Mostrando las entradas con la etiqueta Jacobo Fijman. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jacobo Fijman. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 30, 2019

Jacobo Fijman / Canción del mar


Cuántos sueños profundos
queremos en el mar
con sus nombres de estrellas,
de estrellas y de mar
con sus tardes ausentes
de estrellas y de mar.
Cuántos sueños profundos
queremos en el mar.

Balarán las ovejas
los vestigios celestes;
y mudarán las lluvias
en las tardes de mar
en los sueños profundos
con sus nombres de estrellas,
de estrellas y de mar.

[entre 1952 y 1962]

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, actual Moldavia, 1898-Buenos Aires, 1970)


Libro de la cantiga de pasión,
Editorial Duino,
Buenos Aires, 2019










De la "Presentación" de María Teresa Dondo:

"Después de muchos años se hace realidad la edición del Libro de la cántiga de pasión de Jacobo Fijman. Los originales se los había confiado a mi padre, Osvaldo Horacio Dondo, poco tiempo antes de su muerte en noviembre de 1962 y desde entonces los conservamos en la familia.
(...)
"Se habían conocido en los años 30 en ese grupo activo de jóvenes de los Cursos de Cultura Católica, aquellos a los que Borges alguna vez llamó 'los católicos de la calle Alsina', quienes dejaron una impronta interesante en la historia de la Iglesia argentina y también en la literatura con obras fundamentales como Adán Buenosayres de Marechal, las jitanjáforas de Anzoátegui o los poemas de Bernárdez, por nombrar sólo algunas. Fijman fue parte de ese grupo y es personaje central de Adán Buenosayres, además de haber sido colaborador de las revistas Criterio y Número."

Ref.:
Editorial Duino
Ediciones del Dock
El Sigma
El Territorio
Clarín
Los Libros Muerden
El Ortiba
Poemas del Alma
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: El Ortiba s/d

jueves, mayo 26, 2016

Jacobo Fijman / Dos poemas














Álamo de Castilla

La ciudad de Toledo:
Desamparo de torres
Y cenizas de águilas vencidas,
De cuya soledad,
Antiguo olvido de dolor
Y quebranto de nubes,
Con el uno y el otro, teniéndose en la gloria
De una misma muerte;
Y tú que ves el álamo tanto ves al Quijote,
Y menester de lanza,
Y siendo en los cipreses ya te cubres de llanto,
Tú, ciudad de Toledo
Para recordar,
Álamo negro de pasión y muerte.


Copla trascendente, o divina relación para tórculos de Castilla la Vieja

Con leyenda dorada
Andan por libros viejos, de quien la rancia gloria,
Las armas y varones,
La agudeza rompiendo las murallas,
Muy en orden las letras, y la paz, y la muerte,
Las gentes y las lenguas, la cristiandad perfecta,
Los hierros y marfiles, retablos y ciudades,
Binas y primaveras, ser de campos, de estrellas:
El trigo, la cebada, y la paz, y la muerte.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Poemas no reunidos en libro", Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

domingo, junio 15, 2014

Jacobo Fijman / De "Molino rojo", 3













Tarde violeta

  Cae de bruces un silencio frío
en el ocio violeta de la tarde.
¡Perplejas añoranzas!

  Se tuercen las paredes de mi estancia.
Ronronean las luces como gatos.
  El caserío soñoliento
engrisa las campanas.

  El viento tiene los pies desnudos.

  Se ensordece la tarde
arrastrándose, lentamente.

  ¡Perplejas añoranzas!

De reojo me miran los sarcasmos.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Molino rojo", 1926, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

sábado, junio 14, 2014

Jacobo Fijman / De "Molino rojo", 2










Aldea

  Mi blanca soledad -
aldea abandonada.

   Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.

  Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.

  Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.

  Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.

  En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.

  Perdí mi itinerario en el desierto.

  ¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!

  En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.

  Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos contemplativas
que van perdiendo soles...

