Mostrando las entradas con la etiqueta John Ashbery. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta John Ashbery. Mostrar todas las entradas

lunes, agosto 16, 2021

John Ashbery / Músicos callejeros



Uno murió y extrajeron el alma
Del otro en vida, que caminando por las calles
Arropado en una identidad como un abrigo, ve una y otra vez
Las mismas esquinas, volúmenes, sombras
Bajo los árboles. Más allá de donde nadie fue llamado
Jamás, a través de aires y caminos cada vez más suburbanos
Con el otoño cayendo sobre todo:
Las hojas afelpadas, los enseres en barriles 
De una familia desconocida en pleno desalojo
A la calle, fue y es. Las demás miradas absortas
En lo que otro se disponía a realizar:
Revelaciones al fin. Así comenzaron a odiarse y olvidarse uno al otro.

Entonces acuno este violín mediocre que sólo conoce
Melodías olvidadas de algún espectáculo, pero sostiene
La posibilidad de la declamación libre anclada
En un opaco refrán, el año que rota sobre sí mismo
En noviembre con pausas entre los días
Más literales, la carne más visible en el hueso.
Nuestra pregunta acerca de un lugar de origen pende
Como el humo: cómo hicimos picnic en los bosques de pinos,
En caletas con el agua siempre filtrando más alto dejamos
Nuestra basura, esperma y excremento por todas partes, ensuciando
El paisaje, para hacer de nosotros lo que pudimos.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), Houseboat Days.Poems by John Ashbery, Penguin Books, 2da. edición, Nueva York, 1979
Versión de Iván Ivanissevich


Foto: John Ashbery, 2005 Steve Pyke/Getty Images

STREET MUSICIANS

One died, and the soul was wrenched out
Of the other in life, who, walking the streets
Wrapped in an identity like a coat, sees on and on
The same corners, volumetrics, shadows
Under trees.  Farther than anyone was ever
Called, through increasingly suburban airs
And ways, with autumn falling over everything:
The plush leaves the chattels in barrels
Of an obscure family being evicted
Into the way it was, and is.  The other beached
Glimpses of what the other was up to:
Revelations at last.  So they grew to hate and forget each other.

So I craddle this average violin that knows
Only forgotten showtunes, but argues
The possibility of free declamation anchored
To a dull refrain, the year turning over on itself
In November, with the spaces among the days
More literal, the meat more visible on the bone.
Our question of a place of origin hangs
Like smoke: how we picnicked in pine forests,
In coves with the water always seeping up, and left
Our trash, sperm and excrement everywhere, smeared
On the landscape, to make of us what we could.

jueves, enero 14, 2021

John Ashbery / El lamento sobre las aguas

















Nada cambió para el discípulo. El ánimo era aún
De gris tolerancia, mientras el camino marchaba
Cantando su cancioncita de desesperación. Hace tiempo un grito
Nació en las colinas. Otra vez esa vieja creencia,

Confusa. El sexo era parte de eso,
Y el shock del día se convierte en noche.
Aunque siempre encontrábamos algo delicado (para algunos gustos,
Quizás demasiado delicado) para tocar, para desear.

Y aprovechamos esta especie de materialidad
Que obstruía el peso de la luz estelar, la hacía parecer
Fibrosa, pero había una oportunidad en esto de
Ver el presente como si nunca hubiera existido,

Claro e informe, en un ambiente de vidrio tallado.
En Latour-Mauburg  dijiste que esto era algo bueno, y en los escalones
De Métro Jasmin los mensajeros asintieron con corrección y el *
Pacto fue sellado en el cielo. Pero ahora nos rodean momentos

Como una multitud, algunas caras inquisitivas, otras hostiles,
Algunas enigmáticas o apartadas hacia una forma anterior del tiempo
Dada de una vez por todas. La estela del avión dibuja una frase final
Que se deshace mientras dura. El problema no es cómo proceder
Sino ser: si esto alguna vez fue y de quien
Será. Empezar, sólo un paso
Fuera de la vereda y así retroceder hasta la tormenta de nieve
Brillante de tentáculos filosos de cómo esto podría resolverse

Si lo resolvemos alguna vez. Y la voz regresó hacia él
Desde el otro lado del agua, refregándolo de mal modo: “Debes **
Deshacer el mal que has hecho".  Los sacabuches ***
Lo adornan y nunca estaremos más cerca del choque

De las aguas, la paz de la luz ahogando la luz,
Robándola, evitando que ilumine. Es todo uno. Se encuentra
Por todos lados, su nuevo mensaje, culpa, la admisión
De culpa, tu nuevo acto. El tiempo compra

Al destinatario, al espectador del sistema anterior, pero no puede
Redimir al resto. Es la noche la que cayó
Al borde de tus pasos cuando la música se detuvo.
Y escuchamos las campanas por primera vez. Es tu capítulo, dije

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), Houseboat Days, Open Road Media, Nueva York, 1977
Traducción de Iván Ivanissevich

Notas del traductor:
 * Latour-Maubourg y Jazmin son estaciones de la red de subterráneos (Métro) de París. Desde el s.XIX existe también un hotel La Tour-Maubourg enfrente de la primera de ellas
 **  Ashbery parafrasea el intercambio entre Aaron y Chiron en Titus Andronicus, Acto 4, Escena 2, de William Shakespeare
 *** Instrumento antiguo, antecesor del trombón, muy utilizado en fanfarrias





THE LAMENT UPON THE WATERS

For the disciple nothing had changed.  The mood was still
Gray tolerance, as the road marched along
Singing its little song of despair.  Once, a cry
Started out of the hills.  That old, puzzling persuasion

Again.  Sex was part of this,
And the shock of day turning into night.
Though we always found something delicate (too delicate
For some tastes, perhaps) to touch, to desire.

And we made much of this sort of materiality
That clogged the weight of starlight, made it seem
Fibrous, yet there was a chance in this
To see the present as it never had existed,

Clear and shapeless, in an atmosphere like cut glass.
At Latour-Maubourg you said this was a good thing, and on the steps
Of Métro Jasmin the couriers nodded to us correctly, and the
Pact was sealed in the sky.  But now moments surround us

Like a crowd, some inquisitive faces, some hostile ones,
Some enigmatic or turned away to an anterior form of time
Given once and for all.  The Jetstream inscribes a final flourish
That melts as it stays.  The problem isn’t how to proceed

But is one of being:  whether this ever was, and whose
It shall be.  To be starting out, just one step
Off the sidewalk, and as such pulled back into the glittering
Snowstorm of stinging tentacles of how that would be worked out

If we ever work it out.  And the voice came back at him
Across the water, rubbing it the wrong way:  “Thou
Canst but undo the wrong thou hast done.”  The sackbuts
Embellish it, and we are never any closer to the collision

Of the waters, the peace of light drowning light,
Grabbing it, holding it up streaming.  It is all one.  It lies
All around, its new message, guilt, the admission
Of guilt, your new act.  Time buys

The receiver, the onlooker of the earlier system, but cannot
Buy back the rest.  It is night that fell
At the edge of your footsteps as the music stopped.
And we heard the bells for the first time.  It is your chapter, I said. 

martes, diciembre 24, 2019

John Ashbery / En la granja del norte
















En algún lugar alguien viaja furiosamente hacia vos,
a una velocidad increíble, viaja día y noche, a
través de tormentas de nieve y calor del desierto, cruzando torrentes,
   a través de pasos estrechos.
¿Sabrá dónde encontrarte,
reconocerte cuando te vea,
darte lo que tiene para vos?

