Mostrando las entradas con la etiqueta Ignacio Di Tullio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ignacio Di Tullio. Mostrar todas las entradas

lunes, febrero 19, 2024

Ignacio Di Tullio / De "Famiglia"




El arquitecto

Los domingos al mediodía
el hombre encendía el fuego.
Sus hijos tenían edad para conseguir sus alimentos
pero el hombre acomodaba cuidadosamente las ramas.
Medio cuerpo adentro de la parrilla
poco papel y mucha madera
las palabras brotaban del interior de la cueva
y dejar espacio para que respire el fuego. Eso decía.
Edificaba
una prolija vivienda inflamable.

Nosotros conocemos el resto de la historia:
incendiará palabras y casa
el holocausto de costumbre
y desde la mesa todos sentiremos lástima
al ver arder la bella casa.
Pero en el día del señor
esa es su ofrenda
el precio que le pone al hambre
que él mismo inventa.

¿Y si no agarra? preguntamos.
Sonríe.
Va a agarrar, responde.
Y enciende un fósforo.



Abuela

          Dichosos aquellos en quienes la edad produce el efecto del vino
          y que pierden la memoria cuando están saciados de días.
                                               FRANÇOIS DE CHATEAUBRIAND

Bajo el asilo de sombra
de un parque cubierto de hojas
me viste llegar. 

Tu silla de ruedas tembló con los espasmos
de los bebés cuando se sobresaltan. 

Con una sonrisa me acariciaste la cara.
Habías olvidado todas las palabras.
 
A veces te quedabas ciega
por una o dos horas.
¿Adónde ibas?

La última vez me miraste como enamorada.
Atravesé esa alegría hasta llegar
a la mácula lechosa de la niña a la que habías vuelto.

Conservo la postal
que me mandaste desde ese lugar, abuela:
una nena sentada bajo la sombra de un árbol.

Es primavera en la foto.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Argentina, 1982)

Famiglia
Del Dock
Buenos Aires, 2024
Segunda edición








Poemas de Ignacio Di Tullio en Otra Iglesia Es Imposible

---
Foto: Ignacio Di Tullio/Facebook

viernes, diciembre 15, 2023

Encuesta lírica / Los libros de 2023, 9

Ignacio Di Tullio *


Nadar bajo la tierra.
 Obra reunida, Diego Muzzio (Salta el Pez, 2023)
La muerte, la figura del padre, la Biblia -entre tantos otros temas- atraviesan los seis libros de poemas que Muzzio escribió en los últimos treinta años. Su mirada es aguda e inteligente y varía del realismo al misticismo, de la solidez narrativa a la condensación del verso corto. Al decir de Juan José Saer, sus poemas cumplen con “el arte de narrar”:


Otitis

Cuando me perforaron los tímpanos
a causa de una otitis crónica
viví durante un tiempo debajo del mar;
un submarinista extraviado
de regreso al cielo.
La gente me hablaba y yo no respondía.
Las montañas parecían más azules.
Al salir del trabajo
paraba el auto al borde de la ruta
y fumaba mirando las nubes.
No escuchaba el tráfico
ni los tractores horadando los campos.
Los árboles eran más verdes.
Pensaba en mi padre.
Nunca nadie había pensado en él
en aquel lugar tan lejos de su tumba.
Después volvía al auto, lo ponía en marcha
y regresaba al camino.
En el asiento trasero mi padre
hablaba durante todo el trayecto de vuelta,
pero yo no podía escucharlo.
Mis oídos estaban llenos de su muerte.


La suerte que nos toca, Jorge Fondebrider (Gog & Magog, 2023)
En este volumen de poemas de Jorge Fondebrider están volcados sus objetos preferidos, un puñado de poemas de amor, los viajes por Inglaterra e Irlanda en trenes, autos y aviones y las caminatas con sus amigos Moya, Richard y Marina. Todo ello, muchas veces sanamente corroído por su característico manejo de la ironía:

Lisdoonvarna

El auto pasa raudo y recorre la calle principal
donde flamean banderas, banderines
que imitan la ilusión de los que llegan
de una vida sin nadie hasta septiembre en Lisoonvarna.
Allí hay festival anual de solterones:
40.000 personas que buscan el amor después de los cuarenta
cantando en karaokes,
bailando pasodobles, tango y salsa.
Una legión, sin duda, engalanada
de gente atribulada por la vida
que se resiste aún, que no resigna
la cuota de cariño que acaso al fin le toque
entre matracas y cerveza,
dolor del nervio ciático, clamores,
conatos de pasión, calambres en las piernas. 


