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sábado, diciembre 30, 2023

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni", 2




3.

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.

6.

A pesar de los triunfos de las ciencias aplicadas
el mejor instrumento para ver el universo
sigue siendo la lámpara penetrante del verso,
la música, la voz de gargantas privilegiadas,
o en una penumbra con velas de tarde en tarde
el púlpito cosmatesco de diorita incrustada;
cualquier luz que nos muestre una idea que arde,
antorchas muy sencillas o espléndidos candelabros,
monasterios carpáticos en bosques centenarios,
o runas en Islandia de los príncipes bruscos,
falos de ámbar en el bosque, sarcófagos etruscos.
A la luz de esas luces el hombre se mueve más seguro,
ve los atardeceres, ve las orillas del mar,
y pronuncia palabras cuyos sentidos oscuros
finalmente se le comienzan a revelar.

7.

Para el hombre llegado a cierta edad,
el uso de esas luces deviene necesidad.
De jóvenes, nadie nos preparaba para esto,
que, además, no fue predicho por ninguna teoría:
ni un desfile triunfal, ni un banquete modesto,
sino más bien un funeral de cuarta categoría,
con un telón de fondo pintado por diletantes,
entre los fieles tremolantes.
Por tanto, debemos buscar escenografía mejor.
y en la oscuridad del caos quedar iluminados
por el anillo de bronce con su perfil de señor,
o la tumba con escenas de picnic o de amor,
o el auriga con caballos de mar azotados,
entre ancianos que tocan la flauta nostálgicamente;
cualquier cosa alejada de la luz de la mente
del tiempo giratorio, del espacio fluyente.

8.

La idea que nos hacemos del espacio no es distinta
de la idea que se hace la mayor parte de la gente,
pero es mental puramente y se extingue con la mente,
por ejemplo bajo la acción de excitaciones violentas.
El hombre sabe moverse solo, orientarse topográficamente,
y encontrarse con sus semejantes en lugares determinados,
usando la razón y los sentidos combinados;
así traza laberintos sobre la faz de la tierra
y superpone sus pasos a los de sus antepasados
que como él buscaban hembras, alimento y a veces guerra.

10.

Treinta siglos después del viaje de Odiseo,
los turistas recorren las grutas del Circeo,
sin encontrar trazas de la hechicera histérica
ni un resto asignable a la era prehomérica.
Y no sirve explicar que la isla no es tal,
sino un monte del Lacio en la costa occidental,
y que en suma buscar la huella del hada
es un modo como otro de pasar la jornada,
porque el tiempo como un glaciar arrastra sin piedad
los lugares y los transfiere a otra localidad.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

Poemas de J. Rodolfo Wilcock traducidos por Jorge Aulicino 

Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 Il racconto del Giorno/RAI/YouTube


Luoghi comuni

3.
Forse l'anima è divina, ma non è indispensabile / quanto il corpo in cui dimora e ch'è la sua cagione. / Dalla prima infanzia in poi questo corpo è la prigione / dell'anima che fermenta como una massa malleabile / per finalmente impietrirsi nelle forme più strane, / dall'uccello melodico fino alle peggiori iguane; / me sempre scomodissima perchè non riesce a uscire / da un corpo inadeguato e sempre meno forte, / il che provoca disordini difficili da guarire, / le complicate nevrosi che accelerano la morte.

6.
Nonostante i trionfi della scienza applicata / gli strumenti migliori per osservare l'universo / sono ancora la penetrante lampada del verso, / la musica, la voce di una gola privilegiata, / oppure nella penombra delle candele sparse / il pulpito cosmatesco di dioriti incrostata; / qualsiasi luce indicante dove un pensiero arse, / semplici torce o splendidi lampadari, / monasteri carpatici tra i boschi secolari, / rune d'Islanda con principi bruschi, / falli d'ambra nella foresta, sarcofaghi etruschi./ Alla luce di questi lumi l'uomo si muove più sicuro, / vede i tramonti, vede le rive del mare, / e pronuncia parole il cui senso oscuro / gli si comincia infine a rivelare.