Aquí apenas crece algo.
Pero los silos revientan de comida,
las bolsas de comida llegan hasta el techo,
las corrientes fluyen dulcemente y engordan a los peces;
los pájaros oscurecen el cielo. ¿Alcanza con
poner el plato de leche por la noche;
que pensemos en él a veces, a
veces y siempre, con sentimientos encontrados?

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), The New Yorker, 9 de abril de 1984. (A Wave, Viking Press, Nueva York, 1984)
Versión de J. Aulicino

Otra Iglesia Es ImposibleBuenos Aires Poetry - Eterna Cadencia - Vallejo & Co. - Hablar de Poesía - La Razón. México - Letras Libres

Foto: John Ashbery, Nueva York, 2000 Iannis Delatolas/Nguyễn Huy Hoàng

At North Farm

Somewhere someone is traveling furiously toward you,
At incredible speed, traveling day and night,
Through blizzards and desert heat, across torrents, through narrow passes.
But will he know where to find you,
Recognize you when he sees you,
Give you the thing he has for you?

Hardly anything grows here,
Yet the granaries are bursting with meal,
The sacks of meal piled to the rafters.
The streams run with sweetness, fattening fish;
Birds darken the sky. Is it enough
That the dish of milk is set out at night,
That we think of him sometimes,
Sometimes and always, with mixed feelings?

domingo, diciembre 24, 2017

John Ashbery / Eco tardío















Solo con nuestra locura y flor favorita
Vemos que realmente no hay nada más de qué escribir.
O más bien, es necesario escribir sobre las mismas cosas viejas
De la misma manera, repetir las mismas cosas una y otra vez
Para que el amor continúe y gradualmente cambie.

Las colmenas y hormigas deben ser re-examinadas eternamente
Y el color del día sea puesto
Cientos de veces y variado de verano a invierno
Para que se alente al ritmo de una auténtica
zarabanda y se acurruque allí, vivo y descansando.

Solo entonces la falta de atención crónica
De nuestras vidas puede cernirse a nuestro alrededor, conciliatoriamente
Y con un ojo en esas largas sombras de felpa color canela
Que hablan tan profundamente de nuestro conocimiento no preparado
De nosotros mismos, los motores parlantes de nuestros días.

[As We Know, Viking Press, 1979]

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), Periódico de Poesía, n° 104, noviembre de 2017, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Traducción de Daniela Birt


Foto: John Ashbery, 1980 Democrat & Chronicle


Late Echo

Alone with our madness and favorite flower
We see that there really is nothing left to write about.
Or rather, it is necessary to write about the same old things
In the same way, repeating the same things over and over
For love to continue and be gradually different.

Beehives and ants have to be re-examined eternally
And the color of the day put in
Hundreds of times and varied from summer to winter
For it to get slowed down to the pace of an authentic
Saraband and huddle there, alive and resting.

Only then can the chronic inattention
Of our lives drape itself around us, conciliatory
And with one eye on those long tan plush shadows
That speak so deeply into our unprepared knowledge
Of ourselves, the talking engines of our day.

miércoles, septiembre 06, 2017

John Ashbery / El interés del amor













Podemos verlo venir desde siempre,
entonces simplemente estaba aquí, paralelamente
a la caminata del día. Para entonces éramos nosotros
quienes habíamos desaparecido, en el túnel de un libro.

Levantándonos tarde a la noche, nos uníamos a la corriente
de las noticias de mañana. ¿Por qué no? A diferencia
de otros, no tenemos nada que reclamar
o que pedir prestado. Somos sólo trozos de una geometría sólida:

cilindros o romboides. Una cierta satisfacción
nos ha sido concedida. Claro, seguimos volviendo
por más, eso es parte del aspecto “humano”
de la procesión. Y hay regiones más oscuras

escritas en lápiz, que deberíamos explorar alguna vez.
Por ahora es suficiente que este día haya terminado.
Trajo su carga de frescura, la dejó caer
y se fue. En cuanto a nosotros, todavía estamos aquí, ¿no?

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), From Where Shall I Wonder, HarperCollins, Nueva York, 2005
Versión © Silvia Camerotto

Foto: Ashbery AP/LA Vanguardia


The Love Interest

We could see it coming from forever,
then it was simply here, parallel
to the day’s walking. By then it was we
who had disappeared, into the tunnel of a book.

Rising late at night, we join the current
of tomorrow’s news. Why not? Unlike
some others, we haven’t anything to ask for
or borrow. We’re just pieces of solid geometry:

cylinders or rhomboids. A certain satisfaction
has been granted us. Sure, we keep coming back
for more—that’s part of the “human” aspect
of the parade. And there are darker regions

penciled in, that we should explore some time.
For now it’s enough that this day is over.
It brought its load of freshness, dropped it off
and left. As for us, we’re still here, aren’t we?

martes, septiembre 05, 2017

John Ashbery / Dos sonetos














1. Dido

Los productos para el cuerpo se vuelven
Fatales para él. Nuestra saliva
Nos va a matar, pero nosotros
Morimos por nuestro calor.
Aunque diga las cosas que deseo decir
son innecesarias, su propia llama las concibe.
Así que estoy engañado de perfección.

La botellas de yodo están sentadas en el pasillo
Y saliendo al jardín donde se metió el descapotable
El damasco y las nubes púrpuras eran
Y nuestra sangre fluyó por la rejilla
De la embajada color crema.
Dentro tenían un disco de The St. Louis Blues.


2. El idiota

¡Ah, cómo este mundo malhumorado, despreocupado
Ignorante de mí es! Aquellas piedras, aquellos hogares
No conocen el tacto de mi carne, ni hay un árbol
Cuya sombra me haya reconocido como su amigo.
Estuve vagando por el ancho mundo.
Ningún hombre que haya conocido, ninguna bestia amigable
Ha venido y puesto su hocico entre mis manos
Ninguna doncella le dio la bienvenida a mi cara con un beso.

Sin embargo una vez, cuando tomé el pasaje
Desde Gibraltar hasta Cape Horn
Me encontré con marineros amigables en el barco
Y mientras luchábamos por mantenerlo a flote
Las mismas olas parecían amigables, y el sonido
El rocío hizo como si golpeara el frente del barco.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927-Hudson, Estados Unidos, 2017), The Tennis Court Oath: A Book of Poems, Wesleyan University Press, Middletown, Conneticut, 1962
Versión de Noelia Torres

Fotos:
John Ashbery Eamonn McCabe/The Guardian
Allen Ginsberg, Ashbery y Marianne Moore, 1967 Jill Krement/New York Times


















1. Dido

The body's products become
Fatal to it. Our spit
Would kill us, but we
Die of our heat.
Though I say the things I wish to say
They are needless, their own flame conceives it.
So I am cheated of perfection.