Fuera de lo general, Jorge Aulicino (Ediciones en Danza, 2023)
Hay en Aulicino una sorprendente capacidad de hacer poesía. Una voz que, lejos de apagarse, libro a libro va cincelando las terminaciones de una gran obra que oscila entre lo histórico y lo fantástico, de lo realista a la ficción, de lo concreto a lo general:

Postigos

                                             A Irene Gruss, in memoriam

La misma gente que veías cuando estabas viva,
que no era poca,
estaba en tu velorio, pero ningún ministro de Cultura, 
ningún funcionario del Estado.
El Estado hizo bien en estar lejos de vos
que te alejabas de él.
No lo hubieras recibido, viva, más que con un sarcasmo.
No recuerdo el color de aquellos postigos
que desde tu departamento se abrían al vacío.
Todo lo que estaba cerca estaba lejos en tu manera de tejer
y destejer lo que hablabas.
Dejar unas puntadas entre la sombra y el día
fue lo que quisiste,
pero puntadas gruesas, pocas, largas,
como aquellas que sellaban las bolsas de papas.
Presentabas lo escrito como un trabajo manual, antes que
    nada,
donde vibraba la mitad del mundo,
la otra era la sombra,
una inquieta nada,
la otra no era silencio sino presentimiento,
cosas
como las que uno se pone a imaginar a veces
tras las ventanas cerradas,
y cuyo olor sería capaz de describir, 
filtrado por persianas, cortinas o postigos.


* Ignacio Di Tullio (Buenos Aires, 1982). Profesor universitario. Colaborador en medios gráficos. Traductor. Poeta. Publicó el libro de ensayos La música sin nombre y, junto con Inés Garland, tradujo La materia de este mundo, antología de poemas de Sharon Olds. Compiló y anotó los textos que componen Casta Diva, que reúne entrevistas y artículos de prensa de Irene Gruss. En 2015, su libro Famiglia (que será reeditado en 2024) obtuvo una mención en el Concurso Nacional de Poesía organizado por la editorial Viajero Insomne.    

jueves, diciembre 01, 2016

La lira argentina. ¿cómo suena?, 42

Ignacio Di Tullio

Gran parte de los poetas considerados jóvenes (me refiero a los nacidos a partir de mediados  de la década del ochenta en adelante) revisitan algunas de las maniobras del objetivismo y de los narradores pertenecientes al “realismo sucio” norteamericano. El desencanto como actitud frente a la vida,  la temática de los vínculos, cierta “opacidad” minimalista,  la ausencia casi total de lirismo, pero sobre todas las cosas el uso de la anécdota como pilar fundamental del poema, son algunas de las notas que caracterizan a la generación actual. En algunos casos, el empleo de la anécdota desprovista de carga semántica y la alusión a lo “pop” como novedad en sí misma, hacen que el lenguaje poético pierda peso específico. Y aunque intenten sacarse la marca de la poesía escrita en la Argentina durante la década del 90, muchas veces caen en una especie de mala relectura (o en todo caso en una lectura incompleta o superficial) de los escritores de esa generación.



Ignacio Di Tullio (Buenos Aires,1982). Poeta. Traductor. Docente. Publicó La música sin nombre (ensayo, Trópico Sur Ediciones, 2013) y Famiglia (poesía, Ediciones del Dock, 2016). Junto con Inés Garland tradujo los poemas de La materia de este mundo, antología de la poeta norteamericana Sharon Olds (Gog y Magog, 2016). Creó y coordinó el ciclo de lecturas "Poesía a la parrilla", en San Isidro, provincia de Buenos Aires. Actualmente organiza junto con Mercedes Álvarez el ciclo de entrevistas a escritores "La poesía era un bello país" en Centro Cultural de España en buenos Aires (CCEBA). Coordina talleres de escritura creativa.

lunes, junio 27, 2016

Ignacio Di Tullio / Dos poemas


















Como magma espeso

Como magma espeso de la garganta del Vesubio
viene subiendo desde el primer hombre
por las napas del tiempo
una lenta lava que disuelve escombros
derrite arterias
y sigue hasta alcanzar la superficie
donde agrieta las placas tectónicas
y la soledad de la llanura es testigo del seco crepitar.
Empuja hasta hinchar y fracturar el suelo
y el eco de un estallido llega a los caseríos.
Paisanos y lugareños se congregan alrededor del milagro:
un geiser de limo rojo busca altura
la tierra escupe su verdad.
Desde las profundidades de nuestra especie
viene subiendo como fuego líquido
el milenario estofado
de la famiglia.


El peluquero

Pienso en mi padre:
cuarenta años visitando la misma peluquería
retoma el callado ritual.
El hombre que golpea siempre en el mismo lugar
trabaja para tener las manos limpias.

las tijeras silencian muchedumbres
a cada susurro
dos filos parecidos a un riesgo cualquiera.
Y reflejada en el espejo
la inocencia de un hombre abatido
casi una resignación

Hace cuarenta años
padre y peluquero
escriben a dos manos
el poema de una reincidencia.

