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miércoles, abril 13, 2022

Jordi Doce / Wenzel

           
                
                       
                        a Álvaro Valverde
 

Un nombre,
un oficio:
Wenzel la mensajera.
Entre Weimar y Jena,
de pueblo en pueblo,
es ella quien reparte bultos,
paquetes de alimento y provisiones.
El correo ducal no es de fiar
y las sillas de posta
van muy lentas.
En invierno, la nieve
y las heladas,
cuando no el barro,
vuelven impracticables los caminos.
Entre Schiller y Goethe
es ella quien despacha cartas,
versos,
obsequios imprevistos,
–una piedra de colección, tal vez,
o pliegos de revistas.
Ahora debe esperar
a que el gran consejero
termine su respuesta
y medite el regalo más idóneo
para el poeta amigo.
Sentada en la cocina,
la mensajera Wenzel
bebe un poco de caldo
y deja que las llamas la cortejen
con su olor a comida, a leña seca,
a niñez.
La sangre ha vuelto a sus mejillas
y las manos sostienen el cuenco sin urgencia,
como acunándolo.
Fuera
queda una marcha de seis horas
y el canasto que ha de llevar a hombros
pesa cincuenta kilos.

Jordi Doce (Gijón, España, 1967), Perros en la playa, 30 de marzo de 2022

miércoles, diciembre 01, 2021

Jordi Doce / Noche y día

 




La curva del dolor
se desprende a hurtadillas
del árbol de la noche.
Y aquí brilla, cercana,
concluyente,
en el suelo
de las incertidumbres. No podemos
apagarla. No hay forma
de guardar esa hoja
entre las páginas de un libro.
Así la sangre rutinaria
se hiere en las esquinas:
un estambre de espera,
un filamento al rojo.
La noche lo encendió.
Desnudamente significa.
 
 
Así recibe al día,
como si nada:
el cuerpo ladeado,
los ojos de vigilia
sobre el diorama escuálido
del patio
–septiembre en el alféizar,
en la sangre afanosa–,
la mano que tantea
y aparta las cortinas
para que irrumpa en él,
como en un templo,
el sol de los egipcios.

Jordi Doce (Gijón, España, 1967), Turia, núms. 137-138, 2021. Perros en la Playa, abril 14, 2021


viernes, febrero 19, 2016

Dylan Thomas / Un poema por encargo














Un sueño invernal

A menudo en las noches de invierno la luz de media luna
       ve por un ventanal
De frondas y pestañas a los hombres rascando deslizando en la tumba
Una infancia con lengua de lechuza donde hay aves y árboles fríos,

O ahogados agua abajo en las iglesias de los durmientes visitadas por peces
Observando el gritar de los mares mientras la nieve vuela
       y cabalga entre chispas,
El hielo centellea y los granos de arena patinan en las hayas.

Y a menudo por las ventanas de medianoche ve a los hombres
       con ojos invernales,
La noche conjurada de la lluvia del norte en un diluvio
       de fuegos de artificio,
La Osa Mayor levantando las nieves de su voz para quemar los cielos.

Y así los hombres duermen un camino lechoso por entre el frío,
       inmovilizan las olas
O pisan trueno y aire en un bosque sin pájaros, helado,
Sobre el párpado del norte donde sólo el silencio se mueve,

O dormidos acechan entre relámpagos y oyen hablar a las estatuas,
La lengua oculta en el jardín fundido cantar igual que un tordo
Y la blanda nevada extraer un repique del pómulo de mármol,

Ahogados que ya duermen agua y sonido abajo raspan la calle, espectros
Sumergidos en lagos donde la pesadilla de mejillas rosadas
       se mueve como un pez,
Sobre los adoquines va el Arca a la deriva, la oscuridad navega en una flota

O, quedándose quieta, trepa por la colina volada por la nieve
Cuyas cavernas guardan la astilla de marfil del toro de la nieve,
Vértebra fósil de la foca de esqueleto marino, huella helada
       del pterodáctilo.

Pájaros, árboles, osa y pez, estatuas que cantan, diluvios y focas
Se escabullen del durmiente despierto que espera en la mañana
De invierno, a solas en su mundo, viendo pasar el tráfico de Londres.

1942

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), PN Review 226, Volume 42 Number 2, November - December 2015
Traducción del poema y de la nota sobre el poema: Jordi Doce en Perros en la Playa

Nota sobre el poema

Este poema vio la luz en el número de la revista Lilliput correspondiente a enero de 1942; cada una de las ocho estrofas iba acompañada de una fotografía de tema invernal. Las imágenes, por este orden, eran las siguientes: una medialuna sobre una colina arbolada con jirones de bruma (de «Brandt»); la silueta de un hombre sobre un lago helado sosteniendo un hacha (a punto de hacer trizas el hielo) (de «Fox»); un oso polar exhalando vapor sobre un risco adornado con carámbanos en el foso de un zoo (de «Darchan»); tres hombres descendiendo de noche por una ladera envuelta por la niebla (de «Land»); una estatua neoclásica de una figura femenina en un parque, desnuda hasta la cintura y recubierta de hielo (de «Land»); un canal entre edificios industriales con el reflejo de una luz lejana (de «Fox»); tres alpinistas con picos y crampones ascendiendo por un glaciar (de «Brassai»); un hombre provisto de paraguas junto a una calle bulliciosa de Londres, sobre la nieve medio derretida (de «Glass»).

