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jueves, diciembre 16, 2021

Joseph Brodsky / De "Divertimento mexicano"

 


                                           A Octavio Paz

Cuernavaca

En el jardín donde M., un protegé francés
mantuvo a una beldad de espesa sangre indígena
hoy canta un hombre venido de muy lejos.
En el jardín tupido como un trazo cirílico
un mirlo nos recuerda al ceño cejijunto.
El aire de la noche silba como cristal.

El cristal ya está roto, notémoslo de paso.
Aquí Maximiliano fue emperador tres años.
Introdujo el cristal, la champaña, los bailes
y todas esas cosas que adornan la existencia.

Pero la infantería de los republicanos
lo fusiló después. Dolorosos graznidos
llegan del denso azul.
Los campesinos sacuden sus perales.
Tres patos blancos nadan en el estanque.
El oído percibe en la hojarasca
la jerga de las almas que conversan
en un infierno densamente poblado.

Omitamos las palmas. Destaquemos el sauce.
Imaginemos que M. deja a un lado la pluma,
se despoja, sereno, de su batín de seda
y piensa en qué está haciendo su hermano,
Francisco José (también emperador)
mientras silba, quejoso, Mi marmota.

“Saludos desde México. Mi esposa
perdió el juicio en París. En las afueras
de palacio oigo tiros, crepitan las llamas.
La capital, querido hermano, está rodeada
y mi marmota, fiel, permanece conmigo.
El revólver, de moda, ha vencido al arado.

Qué otra cosa decirte, la caliza terciaria
es famosa por ser un suelo hostil.
Agreguémosle a esto el calor tropical
donde los disparos son la ventilación.
Se resienten mis pobres pulmones y riñones,
sudo tanto estos días que se me cae la piel.

Como si fuera poco, se me antoja largarme,
extraño demasiado nuestros tugurios patrios.
Envíame almanaques y libros de poemas.
Todo parece indicar que ya di con la tumba
en donde una marmota será mi compañía.
Mi mestiza te manda los debidos saludos.”

Julio llega a su fin y se oculta en la lluvia
como un conversador entre sus pensamientos
Lo cual, por supuesto, nada afecta a un país
con mucho más pasado que futuro.
Una guitarra gime. Sobra el lodo en las calles.
Un paseante se hunde en un velo amarillo.

Incluido el estanque, todo se ha enyerbado.
Alrededor pululan culebras y lagartos.
En las ramas hay pájaros con nidos y sin ellos.
Todas las dinastías declinan por la cifra
tan grande de herederos y la falta de tronos.
El bosque nos invade como las elecciones.

M. no reconocería el lugar. No hay bustos
en los nichos, los pórticos se hunden,
los muros desdentados muerden la ladera.
Puedes saciar la vista, no los pensamientos.
El parque y el jardín se convierten en jungla.
De los labios se escapa una palabra: “Cáncer”.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940 -Nueva York, Estados Unidos, 1996), Часть речи. Стихотворения 1972-1976, Leningrado, 1989
Traducción de Ernesto Hernández Busto,
Buenos Aires Poetry, septiembre 16 de 2016

Foto: Joseph Brodsky, Nueva York, 1980 Evelyn Hofer/Getty Images

martes, junio 02, 2020

Joseph Brodsky / Fragmento inacabado















En medio de la cena se levantó y, tras abandonar
la mesa, salió afuera. La luna brillaba
como en invierno; las negras sombras del zarzal
volcadas sobre el perfil de la empalizada
se dibujaban en la nieve con tanta claridad
que se diría que allí hundieran sus raíces.
Alrededor ni un alma. Latir del corazón.