7.
Per l'uomo arrivato a una certa età / l'uso di questi lumi diventa necessità./ da giovani non ci avevano detto di prepararci a questo, / che d'altronde non era previsto da nessuna teoria: / non una sfilata trionfale, nemmeno un convito modesto, / bensì un funerale di quarta categoria / davanti a qualche fondale dipinto da dilettanti / fra i praticabili tremolanti. / Dobbiamo pertanto cercare una scenografia migliore / e nel buio del caos lasciarci illuminare / dall'anello di bronzo col suo profilo di signore, / dalla tomba con scene di picnic o di amore, / o l'auriga che fustiga i cavalli del mare / fra vegliardi che suonano il flauto nostalgicamente; / qualunque cosa sottratta dal lume della mente / al tempo rotatorio, allo spazio fluente.

8.
L'idea che ci facciamo dello spazio non differisce / dall'idea che se ne fa la maggioranza della gente, / ma è puramente mentale e con la mente sparisce / per esempio sotto l'azione delle eccitazioni violente. / L'uomo sa muoversi da solo, orientarsi topograficamente, / e trovarsi con i suoi simili in luoghi determinati, / adoperando la ragione e i sensi combinati; / così traccia labirinti sulla faccia della terra / e sovrapopone i suoi passi a quelli dei suoi antenati / che come lui cercavano femmine, cibo y talvolta guerra.

10.
Trenta secoli dopo il viaggio di Odisseo / i turisti percorrono le grotte del Circeo / senza trovarvi traccia della fattucchiera isterica / né un relitto assegnabile all'età preomerica. / E non serve spiegare che l'isola non è tale / bensì un monte isolato sulla costa laziale, / e che tutto sommato cercare l'orma della fata / è un modo come un altro di passare la giornata, / poiché il tempo come un ghiacciaio trascina senza pietà / i luoghi e li trasferisce in altre località.

viernes, diciembre 29, 2023

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni"



Europa, 4. El viejo y el nuevo siglo

Calvo vaga Verlaine en el jardin féérique,
los pies envueltos en hojas de periódico,
se reclina sobre un banco y se adormece.
           Porque el siglo termina en bruma inglesa;
           y el otro mojaba el dedo en el ajenjo,
           dibujaba batallas verdes en el cristal
           del bar adornado para la fiesta de clausura.
No fui yo quien le enseñó a escribir,
a los quince años compuso La Chasse Sprirituelle
y era un prodigio de depravación.
           Convoquemos al parlamento universal.
           obreros y profesoras de piano,
           periodistas y monos sagrados,
           todos en el cine Rusia o en el restaurante América.
Girad, girad, caballos de madera,
he visto lo que el hombre creyó ver,
una refinería metalúrgica sobre los montes de nieve verde pálida.
           Aquí habla Marx, habla Paine, habla el científico sueco Nobel,
           el nuevo siglo reconciliará a los contrarios
           en un abrazo casto de fin del mundo.
Y ya no quiero ver nada más, no quiero
dormir más con esa mujer,
después de todo es vieja, se tiñe el sexo de rubio.

[Poesie, Adelphi, Roma, 1980]

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919 - Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, Italia, 1978), "De Lugares Comunes", Poemas, prólogo, selección y traducción de Ana María de Re, serie Breves, Fundarte, Caracas, 1985

Versiones de poemas de Juan Rodolfo Wilcock por Jorge Aulicino en Otra Iglesia Es Imposible

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sábado, abril 16, 2022

Juan Rodolfo Wilcock / De "Poesie inedite", 3



Dos

Conmigo mi mundo desaparecerá, la red
que me tejí como una araña
que se ha parado en el borde de la tela
y a veces come y a veces la remienda;
pero su tela está cada vez más desgarrada
y la araña no siente ganas de arreglarla.
Proseguirán mientras tanto los otros mundos
cada uno con su insecto vigilante en el medio,
tramas brillantes o madejas grises,
esférulas como jaulas delicadas
que no tienen descanso y en el medio la araña
hasta que desaparece y nadie se da cuenta.
Pero tú, ya que quisiste hacer también tuyo
este mundo que fue quizá el más bello,
erizado de alfileres de oro y fibras finas,
estréchate  a mí, envuélvete en la misma
red compleja irrepetible,
hilo a hilo poséela y sostenla
como lo hice hasta ahora estando solo.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919 - Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, Italia, 1978), "Poesías inéditas", Poemas, prólogo, selección y traducción de Ana María del Re, serie Breves, Fundarte, Caracas, 1985


