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martes, noviembre 05, 2024

Joaquín Giannuzzi / De "Principios de incertidumbre", 5



Atleta en la barra

El cerebro se oculta pero determina
trayectorias felinas de la masa
desplazando su centro
de gravedad, un péndulo tendido
en un campo elástico y aéreo.
Conteniendo el aliento
desde la oscuridad seguimos
la ceremonia cultural del cuerpo
concentrado en la luz,
a sí mismo librado,
como líneas de fuerza que ejecutan
una coreografía diseñada
siguiendo su estructura. Vemos
cómo alegres tensiones en los músculos
retienen energía
para tender el arco
y describir un círculo veloz
cuyo centro es la mano
y luego otro desde cada pie.
Hasta que el alto conjunto se desprende
del hierro, de su marco
de referencia y gira
sobre su eje horizontal y vuelve a tierra
en rápida parábola final.
Una ovación y cae como un gato.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004), "Principios de incertidumbre" (1980), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

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Imagen: Joaquín Giannuzzi en el programa de la televisión pública Los Siete Locos, c.2000

miércoles, julio 31, 2024

Joaquín Giannuzzi / De "Principios de incertidumbre", 4



La gravedad y la gracia

He aquí el mundo de la caída absoluta,
la hoja desprendida
que flota y oscila hasta posarse:
el suelo después de la gracia,
la bala que silbando en declinante
parábola, da en el blanco
y se desploma con el cuerpo.

Mis piernas pesaron mucho más este año;
los astronautas volvieron al planeta enloquecido
y desde muy abajo susurraron los muertos.
Tambaleando, me aferré entre los vivos, busqué
una especie de salvación a mi medida:
aquí un rostro amado, allí una mano tendida;
arranqué cabellos, ramas, dientes y alas
a partir de un cielo vacío donde una fe desconocida
ya se había disuelto.
En el descenso general me vi arrastrado;
pedí gracia
y pensé en Pedro, al revés colgado,
viendo caer este mundo hacia las estrellas.

Joaquín Giannnuzzi (Buenos Aies, 1924 - Salta, Argentina, 2024), "Principios de incertidumbre", 1980, Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015

Más poemas de Joaquín Giannuzzi en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: © Marcela Giannuzzi

domingo, enero 01, 2023

Joaquín Giannuzzi / Magnificat


Ven a mí, gloria del mundo
y ocupe tu música en mi corazón
el sitio que Dios ha abandonado.
No me dejes a solas
con mi balbuceo terrestre
soplando pequeñas palabras
a través de cuerdas insípidas
que solo cuentan conmigo para perdurar.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, Argentina, 2004), "Un arte callado"(2008), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

Nota del Ad.: Un arte callado reunió por primera vez los poemas no publicados en libro y los poemas póstumos de Joaquín Giannuzzi. La edición estuvo a cargo de Teresa Leonardi y Jorge Brega, que recopilaron los poemas, algunos de ellos manuscritos. La ordenación fue de Jorge Fondebrider y el prólogo de Leónidas Lamborghini.

domingo, diciembre 25, 2022

Joaquín Giannuzzi / De "Señales de una causa personal"



Lázaro

Los granos de trigo egipcio germinaron
después de cuatro mil años de sombra.
Esto puede parecer demasiado hermoso.
Pero si la energía de la vida
soñó largamente en medio de la muerte
unas pocas gotas de agua y de luz
bastan para que Lázaro mueva los párpados.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, Argentina, 2004), "Señales de una causa personal" (1977), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

jueves, septiembre 15, 2022

Joaquín Giannuzzi / Uvas rosadas




Este breve racimo
de uvas rosadas pertenece
a otro reino.
Yace, sobre mi mesa,
en la fría integridad de su peso terrestre
mientras yo permanezco silencioso
imposibilitado
de oponer mi vida a su carnal exuberancia.
Casi con horror admiro allí
la dura tensión del agua
hacia la piel mortal
como una realidad insoportable.
He aquí un remoto acontecer:
todo transcurre del otro lado, fuera
del rumor insensato
de la existencia humana.
Comprendo que hay un límite
cuyo paso en el tiempo
me está vedado
de modo que el puro conocimiento
sólo cabe en la mera travesura de la mente.
Más allá está la misma tierra
a la que regresamos como extraños;
en el racimo de uvas rosadas yace
la imagen de otro regreso
y este enigmático existir
dulcemente en el rosa
tiende a cumplir el ciclo
que comenzó, radiante, en el verde lejano.