Tanta es el ansia de todo ser
viviente por superar toda frontera,
por desbordarse a lo alto y ancho, que
basta con que sólo asome una estrella,
sea cual sea, para que al instante mismo
el entorno se torne presa,
no nuestra, sino de nuestros sueños.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), Cuadernos Hispanoamericanos n° 777, España, marzo de 2015
Traducción de Ricardo San Vicente

Otra Iglesia Es ImposibleLetras Libres - Letras en la Frontera - Animales en BrutoEl Placard - A Media Voz - Círculo de Poesía - Trianarts
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Foto: Joseph Brosdsky, Universidad de Michigan, c.1972, Anuario de la Universidad de Michigan/Wikimedia Commons

miércoles, junio 27, 2018

Joseph Brodsky / A Urania















Donde la recta acaba el punto siempre se ve más.
El ojo atrapa el espacio como aire beben las agallas.
Desde la boca, que lo ha dicho todo, menos jamás
"Por Dios", estalla un abracadabra atronador.
El cálculo, que se inicia con un marear
los hechos, etc., al dato externo, despacio, se acerca;
cautivo por la telaraña, cada ángulo
da al cuarto un aspecto de maleta.
Ya no hay adónde ir. Y más allá
no se distingue ya un profeta de un tribuno.
El despertador en el silencio hace tictac
como si la casa fuera a explotar en diez minutos.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), No vendrá el diluvio tras nosotros. Antología poética 1960-1996, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000
Traducción de Ricardo San Vicente
Envío de Jonio González

Ref.:
Clarín
El Placard
La Horda
Letras Libres

Foto: kultprosvet.by

lunes, enero 15, 2018

Joseph Brodsky / El fuego, ¿oyes?
















El fuego, ¿oyes?, se empieza a apagar.
En los ángulos las sombras se agitan.
Y ya no hay modo de poder señalarlas,
gritarles que se queden quietas.
Cerrando filas, se han puesto a formar.
No, esta hueste no atiende palabras.
Silenciosa avanza desde cualquier rincón
y yo de pronto he ocupado el centro.
Más altas cada vez, signos de exclamación,
las explosiones de tinieblas se elevan.
La noche arruga el papel hasta el mentón
de lo alto, cada vez más densa.
Se han esfumado las agujas del reloj.
Y éste no se ve, ni se oye siquiera.
Y aquí no ha quedado más que el brillo ocular,
inmóvil, detenido. Detenido.
El fuego se apagó. ¿Lo oyes?: se apagó.
El humo ardiente vuela por el techo.
Pero no huye de la vista este fulgor.
O, mejor dicho, no deja las tinieblas.

[1962]

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), No vendrá el diluvio tras nosotros. Antología poética 1960-1996, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000
Traducción de Ricardo San Vicente
Envío de Jonio González

Ref.:

miércoles, marzo 03, 2010

Joseph Brodsky / Dos poemas





















Ab Ovo

En última instancia, debería haber un idioma
donde la palabra "huevo" se redujese a una O.
Los que más se aproximan a eso son los italianos
con su uova. Por algo, Alighieri creía que era
el más saludable de los alimentos, compartiendo
esa preferencia con tenores y sopranos,
cuyos torsos como peras encarnan la esencia de la "ópera".
Lo mismo podría decirse de los poetas alemanes
-esos auténticos románticos- que empezaban cada verso
como alguien que se sienta a desayunar, o de los matemáticos,
igual de arrogantes, empollando su infinito
tan prolijamente dispuesto, cuyos ceros inmaculados
nunca romperán el cascarón.


Nota de R.: uova, plural de huevo (uovo)


En el basurero de la ciudad de Nantucket

a Stephen White

Lo perecedero se consume en lo perecedero, a plena luz
de un día que, a su vez, agoniza en un noviembre casi terminal:
removiendo la basura, las gaviotas intentan superar
en número a la nieve, o al menos demorarla un poco.

El bárbaro alfabeto primordial, saqueando con ferocidad,
por todas partes, la barrera de oxígeno, es un prefacio
a la anarquía de los desperdicios:
en el principio, fue el graznido.