The iodine bottle sat in the hall
And out over the park where crawled roadsters
The apricot and purple clouds were
And our blood flowed down the grating
Of the cream-colored embassy.
Inside it they had a record of "The St. Louis Blues."


2. The Idiot

O how this sullen, careless world
Ignorant of me is! Those rocks, those homes
Know not the touch of my flesh, nor is there one tree
Whose shade has known me for a friend.
I've wandered the wide world over.
No man I've known, no friendly beast
Has come and put its nose into my hands.
No maid has welcomed my face with a kiss.

Yet once, as I took passage
From Gibraltar to Cape Horn
I met some friendly mariners on the boat
And as we struggled to keep the ship from sinking
The very waves seemed friendly, and the sound
The spray made as it hit the front of the boat.

viernes, septiembre 01, 2017

John Ashbery / En otro tiempo



















En realidad fue porque te detuviste,
pero no había necesidad,
el bosque no estaba demasiado oscuro, y aun así,
te detuviste y luego seguiste un poco
como para deshacerte de la idea de detenerse.
Para entonces el todo
se mezcló con la noche:
los autos descargaban clientes frente a los teatros
donde la luz aumentaba, luego se contraía
en pequeños rayos de luz. Luego escuchaba.

Una especie de triturada poesía suburbana encaja
en la descripción, y no es precisamente
eso. No había dinamismo,
y aun así las cosas ocurrían rápido.
La era de dibujos animados de mi infancia
se convirtió en colecciones impresas y mira:
¿Qué hay impreso en esta cosa?
¿Quién sabe en qué se convertirá?
Mientras tanto boquea como pez en la tanza.

Es sin duda un retrato engañoso
que podrías haber deseado, aun así todos
los aspectos más importantes están allí:
ahí te inclinas debajo de la catarata
como si leyeras pequeños signos
en el musgo y todo se reanimara
pero en silencio. No hay modo de transcribirlo.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Hotel Lautréamont", 1992, Notes from the Air, Selected Later Poems, HarperCollins, New York, 2007
Versión © Silvia Camerotto

Foto: Ashbery (det.), 2010, David Shankbone


In another time

Actually it was because you stopped,
but there was no need to,
the forest wasn’t too dark, and yet,
you stopped and then went on a little way
as though to embarrass the idea of stopping.
By then the everything
was involved in night:
cars were discharching patrons in front of theaters
where light swelled, then contracted
into tiny slivers. Then listened.

A kind of powdered suburban poetry fits
the description, and isn’t
precisely it. There was no briskness,
yet things got quickly done.
The cartoon era of my early life
became the printed on this wing?
Who knows what it’s going to be?
Meanwhile it gasps like a fish on a line.

It is no doubt a slicker portrait
than you could have wished, yet all
the major aspects are present:
There you bent down under the waterfall
as though to read little signs
in the moss and it all came to life
but quietly. There is no way to transcribe it.

jueves, julio 27, 2017

John Ashbery / Malo para los nombres













Hemos estado aquí lo suficiente.
El pasado retrocede como una sombra exageradamente grande
hacia lo presciente y nuevo-
aquello que en principio vine a investigar.
Tengo mis notas, gracias. El tren espera
en la pequeña área cercada. Mi única obligación
ahora es agradecer a todos los que me aguantaron
y confiaron en mí tanto tiempo. Debió parecer
un largo proceso. Mi agradecimiento es también
para otros con quienes nunca estuve en contacto,
quienes podrían no haber estado vivos, pero con
quienes de algún modo estuvimos yuxtapuestos, y como mi pluma
tacha por su cuenta, es en especial a esos otros
a quienes quiero recordar. En una palabra, merci.

Y en etapas aleatorias del viaje él ve
lo que estábamos destinados a ver: ropa interior en la soga,
hojas volando, áreas de nieve sucia. Es verdad que nadie nunca
te evalúa en estas cosas, que nada hubiera sido distinto
si no hubieses visto todas, pero al emerger
se convirtieron en parte del paisaje, tan vasto y vigoroso
que nadie lo ve. Luego, en la estación,
te encuentras con un pequeño grupo de amigos y de no tan amigos,
discutiendo sobre si el trato habría sido diferente
si hubiera ocurrido en algo similar a un período de tiempo,
o en un paisaje, incluso un paisaje del que solo hayamos oído hablar.
Y se muestran sus ropas entre ustedes, sonriendo con timidez,
y hablan de los efectos secundarios de la medicación
que todos toman estos días, y que parece que ha hecho
una diferencia, haciendo brotar hojas en las plazas.

La escritura de grandes viajes debe ser fabricada así
para que el brillo del desierto se convierta en algo manejable
y las antenas congeladas se resistan a los precios de cierre del día.
Un momento de horrible brujería no es demasiado que digerir
para que la tierra se convierta en una, y la gente se acomode
como mejor les parezca.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Hotel Lautréamont", 1992, Notes from the Air. Selected Later Poems, HarperCollins, New York, 2007
Versión © Silvia Camerotto


No good at names

We’ve been out here long enough.
The past recedes like an exaggeratedly long shadow
into what is prescient, and new –
what I originally came to do research on.
I have my notes, thank you. The train is waiting
in the little enclosed yard. My only duty
now is to thank all those who put up with me
and trusted me so long. It must have seemed
like  a long process. My thanks are due, too,
to others with whom I never came in contact,
who may not have been alive, but
somehow we were in apposition, and as my pen
strikes out on its own, it is chiefly those others
I wish to remember. In a word, merci.

And at random stages of the journey he sees
what we were meant to see: underwear on a clothesline,
flying leaves, patches of dirty snow. It’s true no one
ever tests you on these things, that nothing would have been different
if you hadn’t seen them all, yet by emerging
they have become part of the picture, so vast and energetic
it gets seen by nobody. Later, in the station,
you greet a small group of close and not-so-close friends,
sparring about would the bargain have been different
if it had happened in something resembling a time-frame,
or a landscape, even a landscape one has only heard about.
And you show each other your clothes, smiling shyly,
and talk about the after-effects of the medication
everyone’s taking these days, and it seems to have made
a difference, brought out the leaves in the public squares.