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Molino rojo", 1926, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

viernes, junio 13, 2014

Jacobo Fijman / De "Molino rojo"










Canto del cisne

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Molino rojo", 1926, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

domingo, enero 27, 2013

De archivo / El caso Jacobo Fijman

El episodio Jacobo Fijman (Uriff, 1898-Buenos Aires, 1970) se basa, esencialmente, en Sherlock Holmes opuesto a Dostoievsky. En la obra de Fijman no hubo nunca densidad psicológica en desmedro de una lógica emocional; ésta, con el tiempo, encontró sus fundamentos en la patrística cristiana. El episodio Fijman, uno de los más ricos de la literatura argentina, fue oscurecido por el hecho de que permaneció 28 años en el hospital psiquiátrico de Buenos Aires, se lo sometió a electroshocks y, antes de eso, fue un irregular del periodismo y músico ambulante que vivió con menos de lo necesario. De este modo, hubo argumentos para considerarlo fuera del canon. Pero esa lectura anti canónica había ya construido un canon, el cual excluía a Enrique Banchs o Ricardo Molinari, cuyas escrituras estuvieron más cerca de la de Fijman que las de Oliverio Girondo –su compañero del grupo de Florida– o Alejandra Pizarnik, las grandes figuras del canon no canónico.  

Aquel anti canon, construido más a través de las biografías y las ideas que de las obras, excluye de la historia el hecho de que, en los últimos años de su vida, Fijman se reveló ante Vicente Zito Lema, cuando éste lo entrevistó en el hospicio, como un converso convencido, de entrabado discurso católico, que consideraba satánico el camino estético del Conde de Lautremont, al que admiraba, y despreciaba a Antonin Artaud, con el que vanamente se le puede buscar otra afinidad que no sea la de que ambos padecieron, o les fueron diagnosticados, severos trastornos mentales. Zito Lema encontró asimismo un Fijman que no se quejaba de su vida en el hospital, que comprendía el trabajo de los médicos y enfermeras sin arrogarse "la facultad de perdonarlos", aunque se creía santo. Zito Lema reflejó honestamente a este Fijman en las entrevistas que publicó a partir de 1969, y acorde con la persistencia de la idea sobre el supuesto martirologio de Fijman cada vez que se debe recurrir a nuestros malditos, honestos lectores y críticos han dicho de paso, o han creído definir con ello, que el poeta del hospital Borda fue un excluido, otro “suicidado por la sociedad”, como Artaud escribió sobre Vincent Van Gogh.

Los medios han sido casi siempre escarnecidos en cuanto al ocultamiento del anti canon. Sin embargo, en el caso Fijman no hubo realmente exclusión por parte de los medios ni de la historia de la literatura, ni de los militantes de los grupos literarios. Hubo un cierto eclipse de Fijman hasta que lo recuperaron los surrealistas tardíos, especialmente Aldo Pellegrini, y las revistas de los sesenta Primera Plana, Panorama y Gente, precedidas por una nota de Clarín en 1954 (a doce años de su internación) y diversos artículos que publicaron, entre otros, Jacobo Bajarlía y Lysandro Galtier. Ficcionalmente lo había rescatado Leopoldo Marechal como el filósofo Samuel Tesler en Adán Buenosayres (1948). Abelardo Castillo lo convirtió en el Jacobo Fiksler (“el viejo poeta, el hombre en pedazos, el casi mitológico demente”) de El que tiene sed (1985).