Otros días transcurren
aquí, en otro espacio
que colmó la inutilidad
de una vida ocupada. Ajeno
a la región de las uvas permanece
mi estupor desalentado;
pero nunca la esperanza
tuvo mejor imagen que esto:
la travesía del límite
que da a lo secreto vendrá
de la misma costumbre de la luz
con que las uvas rosadas
van a entrar en la muerte.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, Argentina, 2004), "Nuestros días mortales" (1958), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

viernes, mayo 28, 2021

Joaquín Giannuzzi / De "Principios de incertidumbre", 3



Unidad lluviosa

Entre dos filas de álamos
la lluvia sobre la carretera gris
es una desolación personal en este valle
y la ley invencible que la aplasta
hacia los cerros boscosos
define mi secreta unidad con el paisaje.
El espacio lluvioso reúne lo distinto,
se adhiere a mí
y prueba la consistencia de su verde mojado
en mi ambulante presencia terrestre.
Ahora silba un zorzal entre las hojas:
confirma que la vida es una complicidad 
que también incluye la devastación
y porque estoy de pie
canta para integrar a todo lo que respira
este jadeo disociador al borde de la carretera.


El galgo

Vi la carrera de un galgo filmada en cámara lenta.
Era como soñarlo. El mecanismo del movimiento
diseñaba una coreografía
de ondulantes miembros articulados
para mínimos puntos de apoyo. Blanca
la estirada estructura moteada, sobre finas columnas
que extendían tensiones dilatadas
hasta límites regidos
por una pulsación aérea de velocidad.
Un foco de energía estallando hacia la gracia
de un orden sano bajo el sol,
mientras hacia atrás corrían
confusamente, nubes, árboles y vientos.
Y yo sentado
aplastado al planeta con excesiva grasa
y mi torpe universo dislocado.
Equivocado y discontinuo,
una distorsión oscura
que jadeaba ante el galgo, su decisiva claridad.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Campo Quijano, Salta, Argentina, 2004), "Principios de incertidumbre", 1980, Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

jueves, febrero 11, 2021

Joaquín Giannuzzi / Dos poemas
















E = mc²

Einstein abrió la ventana
hacia la noche clara de verano.
El universo era demasiado
aun para un hombre como él.
Qué difícil meterlo en el cerebro;
los delicados muros
del cráneo le rompía, estremeciendo 
los agudos, dramáticos finales
de los restantes huesos.
Extrañamente en ese andar había leyes,
pero la Ley era un escándalo secreto,
una remota lucidez
cuyo sentido estaba huyendo
desde cualquier lugar hacia ninguno.
Se reveló, no obstante,
por gracia de este hombre
que abría su ventana hacia la noche,
una posible síntesis terrestre:
cabía en cuatro cifras tan culpables
que hacían sospechosa la inasible
profundidad del cielo: la muerte
quedaba desde entonces liberada
como esencial finalidad del cosmos.

Contemporáneo del mundo, 1962


Cucaracha en el noveno 

Así que la señora repartió el 
     último whisky de la velada y un
escalofrío que ahogó hasta el sentido del
     humor abarcó el salón del noveno
     piso. Fue cuando apareció eso, la
     negra mancha infamante que recorrió la
alfombra regada por Dalí. El mundo se hizo de
     pronto surrealista o reveló una
fisura y un carcomido dintel y la
     náusea reemplazó al conocimiento.
Y fue visible otro reino cuando el
     negro escándalo vaciló en
mitad del campo humano y hubo una especie de
     reflexión y se detuvo y varió el rumbo y buscó un
destino más elemental y nocturno. Nadie halló el
     chiste adecuado y además Haendel estaba en su
momento más suntuoso. Y la señora resolvió el
     asqueroso enigma, su ascenso a las alturas por
generaciones a partir de un
     huevo original en el piso bajo. Así que llamó al
portero y anunció: hay
     algo sucio en el noveno.

