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viernes, enero 03, 2025

Germán Arens / De "La novela que no fue"


Desde la barda miré al pueblo por última vez
 
Obedeciendo a una decisión desesperada
algunos buscan la ruta.
¿Quiénes son los que escapan?
¿Irá entre ellos el hombre del que aprendí el funcionamiento de una 
dínamo?


*

La mente espera a que nos metamos en la cama
para dar vueltas y vueltas sobre aquello que nos ocupa.
El sol, al que según Nerval nadie ve en sueños
se incorpora a la noche ordenando mi inconsciente.


*

Anochecía. La 154 había sido recién asfaltada. El Renault se desplazaba 
en silencio. Siempre que viajábamos, como una manera de disimular 
la distancia, teníamos la costumbre de cantar. Agotado nuestro repertorio, 
mi padre contaba alguna de sus clásicas historias de viajante de comercio. 
Mi hermana dijo que detrás de los alambrados las cosechadoras parecían luciérnagas.


*

Se me ha hecho costumbre en las mañanas acariciar a Bolita y ver como se enrolla, 
parece un perdigón. Soy consciente de que no hago más que molestarlo y por eso se 
cierra. Lo acaricio como acariciaría a un perro. Quizás cuando me vaya de este lugar lo 
lleve conmigo y lo deje, si es aún posible, en algún lugar húmedo y oscuro, un lugar 
cubierto por una mantilla de hojas donde podrá reunirse con los de su especie y vivir lo 
que le quede de vida en compañía. No estoy alimentándome bien. Vivo en una
abstracción. Quisiera recobrar para mi cuerpo esos pocos días de conducta en que todo 
parecía venidero. 

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967), La novela que no fue, publicará Editorial Agnes, provincia de Buenos Aires

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Foto: Barnacle Editores

sábado, marzo 26, 2022

Germán Arens / De "Otra vez en la tierra"



Una mujer camina a la par de mis orejas.
Habla por teléfono de filosofía antropocéntrica. 
Media cuadra después, dos hombres 
nombran al teniente coronel Héctor Varela. 
Yo, paseo por la vereda del sol  
y me acuerdo de un chiquito mapuche 
al que una vez le pregunté si en el río Aluminé
pescaba con moscas y respondió que no, 
que le costaba mucho atraparlas y prefería las lombrices.



El edificio 
está lleno de gente buena. 
Yo había colgado mi ropa en el balcón,
un broche dijo basta 
y una media voló hacia la cochera.
Quizás exagero al decir lleno.
Es que en el ascensor
fue sólo una persona
la que pegó el papelito  
que guardo 
y dice:

“Quien haya perdido una media puede retirarla en el 4°B”.



Sí, lo dije, pero insisto:
Es mi último libro de poesía.
Lo que comienza de un modo
siempre termina de otro.
Yo no escribo con el cuerpo,
sólo transpiro si hace calor.


Qué vamos a hacer con nosotros
me pregunté mientras mi dedo índice buscaba la letra Q.
Qué vamos a hacer los que van envejeciendo conmigo…
El que todas las noches mira hacia arriba
y si no hay cielo busca referencias en el techo.
Qué vamos a hacer con ese que se parece a un galpón 
donde se guardan desde un fardo a un arado de mancera,
desde un tambor de doscientos a un bidón de diez,
desde una bomba inyectora a un ropero que encierra 
                                               /un recado
por la sencilla razón de que a las ratas les gusta el cuero.
Qué vamos a hacer con el padre, con el lector, con el amigo...
Con el que te dijo que la calandria overa canta si hay
                                              /luna llena.
Qué vamos a hacer con ellos y con tantos otros
que me acompañan como me acompañan los perros, 
                                             /las bardas
y hasta el eco de las palabras de los que vivieron mi tiempo.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)

lunes, abril 05, 2021

Germán Arens / De "Mientras las vacas abrevaban cerquita"


















Ciudad

Hace veintidós años
que vivo en Bahía Blanca
y la particularidad más notoria
que ha dado mi persona
comparándome 
con aquel que fui en el pueblo.
es que en esos ratos
en que caminar es preciso
ya no me detengo
ante el encuentro de algún pájaro
imposibilitado de volar.
Dejé de ser niño
al reparar en aquellos
que no tienen quien responda.
Por eso me solidarizo
con el gato deseoso que aguarda la noche.


