Mostrando las entradas con la etiqueta Ignacio Uranga. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ignacio Uranga. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 27, 2024

Ignacio Uranga / Quien ve arder el mundo, quien ve el detenerse de la vida



quien ve arder el mundo, quien ve el detenerse de la vida:
la forma en que inútilmente corrompimos los proyectos:
el sentido literal y nada interpretativo para vos de los términos:
hablo de lo que pasa: el dolor que te cae y me cae, este dolor
que está cayendo: este suelto de Uranio 235 hecho por nosotros
es tan dramático de ver, a nuestra medida hecho por nosotros
vos y yo, juntos, y ahora sobrecae en nosotros y en el también
sobrenosotros: me regresaría el amor, me regresaría diez, cien
mil veces cada vez el amor, me regresaría a mí mismo incluso
necesariamente: la cantidad estrellas imparables, la órbita irregular
los meteoros destrozados, y ahora esta renuncia inútil, este
postergar la vida que pusimos, en verdad la vida que no pusimos
nunca: lo veo claro ahora: la vida que nunca pondremos: tu rostro
tu solo rostro que puedo conocer, conocer tu rostro sin importar
no importa si habrá o no momentos otros como este o solo este:
heme aquí ante la causa, el efecto, la maravillosa convergencia de
la causa y el efecto: la forma, esta forma en que la luz ahora da
contra tu rostro: hablo de lo que pasa: los que han puesto el amor
en algo o alguien de este mundo y todo lo que de ello resulta
será como nada o cosa, tal como algo que se apaga y ya no está
la doble noche que resta, entonces, la indefensión aprendida, el
condicionamiento operante, minimizar este impacto, la supuesta
conciencia, la contracción y los momentos expansivos, la agonía
emocional, tus pupilas siempre quietas: me regresaría el amor, la palabra
que yo levanto, tanto diciendo: no harás apariencias con el corazón
no murmures, no estarás en el solo beneficio propio, no añadirás
la tristeza, la confianza traicionada, no levantarás, no pondrás en alto
tu odio, no estarás de espaldas a la vida ni en doble corazón: es
tan dramático de ver, puede verse claro ahora: semejante a
una cometa maravillosa y única volada por la tierra, el amor
que nos pasó: me regresaría el amor, entero el amor diez, cien
mil veces cada vez me volvería el amor, el principio de esperanza
el tiempo dado, el corazón mal puesto, los pedazos, las partículas
sus adyacencias, los proyectos circulantes, estos claros
siquiera antes entrevistos: he visto el amor de esta manera:
este estarse uno y otro, estarse uno y otro en la debilidad 
de cada quien, los que iban de la mano por la calle, los que
amaban con las piedras en las manos, y otra vez el principio
de esperanza: y es que puedo verlo claro ahora: que no me faltes
cuando me falte todo: me regresaría el amor, mi última palabra
tu última palabra, las últimas palabras de amor con tanto
odio dichas: y estaban de pie y estaban con vida, estuve de pie
tuve vida, todavía perderte, todavía perderte sin embargo 

[inédito]

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

Más poemas de Ignacio Uranga en Otra Iglesia Es Imposible

---
Foto: Gentileza del autor

martes, noviembre 02, 2021

Ignacio Uranga / De "Al grave aparecer de lo que ser ahí"



alguien tembló bajo un caño de escopeta esa misma noche
en que cruzó un bandaje de patos, Daniela, sobre nosotros:
el bajo resplandor de luces a lo lejos que hacen ver lo oscuro
la demora en el vuelo del que no puede agregarse, y es que
se estaba en lo enfermo y en la compañía de otro: habrás
de amar al prójimo, nos dijo el cielo entonces, luego de que
fueras alguien, y empezaras otra escena y otro personaje:
después fue un toque de queda, y quemas de Napalm
contra la vida: el 8 de junio en que a Phan Thi Kim Phúc
la ardieron a 1200 ˚C, y fue una estrella Phan Thi Kim Phúc
en la noche de la historia, como cada noche, también en esta
noche, Señor, esta noche en que te pido nos guardes del hospicio
de este orfelinato: estarse a la intemperie cada quien, a los 1200
arrojados de Napalm, entre tanto carbohidrato y diazepinas
para seguir viviendo: sigue aún dormido Aylan Kurdi, una barca
soñaría acaso, la barca de papel de Aylan Kurdi, y para en un sueño
en que no hay huérfanos de pan, mientras apagan en el mundo
cada día amor humano, niños, tantos, tantísimos en el mundo
cada día, incluso niños, los niños todos por entero, y qué haría
el hombre sin niños en el mundo: este parecer, pienso, Daniela
y otros tantos posibles, por caso, en que bajo un sol de mediodía
estamos: ejemplo hoy tus manos, diciendo adentro mío cosas
las cosas que jamás dirás, lo sé, mientras tus manos sin embargo
no terminan de decir adentro mío esto que por cierto afuera
no dirás, posiblemente, pero sí dirás, por qué no: el tiempo
es la espera hasta tu próxima palabra, tu posible, Daniela
próxima palabra: lo sé, distancias que no son en forma alguna
equivalentes, aunque te acerque, al darte, cuando te escribo
Daniela, el nombre, y sea esto soportar el peso de mis decisiones