Señales de una causa personal, 1977

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Campo Quijano, Salta, Argentina, 2004), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

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Foto: La Marea

sábado, agosto 22, 2020

Joaquín Giannuzzi / Tres poemas






















Desapariciones

Con aplicación desganada
perfeccioné un desorden a mi medida
en esta habitación, año tras año.
Ahora, lo único claro
es que me llamo fulano de tal
(pero cada vez menos).
Por buscar sin esperanza
(así terminan estas cosas)
no encuentro nada en ningún sitio
y de paso compruebo
lo vulnerable que puede ser un lápiz
antes de perderse. Me cansé
de recoger objetos
que pesaban como muertos. La materia
me es infiel. Y qué notable confusión
es capaz de lograr el mundo
en un cuarto pequeño. Dejo caer mi mano
y desaparece
como agua sorbida por la oscuridad.

Señales de una causa personal, 1977


Memoria de Dinu Lipatti 

Hoy recordé tus manos sobre el teclado
tan melodramáticas en su apariencia ondulante,
tan individuales frente a las múltiples certidumbres de Scarlatti
que desde entonces ninguna música fue concebible
sin esos movimientos que creabas
a partir de una sabia articulación
y la tregua que imponías
a la disolución de la materia accidental.

Principios de incertidumbre, 1980


Fábula

En la pálida pista de una rodilla
el aterrizaje instantáneo de una mosca:
magnífico el efecto visual
de ese rápido negro sobre blanco,
La mosca se frota las manos
y mide la consistencia de la luz
regocijados sus ojos ante la posibilidad
de dibujar un autorretrato que la sobreviva.
Pero un cosquilleo en la piel
estremece la rótula
y el terremoto espanta a la mosca.
La tela queda en blanco y a la espera
de otro artista dispuesto
a correr el riesgo que supone
el acto creativo
con su terror ante el desierto.

¿Hay alguien ahí?, 2003

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, Argentina, 2004), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

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lunes, enero 21, 2019

Joaquín Giannuzzi / De "Violín Obligado", 5

























Girando sobre el primero de enero

Este gemido de mis piernas girando
sobre sus goznes como el año irracional
es mi último argumento personal. Ya es tarde
para darle forma, convertirlo
en prosa rimada en medio del vasto deshonor.
Bajo un poco de luz privada,
escamoteando al mundo
la responsabilidad de mi rostro
cuento un resto de dinero solitario. Hasta aquí ha llegado
la única solución. Cada uno
ha rendido a la época su bocanada de sangre.
Desde allá afuera, alguna bala tardía
sigue buscando
una cabeza mal dormida en la oscuridad
para concluir la obra y borrar las ruinas
de un desastre ideológico.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, Argentina, 2004)


"Violín obligado" (1984),
Obra completa,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2014







Otra Iglesia Es Imposible - La Nación - Clarín - El Litoral - El Intra - Aromito - Eterna Cadencia - De Sibilas y Pitias - Portal de Salta 
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Foto: Portal de Salta

domingo, diciembre 21, 2014

Joaquín Giannuzzi / Este tipo
















Estoy sentado en el umbral de mi casa.
Miro pasar la gente, los autos, el país en este verano del 71
mientras me rasco los sobacos
mientras no me decido a salir a escena
renuncio a practicar un destino.
Mis bostezos son sorprendentes aun para esta época.
Soy un tipo que fuma, que se hurga los dientes,
que conoce el engaño mil veces aceptado.
Un tipo que está allí, simplemente,
mirando con estilo de perro,
sin poder elegir, con el conocimiento inerte
para toda causa que vaya más allá de la noche próxima.
Pero usted debe suponer que vale tanto como cualquier otro
si ahora hay héroes que están muriendo
para que este tipo viva realmente

(La Opinión Cultural, 13 de mayo de 1973)

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), "Poemas no recogidos en libro", Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014

miércoles, octubre 02, 2013

Joaquín Giannuzzi / De "Violín obligado", 4

Tres fotografías en el pasado

I

Había un movimiento azul a nuestras espaldas.
Mutaciones del agua regidas por un sol mamífero.
¡Tan racional y político sobre nuestras cabezas!
La abundante consolidación del cielo,
hace muchos años de esto,
cuando el mañana contenía su propio significado.
Es un mediodía de diciembre
paralizado en la arena con una fe
que no puedo imaginar. La época
es una permanencia en el horizonte, encerrando
un mundo definido por rostros enteros
como estos. En ninguna parte se advierten latidos
del próximo golpe de estado.

