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martes, abril 16, 2024

Horacio Cavallo / De "Descendencia", 2




Haikus para un domingo encapotado

II

Andar descalzo
paseando ensimismado
tiene sentido.


Estaciones

Primavera

Hay dos caras
diametralmente opuestas
en setiembre.

Una que se construye hacia la luz,
donde brota el verdor de la enramada.

Otra que la provocan siete vientos
que empujan a gorriones desplumados
hacia el cuadrado gris de las veredas.

Puedo mirar el cielo en primavera,
pero en puntas de pie.


Verano

Hay un verano que no vuelve nunca
aunque siempre regrese otro verano.


Otoño

Idas las moscas vuelvo al recurrente
sueño en que la hojarasca incontrolable,
lejos de las escobas y las quemas
sepulta a la ciudad en su beige(eza).

Indignado va el cielo ensangrentando
desde marzo hasta junio nubarrones.


Invierno

Solo la cama guarda la segura
dulce inmovilidad del paraíso.
El resto de la casa, la ciudad,
todo es mentira cuando lluvia, viento,
hacen temblar las manos y las ramas.

Una tonada triste bajo las frazadas.
Eso es lo cierto: duerme, espera, hiberna.


Haroldo

Ayer asamos carne y esperamos
a Haroldo Conti entrar desde el silencio.
Él se hizo ver mientras nos repasamos
los últimos dos días en el río.
Le pregunté los nombres de los árboles
y dijo nombre, altura y residencia.
Le pregunté los nombres de los pájaros
y mirando las brasas los nombraba.

Nos preguntó si alguno vio su cuerpo
y no tuvimos nada para darle.

Horacio Cavallo (Montevideo, 1977), Descendencia, Ediciones del Estómago Agujereado, Montevideo, 2012

Más poemas de Horacio Cavallo en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Horacio Cavallo por Fernando Sosa

lunes, abril 30, 2018

Horacio Cavallo / Ojo de vidrio















Ven a cambiarle un ojo al titiritero
por un perrito azul de terciopelo,
por un incandescente caballo saltarín,
por una caja oblonga donde sortea el tiempo una mujer.
Entra despacio, niño.
Olfatea el color de la madera,
elige en la repisa una muñeca, un leñador de trapo
que acompañe el sonido de los grillos
cuando resbale el día bajo la puerta de tu cuarto.
El viejo te dará las buenas tardes.
Pisará una banqueta que ha encolado
catorce veces, quince, en el último invierno.
Le mirarás la espalda, el saco amarronado
y unos pelos blanquísimos que cualquier noche
anudarán tu sueño como las finas patas de una araña.
Te entregará el muñeco. No soltarás el aire.
Vas a mirar únicamente el ojo que tiene movimiento.
Tantearás en tu bolso un ojo como ese
-no vale equivocarse en este punto-
 y apenas se te acerque lo incrustarás del lado de la cara
que refleja la luz. Después vas a correr oyendo
cómo siguen latiendo impertinente en tu cabeza
las varitas de acero que colgaban en lo alto de la puerta.

Horacio Cavallo (Montevideo, 1977)
Envío de Ignacio Di Tullio

Luz de última hora. Poesía (2006-2018),
Editorial Lisboa,
Buenos Aires, 2018









viernes, noviembre 18, 2016

Horacio Cavallo / De "Descendencia"














En vela

Camino por la noche entre la casa,
oigo silbar el sueño de los míos.
También la lluvia suelta su cadencia
ennegrecida y fina sobre el patio.
Me paseo descalzo, voy silbando
fraseos en la escala del insomnio.
Perdida al otro lado de las cosas,
una granada me enseña los dientes.
Me pierdo en las praderas de Palmira:
primos conspiradores de la siesta
ensillan el matungo de los mansos
y andamos por los caminos de tierra
buscando las ovejas abichadas,
sacando sanguijuelas del arroyo
pegadas en los pechos despoblados.
Les mostramos la palma a los peones
y el viaje se deshace entre los ojos
más tristes de las vacas que nos miran.

Así suenan los vientos del desvelo.

Horacio Cavallo (Montevideo, 1977), Descendencia, Ediciones del Estómago Agujereado, Montevideo, 2012
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Foto: Horacio Cavallo en FB