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

al grave aparecer de lo que ser ahí
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










---

viernes, abril 27, 2018

Ignacio Uranga / De "Entonces Daniela"














IX

tanto cemento cada vez, no hay cielo a ver:
en cada ojo tuyo, Daniela, reparaba por vez:
pasará también, ya verás, un día tu belleza:
en dos está cortado todo lo que te quería


XIII

ya ves: la luna y su halo
a la derecha ahora tapados
por ese edificio, no están más
dejaron de verse, Daniela:
igual vos, pero hace mucho


XI

no dejan ver, tampoco, la oferta
la demanda: nadie sabe hoy
si el cielo está donde siempre


LI

la doble noche oculta los ojos: no pasaron
sin embargo, Grecia, Roma por tu corazón
ni te importaban: tanto dañarte, Daniela
el lóbulo frontal a impactos, tanto triple inhibirte
la recaptación (serotonina-norepinefrina-dopamina)
y no pasan Grecia, Roma por tu corazón, Daniela

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

entonces Daniela,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2018









---

sábado, diciembre 21, 2013

Ignacio Uranga / De "Materna"
















lo que se ve y no de ella, la materia manifiesta:
cúmulo, sí, mío, de ideación que la alimenta: la
estrategia en el proceder, episódica, en relación
de paradigma y de sintagma también, consigo
misma, estallada: como nieve, pero oscura: tundra
en lo real, cae, puntos en fuga abre: cada quien, vos
/ yo, en su esfera, Clara, siniestra, colaborando con
versiones varias sobre el “esto”: vos / yo: el mal manejo
de las emociones, tuyas, mías, en simultáneo afectadas:
vos / yo: negar finalmente a Hegel fue nuestro posible
y no hicimos otra cosa en este desacuerdo que afirmarlo:
logramos, acaso, bajo modos aflictivos ser ese nosotros
en siempre estada negativa, conciliación que pudimos
cierto, frente a algo irreversible tal como un apague
el apague, apague en el que inabarcable hueco queda:
voy del betiko al für immer, del pra sempre al oblio:
exmaternado exilio ahora de esta lengua que me habita

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), Materna, Colección Tristán Lecoq, Ciudad de México, 2013

jueves, junio 27, 2013

Poemas elegidos, 51


Ignacio Uranga
(Bahía Blanca, 1982)

31, de Safo; LI, de Catulo
Dos poemas a los que siempre vuelvo y en los que siempre encuentro alguna novedad. Ahora se me ocurre, por ejemplo, que el fragmento de Safo sea, quizá, el primer testimonio de algo que en la actualidad prolifera, llámese “panic attak”, crisis de ansiedad, o como sea. Entre otras cosas, es una posible respuesta a por qué estos poemas son un clásico: textos que no envejecen. En lo estrictamente formal, la lengua griega y el latín me hicieron pensar qué cosa es la “dispositio”, eso llamado “ritmo” en el formalismo. Rubén Darío decía que si la lengua española se oyera bien, se vería que aún siguen existiendo, además de los de intensidad, los acentos de altura. Luego, y en relación también a esto, leer las coplas de Manrique da cuenta de que esa estrofa, aun sin respetar la métrica grecolatina, tiene su origen en estos poemas, de modo que ahí tenía otra cosa para pensar, y es el hecho de que no ya los motivos o temas, sino la forma misma hablara y creara un palimpsesto, eso que hizo Catulo al reescribir el fragmento de Safo. Digo “reescribir” porque la operación catuliana pone en evidencia -y quizá sea otro primer testimonio- que traducir posiblemente no sea otra cosa que reescribir. Más allá de todo lo dicho sobre la traducción, esa “aemulatio”, de un poeta tan original como Catulo, no deja de ser, y sigo leyendo el plano formal, la exposición de proyecto poético; es decir, un poeta novedoso en su época, que no deja de atender a eso que venía de atrás, la tradición. Pareciera estar diciendo que la novedad no surge desde la nada, y que quien crea que sí, puede quedar entrampado en la transgresión por la transgresión misma. Suficientes motivos como para volver -si tal cosa se pudiera- una y otra vez a estos dos poemas y a los sinnúmeros de poemas que generan en cada traducción, es decir, en cada reescritura.


[Fragmento 31]

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta aun pobre...