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Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 Il racconto del Giorno/RAI/YouTube


Due

Con me il mio mondo sparirà, la rete
che mi sono tessuto come un ragno
che sta fermo in un angolo della tela
e a volte mangia e a volte la rammenda;
ma la sua tela è sempre più squarciata
e il ragno non ha voglia di aggiustarla.
Proseguiranno intanto gli altri mondi
ognuno col suo insetto in mezzo vigile,
trame lucide oppure matasse grige,
sferule como gabbie delicate
che non si danno pace e in mezzo il ragno
finché sparisce e nessuno se ne accorge.
Ma tu, già che hai volunto fare anche tuo 
questo mondo che fu forse il più bello.
irto di spilli d'oro e fibre fine,
stringi a me, avvolgiti nella stessa
rete complessa che non si ripete,
filo a filo possiedila e sorreggila
come ho fatto finora ch'ero solo.

Poesie, Adelphi, Milán, 1980 -1993

jueves, noviembre 17, 2011

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni"



Europa

5. En la ventana

De grises varios se compone el viento.
Schubert creía en la amistad:
un hombre se asoma al balcón entre dos sábanas
y otro le sonríe desde el patio
sentado en la ventana
con un destonillador en la mano.
"¿Llueve?", pregunta el hombre del balcón;
el otro no oye pero señala las nubes:
como velas grises pasan sobre los techos
en la penumbra de un atardecer de octubre,
mes de lluvias, de luces sucias, de uva.
    Allá, bajo aquel monte, está Tívoli,
    la Villa d'Este con sus fuentes,
    la villa construida por Adriano
    en las tierras de su mujer,
    y las diferentes tipografías romanas.

6. Encuentro

Una vez corría con un caballo dócil
por un alto desierto al sur de Mendoza,
cuando el alba tendía, desalentada,
espejismos sobre el Nihuil.
Como vive un microbio sobre papel secante,
miraba los cielos verdes, pensaba en Buenos Aires;
a veinte kilómetros al norte
había dos sauces y una especie de arroyo.
Oh tacho de basura de la memoria, descubro
que fui también un torturador de perros.
   Imaginemos un encuentro con aquel joven
como un fósforo encendido a la orilla del mar,
el "chango" que era yo siguendo un zorro,
contento de ver un avestruz para cambiar.
"Buen día, me parece que nos conocemos;
recién he llegado del futuro, ahora
soy lector de la casa Einaudi".

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino


5. Alla finestra

Di grigi vari si compone il vento.
Schubert credeva all'amicizia:
un uomo si affaccia al balcone tra due lenzuoli
e un altro gli sorride dal cortile
seduto alla finestra della cucina
con un cacciavite in mano.
"Piove?" domanda l'uomo del balcone;
l'altro non sente ma indica le nuvole:
come vele grigie passano sui tetti
nella penombra di un tramonto di ottobre,
mese di piogge, di luci sporche, d'uva.
   Là sotto quel monte è Tivoli,
   la Villa d'Este con le sue fontane,
   la villa costruita da Adriano
   nelle terre di sua moglie,
   e le varie tipografie romane.

6. Incontro

Una volta correva con un cavallo docile
per un alto deserto a sud di Mendoza,
quando l'alba stendeva, scoraggiata,
miraggi sul Nihuil.
Come un microbio vive sulla carta assorbente,
guardava i cieli verdi, pensava a Buenos Aires;
a venti chilometri a nord
c'erano due salici e una specie di ruscello.
Oh pattumiera della memoria, scopro
di essere anche stato torturatore di cani.
  Immaginiamo un incontro con quel giovane
come un fiammifero acceso in riva al mare,
il "ciango" ch'ero inseguendo una volpe,
contento di vedere un struzzo per cambiare.
"Buongiorno, mi sembra che ci conosciamo;
sono appena arrivato dal futuro, adesso
faccio il lettore per la casa Einaudi".