Great travel writing has to be manufactures this way
For the desert’s glitter to sink back into something tractable
and frozen antennae to balk at the day’s closing prices.
A moment of horrible witchcraft isn’t too much to be swallowed
for the land to become whole, and people wise
in the way that suits them.

viernes, octubre 21, 2016

John Ashbery / La lluvia se está mudando
















El pizarrón está borrado en el ático
Y el viento hace que surja la luz de las estrellas,
robustamente ahora. Alguien lo encontrará, alguien lo sabrá.
Y si en algún lugar de este enorme planeta
La verdad es descubierta, un pedacito de ella, seca, glaseada por el sol,
ella se quedará colgada, en su propia infamia, su humildad. Nadie
será mejor para ella,  aparte las cosas no pueden empeorar.
Seguí jugando, dominando como lo hacés al paso
en el desorden que éste significaba. ¿No ves
Que es todo lo que podemos hacer? Mientras, grandes fuegos
Emergen, como pajares en llamas.  El dial fue establecido
Y eso es un mal presagio, pero toda tu bondad en la vida
Conspira con él, ahora que esta es nuestra casa:
Un lugar desde dónde venir, y que la gente pregunte por ella.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), París Review, N° 90, 1983
Versión de Noelia Torres


Rain Moving In

The blackboard is erased in the attic 
And the wind turns up the light of the stars, 
Sinewy now. Someone will find out, someone will know. 
And if somewhere in this great planet 
The truth is discovered, a patch of it, dried, glazed by the sun, 
It will just hang on, in its own infamy, humility. No one 
Will be better for it, but things can’t get any worse. 
Just keep playing, mastering as you do the step 
Into disorder this one meant. Don’t you see 
It’s all we can do? Meanwhile, great fires 
Arise, as of haystacks aflame. The dial had been set 
And that’s ominous, but all your graciousness in living 
Conspires with it, now that this is our home: 
A place to be from, and have people ask about.

http://www.theparisreview.org/poetry/3021/rain-moving-in-john-ashbery

Photo credit: Lynn Davis/poets.org

miércoles, agosto 10, 2016

John Ashbery / Diciéndolo para que no suceda














Algún desvío de la norma
ocurrirá a medida que el tiempo se hace más abierto.
El consenso varía de a poco; acerca de lo cual
ya nadie miente. Óxido oscuro derramándose
sobre el cuerpo, cambiándolo sin deteriorarlo –
gente con muchas cosas en la cabeza, pero vivimos
en los intersticios, entre una mirada distraída y el cielorraso.
Nuestras vidas se encargan de hacernos acordar. Finalmente no otra cosa es ser consciente
y los que viven a través de esto se bajan en la misma parada.
Qué descuidados. Sin embargo, al fin cada uno
resulta haber viajado la misma distancia – es el tiempo
lo que cuenta, y cuán profundamente hayas invertido en él,
cruzando la calle de un suceso, como si salir de él fuera
lo mismo que realizarlo. No te importa, por supuesto,
mayormente, si éste es el modo en que tenía que suceder,
sin embargo te habría gustado recibir una porción más exacta de tiempo
que sólo un reloj te puede indicar; cómo se lo siente, no lo que significa.
En un campo abierto, sólo conocemos un pedazo del final,
no la parte que presumiblemente teníamos que atravesar para llegar ahí.
Si esto no te alcanza, considera la idea
Inherente en el día, brazadas de trigo y flores
achatadas sobre carretillas, si tal vez significa más
al relacionarse contigo, sin embargo lo que es, es lo que sucede al fin
como si te hubiera importado. El evento se combina con
rayos que salen de su interior para dar la apariencia de fuerza
adaptada a los usos más sabios de la edad, pero está ahí
y no está, como la ropa tendida o el aserrín al sol,
en el fondo de la mente, donde vivimos ahora.

[Houseboat Days, 1977]

John Ashbery ((Rochester, Estados Unidos, 1927), Como un proyecto del que nadie habla, La Flauta Mágica, Montevideo, 2009
Traducción de Roberto Echavarren
Envío de Romina Freschi

Foto: Ryan Pfluger/Time

Saying It To Keep It From Happening

Some departure from the norm
Will occur as time grows more open about it.
The consensus gradually changed; nobody
Lies about it any more. Rust dark pouring
Over the body, changing it without decay—
People with too many things on their minds, but we live
In the interstices, between a vacant stare and the ceiling,
Our lives remind us. Finally this is consciousness
And the other livers of it get off at the same stop.
How careless. Yet in the end each of us
Is seen to have traveled the same distance—it’s time
That counts, and how deeply you have invested in it,
Crossing the street of an event, as though coming out of it 
were
The same as making it happen. You’re not sorry,
Of course, especially if this was the way it had to happen,
Yet would like an exacter share, something about time
That only a clock can tell you: how it feels, not what it
means.
It is a long field, and we know only the far end of it,
Not the part we presumably had to go through to get there.
If it isn’t enough, take the idea
Inherent in the day, armloads of wheat and flowers
Lying around flat on handtrucks, if maybe it means more
In pertaining to you, yet what is is what happens in the end
As though you cared. The event combined with
Beams leading up to it for the look of force adapted to the 
wiser
Usages of age, but it’s both there
And not there, like washing or sawdust in the sunlight,
At the back of the mind, where we live now.

domingo, noviembre 29, 2015

John Ashbery / Un poema del desasosiego














Los hombres comprenden a su debido tiempo el río de la vida,
deconstruyéndolo  a medida que se ensancha y sus ciudades se vuelven
oscuras y más densas, siempre más lejanas.

Y, por supuesto, esa remota densidad  nos
sienta bien, como corderos y tréboles lo harían
si las cosas hubieran sido construidas para ordenarse de otro modo.

Pero como no me entiendo a mí mismo, sino solo segmentos
de mí mismo que no se entienden entre sí, no hay
razón para que usted quiera, de ninguna manera podría

incluso si los dos lo quisiéramos. ¿Siquiera existen esas torres?
Debemos verlo de ese modo, siguiendo esas líneas
para que el pensamiento se eleve, como almenas de madera terciada.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Can You Hear, Bird", 1995; Notes from the Air, Selected Later Poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007
Versión de Silvia Camerotto De Sibilas y Pitias


A Poem of Unrest

Men duly understand the river of life,
misconstructing it, as it widens and its cities grow
dark and denser, always farther away.

And of course that remote denseness suits
us, as lambs and clover might have
if things had been built to order differently.

But since I don’t unsderstand myself, only segments
of myself that mistunderstand each other, there’s no
reason for you to want to, no way you could

even if we both wanted it. Do those towers even exist?
We must look at it that way, along those lines
so the thought can erect itself, like plywood battlements.

lunes, octubre 05, 2015

John Ashbery / De "Autorretrato en un espejo convexo"













[Fragmento]