II

Ningún sufrimiento estable en la imagen.
El instante no es decisivo. Somos
una familia de comediantes instantáneos
que la muerte mira por un rápido agujero
y aplaza su tarea accidental. Hay una calle
donde la luz se aleja. Parece domingo entre los árboles.
He aquí la apariencia momentánea de la experiencia
en una tarde personal y única
a punto de perderse en la sombra universal.

III

Qué fácil parece estar vivo. Aquí
un grupo de amigos en un mundo
de leyes confusas. Pero el presente
es inviolable en el jardín. Las cosas felices
moteadas de sol en la apacible sombra.
Nuestros ojos miran lo que no sabemos: signos
de degradación,
un residuo de historia nacional
a nuestros pies oscuros, bajo la mesa
donde hemos bebido. Muy pronto
nada de esto tendrá explicación. Una especie
de desolación se insinúa
en torno a la cabeza de alguien que está allí
reclamado por el agua negra
que invade la escena desde el fondo:
una cabeza de desaparecido.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004), Violín obligado, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984

miércoles, octubre 10, 2012

Joaquín Giannuzzi / De "Violín obligado", 3




Violín obligado


                              Obligado - Mús. Un obligado de tenor, trompa, violín, 
                              clarinete, etc., se entiende un pasaje destinado 
                              expresamente a tal voz o a tales instrumentos 
                              y que ninguno otro dice (Enciclopedia Espasa. V. 39). 



En tu cerebro harapiento entró Mozart:
una ética absoluta, fresco y antiguo.
Cuántas cosas desde el mundo lo ocupaban,
pesadas. Puertas, caminos,
y montañas de polvo que reclamaban
un orden para un significado.
Pero el violín circuló
y todas las desesperaciones lo seguían
en círculos, como perros que no alcanzan
el tema central, la intensidad secreta,
el solo de Mozart en su cielo obligado.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), Violín obligado, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984
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Ilustración: Violon et cruche, 1910, Georges Braque

domingo, diciembre 25, 2011

Joaquín Giannuzzi / De "Principios de incertidumbre", 2



Mi hija contempla mi perfil

Teóricamente libre, en el presente,
mi cabeza giró, de condenado,
congelando el perfil ante sus ojos.
Ella miró profundamente azul
para fijar la imagen, despojarla
de sombrías y próximas mudanzas.
¿Qué consistencia merece, en tu memoria,
la lluviosa arquitectura
de mi rastro? Esto
desaparecerá porque acumulas
días y espacios que vienen a negarme.
Y habrá abundante mundo,
habrá espacio, sol e historia suficiente
para precipitar al fondo,
despedir de tus ojos ocupados
esta existencia en bruto, su difícil
respiración al borde de la mesa.

La abuela

Mi recuerdo principal sigue en su mano.
Su mano
que alguna vez en el siglo pasado
fue melodramática y carnal,
y que pasó del mar directamente a la cocina
para encender el fuego y convertirse
en vanguardia inteligente
de una conciencia de lo justo; cargando
con las trifulcas y disgustos de la familia,
arropando a los que dormían inquietos en invierno,
desafiando el luto
con la aceptación de todo lo que sucede,
sabiendo que lo torcido y lo derecho
terminan por enfilar en un solo rumbo.
Su mano,
respiración y poder articulados
entre objetos sabiamente sometidos,
y yo, que llegué cuando cerraba por última vez el horno,
para decirle que nada hay más hermoso que un huevo
ni más vivo que una mano de abuela en la cocina.

Mi hija se viste y sale

El perfume nocturno instala su cuerpo
en una segunda perfección de lo natural.
Por la gracia de su vida
la noche comienza azul y el cuarto iluminado
es una palpitación de joven felino.
Ahora se pone el vestido
con una fe que no puedo imaginar
y un susurro de seda la recorre hasta los pies.
Entonces gira
sobre el eje del espejo, sometida
a la contemplación de un presente absoluto.
El instante se desplaza hacia otro,
un dulce desorden se inmoviliza en torno
hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse
anuncia que todas mis opciones están resueltas.
Ella sale del cuarto, ingresa
a una víspera de música incesante
y todo lo que yo no soy la acompaña.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), Principios de incertidumbre, Ediciones O.B.H., Buenos Aires, 1980
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Ilustración: Estudio para un autorretrato, 1982, Francis Bacon

domingo, febrero 28, 2010

Joaquín Giannuzzi / De "Violín obligado"





