Cierra la puerta
a espaldas de una fatiga de tijeras
y del hombre
que barre los cabellos de los hombres.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Argentina, 1982)



Famiglia,
Ediciones del Dock,
Colección La Verdad se Mueve,
Buenos Aires, 2016







---
Foto: Ignacio Di Tullio en FB

miércoles, enero 28, 2015

Ignacio Di Tullio / El cielo (fragmento)














Él también trabaja a golpe de sol.
Boca arriba, en un rincón del patio
traza un ángulo con las medianeras
y a ojo corta un vértice del cuadro.
Le gustaría poder enmarcar todo el cielo
pero sus  herramientas  le permiten recortar
solo una escuadra, un fragmento.
Miren al inmigrante
recostado en el banco de cemento
como esos animales que se camuflan
para escapar de sus predadores
pasa el resto del día preguntándose
cómo hacer para formar parte del paisaje.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Buenos Aires,1982), Famiglia, inédito

Foto: Ignacio Di Tullio FB

domingo, noviembre 16, 2014

Ignacio Di Tullio / De "Famiglia"















REPUBBLICA ITALIANA
Passaporto per l´ estero
7 Genn 1950

El padre de mi padre me mira fijo desde el papel amarillento. Quiere escapar de la fotografía. Su pasaporte dice manovale, figlio di Enrico e di Giovanna. Pondrá manos a la obra, cruzará el océano, bajará de un barco. Con esa mirada podría arrancar orejas con los dientes. Quiere desgarrar, fornicar, comer tierra. Vulnerar el corazón de una nación. Un hombre capaz de comerse a otros.
¿Pero qué culpa tenía tu hijo de todo esto? ¿Por qué no puede pronunciar tu nombre? Me contaron acerca de las trompadas en las orejas. Y ahora a mi padre le falta oído para algunas respuestas.
En la foto de la renovación tampoco quiso hablar. Luce cansado. Viste saco y corbata, se ha sacado el bigote. ¿Cómo será vivir en las fotografías descargando golpes en la cabeza?
Yo debería poder decir nonno. Mi padre, hablar de vos. Pero tiene tu nombre empozado en una mano. Y cada vez que lográs escapar de las fotos, la cierra.



Recuerda siempre al hombre
que cada sábado te despertaba
para que lo ayudaras con la casa.
Decía para qué llamar a alguien
si el único problema
que no tiene solución
es la muerte.
Recuerda su cara crecida de sombra
y los ojos achinados
por el humo del cigarrillo.
Subía a altillos y tejados
pero lo esperabas al pie de la escalera
con la caja de herramientas.
Fuiste su instrumentista.
Odiaste a ese cavernícola
que decía dejá y pedía
que le alumbraras con la linterna.
Parecía que no enseñaba pero recuerda
cuando arreglaba las cosas
te pedía que lo acompañaras.
Recuerda
su catequesis



Pienso en mi padre:
cuarenta años visitando la misma peluquería,
retomando las cosas, su callado ritual.
Ese hombre golpea siempre en el mismo sitio:
trabaja para tener las manos limpias,
escribe el largo poema de su reincidencia.
Otra vez, mi padre.
Confiándole su vida a un desconocido,
cortándose el pelo:
hay dos tijeras que silencian muchedumbres a cada susurro;
dos filos parecidos a dos riesgos cualquiera.
Y una inocencia reflejada en el espejo.
una inocencia de humano abatido:
casi una resignación.
También un peluquero, hace cuarenta años,
viene escribiendo el mismo poema.
Allí se marcha mi padre. Está vivo una vez más.
Cierra la puerta a espaldas de una fatiga de tijeras
y de un hombre de manos limpias que barre los cabellos
de los hombres.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Buenos Aires,1982), Famiglia, inédito

lunes, junio 24, 2013

Poemas elegidos, 45


Ignacio Di Tullio
(Villa Adelina, 1982)

Sin llaves y a oscuras, de Fabián Casas
Con la poesía de Fabián Casas me topé en la época en que me alquilé mi primer departamento, un monoambiente mínimo. Trabajaba lo justo y me sobraba el tiempo. Me creía Dios. Por esos años fue que empecé a leer poesía de otra manera, con más dilación. Aprendí a mirar y a quedarme en lo que leía. "Sin llaves y a oscuras" no fue el primer poema que me interpeló, pero sí el que me sacudió en consonancia con un momento: ahora éramos la poesía y yo, a solas. Empezaba el baile.
A veces, cuando camino por la calle, repito los últimos tres versos del poema, como si fueran una jaculatoria: las tres cosas que no pueden dejar de faltar en la mochila.



Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

Fabián Casas (Buenos Aires, 1965)

jueves, agosto 18, 2011

Ignacio Di Tullio / Mi padre elige frutas















Mi padre elige frutas...

Mi padre elige frutas en el mercado.
Detuvo su coche camino al trabajo
para bajar a tocarlas.
Desoye las recomendaciones del vendedor:
sus manos sabias bien educadas
prescinden de consejos
saben que se someten a una cuestión moral.
Presiona con sus yemas la piel de un durazno,
verifica la blandura de su carne.
Después pesa una pera en el hueco de su palma.
Con la otra mano envuelve una ciruela
y se adueña del mundo.
También su padre elegía las frutas camino al trabajo.
Entraba con mi padre y sin decir palabra
sujetaba una fruta en cada mano, las pesaba
y lo educaba en el ejercicio de la duda.
Era una escolástica muda y presencial.
Las frutas maduras siempre son las más dulces:
Ahora es mi padre quien deja caer el proverbio.
No me mira al hablar. Piensa en voz alta
y espera que me agache a recogerlo
y lo elija, si quiero.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, 1982)

---
Foto: Ignacio Di Tullio/Facebook