La sombra de la ciudad inyecta su propia
urgencia: la Roma en la que Francesco *
estaba trabajando durante el Saco: sus invenciones
fascinaron a los soldados que irrumpieron en su estudio;
decidieron salvar su vida, pero él se marchó poco después;
la Viena en la que hoy está el cuadro, donde
lo vi con Pierre en el verano de 1959; Nueva York,
donde estoy ahora, que no es sino un logaritmo
de otras muchas ciudades. Nuestro paisaje
palpita con filiaciones, con enlaces;
los negocios se mantienen con miradas, gestos,
rumores. Es una vida alternativa para la ciudad,
el respaldo del espejo en el estudio
sin identificar aunque nítidamente esbozado. Persigue
desviar la vida del estudio, deflactar su espacio
trazado, abatirlo en promulgaciones, aislarlo.
La operación ha sido temporalmente interrumpida
pero algo nuevo se aproxima, un nuevo preciosismo
empujado en el viento. ¿Lo puedes soportar,
Francesco? ¿Eres suficientemente fuerte?
Este viento trae lo que ignora, llega
autopropulsado, ciego, sin noción alguna
de sí mismo. Es una inercia que una vez
reconocida socava toda actividad, secreta o pública;
suspiros del mundo que no puede comprenderse
pero pueden sentirse, un escalofrío, una plaga
extendiéndose por los cabos y penínsulas
de tus venas hasta los archipiélagos, hasta esa
clandestinidad, limpia, espaciosa, de alta mar.
Ése es su lado negativo. Su lado positivo
es hacerte percibir la vida y sus tensiones
que tan sólo parecían marcharse, pero que ahora,
al ser puestas en duda por este nuevo modo, parecen
precipitarse fuera de moda. Sólo llegarán a ser clásicos
cuando decidan claramente de qué lado están.
Su reticencia ha ido minando
el escenario urbano, permitiendo que sus ambigüedades
parezcan agotadoras, tercas, los pasatiempos de un viejo.
Lo que ahora necesitamos es a este improbable
aspirante aporreando las puertas de un castillo
asombrado. Tu argumento, Francesco,
comenzó a enranciarse al no existir esperanza
de una o varias respuestas. Si se disuelve
en polvo, significa tan sólo que su hora
llegó hace algún tiempo, pero mira y escucha:
puede que haya otra vida allí dentro guardada
en lugares recónditos e ignotos; que ella
y no nosotros, seamos el cambio; que en realidad seamos
ella si pudiésemos volver a ella, revivir su apariencia
de algún modo, volver nuestros rostros hacia el globo
al tiempo que desciende, y lograr, sin embargo, escaparnos seguros:
pulso normal, respiración normal. al ser una metáfora
hecha para incluirnos, somos parte de ella
y podemos vivir dentro de ella como de hecho vivimos,
aunque sabemos que nunca podrá ser aleatorio
que nuestras mentes se queden desnudas para interrogar
sino que habrá de ocurrir con un orden que no supone una amenaza
para nadie -en el modo normal en que se hacen las cosas,
como el crecimiento concéntrico de los días
alrededor de una vida: correctamente, si lo piensas.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), Autorretrato en un espejo convexo, traducción de Julián Jiménez Heffernan, DVD Ediciones, Barcelona, 2006

* Alude a Girolamo Francesco Maria Mazzola, il Parmigianino (Parma, Italia, 1503 - Casalmaggiore, Italia, 1540), cuyo autorretrato en un espejo convexo es de lo que trata este poema (Nota del Administrador)


SELF-PORTRAIT IN A CONVEX MIRROR

[...]

The shadow of the city injects its own
Urgency: Rome where Francesco
Was at work during the Sack: his inventions
Amazed the soldiers who burst in on him;
They decided to spare his life, but he left soon after;
Vienna where the painting is today, where
I saw it with Pierre in the summer of 1959; New York
Where I am now, which is a logarithm
Of other cities. Our landscape
Is alive with filiations, shuttlings;
Business is carried on by look, gesture,
Hearsay. It is another life to the city,
The backing of the looking glass of the
Unidentified but precisely sketched studio. It wants
To siphon off the life of the studio, deflate
Its mapped space to enactments, island it.
That operation has been temporarily stalled
But something new is on the way, a new preciosity
In the wind. Can you stand it,
Francesco? Are you strong enough for it?
This wind brings what it knows not, is
Self-propelled, blind, has no notion
Of itself. It is inertia that once
Acknowledged saps all activity, secret or public:
Whispers of the word that can’t be understood
But can be felt, a chill, a blight
Moving outward along the capes and peninsulas
Of your nervures and so to the archipelagoes
And to the bathed, aired secrecy of the open sea.
This is its negative side. Its positive side is
Making you notice life and the stresses
That only seemed to go away, but now,
As this new mode questions, are seen to be
Hastening out of style. If they are to become classics
They must decide which side they are on.
Their reticence has undermined
The urban scenery, made its ambiguities
Look willful and tired, the games of an old man.
What we need now is this unlikely
Challenger pounding on the gates of an amazed
Castle. Your argument, Francesco,
Had begun to grow stale as no answer
Or answers were forthcoming. If it dissolves now
Into dust, that only means its time had come
Some time ago, but look now, and listen:
It may be that another life is stocked there
In recesses no one knew of; that it,
Not we, are the change; that we are in fact it
If we could get back to it, relive some of the way
It looked, turn our faces to the globe as it sets
And still be coming out all right:
Nerves normal, breath normal. Since it is a metaphor
Made to include us, we are a part of it and
Can live in it as in fact we have done,
Only leaving our minds bare for questioning
We now see will not take place at random
But in an orderly way that means to menace
Nobody – the normal way things are done,
Like the concentric growing up of days
Around a life: correctly, if you think about it.

[...]