La senda de los manuscritos que Fijman tendía a sus visitantes en el hospital se ha definitivamente extraviado. Después de sus tres libros –Molino rojo (1926), Hecho de estampas (1930) y Estrella de la mañana (1931)–, naufragó el proyecto de editar sus obras completas, aunque se lo intentó (Ediciones del Dock, 2005, con la colaboración activa de Daniel Calmels). La aparición de Romance del vértigo perfecto, que incluye varios poemas datados en 1957 y 1958 y facsimilares de los textos, además de dibujos de Fijman, abre de nuevo el desconcierto: ¿cuánto escribió Fijman en su internación, entre 1942 y 1970?, sin contar los poemas que pudo haber escrito antes, desde 1931 en que publicó Estrella de la mañana. El editor de Romance del vértigo perfecto, el librero Fernando Gioia, lo ignora. Pero no se hizo demasiadas preguntas. El hallazgo de los manuscritos, en manos de una persona que no es coleccionista, le significó una obsesión. Compró los manuscritos por una cantidad de dinero que pudo pagar en cuotas (“a lo largo de un par de años”) y los publicó como si se tratara de un nuevo libro. No hay en rigor nada que impida suponer que lo era, o que era parte de uno: existe el indicio de que al menos algunas de las hojas del mismo fajo están en manos de un librero anticuario. Gioia fue discretísimo. No explica nada de esto en la edición, pues, dice, el libro tenía que aparecer como un libro de autor. Por cierto, produce un efecto sobrenatural. “Estas composiciones, como otras cada tanto encontradas de Fijman, dejan vislumbrar una cantidad indefinible de poemas, los que tal vez nunca se hallen y se libren a nuestra experiencia”, por su parte señala en el prólogo Roberto Cignoni.

Romance del vértigo perfecto (supongamos que Fijman aprobó el título en el más allá) confirmaría que el autor de Molino rojo estaba practicando una poesía en la que intentaba ya que el verbo cantase de nuevo en la nada. Con un conocimiento muy sutil de la lengua que aprendió al llegar de chico desde Besarabia, se mueve en el borde del arcaísmo formal y léxico y la invención, con particular concentración en la imagen del desierto: “Canción con algo de canción y soledad y yermo”, título de uno de los poemas publicados en Romance del vértigo perfecto, podría ser el de esta colección que asimismo se puede considerar un canto, o los preludios de un canto. Uno se imagina al violinista Fijman ensayando dos y tres veces un comienzo para algo que no será sino vacío: “las plantas más sonoras del abismo profundo / golpean a la lumbre más pálida del mundo”, dice en el poema “Arsis y tésis” (de la música precisamente: ascenso y descenso), colocado penúltimo. Con el último poema de este volumen, “Hipnófoba” (del miedo a dormir), Fijman gira y vuelve a su otro registro, la imagen visual, la estampa –”La lluvia atencionada /sacudía a las pálidas ovejas”–, y el uso arcaico deviene surrealístico.

En el reportaje a Fijman que en 1969 publicó en la revista Talismán, después de dos preguntas insólitas (“¿Hay equilibrio entre su poesía y al que le cortan la lengua por no mentir?” y “¿Qué valor le asiste a un asesinato?”), Zito Lema lo interroga directamente sobre el significado de los títulos de sus tres libros. Esta es la respuesta: “Molino rojo recuerda la demencia, el vértigo. Yo buscaba un título para esa obra que significara mis estados y reparé en un molinito viejo que tenía en la cocina. De color rojo. Para moler pimienta. Y vi en ese objeto todo lo que mi poesía quería expresar. Estrella de la mañana, en cambio, se refiere a los estados místicos que yo había adquirido en esos años. Ya había sido bautizado, convirtiéndome a la religión católica, y quise expresar con ese título la encarnación de la verdad. En cuanto a Hecho de estampas, yo trataba de volver a la filosofía escolástica. Y volver fundamentalmente a Aristóteles. Y en una visita al museo del Louvre quedé impresionado por los maestros clásicos, por su pintura religiosa. Cuando luego vi unas estampas de esos cuadros religiosos, las asocié a mis poemas. De ahí Hecho de estampas.” Molino rojo -
dirá luego- atrae a anarquistas y socialistas por el color. En cuanto a lo que “quería expresar”, era que la sociedad se adentraba en la demencia. Y no podría verse aquí la clásica respuesta del demente –los dementes son ustedes– si uno repara en el punto de partida, en la cita más o menos disimulada de Dante Alighieri en el primer verso del primer poema de esta colección: “Demencia: / el camino más alto y más desierto”. [Cuando se decide a viajar al Hades con Virgilio, al final del segundo Canto del Infierno, dice Dante: “…e poi che mosso fue, / intrai per lo cammino alto e silvestro”:  y cuando hubo andado, / entré por el camino agreste y elevado.]. Los períodos de lucidez sobre su propio mal suelen atormentar a los dementes. Está claro que no fue así para Fijman, quien se propuso acompañar la demencia del mundo, en sus largos momentos de decisión consciente, del mismo modo en que Dante quiso, tras su vacilación, atravesar la condena de los otros. Fijman se dio a trabajar el verbo, como decía, no para cubrir el vacío, sino para armarlo. Aquel vacío sería a la vez su infierno, su purgatorio y su cielo: la carnal presencia del desierto en Molino rojo y la subida a través de imágenes de Hecho de estampasEstrella de la mañana, que como “estado místico” queda en el medio de los otros en su propia enumeración, aunque no fue así cronológicamente, es su cielo escolástico. La enumeración de Fijman, alterada, sugiere que, luego de haber visto, regresó a la subida del monte: “Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas / y los viejos molinos”, en un aire como el de los invernales páramos místicos de Georg Trakl. Y es que en realidad aquella estrella de la mañana no es otra que el “oriental zafiro” contemplado por Dante al salir del infierno, en la orilla del purgatorio. Una estrella que, vista, no señala aún el fin del viaje. De hecho, Alighieri volverá a la tierra, que es el infierno para Fijman.