En sus tartamudas doblevés se puede leer
no tanto el hambre sino las garras de la lujuria,
en forma de afiladas comas que señalan lo imperecedero,
o quizás el vuelo de la página arrancada de un grueso volumen,

mientras un anemómetro rabioso hace girar sus tazas
estúpidamente, como en una desquiciada ceremonia de té,
y el Atlántico soporta con pena, en su atlético oleaje,
los pronósticos de oscuridad.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), Canción de cuna y otros poemas, traducción de Daniela Camozzi y Walter Cassara, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2009. Collected Poems in English, de Joseph Brodsky. Farrar, Strauss & Giroux, Nueva York.


Ab Ovo
Ultimately, there should by a language / in which the word "egg" is reduced to O / entirely. The Italian comes the closet, / naturally, whit its
uova. That's why Alighieri thought / in the healthiest food, sharing the predilection / with sopranos and tenors whose pear-like torsos / in the final analysis embody "opera". / The same pertains to the truly Romantic, that is, / German poets, with practically every line / starting the way they'd begin a breakfast, / or to the equally cocky mathematicians / brooding over their regularly laid infinity, / whose immaculate zeros won't ever hatch.

At the City Dump in Nantucket
To Stephen White
The perishable devours the perishable in broad daylight, / moribund in its turn in late November:/ the seagulls, trashing the dump, are trying to outnumber / the snow, or have it least delayed. / The reckless primordial alphabet, savaging every which / way the oxygen wall, constitutes a preface / to the anarchy of the refuse: / in the beginning there was a screech. / In their stammering Ws one reads not hunger but / the prurience of comma-sharp talons toward / what outlasts them, or else a torn-out / page’s flight from the volume's fat, / while some mad anemometer giddily spins its cup / like a haywire tea ceremony, and the Atlantic / is breasting grimly with its athletic / swells the darkening overcast.


Foto: Brodsky Famous Poets and Poems

De Brodsky en este blog:
Fin de una época maravillosa

viernes, agosto 24, 2007

Joseph Brodsky / Fin de una época


Fin de una época maravillosa

Así como la poesía exige palabras,
yo -sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda
categoría- sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo al kiosco por un periódico.


El viento moviliza las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampolletas
produce -con la ayuda de algunos charcos-
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.[1]

En realidad, ya se me olvido hasta el sentimiento con que me contemplo a mí mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros del reloj.
Los gorriones y el barro parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa interior. Y en las manos de los violinistas guateros de madera.


Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por el fierro.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky[2],
sucede porque el mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí
dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez una hada bondadosa me esta hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la sirviente me sirvo vino, acaricio el gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de acá a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para sentir vergüenza:
el tren - como una canoa en el agua- no deja huellas en los rieles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe -a través de lentes con marcos de estaño- a un hombre acostado cara abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas baleadas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces entrelaza los tiempos,
incapaces -en su ceguera común- de distinguir
entre los caídos de la cuna y las cunas caídas.

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
que pena, hay muchos naipes
pero no hay con quien interpelarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos,
es la perspicacia hacia los objetos de una vía sin salida;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo ¡Ay! no arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda mas que esperar el hacha y el laurel.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940-Nueva York, 1996)
Versión de Tatiana Zentsova y Bernardo Subercaseaux

Vía Cyber Humanitatis

Notas de los traductores a este poema:
[1] En Rusia las mandarinas son escasas y caras, se venden por unidad envueltas en celofán.
[2] Ni. Lobachevsky (1792-1856) matemático ruso que construyo una geometría no euclidiana.

Nota de los traductores sobre la traducción:
Las traducciones de la obra de Brodsky, realizadas en España, se han esmerado en conservar la rima de sus versos, lo que a menudo ha derivado en un léxico forzado y en ocasiones altamente críptico. En el caso nuestro hemos privilegiado las imágenes, la intelegibilidad semántica y el clima emocional de su lenguaje, sacrificando la sonoridad y la rima. Una traducción, en suma, dentro de lo posible.