Teólogo en la ventana

Este cerrado dolor de cabeza
causado por la presión del mundo visible
reclama un significado.
Pero la visión de la calle desde mi ventana
solo ofrece alternativas a una apariencia dislocada
hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos
y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma.
¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?
No esta especie de traición a lo largo del pavimento,
la naturaleza criminal que revelan los automóviles,
el taciturno rumor de los objetos manufacturados,
la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,
los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta.
¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?
La divinidad está aquí por delegación sombría.
Hay un millón de ventanas y cada una padece
su teólogo fracasado ante la única realidad posible
con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), Violín obligado, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984
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Ilustración: El fumador, 1913, Juan Gris

Joaquín Giannuzzi, violín


de archivo


VIOLIN OBLIGADO,
De JOAQUIN GIANNUZZI.
Libros de Tierra Firme,
Buenos Aires, 1984

“Hay un millón de ventanas y cada una padece/ su teólogo fracasado ante la única realidad posible”.
En estos dos versos del poeta Joaquín Giannuzzi se cifran algunas claves para una posible interpretación de una obra que creció verdaderamente sin estridencias, no ya ante el público sino en el propio ambiente literario porteño, donde las glorias no serán masivas, pero son.
Hombre frente a una ventana, hombre asomado a la “única realidad posible”. “Teólogo fracasado”. Una imagen y, a la vez, un epíteto. Es sospechable que un hombre frente a una ventana sea un teólogo fracasado. Giannuzzi, no obstante, lo subraya. Es que estos versos, se lo haya propuesto o no, funcionan como una poética. Pero, además, son “millones de ventanas” y cada una “padece” este tipo de observador. Con lo cual, la poesía de Giannuzzi ingresa en la historia.
Giannuzzi ha publicado –con éste- seis libros de poesías. Cada uno de ellos da testimonio, desde su título, de la misma sed de absoluto –un absoluto que debe refrendarse en la realidad cotidiana- y de las mismas incertidumbres: Nuestros días mortales (que fue publicado por Sur en 1958), Contemporáneo del mundo (1963), Las condiciones de la época (1968), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1981) y Violín obligado, que aunque parezca no alude de entrada al lirismo obligado, sino a esa porción del concierto que corre por cuenta exclusiva de un solo instrumento. Ese tramo que solo un instrumento –y ningún otro- puede ejecutar.
De esto se trata: el sentimiento ético que inspira la poesía de Joaquín Giannuzzi es existencial. Solo, en tanto nadie puede acompañarlo hasta más allá de la muerte, el hombre se define por todo aquello que dice a la luz de la muerte.
Entonces, el violín que ejecuta esa parte única y exclusiva se vale nada más que de su música y la de ningún otro. Que Giannuzzi haya elegido el violín, que su libro no se haya llamado “Saxo obligado” o “Fagot obligado” también habla de algo. Por supuesto, el violín es un instrumento con enorme prestigio lírico, es casi el instrumento por excelencia, en tanto se entienda –por metonimia obligada- el instrumento como música y ésta, a la vez, por otra obligada metonimia, como el arte por excelencia. Y al arte como belleza pura y así.
Pero la época, incesantemente mencionada por Giannuzzi, es el límite. Allí es donde está el caos, la imposibilidad de que sea uno realmente único e irrepetible. De allí la ventana como lugar recurrente que serviría para revelar gran parte de la significación de la poesía de Giannuzzi. Lugar por excelencia donde comercian el adentro tenso y el exterior abrumado.
Pero desde luego la poesía no se agota en el campo de la significación. Nunca fue un juego malabar, un código descrifrable: no se trata de que las interpretaciones alumbren un derrotero que deliberadamente elude una decodificación precisa. La poesía, en ese caso, no serviría realmente para nada. La aventura está en la lengua misma, en el uso de la lengua y, tratándose de Giannuzzi, en el hábil desplazamiento que permite convertir una realidad concreta, sensorialmente plena e inconfundible, en una abstracción intelectual que, sin embargo, no pierde el sabor –la atmósfera- de la anécdota, llámese hombre de la ventana, hombre deambulando por el jardín, “poeta enroscado en su silla”.
De allí las dalias “inclinadas hacia este oscuro planeta” o este poeta que dice: “Pongo mi amarga cabeza a circular por el jardín./ Busco un rumor terrenal/ a un costado de la escritura consciente”. Estos juegos en los que se complace Joaquín Giannuzzi –el traslado de una significación realista al plano de la especulación- son el sitio de la belleza, único y fugaz.
Un enrarecido aliento sobre la profundidad de la existencia recorre esta poesía, pero se da –como debe ser, tratándose justamente de poesía- en el trabajo sutil con las palabras.
La eternidad no está, y es su busca la que define a este poeta de cabo a rabo, desde su soporte narrativo hasta la instrumentación misma de las palabras. Pide piedad para nosotros ese “hombre confeso, diluido, cardíaco/ esperando justicia con agua muerta en las arterias”.
Pero con él se llega a uno de los más altos logros de la poesía argentina contemporánea. Poesía trágica, poesía urbana, poesía donde la cuestión personal dialoga definitiva –e infinitamente- con el tiempo sin salida.