“¿Qué autores han tenido mayor incidencia en su formación literaria?”, pregunta Zito Lema en la entrevista de Talismán.


“En mi infancia -dice Fijman- toda la obra de Sherlock Holmes; que me sirvió después para hacerle una crítica a Dostoievsky, quien alardeaba de sus novelas psicológicas. También Pushkin, un negro comprado por un embajador de Pedro El Grande y Víctor Hugo. Ya de grande, ningún escritor ha tenido en mí una influencia decisiva. Aunque he leído muchísimo; especialmente a Santo Tomás de Aquino, a todos los maestros de la patrística latina y griega.”

La crítica a Dostoievsky mediante la razón de Holmes no es otra cosa que la recuperación de lo sagrado y su inextricable sentido –piedra de toque de la patrística–, que obliga al hombre a recrear y sostener el verbo, en tanto primer instrumento de salvación: intuición y visión, pedagogía y fe. Ese logos que cede, como en los personajes de Dostoievsky, ante la angustia, es manantial y rigor cuando el cristiano acude a él. En esta visión, un artista sólo se diferencia de otros humanos en que practica plasmar sus intuiciones, con un afán salvífero como el que manifestó Fijman en los desérticos años de su vida de hospital. Hospital que no sería necesario mencionar si no fuera el escenario aludido en que se desempeñan sus versos: su infierno, paradojalmente redentor. El caso Fijman debería ser visto como lo que fue: el más nítido caso de poesía mística en la Argentina, de base vanguardista y espíritu clásico, que en el rescate del católico Marechal roza, involuntariamente quizá, la parodia. 


Jorge Aulicino

Revista Ñ, mayo 2012

sábado, septiembre 15, 2012

Jacobo Fijman / Anosmia perfectísima



Anosmia perfectísima

Ni la rosa doliente
calentará la sangre no doliente.
Ya no tendrás olor de la rosa doliente
del vespertino olor el más doliente
con matutino olor el más doliente.

En vano la belleza de la rosa doliente
figurará su sombra sin el olor doliente.
En vano la belleza se elevará doliente
buscando los amores de la pasión doliente.
En vano la dinámica belleza de la flor doliente
buscará ser olor o ser el nombre de la pasión doliente.
El corazón,
el corazón ha muerto para la luz doliente,
para la luz de la pasión doliente.