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Ilustración: El jinete polaco, 1655, Rembrandt van Rijn

viernes, febrero 18, 2011

Juan Rodolfo Wilcock / De "Poesie inedite", 2



Aprovechemos que hay una fuente

Aprovechemos que hay una fuente,
y el silencio y la noche y las rocas negras
y la orilla que es negra sobre el cielo negro
con pocas estrellas porque es una noche oscura
y los árboles se sacuden en el viento,
piensa que hacen eso toda la noche,
sería extraño que tú estuvieras aquí
para escuchar el rumor de una fuente
en la oscuridad majestuosa de la montaña,
ni en sueños vendrías aquí arriba,
si no hubiese espantando un halcón
pensaría que ni siquiera yo estoy aquí,
no obstante, no obstante, aun si no estás,
y ni siquiera yo sé si estoy,
por cierto querría que estuviésemos aquí
y que tu mundo se uniese al mío
por el único punto en que se tocan,
aprovechando que hay una fuente
y el silencio y la noche y las rocas negras
y la orilla que es negra sobre el cielo negro.



Te tiendes sobre ti misma sin adorno

Te tiendes sobre ti misma sin adorno
toda recorrida por pequeños guerreros
que dejas hacer, inmóvil, imaginando,
y con un lento brazo te acarician
los cabellos derramados en castillos
y el cuerpo enjoyado de prefecturas,
de Paduas, de Sienas, de Venecias,
¡oh marismeña de cola blanca
lamida por el petróleo y por el plástico!
Enamorabas, desmemoriada, enamoras.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Poesie inedite", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versión de Jorge Aulicino


Approfittiamo che c'è una fontana

Approfittiamo che c'è una fontana,
e il silenzio e la notte e i massi neri
e la ripa ch'è nera sul cielo nero
con poche stelle perché è una notte buia
e gli alberi si scuotono nel vento,
pensa che fanno così tutta la notte,
sarebbe strano che tu fossi qui
a ascoltare il rumore di una fontana
nel buio maestoso della montagna,
neanche per sogno verresti quassù,
se non avessi spaventato un falco
penserei che nemmeno io ci sono,
eppure, eppure, anche se non ci sei,
e io non son nemmeno se ci sono,
certo vorrei che fossimo qui
e che il tuo mondo si congiungesse al mio
per quell'unico punto in cui si toccano,
approfittando che c'è una fontana
e il silenzio e la notte e i massi neri
e la ripa ch'è nera sul cielo nero.


Ti sdrai su te stessa senza trucco

Ti sdrai su te stessa senza trucco
tutta percorsa da piccoli guerrieri
che lasci fare, immobile, immaginando,
e con un lento braccio ti accarezzi
i capelli cosparsi di castelli
e il corpo ingioiellato di prefetture,
de Pavie, di Siene e di Venezie,
o maremmana dalla coda bianca
lambita dal petrolio e dalla plastica!
Innamoravi, immemore, innamori.


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Ilustración: Paesaggio con fiume, 1473, Leonardo Da Vinci

lunes, septiembre 20, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / De "La parola morte"




23.

"Piensa, hombre civil, que eres el último
hombre que queda sobre la tierra y piensa:
todos los diamantes se han vuelto piedras,
eres el rey de América y de Rusia,
con las esterlinas te puedes limpiar el culo,
¿pero por quién deberías ahora limpiártelo?
¿por un escrúpulo hacia los gusanos?
Y como el falo busca la vulva ausente,
tu lengua va en busca de una oreja,
te pones la máscara de oro de Agamenón
y te miras al espejo, pero no te habla,
buscas la Esfinge, pero no te interroga,
lees los diarios viejos para reencontrar
la voz inmunda de la raza desaparecida,
avara, hipócrita, asesina y ladrona,
pero que al menos te hablaba, no como ahora,
te mentía, te odiaba, te escarnecía,
pero te hablaba, y a veces, te escuchaba,
extrañas al juez, al esbirro, al verdugo,
que te reflejaban con la máscara,
pero aquellos labios de oro te hablaban,
no como las riquezas de la tierra
que sin las palabras son polvo,
cenizas, andrajos, piedras, papel y metales.
Puedes hacer lo que quieras, quien está solo está muerto".