Jorge Aulicino

Clarín Cultura y Nación, 13 de diciembre de 1984

sábado, septiembre 12, 2009

Joaquín Giannuzzi / De "Principios de incertidumbre"














Crimen perfecto

En mis fantasías nocturnas
un cisne blanco
es perpetuamente degollado
por un solo de hacha, exacto.
La operación es pulcra y esquemática,
un modelo de silencio
e instantánea guillotina horizontal
que corta el cuello idealmente
en mitad de la curva inferior.
El agua está inmóvil; el cisne
indiferente al jadeo inmediato del asesino.
Partido en dos, se disuelve fríamente
como un puñado de nieve, sin rastros
de muerte individual,
Ni una sola gota de sangre mancha el sueño
y es la ruptura del despertar
lo que me convierte en destructor especulativo
impune y vestido de correcto azul.


Alto pájaro cazado

Uno solo entre los perdigones instantáneos
inundó su blanco cerebro aéreo.
El plumaje se concentró, aspirando
una oscuridad artificial bajo las alas.
Una brusca asfixia
en la línea de vuelo determinó
esta caída libre fuera de la existencia
y del espacio injustificado.
Pero antes hubo el rastro azul
de una resolución
que la cacería quebró
en la plenitud de su parábola.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), "Principios de incertidumbre", 1980, Poesía completa, edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Biblioteca Sibila-Fundación BBVA, Sevilla, 2009
---
Ilustración: Miquel Barceló, sin título. Acrílico sobre papel con plumas de ave y piedra de azufre en una caja de madera, 1978

domingo, mayo 03, 2009

Joaquín Giannuzzi / Dos poemas






















Amantes en la noche

Nos amamos y apagamos el televisor
como negando la realidad. Pero el mundo
insiste en sus convicciones o las busca
por motivos que ignoramos o acaso
porque el crimen debe seguir su curso.
Desde afuera, sus figuras insomnes
presionan contra las paredes que nos refugian.
Se encarnan en el viento, aullidos
de neumáticos y en las inmediaciones
de todas las cosas, tiroteos
que no resuelven la discordia general.
Ahora acumula hojas secas
al pie de las ventanas y desliza
una carta de origen desconocido
por debajo de la puerta.
Pero florecemos desnudos en medio de la noche
donde el amor decide por su propia voluntad
y por él sabemos cómo hacer de la historia
un rumoroso escándalo que no nos concierne.


Libélula

Aquí, en el único mundo posible,
sin disponer de otra luz
y agonizando por ella, combatí
para no caer en mi cono de sombra
buscando incesante
una ventana hacia el sentido.
Esta libélula, con sus hélices
desesperadas, entró por error
en la habitación y ahora
se debate contra el vidrio
para colmar su cruda necesidad de sol.
Allá espera su única mañana posible
en la que sin embargo sonará
como el real zumbido de una vida interminable.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), "Apuestas en lo oscuro" (2000), Obra poética, Editorial Emecé, Buenos Aires, 2000
---
Ilustración: Muchacha en  la ventana, Salvador Dalí, 1925 Museo Reina Sofía, Madrid

Ver también: Antología Breve de Poesía Argentina

sábado, agosto 16, 2008

Joaquín Giannuzzi / Tres poemas


Desde la ventana del bar

Desde la ventana del bar
contemplaba la calle
hirviendo hasta el cuello de personas
casadas y solteras, automóviles, hojas secas, viento,
objetos sin número ni definición precisa.
Sentí la existencia en fermentación
cuando concebí entonces
una noción de Dios,
simplificada, ambiciosa, provisoria:
Dios era todo lo que veía,
un sistema, un principio absoluto de no vacío.
Y de pronto maldije:
oh, al demonio con este piojo
este Santo Tomás en zapatillas
bebiendo un líquido descafeinado y sin azúcar.