Politizar

Es insustancial la palabra
y en el intento de generar conciencia polìtica,
diría repulsiva.

Es que basta un botón
para muestra que desabrigue mi esperanza.

Y es tan cierta mi observación,
no así la esgrimida por el poeta
que mediante acontecimientos muertos
relata sucesos referidos
a los méritos de un líder histórico
entre cadencias - imágenes - medidas
insistiendo en que metáforas y adjetivos
han dejado de utilizarse como recursos poéticos,
que el sol sigue siendo sol y está amaneciendo.


La tarde

Se acaba la tarde
y en el iris del sol
las gaviotas en la ría.

Está lejos lejos lejano el monte
cada día más lejos,
aunque parado a 30 metros sobre el mar
distingo naranja la ruta
la 3.

En ascensor ascendí hasta mi casa.

¡Ay Germán, Germancito no aparecen las palabras!

Y me volví al nadie de chico
cuando flaquito y austero
me dormía entre los perros.

¡Ite de una vez y por todas!
me decía la cabeza.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)

"Versos de Gabino" [2009],
Mientras las vacas abrevaban cerquita,
Ediciones HD,
Bahía Blanca, 2020








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Foto: Germán Arens/Facebook

domingo, julio 07, 2019

Germán Arens / De "La cáscara del huevo"















La casa está ubicada en las afueras del pueblo. Es la
última de todas y en ella no vive nadie, ni siquiera
un árbol. Es cuadrada y blanca, muy sencilla. El último
en habitarla fue Mario, un biólogo muerto durante el primer
intento de colonizar el delta del río Rojo. Entre los
nativos se lo recuerda como a un hombre bueno aunque
proclive al pensamiento fatuo. Decía, por ejemplo, que
los seres vivos somos excepciones, que nada en nosotros
tiene sentido, que el universo todo tiende a expulsarnos.



Anoche pude ver a la palabra suprema. No voy a entrar
en detalles en torno a la manera en que me
hice de ella; sólo puedo decir que la palabra, fuera de
mi mente, no representa un mero razonamiento carente
de realidad. Tampoco es incorpórea ni está concebida
como creadora del universo. La tuve en la punta de mi
lengua muy pocos segundos, después desapareció. En
ella estaban todos y el único concepto. Pude haber sido
el dueño del mundo.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)

La cáscara del huevo,
Barnacle,
Buenos Aires, 2019









Barnacle - 1 Poeta 10 Preguntas - Op. Cit. - Otra Parte - Blog del Amasijo - Analecta Literaria - Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Germán Arens en Facebook

sábado, julio 14, 2018

Germán Arens / De "El libro de mamá"

















11 de octubre de 2016 

Heráclito hacía referencia a que el perro ladra cuando “adivina” o intuye las intenciones aviesas de la gente al no reconocer en ella la lealtad de sus emociones.

7 de noviembre de 2016   

Los gestos son el espejo del pensamiento. Es divertido observar. También para quienes nos ven.

22 de diciembre de 2017 

Hacer mi trabajo me lleva tiempo. Soy muy maniática,  lo reconozco. Intento lo mejor posible en cuanto a resultado. Invierto horas de mi vida; encima soy criticada al respecto. Todo trabajo cualquiera sea exige dedicación y obligación de nuestra parte hacia toda persona con la que nos relacionemos a tal efecto.

2 de enero de 2018 

Estoy cansada de que me presionen; o harta como decía mi mamá. Hasta los tres gatos en forma telepática saben hacerlo. Ni de ellos es posible es-cabullirme.

Elsa Beatriz actualizó su estado.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)


El libro de mamá,
Barnacle,
Buenos Aires, 2018

sábado, marzo 18, 2017

Germán Arens / De "¡Oh, qué lugar más bello!"













Hubiera querido
abandonar la Tierra a tiempo
aquel incrédulo vecino mío,
terrestre, egocéntrico y materialista;
que sentado en su jardín descansaba
cuando una nave aterrizó a metros de su reposera
y se negó a dejar el lugar
diciendo que su mujer
aún no había vuelto del gimnasio.