Pero aquel hombre civil que era el último
hombre que quedaba sobre la tierra se puso
sobre la cara la máscara de Agamenón
y se tumbó en el sepulcro en Micenas
esperando que Alguien lo viese.


24.

Quien no se quema como hacen los bonzos,
no por eso se salva de las llamas,
cintas de fuego lo envuelven a diario,
deberes y deshonras lo rocían de nafta,
y en sus sueños galopa como un diablo
azotado por diablos que repiten
"dos veces siete liras son seis liras"
"una señora no se rasca el culo"
"el que tiene tres chanchos verdes sube la escalera",
girando así con la piel agrietada,
lamido por liras en combustión,
contrito porque tiene solo un chancho verde,
hasta que se le encienden los cabellos
y cae envuelto en las lenguas de fuego,
para rodar buscando el apagarlo
y hacer durar lo que el bonzo hace rápido.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "La parola morte", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

23.
"Pensa, uomo civile, che sei l'ultimo / uomo rimasto sulla terra e pensa: / tutti i diamanti sono tornati sassi, / sei il re dell'America e della Russia, / con le sterline puoi pulirte il culo / ma per chi mai dovresti ormai puliterlo, / per uno scrupolo verso i vermi? / E come il fallo cerca la vulva assente, / la tua lingua va in cerca di un orecchio, / metti la maschera d'oro di Agamennone / e ti guardi allo specchio, ma non ti parla, / cerchi la Sfinge, ma non ti fa domande, / leggi i giornali vecchi per ritrovare / la voce immonda della razza scomparsa, / avara, ipocrita, assasina e ladra, / ma almeno ti parlava, non come adesso, / ti mentiva, ti odiava, ti dileggiaba, / ma ti parlava e a volte ti ascoltava, / rimpiangi il giudice, lo sbirro, il boia, / che erano te specchiato con la maschera, / ma quelle labbra d'oro ti parlavano, / non come le ricchezze della terra / che senza le parole sono polvere, / ceneri, cenci, sassi, carte e metalli. / Poui fare quel che vuoi, chi è solo è morto". // Ma quell'uomo civile che era l'ultimo / uomo rimasto sulla terra si mise / sulla faccia la maschera di Agamennone / e si sdraiò nel sepolcro a Micene / sperando che Qualcuno lo vedesse.

24.
Chi non si fa bruciare come un bonzo, / non per questo si salva dalle fiamme, / nastri di fuoco lo avvolgono di giorno, / doveri e onte cosparsi di benzina, / e nei suoi sogni galoppa come un diavolo / frustrato da altri diavoli che ripetono / "due volte sette lire sono sei lire" / "una signora non si gratta il culo" / "chi ha tre maiali verdi sale la scala", / girando con la pelle screpolata, / lambito dalle lire in combustione, / affranto perché ha un solo maiale verde, / finché non gli si incendiano i capelli / e cade avvolto nelle lingue di fuoco / a rotolarsi cercando di spegnerle, / per far durare quel che il bonzo fa subito.


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Ilustración: La llamada "máscara de Agamenón", c.1550 a.C., Museo de Arqueología de Atenas

domingo, agosto 01, 2010

Rodolfo Wilcock / De "Italienisches Liederbuch"