El artículo va precedido de un breve párrafo introductorio que aparece bajo la primera fotografía: «De entre miles de imágenes invernales hemos escogido estas ocho porque nos parecía que tenían una curiosa cualidad onírica. Se las mostramos al joven poeta Dylan Thomas y le propusimos escribir algunos versos de acompañamiento. Aquí están las imágenes y aquí está su poema». El propio Thomas hizo referencia al trabajo en una carta a John Sommerfield (6 de enero de 1942): «Me alegra que te gustaran mis versos invernales, hechos a toda prisa con mi dócil máquina Swinburne» (Collected Letters, p. 557). Hasta donde se me alcanza, este poema no ha sido recogido en libro, aunque Ferris explica la referencia en una nota a pie de página.

Como en tantas otras ocasiones, Thomas pecaba de un exceso de modestia. Aunque no es un poema tan densamente elaborado como otros de la misma época, dado su carácter de texto de encargo, «Un sueño invernal» juega imaginativamente con los motivos fotográficos de los que parte sin dejar de ser una obra autónoma con su propia lógica verbal, que anticipa un estilo posterior basado en la repetición.

John Goodby

© por la traducción: Jordi Doce


A Dream of Winter

Very often on winter nights the halfshaped moonlight sees 
Men through a window of leaves and lashes marking gliding 
Into the grave an owl-tongued childhood of birds and cold trees, 

Or drowned beyond water in the sleepers’ fish-trodden churches 
Watching the cry of the seas as snow flies sparkling, riding, 
The ice lies down shining, the sandgrains skate on the beeches. 

Often she watches through men’s midnight windows, their winter eyes, 
The conjured night of the North rain in a firework flood, 
The Great Bear raising the snows of his voice to burn the skies. 

And men may sleep a milkwhite path through the chill, struck still waves 
Or walk on thunder and air in the frozen, birdless wood 
On the eyelid of the North where only the silence moves, 

Asleep may stalk among lightning and hear the statues speak, 
The hidden tongue in the melting garden sing like a thrush 
And the soft snow drawing a bellnote from the marble cheek,     

Drowned fast asleep beyond water and sound may mark the street 
Ghost-deep in lakes where the rose-cheeked nightmare glides like a fish, 
The Ark drifts on the cobbles, the darkness sails in a fleet, 

Or, lying down still, may clamber the snow-exploded hill 
Where the caverns hide the snowbull’s ivory splinter, 
Fossil spine of the sea-boned seal, iceprint of pterodactyl. 

Oh birds, trees, fish and bears, singing statues, Arkfloods and seals 
Steal from their sleeper awake as he waits in the winter 
Morning, alone in his world, staring at the London wheels. 



A note on ‘A Dream of  Winter’ 

This poem was published in the January 1942 issue of the magazine Lilliput, one stanza under each of eight photographs on the subject of winter. The photographs were of, in sequence: a crescent moon over a hillside trees in mist (by ‘Brandt’); a man silhouetted standing on a frozen lake, holding an axe (about to hack at the ice) (by ‘Fox’); a steam-breathing polar bear on an icicle-fringed promontory in a zoo enclosure (by ‘Darchan’); three men descending a misty hillside at night (by ‘Land’); a frost-etched statues of a classical female figure, bare to the waist, in a park (by ‘Land’); a canal between factories reflecting a distant light (by ‘Fox’); three ice-pick alpinists wearing crampons ascending a glacier (by ‘Brassai’); a man holding an umbrella standing in snow beside a busy slushy London street (by ‘Glass’). 

The article is introduced by a short paragraph below the first photograph: ‘Out of thousands of winter pictures we chose these eight because they seemed to us to have a curious dreamlike quality. We showed them to the young poet, Dylan Thomas, and asked him if he would like to write some verses to go with them. Here are the pictures and here is his poem’. Thomas himself referred to the poem in a letter to John Sommerfield of 6 January 1942: ‘Glad you liked my winter verses, very quickly produced from my tame Swinburne machine’ (CL, 557). The piece has never been collected, to my knowledge, although Ferris explains the reference in a footnote. 

As so often, Thomas was being too modest. Although it is not as densely- wrought as other wartime poems, being a commercial commission, ‘A Dream of Winter’ plays imaginatively with its photographic images, but is also a stand-alone work with its own verbal logic, anticipating a later style based on repetition. 

John Goodby

lunes, septiembre 30, 2013

Jordi Doce / Sylvia Plath

(McLean Hospital, 1953)
 
Puedo sentir el mar, o un fondo de campanas.
El ruido de gaviotas me reconforta, alivia
mis ataques. De vez en cuando una enfermera

ajusta la almohada o despliega las sábanas
hasta que siento un peso en mi barbilla
y no hay frío. Los gritos que escucho en la distancia

son eco y droga. Me visitan madres, parientes,
pero me canso pronto y ellos dudan. Los días
sisean como ancianas y un instinto de sol

agita las cortinas: es agrio como el alma,
y desmedido, y turbio. Hay una hoja al pairo
en mis venas, y cada noche se abre camino

hasta el nudo preciso de mi piel. Y si atiendo
siento el rumor del agua y de una quilla
partiendo el espinazo de la lengua.

Jordi Doce (Gijón, 1967), "Primeros poemas", 1990-1993, Antología en Portal de Poesía

martes, enero 29, 2013

Jordi Doce / Monósticos, XI




Monósticos, XI


Sabía ver el mundo como si no estuviera en él.
Olvido, indiferencia, estas eran sus señas.
También piedad, a veces, una extraña ternura.
El piloto parpadeaba a ratos, con desgana.
No era cosa que debiera inquietarle.
Según el plan en curso, sobraban las urgencias.
Sin embargo, sentía un eco de los antiguos vínculos.
Algo se removía a tientas allá dentro.
Corrigió una palabra de su informe y se puso a esperar.
Siguió esperando mientras la Tierra giraba.
Si las piezas debían encajar, él no veía cómo.

Jordi Doce (Gijón, 1967), en la revista virtual Paradoja

Foto: Jordi Doce s/d