martes, septiembre 02, 2014

John Ashbery / El manual de instrucciones









Cuando estoy sentado mirando por la ventana del edificio
desearía no tener que escribir el manual de instrucciones
     sobre los usos de un nuevo metal.
Miro hacia la calle y veo a la gente, cada cual caminando
     con una paz interior,
y los envidio; ¡están tan lejos de mí!
Ninguno de ellos tiene que preocuparse por terminar
     este manual en un plazo fijo.
Y, como es mi costumbre, empiezo a soñar, apoyando los codos
     sobre el escritorio y asomándome un poco a la ventana,
¡en la borrosa Guadalajara! ¡Ciudad de las flores rosadas!
¡La ciudad que más quise y la que menos vi,
     en México!
¡Pero supongo que estoy mirando, apremiado por tener
    que escribir el manual de instrucción.
tu plaza pública, ciudad, con tu primoroso quiosquito
     de música!
La banda está tocando "Scherezada", de Rimsky-Korsakov.
Alrededor están las muchachas de las flores, ofreciendo
     flores rosadas y de color limón,
todas atrayentes en sus vestidos de franjas rosa y azul
     (¡Oh!, qué tintes rosa y azul),
y cerca de allí esta el blanco puesto donde mujeres
     de verde ofrecen frutas verdes y amarillas.
Las parejas se pasean; todo el mundo tiene un humor festivo.
Primero, encabezando el desfile, un tipo apuesto
     vestido de azul oscuro. Usa un sombrero blanco
y tiene bigotes, que acaba de recortarse para esta ocasión.
Su amada, su esposa, es joven y bonita; su chal es
     rosado, encarnado y blanco.
Sus zapatillas son de charol, al estilo norteamericano,
y lleva un abanico, porque es recatada y no quiere
     que la gente le mire la cara con demasiada frecuencia.
Perto todo el mundo está tan ocupado con su esposa o su amada
que dudo que nadie repare en la esposa del hombre de bigotes.
¡Aquí vienen los muchachos! Saltando y arrojando pequeñas
     cosas en la acera
que es de baldosas grises. Uno de ellos, algo mayor,
     tiene un palillo entre los dientes.
Está más silencioso que el resto y afecta no fijarse
     en las bonitas chicas vestidas de blanco.
Pero sus amigos las miran, y vocean sus bromas a las
     chicas sonrientes.
Sin embargo pronto todo esto acabará, con el andar de los años,
y el amor los conduzca al paseo por otra razón.
Pero he perdido de mi vista al muchacho del palillo.
¡Aguarda, allí está, del otro lado del quiosco de la música,
apartado de sus amigos, en una animada charla con una niña
de catorce o quince años. Trato de oir lo que se dicen
pero al parecer solo hablan algo entre dientes, tímidas
     palabras de amor, probablemente,
ella es un poco más alta que él, y mira calmosamente
     en sus sinceros ojos.
Ella viste de blanco. La brisa desordena su largo y hermoso
     pelo negro contra su mejilla aceitunada.
Es evidente que está enamorada. El muchacho, el muchachito
     del palillo, también está enamorado.
Sus ojos lo demuestran. Alejándome de esta pareja,
observo que hay un intermedio en el concierto,
los paseantes están descansando y sorbiendo bebidas
     con pajillas
(las bebidas son servidas de una gran garrafa de vidrio
     por una señora de azul oscuro),
y los músicos se mezclan con la gente, con sus uniformes
     blanco crema, y conversan
sobre el tiempo, tal vez, o sobre cómo les va a sus niños
     en la escuela.
Aprovechamos esta ocasión para acercarnos en puntillas
     a una de las calles laterales.
Aquí puede verse una de esas casas blancas con molduras
     verdes
que son tan populares aquí. ¡Mira, te lo dije!
Adentro está fresco y oscuro, pero el patio está soleado.
Una anciana de gris está sentada allí, abanicándose con un
     abanico de hoja de palmera.
Nos recibe en su patio, y nos ofrece una bebida fresca.
"Mi hijo está en la ciudad de México", nos dice. "El también
     los hubiera recibido
si estuviera aquí. Pero está empleado en un banco allá.
Miren, esta es una fotografía de él."
Y un joven de piel morena con dientes como perlas nos sonríe
     desde el marco de gastado cuero.
Le agradecemos su hospitalidad, porque se está haciendo tarde
y queremos captar la vista de la ciudad, antes de dejarla,
     desde algún sitio adecuado.
Esa torre de la iglesia servirá, esa de un rosa descolorido,
     contra el violento azul del cielo. Entramos lentamente.
El cuidador, un viejo vestido de gris y castaño
     nos pregunta desde cuándo estamos en la ciudad, y si
     nos gusta.
Su hija está fregando las gradas; nos saluda con la cabeza
     cuando pasamos a la torre.
Pronto alcanzamos la punta, y toda la red de la ciudad
     se extiende ante nosotros.
Allí está el barrio rico, con sus casas rosadas y blancas,
     y sus deshechas, frondosas azoteas.
Allí está el barrio más pobre, sus casas azul oscuro.
Allí está el mercado, donde los hombres están vendiendo
     sombreros y espantando moscas,
y allí está la biblioteca pública, pintada en varios tonos
     de verde pálido y beige.
¡Mira! Allí está la plaza de donde venimos, con los
     paseantes.
Ahora hay menos, ahora que el calor es más intenso,
pero el muchacho y la chica aún están escondidos en la
     sombra del quiosco de música.
Y allí está la casa de la viejita:
todavía está sentada en el patio, abanicándose,
¡Qué limitada, pero qué completa también, ha sido muestra
     experiencia de Guadalajara!
Hemos visto el amor de los jóvenes, el amor de los esposos, y el
     amor de una anciana madre por su hijo.
Hemos oído la música, paladeado las bebidas y contemplado
     las coloreadas casas.
¿Qué otra cosa resta por hacer, sino quedarnos? Y eso no
     podemos hacerlo.
Y mientras una última brisa refresca la cúspide de la
     desgastada vieja torre, clavo la mirada
en el manual de instrucciones que me hizo soñar con
     Guadalajara.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969

miércoles, enero 01, 2014

John Ashbery / Poema en el año nuevo














Una vez, afuera en el agua en el claro crepúsculo decimonónico,
pediste al tiempo que frenara su vuelo. Si los deseos pudieran traer más que sollozos,
ese sería mi deseo para ti, mi amor, mi ángel. Pero otros
principios prevalecen en este sombrío paraíso, ¿no es cierto? Si eso es lo que es.
Luego el viento amainó por decisión propia.
Salimos, y vimos que realmente había sucedido.
La estación se quedó inmóvil, alerta. Cuán quieta la gota en el
abrojo, no lo sé. Vengo totalmente empaquetado y
sereno, pero pierdo cosas constantemente.

Me pregunto sobre Australia. ¿Hay algo sobre Canadá?
¿Las palomas aletean? ¿Acaso hay una extrañeza allí para completar
la que llevo dentro? ¿O debo reaprender mi sistema de archivo?
¿Podemos confiar en que otros nos acusen si solo nos
ven en la hora pico de la tarde
y nunca se detienen a pensar? Oh, yo sabía tanto sobre vos,
mi ave canora, alguna vez. Ahora, solo para las totoras inmoladas
en el pantano congelado tengo tiempo.
Los días están tan polarizados. Pero el tiempo mismo está descentrado.
Al menos, así lo siento yo.

Lo conozco tan bien como las calles en el mapa de mi ciudad
industrial imaginada. Pero tiene su propia manera de escurrirse.
Nunca hubo plenitud que fuera a ser:
hiciste cola para distintas cosas, y la manchada luz era impenitente.
"Puntiaguda" fue el adjetivo que se me ocurrió,

aunque a pesar de todos sus niveles elevados o bajos me acerco a este canal.
Su hora era la justa en el invierno. Había humo de pipa en los
cafés, y afuera la gran ave cenicienta
fluía de vidrieras rotuladas y esperaba
un poco más allá. Otra oportunidad. Nunca se convirtió en gesto.

John Ashbery (Rochester, 1927), versión de Judith Filc


POEM AT THE NEW YEAR

Once, out on the water in the clear, early nineteenth-century twilight, 
you asked time to suspend its flight. If wishes could beget more than sobs, 
that would be my wish for you, my darling, my angel. But other
principles prevail in this glum haven, don't they? If that's what it is.

Then the wind fell of its own accord.
We went out and saw that it had actually happened.
The season stood motionless, alert. How still the dropp was
on the burr I know not. I come all
packaged and serene, yet I keep losing things.

I wonder about Australia. Is it anything about Canada? 
Do pigeons flutter? Is there a strangeness there, to complete
the one in me? Or must I relearn my filing system? 
Can we trust others to indict us
who see us only in the evening rush hour, 
and never stop to think? O, I was so bright about you, 
my songbird, once. Now, cattails immolated 
in the frozen swamp are about all I have time for.
The days are so polarized. Yet time itself is off center.
At least that's how it feels to me.