Safo (Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


[LI]

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo y nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Catulo (Verona, c. 87 a.C.-Roma, c. 54 a.C.)

Versiones de Ignacio Uranga

Foto: Ignacio Uranga en Urbe Salvaje

viernes, febrero 04, 2011

Ignacio Uranga / De "Este destello de luz"



Este destello de luz insobornable

Como un portazo, como un golpearse fuerte de
la puerta: eso que al parecer era la puerta y que
al cerrarse decididamente como una puerta con
violencia clausuró un espacio: lo que era, lo que
parecía ser aquel conjunto sólido, aquella masa
con la que estaba, con la que parecía estar dis-
puesto el cuadro del que incluso también yo era
parecía ser, parte: la pared, el piso mismo donde
estábamos, donde estuvimos, donde parecimos
estar de pie: me refiero a mí y a ese ella tan
ambiguo hoy, que antes identificaba con una voz
y unos ojos respectivos: ese complejo de datos
ese compuesto de materia al que aporté, lo confieso
más de la cuenta: más de mí que de vos, Caroline
y que di en llamar Caroline: este dispositivo absurdo
casi tan vacío como tus gestos de ternura: después
bajar los párpados, mis párpados bajados para que
lo compacto, lo homogéneo en apariencia, empezara
a resquebrajarse: esta torpeza tuya en el proceder
Caroline: tu optar por el mar cuando dijeron cáncer:
se dio vuelta, en efecto, el viento: nombrarte
intentar nombrar esa imagen sustitutiva y difusa


Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), de Este destello de luz, inédito

Ilustración: De la serie Casas, 2008-2010, Jordi Boldó

miércoles, septiembre 09, 2009

Ignacio Uranga / de "El ella real", 2


Nihil aut de gemina elegeia: funus

Después de todas las teorías, Caroline
literarias, después de todos los
movimientos de avanzada, ahora, septiembre
dos mil seis, ahora que, la liter-
tura no existe, ahora, que el poema se nos vuel-
ve tan íntimo, porque, repito
hoy, ahora, la lit no existe, elijo el poema
para construir, así en la forma
como en el fondo, este signo, estético, que
muestra la nada que hay, hoy, en sus prin-
cipios, lo imposible que se vuelve el verso
para arar con el lenguaje la re-
presentación, Caroline, de tus ojos fe-
roces, por ejemplo, regresando
mansos, al presente, de las drogas; un a-
gravio, una imprudencia, un ultraje, el tu-
yo, Caroline, dejarme, así, como si nun-
ca, así, como si nada, así, como
hoy la lit, de suerte tal que deba, en nuestros
tiempos, recurrir a esto, lo que, ahora
septiembre, dos mil seis, no es, meramente, más
que, de momento, cicatriz, recuer-
do, esto que, hoy, no es, repito, ahora, septiembre, nue-
ve, dos mil seis, cuando la lit no exis-
te, y yo me lo apropio para, con la forma
decir, también, no hay, no queda, acá, nada

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), El ella real, Hemisferio Derecho Ediciones, Bahía Blanca, 2009

De Ignacio Uranga en este blog: Interacción comunicacional

martes, agosto 18, 2009

Ignacio Uranga / de "El ella real"


Interacción comunicacional

Sí, dijo esa noche con el vaso de ron vacío, después de
la conversación que derivó en temáticas no adecuadas
para el fin sexual que la reunión tenía como propósito:
porque después del diálogo, después de comprar el diario
de madrugada al chico de 6 años, después de años de
no comer monedas de chocolate, después de ella y de mí
es decir después de nosotros que parecíamos para siempre
la idea de llegar hasta su cuarto a desordenar las sábanas
empezaba a convertirnos en objetos: quizá por eso la deci-
sión de tomarla de la mano en calle Mitre y caminar hasta
Alem, para subirme al colectivo y dejarla ahí en la esquina
parada, diciendo ahora con la mirada un auténtico sí, un sí
legítimo: el sí que había sido no empezaba, con sus íconos
gestuales o metalingüísticos, en el momento menos indicado
a ser sí: la palabra del otro, el habla ajena introducida en otro
contexto, sea cual fuere la exactitud de su transmisión, se ve
sometida, siempre, a determinadas modificaciones semánticas:
cuando yo recupero el sí que dijo, inevitablemente dejo fuera
una constelación de lo que también dijo con sus ojos: quiero
decir que el lenguaje nunca tuvo la facultad de ser la forma
absoluta del pensamiento: lo supe después, cuando ella quedó
sola en la esquina diciendo sí, mientras yo me preguntaba
sobre la ventanilla de la 500 cómo se lee una mujer

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), El ella real, Hemisferio Derecho Ediciones, Bahía Blanca, 2009

Ilustración: Edward Hopper, Excursion into philosophy, 1959