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sábado, octubre 30, 2021

Irma Cuña / Dos poemas



Desvestimos una colina boscosa
para hacerla un seno de arena,
un desierto empinado,
una duna del aire.

El arco del ala es más terso que nuestra palma
y las palomas envidian esta quietud de siesta.
El destierro del origen se ha sumado al destierro del suelo
y erramos,
mordiendo mendrugos solares,
apretando colas de cometas,
hundiendo uñas en la pulpa fría de los ríos.
(El sol hirsuto al mediodía
y por las noches
sólo el andar pausado de las hojas.)

¿A qué alzar vanas tiendas,
desperdigadas,
laxas?
Recolector de caracolas y algas secas,
el caminante afianza el paso
en otros caminantes y espejismos.

El extraño (1977)


*

               Fría, la luna otoñal resplandece en el álamo blanco                                                                                                                                                                       Li Po  

     Li Po tiene un álamo blanco,
álamo de agua el de Li Po.
Los nuestros son muy verdes, muy espesos.

Sólo por accidentes
se queda aislado un álamo en el valle.
Árbol sin arboleda,
tal vez ése
pueda ser el helado,
el del Li Po.

Irma Cuña (Neuquén, Argentina, 1932-2004), Pasajera del viento. Antología poética, selección y prólogo de Irene Gruss, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2013


Foto: Más Neuquén                        

lunes, julio 08, 2013

Irma Cuña / No podrás dos veces retomar el sueño





III

No podrás dos veces retomar el sueño.
Cuídate de su agua.
Una vez cae el corazón entre los muertos
    con la pesadez grave de los espacios:
sólo una vez naces así
sin rosa
sin pez
sin fruto.
Todos los días del hambre se suceden después inexorables.


Tú no creerás que has partido
hasta apretar el viento entre los dedos,
y yo me desespero para decirte que huyas río arriba
con tu única siembra.
Ahora.


Nunca después remontarás las fuentes.


Y te crecerán alas invisibles
    en la región del alma donde no hay aire,
y una aleta triangular buscará el filo inútil de las olas,
y un dedal de acero guardará la espina de las primaveras
    cuando el sol salga por occidente.


Nada retorna.
Tú dormías
y pasaban los coros de la ofrenda.
Más te valiera dormir ahora.
(En el andén rectangular se despiden parejas y se besan.
En el muelle respiran los viajeros.
Una playa redonda
se recuesta a dormir bajo la arena.
Alto, sonríe el bosque visionario.)

Tú estás en la marea enloquecida de las algas.
Nada vuelve.

Irma Cuña (Neuquén, 1932-2004), "El riego y el olvido", 1962, Pasajera del viento. Antología poética, selección y prólogo de Irene Gruss, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2013


Foto: Irma Cuña en Leedor