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domingo, agosto 04, 2019

Hermann Broch / De "1933"














Descúbrete y piensa en las víctimas.
Pues sólo el que siente la soga en su cuello
se da cuenta de la brizna de hierba
que se agita en el viento
por entre los adoquines que hay bajo el cadalso.
¡Oh, aquellos que disfrutan con el derramamiento de  sangre!
Lo demoníaco es ciego,
lo prohibido es ciego,
los espectros son ciegos,
están ciegos ante lo que germina
porque ellos carecen de crecimiento.
Y sin embargo, cada uno de ellos
fue niño una vez.
No alabes ni premies nunca más a la muerte,
no premies la muerte que los hombres se infligen unos a otros,
no alabes lo indigno.
Ten, en cambio, valor para decir mierda cuando alguien
excite a los hombres a matar a su prójimo.
En verdad que el asesino sin dogmas
es el mejor de los hombres:
¡oh llamada humillante y envilecedora,
llamada al verdugo, la llamada de miedo más secreto,
llamada de todos los dogmas que carecen de fundamento!
Hombre, ¡descúbrete y piensa en las víctimas!
El mal vuelve siempre su rostro hacia el mal:
¿quién consuma el sacrificio humano espectral?
Un espectro.
Está ahí en la habitación, algo prohibido está ahí,
que silba para sus adentros,
¡es el espectro del espíritu burgués
habituado al orden!
Ha aprendido a leer y a escribir,
usa cepillo de dientes,
va al médico cuando está enfermo,
honra a veces padre y madre,
en general se ocupa sólo de sí mismo,
y sigue siendo sin embargo un espectro.

Hermann Broch (Viena, 1886-New Haven, Estados Unidos, 1951), "1933", Voces, Material de Lectura, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, 2009
Traducción de de María Ángeles Grau

Voces es un largo poema dividido en tres partes ("1913", "1923" y "1933"), escrito por Broch para que sirva de contrapunto a su novela Die Schuldlosen (Los Inocentes), publicada en 1954. (Del prólogo de la traductora)

Ref.:
Encuentros de Lectura
Poéticas
Deriva
El Psicoanalítico
El Cultural

Foto: Abenteur Industrie

jueves, marzo 15, 2018

Hermann Broch / De "1933"




















La incisión en lo terreno, otra vez. La orilla desciende abrupta, hasta el mar,
El paisaje ya no constituye un todo y el horizonte, allá a lo lejos,
está cubierto por la niebla múltiple de la metamorfosis.
Las cosas se han convertido en mesura del hombre.
Y el ayer se escapa antes de que la barca lo recoja.
Ve hasta el puerto.
Las barcas aguardan todas las noches, invisibles,
para llevar hacia el este desconocido de la noche
la flota de los humanos: ¡oh, incisión que atraviesa el tiempo!
¿Existió alguna vez un ayer? ¿Quiere burlarse de ti?
¿Existió alguna vez la madre? ¿Existió alguna vez lo que te llevó en su seno?
¿Existe el retorno al hogar? Nunca existe el retorno,
siempre hallas, en tus encuentros, aquello que te está destinado.
Por eso no es necesario que busques, mira únicamente.
Contempla el flujo y reflujo tranquilos,
contempla la metamorfosis en la escisión,
la pausa entre lo visible y lo invisible
en que se resuelve la escisión,
allí a donde vuelven las cosas hechas por el hombre,
indefensas al término de su poder. En eso se cumple todo.
Ve hasta el puerto.
Cuando el atardecer se cierna sobre los muelles
y el mar sea un espejo tranquilo,
observa allá donde el ayer se convierte en mañana
antes de que se cumpla.
El paisaje está dividido,
pero tu saber es mayor que tú mismo.
Espolea de nuevo tu conocimiento
para que tu saber lo alcance
antes de que caiga la noche.

Hermann Broch (Viena, 1886-New Haven, Estados Unidos, 1951), "1933", Voces, Material de Lectura, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, 2009
Traducción de de María Ángeles Grau
Envío de Jonio González

Ref.:
Sol Negro
El Psicoanalítico
Encuentros de Lectura