I know it as well as the streets in the map of my imagined
industrial city. But it has its own way of slipping past.
There was never any fullness that was going to be; 
you waited in line for things, and the stained light was
impenitent. 'Spiky' was one adjective that came to mind,

yet for all its raised or lower levels I approach this canal.
Its time was right in winter. There was pipe smoke
in cafés, and outside the great ashen bird
streamed from lettered display windows, and waited
a little way off. Another chance. It never became a gesture.

sábado, enero 26, 2013

John Ashbery / Decenio de 1970




Decenio de 1970

Durante mucho tiempo parecía que las cosas marchaban de forma astuta.
Todas las tardes a las cuatro el devanar nos mostraba
su cara amable. "Os trataré bien,
palabra de honor". En aquellos días nadie llevaba la cuenta
ni se fijaba mucho en las cosas. Era
posible vivir como entidad.

Pero se oían sin querer cosas sorprendentes
de vez en cuando. Voces que parecían salir de un garaje
con una tercera posibilidad de la que nadie había hablado.

Algo sobre un naufragio. Seguro que todo estaba bien.

Empezamos a impacientarnos
por lo de la paz y la guerra, tras un atareado día de descanso
pocos de quienes nos rodeaban podían asir o aprehender.
Me habían atado el dinero del pescado a la pierna.
De otra forma habría podido convertirme en un confidente, pasando los días
en una casa Tudor, en un programa de protección de testigos.
Necesitaba el dinero. Lo demás fueron beneficios netos y pérdidas.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Secretos chinos, traducción de Dámaso López García, Editorial Visor, Madrid, 2002


The seventies

For a long time things seemed to go astutly.
Every evening at four the unspooling showed us
in friendly face. "I will treat you well,
on my honor." In those days, no one kept records
or took notice of things much. It was
possible to live as an entity.

Still, surprising things were overheard
from time to time. Voices that seemed to come from a garage
with a third option no one had been told about.

Something about a shipwreck. It was probably OK.

We began to grow impatient
about peace and war, after a busy day of relaxation
few around us could contain or apprehend.
The money fish had been strapped to my thigh.
Otherwise I might have turned informant, living out my days
in a Tudor bungalow under the witness protection program.
I needed the cash. The rest was just net profit and loss.

---
Ilustración: Am Strande, 1913, Lyonel Feininger

domingo, octubre 28, 2012

John Ashbery / El pintor




El pintor

Sentado, entre el mar y los edificios
disfrutaba pintar el retrato del mar
pero al igual que los niños imaginan una plegaria
sólo como silencio, él esperaba que su tema
se deslizara por la arena, y, tomando un pincel,
cubriera su propio retrato sobre el lienzo.

entonces, nunca hubo una pintura sobre su lienzo
hasta que la gente que vivía en los edificios
lo puso a trabajar: “trate de usar el pincel
como un medio para alcanzar un final. Elija, para un retrato
algo menos enojado y amplio, y más atado
al humor de un pintor, o quizás, a una plegaria”

¿Cómo podía él explicarles su plegaria,
que la naturaleza, no el arte, podría usurpar el lienzo?
Eligió como nuevo tema a su esposa,
haciéndola inmensa, como edificios en ruinas
como si, olvidándose de sí mismo, el retrato
se hubiera expresado sin pincel.

Levemente animado, hundió su pincel
en el mar, murmurando una sentida plegaria:
“Alma mía, cuando pinte el siguiente retrato
debes ser tú quien arruine el lienzo”
La noticia se esparció como fuego arrasador por los edificios:
él había vuelto al mar buscando su tema.

Imagínense a un pintor crucificado por su tema!
demasiado exhausto hasta para tomar su pincel,
provocó que algunos artistas se inclinaran desde los edificios
para hacer comentarios maliciosos: “¡No tenemos una plegaria
ahora, para ponernos nosotros en el lienzo,
o lograr que el mar se siente para ser un retrato!”

Otros lo declararon un auto-retrato.
Finalmente, todas las indicios de un tema
comenzaron a extinguirse, dejando al lienzo
perfectamente blanco. Él dejó el pincel.
de inmediato un alarido, que también era una plegaria,
nació de los repletos edificios.

Lo lanzaron, al retrato, del más alto de los edificios;
y el mar devoró el lienzo y el pincel
como si su tema hubiera decidido permanecer como plegaria.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Some Trees, 1956
Versión: Marina Kohon


The Painter

Sitting between the sea and the buildings 
He enjoyed painting the sea’s portrait. 
But just as children imagine a prayer 
Is merely silence, he expected his subject 
To rush up the sand, and, seizing a brush, 
Plaster its own portrait on the canvas.

So there was never any paint on his canvas 
Until the people who lived in the buildings 
Put him to work: “Try using the brush 
As a means to an end. Select, for a portrait, 
Something less angry and large, and more subject 
To a painter’s moods, or, perhaps, to a prayer.”

How could he explain to them his prayer 
That nature, not art, might usurp the canvas? 
He chose his wife for a new subject, 
Making her vast, like ruined buildings, 
As if, forgetting itself, the portrait 
Had expressed itself without a brush.

Slightly encouraged, he dipped his brush 
In the sea, murmuring a heartfelt prayer: 
“My soul, when I paint this next portrait 
Let it be you who wrecks the canvas.” 
The news spread like wildfire through the buildings: 
He had gone back to the sea for his subject.

Imagine a painter crucified by his subject! 
Too exhausted even to lift his brush, 
He provoked some artists leaning from the buildings 
To malicious mirth: “We haven’t a prayer 
Now, of putting ourselves on canvas, 
Or getting the sea to sit for a portrait!”

Others declared it a self-portrait. 
Finally all indications of a subject 
Began to fade, leaving the canvas 
Perfectly white. He put down the brush. 
At once a howl, that was also a prayer, 
Arose from the overcrowded buildings.

They tossed him, the portrait, from the tallest of the buildings; 
And the sea devoured the canvas and the brush 
As though his subject had decided to remain a prayer.

Copyright © 1956 by John Ashbery

---
Ilustración: The Beach Newport, 1919, George Bellows

domingo, abril 29, 2012

John Ashbery / El idiota



El idiota

¡Oh cómo me ignora este hosco,
indiferente mundo! Esas rocas, esas casas
no conocen el contacto de mi carne, ni hay un árbol
cuya sombra me haya amparado cual un amigo.
He vagado por el mundo entero.
No he conocido ningún hombre, ninguna fiera se acercó
pacíficamente y puso su hocico entre mis manos.
Ninguna muchacha acogió mi rostro con un beso.

Sin embargo una vez, durante una travesía
de Gibraltar al Cabo de Hornos
conocí a bordo amistosos marineros,
y mientras luchábamos para salvar la nave del naufragio
durante una tormenta, las mismas olas parecían amigas,
y el rumor que hacía la espuma al golpear la frente de la nave.