                    18 de julio de 1957

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Flores en la noche, 1930, Paul Klee

martes, abril 24, 2012

Jacobo Fijman / Arsis y tésis



Arsis y tésis

Los dioses cortan soles en discursos celestes.
Los dioses cortan soles en las selvas perpetuas de los
chivos agrestes.
Un imperio de tierra levanta al niño omnipotente
que conduce la métrica sufriente,
la tersa majestad de los acentos
de excelencias silábicas y laringes y vientos.
Los espacios oceánicos modulan el amor
castísimo de estrellas y de beato honor;
y las plantas sonoras del abismo profundo
golpean a la lumbre más pálida del mundo.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Ilustración: The Lament for Icarus,1898, Herbert Draper

viernes, abril 20, 2012

Jacobo Fijman / Dos poemas




Canción con algo de canción y soledad y yermo

Ay de la muerte en luz y las cosas dobladas
del árbol y los días.
Las manos tristes hablan desoladas:
y se van y se vienen las umbrías.
Anoche las majadas
se fueron a las rías.

Fontanero de nervios volvemos a la tarde
con las manos más puras y los sueños más lentos
en los nombres concéntricos del nombre en el alarde
donde el recuerdo vive los mágicos acentos.

Ay de la muerte en luz y las cosas dobladas
del árbol y los ríos.

7 de agosto de 1957



Romance de énfasis

Vamos bien por el sueño
cuanto más por la muerte.
Tantos años habemos
en sí mismos con otros.
En tal muerte de muerte
de encantorio o de sueño
en los flacos sentidos.

¿Para cuándo las torres
sobre todas las cosas?
A los nuestros amigos
que encaraman la gloria
suenen de ellas los nombres
con el nombre del sueño.

¿Para cuándo las torres
sobre todas las cosas?
A los nuestros amigos
suenen de ellas los nombres.
Menester es el sueño,
menester es la muerte.

14 de febrero de 1958

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), Romance del vértigo perfecto, Editorial Descierto, Buenos Aires, 2012

Nota: Los poemas de este libro, que incluye copias facsimilares de los originales de Fijman, escritos em muchos casos con letra de imprenta sobre papel membretado del Ministerio de Salud, no parecen haber sido recopilados antes. Esta edición no da cuenta de la procedencia de los textos que contiene. En el prólogo, firmado por Roberto Cignoni, se señala: "Estas composiciones, como otras cada tanto encontradas de Fijman, dejan vislumbrar una cantidad indefinible de poemas, los que tal vez nunca se hallen y se libren a nuestra experiencia."

Ilustración: Paisaje Bunti, 1916, Xul Solar

lunes, agosto 23, 2010

Jacobo Fijman / Cuatro poemas




Poema I

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocíjate niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.

Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.
Niño de paz,
imito el mundo en mi sueño ajeno a la claridad.

Un silencio de música se apacienta en las torres.


Poema II

Oíase a través de las olas subidas el grito de los puertos
y las ciudades
y el frío de las campanas.

Los cielos mueven el puente de los días.

El frío se sumerge en las ramas.

Recogemos la sombra que cae de los pájaros.
Te has ido.
Enumero las albas bajo la espuma azul de la noche.

Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas
y los viejos molinos.


Poema III

Está mi risa de niño
con la abuelita ciega de la noche oscura.

Resuenan mis botas groseras de campesino
en la ternura de los caballos,
y he ido.

Al son de ríos lúcidos y puros
tiemblan las curvas de los pozos como las dulces patas de los corderos.

Encerrada en mis pasos sigue la noche oscura.


Poema IV

Extiendo mis brazos hacia el silencio descansado que inmoviliza la lejanía.
Caen océanos en las noches oscuras de nuestras adolescencias en Dios.

Herido de mi canto
por uniones de azar
toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.

Siento venir el fresco gusto del alumbrar;
Siento venir entre olas de la desesperanza maduros imperios.

Agito los ramajes.
Danzo en la gracia de todas las familias de la tierra y el universo.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Hecho de estampas", 1930, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Foto: Fijman s/d Alan Robinson