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sábado, octubre 03, 2020

Jaime Sáenz / De "Recorrer esta distancia"





















XI

   Una distancia recorrida, una ciudad deshabitada. En una 
ciudad perdida,
   una ciudad habitada - nunca hubo tiempo.
   El reflejo de la lluvia, una lluvia.
   Un saludo, una seña - te saludan y se van.
   Una música escuchada, un olvido - un olvido y no sé qué,
   un trance de inconsciencia,
   un olor,
   una mirada
   - qué recuerdo no se hunde, qué recuerdo no refluye.
   Y eso es todo.
   Nada ni nadie se queda; es uno mismo.
   Todo se queda con uno, y nada se queda
   - la substancia, la tierra. Lo que no se toca, lo que se toca,
   lo que no hay,
   todo es y se queda,
   Lo que ha sido, lo que es, lo que ha de ser, no hay tiempo
   - no hay nada - todo es.


                 No te duelas
                 - no te duelas nada.
                Nunca hubo un tiempo; nunca ha sido nada; el
      humano todo lo tiene
                 - cosa grave es la esperanza.
                 Decir adiós y volverse adiós,
                 es lo que cabe.

[1973]

Jaime Sáenz (La Paz, 1921-1986), "Recorrer esta distancia", Recorrer esta distancia. Bruckner. Las tinieblas, Carlos Cociña ed., Ediciones Intemperie, Santiago de Chile, 1996

Otra Iglesia Es Imposible - Jaime Sáenz - Ediciones IntemperieBuenos Aires Poetry - Ginebra MagnoliaBolivia Com - Poemas del Alma - Inmediaciones - Eterna Cadencia - El Boomerang - Plaza Catorce - Dos Disparos -Correo del Sur - Poetry Society of America

Foto: Jaime Sáenz

miércoles, junio 12, 2019

Jaime Sáenz / De "Las tinieblas"

 

















4.

   La oscuridad es menos pesada que el aire; el aire es más pesado que la transparencia.
   En la sequedad se encuentra el secreto de las tinieblas; en la falta de agua.
   - en la inmovilidad del movimiento;
   en la falta de espacio - pues en la misma medida en que la amplitud crece, el espacio decrece.
   Así se explica que el hombre, para avanzar cuatro pasos en las tinieblas, debe caminar durante muchos años;
   pues un día de tinieblas, vale más que mil años de transparencia.
   Por eso los hombres amantes del alba, los hombres afectos a la alegría,
   comen de todo y no saben nada.
   Prematuramente se les arruga la cara, y se les achica los ojos;
   cambian y vuelven a cambiar de la noche a la mañana; y cuando resplandecen de alegría,
   hacen un gesto.
   Por eso los que aman las flores, los que aman la jardinería, los que aman el espectáculo ameno de la naturaleza en general,
   carecen de fuerza y no tienen idea de la energía, se vuelven locos y no saben qué hacer,
   y, como son incapaces de dominar el dolor,
   en realidad no aman por amar sino porque tienen miedo,
   cuando creen amar al mundo y cuando no lo aman en absoluto,
   y cuando el mundo no los ama y los rechaza y no quiere ni mirarlos.

   5.

   Por eso los hombres afectos a las tinieblas, los hombres que a nadie aman,
   son los que aman.
   Y por eso no aman al mundo; por lo mismo que lo aman
   - pues no lo aman.
   La apariencia del mundo les infunde recelo.
   Sólo viven para mirar la imagen desnuda del mundo.
   Con el ojo puesto en los pedruscos - con el ojo puesto en la sustancia de los pedruscos.
   Con el oído atento al fragor del polvo que se calcina - con el oído atento al fragor de la tierra que se consume
   - estos hombres secos, flacos, callados, en mucha parte, son los causantes de muchas cosas
   El mundo que se destruye quién sabe cómo, por inmisericordes fuerzas que vienen no sé de dónde;
   y los esfuerzos del hombre obstinado, que vanamente se empeña en recoger los escombros
   - eso les interesa.
   Las tormentas, los terremotos, las epidemias - y por eso están aquí.
   El socavamiento de ciudades y murallas, de grandes obras y de colosales trabajos,
   por ejércitos de hormigas que se cuentan como arenas en el mar.
   las víboras, los alacranes y los moscardones que infestan la faz de la tierra, siempre amenazada por espesos miasmas
   - un mundo despiadado, invisible y temible,
   que no cejará hasta no haber aniquilado al género humano
   - eso les interesa a los hombres amantes de las tinieblas;
   los frutos silvestres que, asumiendo hermosa apariencia, atraen al hombre ávido y lo matan;
   las trampas mortales que el mundo, en lo oculto, utiliza para atrapar al hombre.
   Las hambrunas y los maleficios y las calamidades.
   Los azotes y los flagelos que hacen despertar al hombre.
   Eso les interesa, y por eso están aquí.

Jaime Sáenz (La Paz, 1921-1986), "Las tinieblas", Recorrer esta distancia. Bruckner. Las tinieblas, Carlos Cociña ed., Ediciones Intemperie, Santiago de Chile, 1996

Ref.:
Ediciones Intemperie
Poetas del Fin del Mundo
Buenos Aires Poetry
Bolivia Com
Eterna Cadencia
Poemas del Alma
Página 7
El Boomerang

Foto: Jaime Sáenz a mediados de los 70 Alfonso Gumucio Dagrón/La Razón

miércoles, septiembre 10, 2008

Gran distancia

Recorrer esta distancia

(fragmento)

Estoy separado de mí por la distancia en que yo me encuentro;
el muerto está separado de la muerte por una gran distancia.
Pienso recorrer esta distancia descansando en algún lugar.
De espaldas en la morada del deseo,
sin moverme de mi sitio – frente a la puerta cerrada,
con una luz de invierno a mi lado.
En los rincones de mi cuarto, en los alrededores de la silla.
Con la indecisa memoria que se desprende del vacío
- en la superficie del tumbado,
el muerto deberá comunicarse con la muerte.
Contemplando los huesos sobre la tabla,
contando las oscuridades con mis dedos a partir de ti.
Mirando que se estén las cosas, yo deseo.
Y me encuentro recorriendo una gran distancia.

Jaime Sáenz (La Paz, 1921-1986), en bolivia web