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miércoles, noviembre 20, 2019

Horacio Fiebelkorn / De "Poemas contra un ventilador"













Lo simultáneo

Todo al mismo tiempo, dijo Patchen, es la eternidad. Ni un borde entre los árboles mojados y las lámparas, o el rocío del amanecer y el aparato de radio.
La eternidad funde el límite entre la sartén y el semáforo, el café y la rata.
Todo al mismo tiempo, dice el muñeco de colores, sobre un fondo que parece cielo, o un agua difusa donde se recorta, infantil y manuscrita, la frase mágica: todo al mismo tiempo es la eternidad. Todo al mismo tiempo es la eternidad.


El jardín

Cuando desperté, supe que estaba en el poema de otro. Había un jardín con macetas, una ligustrina, un desayuno servido, nadie a la vista.
Las cosas no tenían identidad. Sólo un leve brillo, como en una película de terror un poco obvia.
Pero el caso es que era el poema de otro y allí me desperté.
No sabía cuál era su tema. ¿Era un poema de amor a alguien, un poema con alguien, una reflexión frente a un paisaje, un juego verbal, una proclama? Me hacía estas preguntas mientras servía el café y las tostadas. Siempre odié las tostadas: era la prueba de que el poema era de otro. Un guión que no era para mí.
Pero yo miraba el jardín y las macetas. Cantaban benteveos, era una mañana sin frío ni calor en el poema de otro, con un aire familiar.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, Argentina, 1958)

Poemas contra un ventilador,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2019










Ref.:
Caleta Olivia
Espacio Murena
La Otra
Los Poetas no Van al Cielo
1 Poeta 10 Preguntas
La Primera Piedra
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Horacio Fiebelkorn, 2019 Nora Lezano/Facebook

lunes, diciembre 26, 2016

Horacio Fiebelkorn / Cuca's blues











1

Mientras tanto
una por una -y son
centenares.
Una por una
-y los desfiladeros
de entrecasa
superpoblados.

No arman fila india.
No trabajan,
no amarrocan
-como sus primas
las hormigas.

Sólo comen y joden.
Sólo comen y cogen
y en lapsos brevísimos
ya son centenares.

Mi vida está
por completo
devastada.

2

Donde hubo ocho
habrá doscientas.
Donde hubo veinte
habrá tres mil.

Con el aerosol
de un saque pude
liquidar algunas.

Pero ya vienen
los relevos.
El quinto de caballería
se manda a la cocina.

Otra vez la ruina,
la invasión.

3

Perdí la fecha
en que comenzó la
desidia. Platos quedan
sin lavar, y es toda

una invitación
al festín.

Heterometábolos
Paurometábolos

Mucho ojo con las
hembras porque
pueden vivir
de 14 a 20 meses

-dice la pedia de la web
de lo poco que funca
en esta casa.

No hace falta
una cuca de 500 patas
a quien suplantar
en la forma -como Gregorio.

No hace falta
una cuca símil concha
como esa que perturbó
a la bella Clarice

No es preciso
un montón de basura.
Con sólo un resto
de papa
o la miga de un pan

es suficiente para
el teatro griego
de las cucas.

4

Qué haré yo con
todo esto. Qué haré
sin culpa alguna
frente a las bestias.

No seré
San Dunstan
que amaba tanto
a los animales
que se impuso
penitencia
por matar
una hormiga

y también libró
feroz batalla
contra el diablo
a quien le clavó
tremendo herraje
en las pezuñas
y le hizo prometer
que no entraría
jamás
a casa alguna
donde hubiere una
herradura colgada.

5

Aunque el caso -mientras
tanto- es que las cucas
me rodean y cercan.

A esta altura
debería pensar
que me protegen.

Hace 350
millones de años
que son las reinas
del planeta.

Sobrevivieron
a la era del hielo
el crujir de
continentes

bólidos que se
estamparon contra
la corteza

y se llevaron puestos
a los dinosaurios
y algunos más

y ahora se expanden
por las urbes
cosa que sólo
se explica por la
buena calidad
de los deshechos
humanos

rodeado estoy
por las cucas
que arruinan mi vida

rodeado estoy
protegido
por la eternidad.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, Argentina, 1958)


La patada del chancho,
zindo & gafuri,
Buenos Aires, 2016










Foto: Horacio Fiebelkorn FB

miércoles, noviembre 30, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 38

Horacio Fiebelkorn 

Las voces de la poesía argentina, con sus coros y sus solistas, están reconfigurándose todo el tiempo, y en este momento veo que algunas estéticas de otros años han devenido simples etiquetas que nada dicen. Lo que repone, una vez más, la necesidad de leer bien y sin prejuicios antes de formarse una opinión o definir lo que leemos.

En el medio de todo esto, en algunos de los más jóvenes reaparece lo confesional, que era sancionado con dureza desde mediados de los 80. La posibilidad de publicación se convirtió en “urgencia de publicación”, y es así como cada semana se editan y festejan libros en clave generacional inmediata, muy fáciles de fechar, como si perdieran de vista que todo poema, relato, canción o lo que sea, se proyecta hacia adelante. O como si, más que escribir poesía, le tiraran centros a los sociólogos. El colador del tiempo se quedará con lo que vale la pena

Mientras tanto, por otros andariveles, alejados de las retóricas del momento, se sigue produciendo obra sólida e intensa.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1958). Reside en la ciudad de Buenos Aires. Es poeta y periodista. Trabajó en Radio Universidad de La Plata, donde condujo los programas El cazador americano y La hora de los magos. Colaboró con la revista Humor Registrado y fue coeditor del tabloide de poesía La Novia de Tyson. Su obra poética editada comprende los siguientes libros: Caballo en la catedral (Ediciones El Broche, La Plata, 1999), Zona muerta (La Bohemia, Buenos Aires, 2004), Elegías (Ediciones Al Margen, La Plata, 2008), Tolosa (Eloísa Cartonera, Buenos Aires 2010),  Elegías (2a. edición, Determinado Rumor, Buenos Aires, 2011), Pájaro en el palo. Antología personal (Civiles Iletrados, Montevideo, 2012) y El sueño de las antenas (Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013). Algunos de sus poemas fueron traducidos al portugués por Virna Teixeira y publicados en una plaqueta con el título O tempo que se perde em buscar o tempo perdido (O Arqueiro Verde, San Pablo, 2011). Durante el 2016 se publicaron también Cerrá cuando te vayas (narrativa, Club Hem, La Plata) y La patada del chancho (Zindo & Gafuri).

martes, marzo 11, 2014

Horacio Fiebelkorn / El presente














Con un amigo íbamos en verano
por la avenida principal de aquella ciudad.
Nos paralizó la maniobra brusca de un auto.

Con qué necesidad apurarse tanto, dijo mi amigo.

Es cierto, le dije, porque en esta ciudad
las cosas, o ya sucedieron, o no ocurrirán nunca.

Si eso es así, ¿dónde está el presente, entonces?,
preguntó, algo inquieto.

Pero en su frase nuestro andar era historia al revés,
esperaba en algún lugar para esfumarse
a pocos pasos de distancia.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, 1958), El sueño de las antenas, Ediciones Vox, Bahia Blanca, 2013


Foto: Fiebelkorn en FB