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miércoles, julio 12, 2023

Horacio Salas / Dos poemas




Deterioros

Sombras de olvido envejecen los días
y la memoria es sólo un vidrio oscuro
el sucedáneo opaco de un espejo
como un caleidoscopio con nubes de tormenta
Sólo quedan perfumes del otoño
polvo en los cantos
o un libro subrayado de vocablos fantasmas
El tres de enero de 1928
puede haberse archivado en el 55
o simplemente ayer
y las palabras recientes se diluyen se esparcen
               como los espectadores al terminar el clásico
               las manchas de petróleo de un naufragio
               fragmentos de carteles superpuestos
               o rompecabezas en el viento
Las horas se van haciendo lentas imprecisas
iguales al dibujo de ese rostro saqueado
de esa mirada líquida lejana
y entre la soledad y el sueño
queda un vacío confuso
El resto son retazos
imágenes en sánscrito en el televisor
apenas relumbrones de una vida.


Concierto (con clave)

          1 - Andante con brío
          2 - Allegretto
          3 - Allegro molto
          4 - Finale presto

Sólo un murmullo de abejas en la boca
la transmisión radial desde el vestuario
el sube y baja del Jardín Botánico
sin embargo el brillo de su cuerpo
bajo las luces tenues
junto a ciertos recuerdos de los filmes de Drácula
me impulsaron a inundar (a cortar) de pronto su discurso
su muy personal metalenguaje
y me despedí bajo la lluvia.

Horacio Salas (Buenos Aires, 1938 - 2020), "Deterioros", Diario de Poesía n° 7, Buenos Aires, verano de 1987-88


Foto: La Gaceta

domingo, marzo 26, 2017

Horacio Salas / Mate pastor





(Fragmento)

Finalmente
se sabe que
en las permanentes temporadas del celo nocturno
cuando las aves del sexo preparan sus garfios en la
  oscuridad
las calles se pueblan de extraños contornos y cualquier
   mínimo asomo de calor
la brevedad de una pollera una sonrisa el ritmo de unos
   pasos
pueden transformar la habitual tranquilidad de las
   conversaciones académicas
y después de triturar los helechos de la corrección
uno busca las orillas de un vestido ajustado para que las
   manos sientan
que la libertad es un camino a ras de piel
y que el amor es entre otras cosas una interminable
   secuencia
de trivialidades encaminadas al orgasmo
En esa peripecia en esa navegación corsaria a través de
   los muslos
uno vuelca en los espejos los pequeños recuerdos las
   costumbres del ocio
el sol ensañándose en los cuerpos
sabe sin embargo que nada podrá igualar a los feroces
   temporales de la lengua
a los destrozados puertos que noche a noche se aniquilan
transversalmente en una cama
en las proliferaciones del semen en una marca en el
   cuello
en las condecoraciones de humedad en las paredes
Entonces uno recorre infinitas habitaciones cuentos que
   repite la memoria
y esa mujer que se muerde los labios se adueñó del
   rostro que jadea en su oído
Nada podrá impedir que un hombre y una mujer se
   amen
ni las tribulaciones del cansancio ni la vejez de las
   palabras
ni los frecuentes reproches
Los dos conocen de antemano las fatigas que abruman
  la piel
los intransitables senderos de las pesadillas
pero como oficiantes de un rito que desafía el rigor de la temperatura
en las tinieblas o en la precisión de una luz calcando
      mapas
ni el hombre ni la mujer pueden vivir separados
y como conocen sus limitaciones tratan de encontrarse
   en un silencio
que sólo interrumpen las escasas palabras de un lenguaje
   incoherente y secreto
A la distancia
aferrado al cordón umbilical un hombre flota en el
   vacío
mientras una lluvia de meteoros colorea los planos del
   espacio
y alrededor de Alfa del Centauro dos manos —de
alguna manera hay que llamarlas-
repiten sin saberlo que en las permanentes temporadas
   del celo nocturno
el estrépito del sexo -digamos de la vida-
constituye la prioridad primera de las células.

Horacio Salas (Buenos Aires, 1938-2020), Mate pastor, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1971

Foto: Clarín

act. 2020