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miércoles, febrero 07, 2024

Ingeborg Bachmann / Dos poemas




Toma de tierra

Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesta a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.


Sombra rosas sombra

Bajo un cielo extraño
sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 - Roma, 1973), Invocación a la Osa Mayor [1956], Ediciones Hiperión, Madrid, 2001
Versiones de Cecilia Dreymüller y Concha García

Más poemas de Ingeborg Bachmann en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Ingeborg Bachmann  c.1960 Estorff/ullstein bild/Getty Images

sábado, noviembre 06, 2021

Ingeborg Bachmann / Vuelo nocturno




Nuestro campo es el cielo,
arado con el sudor de los motores,
frente a la noche,
bajo la intervención del sueño.

Soñado sobre calvarios y piras,
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
en nuestra casa y en los molinos
los ciegos vuelos de los murciélagos.
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
¿Quién resplandecía en la noche,
fantasma a los fantasmas?

Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
instrumentos el espacio, relojes y escalas,
la maleza de nubes, y roza el amor
el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
corto y largo largo... Durante una hora
bate granizo el tímpano del oído,
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.

No ha desaparecido el sol ni la tierra,
solo se han movido como astros, irreconocibles.

Nos hemos remontado de un puerto
en que no cuenta el retorno,
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón
les pertenecen a los comerciantes,
como los peces a las redes.

Pero se percibe un olor
que se anticipa a los cometas,
y el tejido del aire
desgarrado por el cometa caído.
Llámalo estado de los solitarios
en que se lleva a cabo el asombro.
Nada más.

Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
en las bases y extendido sobre las rodillas
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.

¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...?
¿Quién pierde la llave de la casa?
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...?
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
¿quién se atreve a recordar la noche?

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, 1973), El tiempo postergado, Cátedra, Madrid, 1991
Versión de Arturo Parada  


Foto: Ingeborg Bachmann, Roma, 1954 Herbert List/ Magnum/ The New York Review

domingo, octubre 26, 2014

Ingeborg Bachmann / Madera y virutas




De los avispones no quiero decir nada,
pues es fácil reconocerlos.
Tampoco las revoluciones en curso
son peligrosas.
La muerte como séquito del alboroto
es decisión antigua.

Pero de las efémeras y de las mujeres,
cuídate, de los cazadores domingueros,
de los esteticistas, de los indecisos, de los bienintencionados,
de los que no han sido castigados por ningún desprecio.

De los bosques trajimos leña menuda y troncos.
y durante mucho tiempo no nos salió el sol.
Embriagada por el papel sobre la cinta continua,
no reconozco las ramas,
ni el musgo, fermentado en tintas más oscuras,
ni la palabra, en las cortezas grabada,
cierta y audaz.

Desgaste de hojas, pancartas,
carteles negros... De noche y de día
se estremece bajo las estrellas, estas o aquellas,
la máquina de la fe. ¡Pero en la madera,
mientras esté verde, y con la bilis,
mientras sea amarga, estoy
decidida a escribir lo que fue en un principio!
¡Procurad manteneros despiertos!

El enjambre de avispones sigue
la huella de las virutas despedidas, y junto al pozo
se le eriza a la tentación,
que antaño nos debilitó,
el cabello.

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 - Roma, 1973), El tiempo postergado, traducción de Arturo Parada, Cátedra, Madrid, 1991

Foto: DW

lunes, octubre 13, 2008

Ingeborg Bachmann / Todos los días














Todos los días

No se declara ya la guerra,
se la continúa. Lo inaudito
se ha vuelto cotidiano. El héroe
permanece lejos de los combatientes. El débil
ha entrado en las zonas de fuego.
El uniforme del día es la paciencia,
la distinción esa estrella miserable
de la esperanza encima del corazón.

Se la otorga
cuando no ocurre nada más,
cuando calla el fuego graneado,
cuando el enemigo está invisible
y la sombra de la armadura eterna
cubre el cielo.

Se la otorga
por el abandono de las banderas,
por la valentía hacia el amigo,
por la delación de secretos indignos
y la desobediencia
a toda orden.

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 - Roma, 1973), Poesía alemana de hoy (1945-1966). Traducción de Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967


Alle Tage
Der Krieg wird nicht mehr erklärt,/sondern fortgesetzt. Das Unerhörte/ist alltäglich geworden. Der Held/ bleibt den Kämpfen fern. Der Schwache /ist in die Feuerzonen gerückt./ Die Uniform des Tages ist die Geduld,7 die Auszeichnung der armselige Stern/ der Hoffnung über dem Herzen. //Er wird verliehen,/ wenn nichts mehr geschieht,/ wenn das Trommelfeuer verstummt,/wenn der Feind unsichtbar geworden ist/ und der Schatten ewiger Rüstung/ den Himmel bedeckt.// Er wird verliehen/ für die Flucht von den Fahnen,/für die Tapferkeit vor dem Freund,/ für den Verrat unwürdiger Geheimnisse/ und die Nichtachtung / jeglichen Befehls.

Original en alemán y versión al inglés en pō’ĭ-trē