres, conmovido
por la furia de los pobres, el pintor estaba ausente.
Solo Bacon pudo haber dicho: ella está en el orden
de los planetas que os abandonan.

Jorge Aulicino, Cierta dureza en la sintaxis, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008

jueves, octubre 12, 2006

Cierta dureza en la sintaxis, 2


23
Los esclavos huían por las estepas acribilladas
con el quizás y la vida, aunque en despojos.
Sintieron el pánico ante los Panzer
y el olor de la sangre.
En un segundo ponían en la balanza
la duda en el triunfo final
y el estar en el hospital canalizados y oyendo
los quejidos de los camaradas
y la voz del comisario político, una certeza.
O muertos, carroña indiferente a la victoria.
Así, retrocedieron pero no entregaron sus ciudades.
La aldea sí, la égloga, Esenin, el fuego y la piara.
Su origen y sus madres. No el Kremlin.
No las pútridas cañerías de Stalingrado.
Resistieron como ratas, con el culo expuesto a sus generales
y el disparo de los propios que seguía a los desertores.
Avanzaron con el invierno entre cadáveres y trazadoras.
Y entre dientes decían que la huída es vaguedad.
El que escapa de verdad deja su cuerpo
a los cuervos y al juicio del Partido.

24
Durante las noches no fuiste acechado.
Estabas entre la suma restricción de los forzados.
Cada uno de los que dormían en sus departamentos
veía sombras o fuego en sueños o despertaba
mirando sus manos, su cuerpo, como vos,
iluminados por la lamparita tenue, el sudor amarillo.

25
Lo que condenan a tu alrededor es la muerte joven.
Con malicia has preguntado si a la muerte o al que muere.
¿Es honorable llegar a viejo y hartarse de comida?
¿No es honorable fumar y enfermarse de gripe española?
A mis setenta años seguiré haciendo muecas.
Pues las palabras son equívocas
cuando el anochecer se levanta.

26
Sí, es pertinente sentarse con el saco puesto.
Primero en el living amplio en el que se habla,
aún con cierto embarazo, de la noticia del día
(en el campo literario, pues de esto se trata,
es noticia el desplante de una viuda).
Después en el antiguo comedor se discute a fondo
el estado real del imperio; si declina,
si todavía la fuerza lo asiste.
Con el café, nuevamente en el living,
se comentan poemarios y citas recién adquiridas.
Seguimos con el saco puesto, las piernas cruzadas.
La calidad del vino se menciona de paso
y el anfitrión, como se debe, agradece ligeramente.
Tres de los comensales sabían manejar los cubiertos.
El cuarto, lo hacía con aceptable habilidad,
excepto cuando lo turbaba la idea de que era
el único con relaciones en la CIA y, tal vez,
el único que conocía a fondo la batalla de Stalingrado.
El quinto, adinerado, hundía el cuchillo en la presa
con el ahínco de las chabolas y los campamentos.
Si tienes fuerzas por detrás de los sitiadores,
resiste, pues la victoria será tuya. No puedes,
dijo Saladino, iniciar un sitio con fuerzas a tu espaldas.
El cerrojo se cerró sobre Von Paulus.
Es producto de esta civilización el cultivo de la vid,
aquel tapado de armiño y la forma de recordarte.

Jorge Aulicino, Cierta dureza en la sintaxis, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008

lunes, agosto 21, 2006

"Cierta dureza en la sintaxis": referencias

* "0brero de base": 
Mikhail Timofeevich Kalashnicov.

"el mejor fusil de las futuras guerras": 
Fusil de asalto Kalashnikov AK-47. "Es sin duda, en la actualidad, el más famoso y respetado fusil automático del mundo, junto con el M-16 estadounidense. Es una de las pocas armas que ha logrado convertirse en un símbolo cultural, y la primera de una familia excelente." http://casusbelli.iespana.es/tierra/ak47.htm "Actualmente se trata del arma de fuego que más víctimas ha causado en la historia de la humanidad. Recientemente, Mijail Kalashnikov ha entrado a formar parte en el círculo de 'armamentistas arrepentidos´ al que pertenecieron Oppenheimer y Einstein. " http://es.wikipedia.org/wiki/AK-47 

* "el órgano de Stalin":
La Katiuska"Los estudios de los científicos soviéticos Artomiev y Tikomirov, en 1928 hicieron posible la producción en los laboratorios Dinámica del Gas, de Leningrado, de un proyectil-cohete de 82 milímetros y de cinco a seis kilómetros de alcance. Diez años después se construían armazones a las que se calificó de 'lanzaminas propulsadas a reacción'; 'Boievaia Mashina', máquina de combate: BM. Habían nacido los Katiuska, pequeña Katia, como los bautizarían los soldados soviéticos." En la actualidad, las tropas del antiguo Pacto de Varsovia están dotadas de vehículos lanzamisiles desarrollados a partir de la Katiuska. " http://sgm.zonadictos.net/armamento/katiuska.htm

Cierta dureza en la sintaxis, 22, Jorge Aulicino, Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008

jueves, agosto 17, 2006

Cierta dureza en la sintaxis

20
La etimología responde a la contemplatio.
Pues debe haber un rastro que una el espíritu con la cosa.
He hallado los cuadernos de observaciones del maestre.
Anotaba según el nombre que los nativos daban.
De manera que descubría en el comercio de trueque
un modo de a la vez reconocer sus acuerdos secretos
y de instilarles respeto por la zoología europea.
Y sus derivados: la botánica, las onomatopeyas,
la anáfora, las formaciones de la Copa del Mundo.

21
El núcleo proletario, integrado por tejedores
y pequeños burgueses, razas inferiores
de índole industrial y comercial, pacifistas
mujeriles para, digamos, el Kaiser,
también se hizo cargo de las armas
y aprendió a manejarlas virilmente.
Así que cuando Stalin mandó dispararle un tiro
en la nuca a Zinoviev, sus oficiales y suboficiales
tenían un trato austero con las culatas.
Sus ejércitos y tiradores podían plantarse con solvencia
ante las tropas de alemanes y esgrimistas de raza.
Como una estirpe ante otra.

22
Es indiferente que con alegría campesina
los rojos dispararan el “órgano de Stalin”.
La cuestión de que un obrero de base
haya diseñado el mejor fusil de las futuras guerras
es también un hecho menor.
Cuando se paraban frente a la mesa de arena
o cuando manejaban el plomo y el abastecimiento
en el terreno de las operaciones,
los generales del Partido eran eficientes y célebres.

Jorge Aulicino, Cierta dureza en la sintaxis, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008