´

6. Cuando tú, mi poesía, lees poesía

Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
se oscurece el cielo de una verde luz,
la gente escapa de la orilla del mar
por una impresión remota de tormenta
o de litigio entre los elementos;
enarbolan llamas los cables del tranvía
y un gran silencio baja sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo desaparecido,
de un presente que se desmorona sin pausa
velozmente en el informe pasado,
de un rey y coronas, jardines y guerras,
tú, que eres la corona de todo imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de sentidos de la naturaleza,
lees "¿quién creerá en mis versos en el porvenir
si digo ahora todo tu valor?",
y sucede en ese momento que esos versos,
como una flecha arrojada hacia los siglos,
alcanzan a quien un día los inspiró.
Y entonces, lo oscuro verde se hace total,
la gente se guarece, agobiada,
y en un silencio como de terremoto,
se alza la luna sobre los Castillos Romanos
y lentamente gira todo hacia el azul,
mientras tú, mi poesía, lees poesía.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919 - Viterbo, Italia, 1978), "Italienisches Liederbuch", Poesie, Adelphi, Milán, 1993
Versión de Jorge Aulicino


6. Quando tu, mia poesia, leggi poesia.
Quando tu, mia poesia, leggi poesia / si oscura il cielo de una luce verde, / la gente sfugge la riva del mare / per un senso remoto di tempesta / o di contrasto tra gli elementi, / vampe si anelberano * sui fili dei tram / e un gran silenzio cala sulla cità: / è la poesia che contempla se stessa. / Leggi parole di un tempo scomparso, / di un presente che crolla senza sosta / velocemente nell'informe passato, / leggi de un re e corone, giardini e guerre, / tu che sei la corona di ogni impero / e il giardino del mondo conosciutto / e la guerra dei sensi della natura, / leggi, "chi crederà i miei versi in avvenire / se dico adesso tutto il tuo valore?" / e accade in quel momento che quei versi / come una freccia scagliata nei secoli / raggiungono chi un giorno li ha ispirati. / E allora il buio verde si fa totale, / la gente si rintana, sopraffatta, / e in un silenzio come di terremoto / si alza la luna sui Castelli Romani / e lentamente volge tutto all'azurro, / mentre tu, mi poesia, leggi poesia.


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Ilustración: Mujer y espejo, siglo XVI, Giulio Romano

viernes, enero 15, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / Dos sonetos de "Sexto"




2

(Habla una paloma)

En la mañana fresca ambulativa
sobrevolé un islote cenagoso;
los olivos brillaban, y en un pozo
tres personas flotaban boca arriba.

Traje una rama a la nauseante estiba;
entré posada en un tapir o un oso
y con voz de animal clamé en el foso:
"El móvil ácueo al Ararat arriba".

"Pronto saldremos, bestias navegantes,
sin más recuerdos de esta sociedad
que nos produjo tantos ascos antes."

Como en la cárcel, la promiscuidad
formó lazos que no han de mantenerse
cuando el establo en tierra se disperse.


11

¿Dónde estarán las fuentes divergentes
de los verdes Jardines Suspendidos,
los cien puñales de metal perdidos
que usaron las Danaides impacientes?

¿Qué fué del rey Atila y sus sirvientes
en un mismo sepulcro sumergidos?
¿Dónde ruedan los mármoles roídos
de Atlántida, sus templos transparentes?

Las manzanas doradas de la Hesperia,
la cítara de Orfeo persuasiva,
¿no se han trocado en polvo y en miseria?

Todo se lleva el tiempo en su victoria;
y el pensamiento, como la materia,
se dispersa en el viento de la historia.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Once sonetos", Sexto, 1953, Emecé Editores, Buenos Aires, 1999
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Ilustración: Entrada de los animales al Arca, Jacopo Bassano, 1575

De Wilcock en este blog:
El augurio
Poemas en italiano

miércoles, marzo 04, 2009

Juan Rodolfo Wilcock / Sentados sobre un muro los Troyanos

El augurio 
Sentados sobre un muro los Troyanos
vieron pasar a Helena, sorprendidos,
en un barco de remos repetidos,
y con asombro unieron sus dos manos;

y en el cielo sus rápidos hermanos,
sobre el puerto de Ilión inadvertidos,
anunciaron desastres, y sonidos
de guerra, y otros barcos espartanos.