John Ashbery (Nueva York, 1927), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969 


The Idiot

Oh how this sullen, careless world
Ignorant of me is! Those rocks, those homes
Know not the touch of my flesh, nor is there one tree
Whose shade has known me for a friend.
I've wandered the wide world over.
No man I've known, no friendly beast
Has come and put its nose into my hands.
No maid has welcomed my face with a kiss.

Yet once, as I took passage
From Gibraltar to Cape Horn
I met some friendly mariners on the boat
And as we struggled to keep the ship from sinking
In a storm, the very waves seemed friendly, and the sound
The spray made as it hit the front of the boat.

Poetry, diciembre de 1957
---
Ilustración: Cavallo bianco e molo, 1921, Mario Sironi

domingo, diciembre 11, 2011

John Ashbery / Ocaso de Greuze






Ocaso de Greuze

Como grupo éramos algo vulnerables
y hoy seguimos siéndolo. Mi cuñado me ha preparado
una torre en el molino, desde cuyo balcón
veo los moscardones que irritan al cielo
con su insignificancia. ¿Qué esperan que hagan?
¿Fundar familias? ¿Ser diáconos? Si es así, mis cálculos
se hunden en un bric-a-brac, mis ecuaciones
se deshacen.

Al otro lado de la carretera construyen una casa de cemento.
Al parecer no tendrá ventanas. Un palomar
para palomas de cemento. Siempre cuando hablaba contigo
durante decenios en mis cartas había algo que no era seguro:
tu respuesta. De nuevo corremos peligros,
como pájaros muertos, y el salivajo rubí del otoño asciende
por el cielo como un tornado. Intenta mantenerte
sereno y vacío en esta desnuda habitación.
Examina los espejos del estudio.
El destello del lagarto, la manta de terciopelo del caballo
te sorprenderán algún día hasta llegar a ver la esperanza.

John Ashbery (Rochester, 1927), Secretos chinos (Chinese Whispers), traducción de Dámaso López García, Visor Libros, Madrid, 2002

The Evening of Greuze

As a group we were somewhat vulnerable
and are so today. My brother-in-law has fixed
me a tower in the mill, from whose oriel
I can see the bluebottles who nag heaven
with their unimportance. But what are thet expected to do?
Raise families? Become deacons? If so my calculations
collapse into bric-a-brac, my equations
are undome.

Across the road they are building a cement house.
It will seemingly have not windows. A columbarium
for cement pigeons. And ever as I talked to you
down the decades in my letters one thing was unsure:
your reply. Now are again endangered,
like dead birds, and autumn's ruby spittle mounts
in the sky like a tornado. Try to keep
cold and empty in this bare room.
Examine mirrors in the studio.
The lizard's glint, the horse's velvet blanket
will surprise you into veiled hope one day.

Ilustración: Picnic on the Hudson, siglo XIX, Andrew Melrose

domingo, abril 19, 2009

John Ashbery /Ignorancia de la ley no es excusa





Ignorancia de la ley no es excusa

Fuimos advertidos sobre las arañas y la ocasional hambruna.
Manejamos hacia el centro para ver a nuestros vecinos.
Ningunos de ellos estaba en casa.
Anidamos en patios creados por la municipalidad,
recordábamos otros, lugares diferentes -
¿pero lo eran? ¿No lo conocimos todo antes?

En viñedos donde los himnos de las abejas inundan la monotonía,
dormimos en busca de paz, sumados a la gran marcha.
Él vino hacia mí.
Todo fue como había sido,
excepto por el peso del presente
que barrenaba el pacto que hicimos con el Cielo.
La verdad, no hubo motivo para regocijarse,
ni necesidad de volver, tampoco.
Estábamos perdidos solo por permanecer de pie,
escuchando el zumbido de los cables aéreos.

Lloramos esa meritocracia que, salvajemente vibrante,
había preservado la comida en la mesa y la leche en el vaso.
En descuidado estilo de barrio bajo,
regresamos al original cristal de roca en que él se había convertido,
todo preocupación, todo miedo para nosotros.
Descendimos poco a poco
hasta el escalón más bajo. Ahí puedes apenarte y respirar,
enjuagar tus pertenencias en el frío manantial.
Sólo cuídate de los osos y lobos que lo frecuentan,
y de la sombra que viene cuando esperas el amanecer.

John Ashbery (Rochester, New York, 1927). Where shall I wander, HarperCollins, Nueva York, 2005
Versión de Mariana Aulicino y J. Aulicino


Ignorance of the law is no excuse

We were warned about spiders, and the occasional famine./We drove downtown to see our neighbors. None of them were home./We nesteled in yards the municipality had created,/reminisced about other, different places -/but were they? Hadn't we known it all before?//In vineyards where the bee´s hymn drowns the monotony,/we slept for peace, joining in the great run./He came up to me./It was all as it had been,/except for the weight of te present,/that scuttled the pact we made with heaven./In truth there was no cause for rejoicing,/nor need to turn around, either./We were lost just by standing,/listening to the hum of wires overhead.//We mourned that meritocracy wich, wildly vibrant,/had kept food on the table and milk in the glass./In skid-row, slapdash style/we walked back to the original rock crystal he had become,/all concern, all fears for us./We went down gently/to the bottom-most step. There you can grieve and breathe,/rinse your possessions in the chilly spring./Only beware the bears and wolves that frequent it/and the shadow that comes when you expect dawn.


---
Foto: Ashbery, Kelly Writers House, 2002. The Daily Pennsylvanian

viernes, julio 25, 2008

Johan ashbery / Nuevas preocupaciones


Nuevas preocupaciones


Sulfuroso, el delantal de la señorita Hanratty flota
por encima del atardecer, augurando un frío extremo.
La ventaja de los huéspedes no socava
sus verdes días de arquero.

El viento dispersa por los cielos brotes de arvejas.
Todo es temblor, modestia, una espera por ser dicho.
Varios oradores impugnan a la vez
la veracidad de un arroyo tardío en agosto,
y todo lo que habría significado el mismo día
en otro año. A esta altura, los corredores habrán alcanzado
la frontera norte, sumergido la yema de los dedos
en la llama. Y, sí,

este es uno de esos momentos.

John Ashbery (Rochester, 1927). Where Shall I Wander (Por dónde vagaré), HarperCollins, Nueva York, 2005. Versión de Jorge Salvetti y Darío Rojo.


New Concerns
Sulfurous, Mrs. Hanratty's apron floats /above the sunset, auguring extreme cold. / The guests' advantage doesn't undermine/ their green goalie days. // Wind-driven pea shoots strew the skies./All is tremor, modesty, a waiting to be told. /Several speakers impugn at once /the veracity of a late brook in August, / and all it would have meant on the same day/ in another year. By now, runners will have reached/ the northern border, plunged fingertips/ in the flame. And, yes,// this one of those times.

John Ashbery
in conversation with John Tranter
New York City, 20 April 1985

---
Foto: John Ashbery, New York, noviembre de 1998. © John Tranter.