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miércoles, mayo 02, 2018

Heberto Padilla / Canción de un lado a otro














Cuando yo era un poeta que me paseaba
por las calles del Kremlin,
culto en los más oscuros crímenes de Stalin,
Ala y Katiushka preferían
acariciarme la cabeza,
mi curioso ejemplar de patíbulo.

Cuando yo era un científico
recorriendo Laponia,
compré todos los mapas en los andenes de Helsinski,
Sarikovski paseaba su búho de un lado a otro.
Apenas pude detenerme en el Sur.
Las saunas balanceábanse al fondo de los lagos
y en la frontera rusa abandoné a mi amor.

Cuando yo era un bendito,
un escuálido y pobre enamorado
de la armadura del Quijote,
adquirí mi locura y este viejo reloj fuera de época.

Oh mundo, verdad que tus fronteras son indescriptibles.
Con cárceles y ciudades mojadas y vías férreas.
Lo sabe quien te recorre como yo:
Un ojo de cristal
Y el otro que aún se disputan el niño y el profeta.

Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Pinar del Río, Cuba, 1932-Auburn, Alabama, Estados Unidos, 2000), Fuera del juego, Aditor, Buenos Aires, 1969
Envío de Jonio González

El Otro - CubaNet - EcuRed - Letras Libres - BBC

Foto: Wikipedia

sábado, marzo 15, 2014

Heberto Padilla / Tres poemas





No fue un poeta del porvenir

Dirán un día:
él no tuvo visiones que puedan añadirse a la posteridad. 
No poseyó el talento de un profeta.
No encontró esfinges que interrogar
ni hechiceras que leyeran en la mano de su muchacha
el terror con que oían
las noticias y los partes de guerra.
Definitivamente él no fue un poeta del porvenir.
Habló mucho de los tiempos difíciles
y analizó las ruinas,
pero no fue capaz de apuntalarlas.
Siempre anduvo con ceniza en los hombros.
No develó ni siquiera un misterio.
No fue la primera ni la última figura de un cuadrivio.
Octavio Paz ya nunca se ocupará de él.
No será ni un ejemplo en los ensayos de Retamar.
Ni Alomá ni Rodríguez Rivera
Ni Wichy el pelirrojo se ocuparán de él.
La Estilística tampoco se ocupará de él,
No hubo nada extralógico en su lengua.
Envejeció de claridad.
Fue más directo que un objeto.

Fuera de juego, Aditor Publicaciones, Buenos Aires, 1969


Andaba yo por Grecia

Andaba yo por Grecia
y en todo creía sentir la huella de Cavafy.
Cubierta por la lluvia,
coloreada por una tierra parda,
¡qué extraña y solitaria Alejandría en la memoria!

Al templo abandonado,
a la ciudad perdida, a los mitos,
al muro, ¿cómo pudo Cavafy
arrancarles el signo de la vida?

En el tren de regreso,
cuando volvía de otras ruinas,
estaba el campo mudo
y el bosque amarillento
siempre al final de los caminos;
pero no me detuve ante aquel árbol sombrío
que vi al pasar,

que entró por mi ventana,
que aún pone en mis papeles
una hilacha sedienta,
que aún vela sobre mi amor
como un desastre.


El relevo

cada vez que entra y sale
una generación dando portazos
el viejo poeta se aprieta el cinturón
y afina el cornetín
como un gallito:

no se convencen -dice- de que en poesía
la juventud solo se alcanza con los años

Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Pinar del Río, Cuba, 1932-Auburn, Alabama, Estados Unidos, 2000), Antología de la poesía hispanoamericana (1915-1980), selección de Jorge Rodríguez Padrón, Selecciones Austral Espasa Calpe, Madrid, 1984


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