También al verte imaginé las furias
de una guerra fatal y prolongada,
llena de ardor, de encantos, y de injurias;

este asedio tan largo de los días
ya fue previsto en tu primer mirada,
ya me venciste cuando sonreías.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), Persecución de las musas menores, Imprenta López, Buenos Aires, 1945

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Foto: Wilcock, como Caifás, en "El Evangelio según San Mateo", de Pier Paolo Pasolini, 1964 Mercury House

De Wilcock en este blog:

martes, enero 06, 2009

Juan Rodolfo Wilcock / La hacienda en la frescura...



La hacienda en la frescura del rocío
cruza inciertas praderas, silenciosa,
casi invisible entre la luz verdosa
y última de un crepúsculo de estío.

En el vidrio del tren veo al poeta
con un anillo de oro y una pluma;
vuelve de una metrópolis de espuma
hacia el fulgor de su ansiedad secreta.

Vuelve del mar hacia la capital;
y la lánguida luna le ilumina
los campos de una incógnita Argentina
inexpresablemente espiritual.

Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Viterbo, 1978), Sexto, Emecé, Buenos Aires, 1999

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Foto: Wilcock, archivo personal de Adolfo Bioy Casares, en la edición citada. Sin fecha

domingo, julio 27, 2008

Juan Rodolfo Wilcock / De "Poesie inedite"


Duerme en tu ataúd, como Donne

Duerme en tu ataúd, como Donne,
conversa con tus gusanos, como Webster,
vaga mudo por el jardín, como la Trappa,
canta en el manicomio Su questa pira*,
lame el alucinógeno sobre el Azúcar,
es inútil, estás muerto, redobla el tambor.

Arráncate los ojos y enciérrate entre los Libros,
perfora con el láser la Luna rígida,
ciérrale el paso al Tiempo con dinero,
sé inteligente como una Pirámide,
resplandece como una llama de Alighieri,
es inútil, estás muerto, llora la plañidera.

Tritura a tu Señora en el picacarne,
quema a tus hijos en una chimenea Gótica,
envenena una escuela de Telegrafistas,
vuela por el aire a Venecia con trinitrotolueno,
haz que se disuelvan los casquetes Árticos,
es inútil, estás muerto, redobla el tambor.

* Probable alusión al aria Di quella pira, l'orrendo foco, Giuseppe Verdi, Il trovatore, acto III


Despertar

¡Sí, podemos asombrarnos de estar todavía vivos!
Cada mañana el sueño que nos había sumergido
como un lago desagotado se retira
y todavía húmedos nos deja en las orillas,
delante del bosque o fábrica o luna park
o cementerio de una nueva jornada.


Pregunta oída en un sueño

¿Cómo será la muerte? ¿Ver
un tigre de hierro que te salta encima
y no creer que te pueda tocar?

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Poesie inedite", Poesie, Adelphi Edizioni -segunda edición ampliada-, Milán, 1993
Versiones de J. Aulicino.

Dormi nella tua bara come Donne
Dormi nella tua bara come Donne, / conversa con i tuoi vermi come Webster,/ gira muto in giardino come la Trappa, / canta nel manicomio Su questa pira, / lecca l'allucinogeno sullo Zucchero, / è inutile, sei morto, rulla il tamburo. // Cavati gli occhi e serrati tra i Libri, / trafiggi con il laser la Luna rigida, /sbarra la strada con denaro al Tempo, / sii intelligente come una Piramide, / è inutile, sei morto, piange la prefica. // Trita nel tritacarne la tua Signora, /brucia i tuoi figli in un camino Gotico, /avvelena una scuola di Telegrafisti, /manda in aria Venecia col trinitrotoluene, / fa' che si sciolgono le calotte Artiche, / è inutile, sei morto, rulla il tamburo.


Risveglio
Già, possiamo stupirci d' essere ancora vivi! / Ogni mattina il sonno che ci aveva sommersi / come un lago prosciugato si ritira / e ancora umidi ci lascia sulle sponde /, davanti al bosco o fabbrica o luna park / o cimitero de una nuova giornata.

Domanda udita in un sogno
Come sarà la morte? Vedere /una tigre di ferro che ti salta addosso / e non credere che ti possa toccare?

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Foto: Atalanta