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lunes, septiembre 13, 2010

Héctor Freire / Dos poemas




Cárceles

(Carcere VII, Giovanni Battista Piranesi)

Exacta como un sueño,
la misteriosa escenografía de Piranesi:
derrotados muros entre ruinas de prisiones
y borrosos arcos.

-¿Un sueño dentro del sueño?-

De pronto, la mirada brillante
de una mujer inesperada se asoma
por entre esa imprecisa materia
derrumbada.
y reconstruye un espacio de espejos rotos
donde todo rostro de muerte se refleja
como salvado del tenaz estrago de los años.

¿Quizás Piranesi haya querido construir
a través de sus cárceles "una teoría visual del insomnio",
y en el intento se quedó dormido
y prisionero para siempre?



Por amor a la simetría

(Sobre una escena del film Primavera, verano, otoño,
invierno... y otra vez primavera
, de Kim Ki-duk)

El amarillo de los follajes
como suspendidos, sin espesor,
no estorba la transparencia del aire.
En cambio, amarillas, con el amarillo
más luminoso, las hojas llueven
desde las ramas más altas.
En forma de abanico, su prepotencia cromática
cubre la insípida superficie del lago.
En este paisaje todo parece espontáneo,
pero todo está calculado;
la construcción de una naturaleza
que la mente puede dominar, y donde
lo pequeño crea la ilusión de lo grande:
un haiku hecho de colores, luces y hojas
que marca el cruce de dos dimensiones:
la perpetuidad de lo vegetal
y el tiempo sucesivo de las palabras
que germinan, se secan o se pudren.


Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Foto: Paisaje en el filme Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera, 2003; dirección de Kim Ki-duk; fotografía de Baek Dong-hyun

jueves, septiembre 02, 2010

Héctor Freire / Canasta con frutas




Naturaleza muerta

(Canasta con frutas, Caravaggio)

Nada hace prever en el color de las frutas
su muerte próxima.
Sueñan al borde de la mesa
donde se agitan suavemente
en las ramas más altas y flexibles.
Instauran la armonía de los cuerpos blandos:

-lo bello suele estar cerca de lo corrupto-.

Unidas por un hilo de luz,
esas frutas no son más reales
de lo que pueden serlo en una pintura.
En esta "naturaleza muerta",
una luminosa cortina amarilla se deja caer
más allá de la espesura de los años.
Al amanecer los simulados árboles
se volverán a mostrar tras las sombras de las hojas.
Y sin embargo en esta canasta con frutas pintada
en 1596, por el violento y fugitivo Caravaggio,
un claro resplandor se seguirá esparciendo.
el silencio de una escena única que se precipita
sobre el dibujo animado del horizonte.
"Su valor radica en el hecho de estar aquí y no allí".

Ahora, el sol proyecta su dedo de sombra
sobre el lienzo y rompe la permanencia
con que se disfraza: es una luz íntima
y ese instante es perpetuo.

Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Ilustación: Canestra di frutta, c. 1596, Michelangelo Merisi da Caravaggio