Aquí el error

La escarcha bajo el vidrio de la ventana
se acumula formando una especie de cordillera.
Sin saber por qué, estoy seguro
que no la esculpe el azar
sino la ley del viento invernal: otro secreto
de la naturaleza
cuyo único error es mi propia existencia

Ni ángel ni rebelde *

No arriesgó nada
no practicó la irreverencia
no mordió el sexo del paraíso
no padeció la pesadilla de vivir
no aulló por falta de demonios en el vientre
no enturbió el agua de ninguna academia
no gozó la locura de la realidad
no destruyó su propia fisiología
no reveló lo insensato de la sensatez
no orinó ni escupió ni eyaculó fuera de foco
no hizo de la palabra la enemiga total
no metió ningún dedo en la llaga
de ninguna cosa hizo destino
no tuvo miedo de sí mismo
no metió mundo ni absoluto en sus venas
no arrulló entre sus brazos una bomba ni siquiera pacífica
no tuvo pensamiento ni ademanes ni colores militantes
no se encamó con el monstruo de sí mismo
no hizo del vacío una utopía
no amó ni para nacer ni para morir
no telefoneó al otro mundo, no arrojó
bocanadas de sangre sobre el orden y el lenguaje.
Fue correcto adecuado municipal y obvio
o sea una buena persona en el peor sentido de la palabra.

* En relación con este poema, cf. Dante Alighieri, la Divina Comedia, Inf. Canto III: Ed elli a me: "Questo misero modo /tengon l’anime triste di coloro / che viser sanza infamia e sanza lodo. / Mischiati sono a quel cattivo coro/ delli angeli che non furon ribelli / nè fur fideli a Dio, ma per sè foro. (Nota del Administrador).

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004), Un arte callado*, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008

* Reúne sus poemas no incluidos en ningún libro y sus poemas póstumos. La edición es debida a Teresa Leonardi y Jorge Brega, que recopilaron los poemas, algunos de ellos manuscritos. La ordenación es de Jorge Fondebrider. El prólogo, de Leónidas Lamborghini.
---
Foto de Alejandra López

sábado, diciembre 22, 2007

Antología Votada de la Poesía Argentina, primeros resultados

La antología se compone por ahora así (en orden de llegada):



"Tornasolando el flanco...", de Enrique Banchs

"Revelaciones", de Alejandra Pizarnik

"Lluvia" y "Escrito sobre una mesa de Montparnasse", de Raúl González Tuñón

"Hay cadáveres", de Néstor Perlongher

"Alta marea", de Enrique Molina

"La pura verdad", de Francisco Urondo

Un poema no definido de Rafael Obligado que yace en pedazos en la memoria de Natalia Zacarías

"The heartache and the thousand natural shocks", de Juan Gelman

"Desde la terraza", de Alberto Girri

"Hablen, tienen tres minutos", de Julio Cortázar

"El Gualeguay", de Juan L. Ortiz

"Perplejidades al amanecer", de Joaquín Giannuzzi

"La Gran Salina", de Ricardo Zelarayán

viernes, diciembre 21, 2007

La votación para la Antología Relámpago de la poesía argentina va por ahora así


"The heartache and the thousand natural shocks", de Juan Gelman

"Desde la terraza", de Alberto Girri

"Tornasolando el flanco...", de Enrique Banchs

"Revelaciones", de Alejandra Pizarnik

"Lluvia" y "Escrito sobre una mesa de Montparnasse", de Raúl González Tuñón

"Hay cadáveres", de Néstor Perlongher

"Alta marea", de Enrique Molina

"La pura verdad", de Francisco Urondo

"El Gualeguay", de Juan L. Ortiz

"Hablen, tienen tres minutos", de Julio Cortázar

Un poema no definido de Rafael Obligado que yace en pedazos en la memoria de Natalia Zacarías