Afuera llueve. En alguno de sus cuerpos, mi viejo sillón amarillo sufre la ausencia de quienes no vienen. Bajo el techo se refugian tres mosquitos. Uno parece una pequeña piedra de coral. Alguien me dijo que tienen cuarenta y siete dientes y son las hembras las que pican. Antes de dormir debo matarlos. Siempre es de noche cuando  percibimos los cambios que  impone el presente. Sin embargo, a pesar de no ser un momento apropiado para manifestar inteligencia, me observo con bastante indiferencia en una situación que pocos soportarían.


Andrea mira sus uñas recién esmaltadas. Antes de acostarse pasa por la cocina y verifica que  la llave de gas no quede abierta. Baja las persianas y mira el cielo. Piensa que Júpiter es extraordinario en el más profundo significado de la palabra, que de haber acumulado más materia podría ser un sol.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)


¡Oh, qué lugar más bello!,
Barnacle Ediciones,
Buenos Aires, 2017









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Foto: Germán Arens en FB

miércoles, noviembre 04, 2015

Germán Arens / Cruzo el Brazo Muerto












Cruzo el Brazo Muerto
una hora antes del amanecer.
Aunque hay fuego en mí mente,
siento frío en el cuerpo.
El agua en mis orejas suena como a fuga de aire.
Algo similar ocurre adentro de un auto al pasar las 2500 vueltas.
El sonido no desaparece hasta volver la palanca al punto muerto.
Desde las orillas cientos de desiderianos me miran
con los ojos rojos como tortugas enfermas,
quietos en la costa.
Yo nado, nado y nado.
Podría decirse que hacia un lugar indefinido,
total cuento con la posibilidad de concebir la realidad que se me antoje
y no encuentro beneficio alguno en saber adónde voy.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)


Desiderio,
Ojo de Tormenta, Club Hem
Buenos Aires, 2015









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Foto: Germán Arens en FB

viernes, junio 05, 2015

Germán Arens / Las nanoplantas son plantas muy pequeñas















Las envasamos en recipientes de vidrio
y las vendemos en forma de llaveros.

Hortensias y malvones han pasado de moda,
la gente se desvive por las plantas tropicales.

Además de flores, orquídeas y rosales
tenemos árboles, arbustos y bambúes.
El vivero está ubicado en las afueras,
mi socio es paisajista recibido en Buenos Aires.

También está la opción de llevar plantas carnívoras,
se las riega con el agua de la lluvia.

Anexamos hace un tiempo las acuáticas,
es cuestión de animarse a cultivarlas;
a los peces de colores hacen de refugio
y en verano están en todo su esplendor.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Cagliero, El Ojo de Mármol, La Tablada, Buenos Aires, 2014
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Foto: Germán Arens en FB

viernes, junio 07, 2013

Poemas elegidos, 11


Germán Arens
(Bahía Blanca, 1967)


Perlas negras XII, de Amado Nervo
En el año 1987, mientras cursaba quinto año del secundario en el Nacional nocturno de Bahía Blanca, elegí este poema de Amado Nervo para responder a un trabajo práctico que  me había sido encomendado como tarea para el hogar. Debía leerlo y analizar su tono, estructura, sintaxis, puntuación, etc. Nada tenía que ver este poema con mi manera  de hablar, sí con la de creer, al menos en ese entonces. Gracias a él empecé a esbozar mis primeros versos. Mi madre, después de leerlos, se los acercó a una monja de María Auxiliadora con la que tenía amistad desde sus años de pupila en dicho colegio. La monja dijo que yo era un muchacho triste.




Perlas Negras XII  

Sol esplendente de primavera,
a cuyo beso, fresca y lozana,
la flor se yergue, la mariposa
viola el capullo, la yema estalla;
sol esplendente de primavera:
¡yo te aborrezco! porque desgarras
las brumas leves, que me circundan
como rizado crespón de plata.
A mí me gustan las tardes grises,
las melancolías, las heladas,
en que las rosas tiemblan de frío,
en que los cierzos gimiendo pasan,
en que las aves, entre las hojas,
el pico esconden bajo del ala.
A mí me gustan esas penumbras
indefinibles de la enramada,
a cuyo amparo corren las fuentes,
surgen los gnomos, las hojas charlan…
Sol esplendente de primavera,
cede tu gloria, declina, pasa:
deja las brumas que me rodean
como rizado crespón de plata.
Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada,
¡os aborrezco! Vuestros encantos
ni me seducen ni me arrebatan.
A mí me gustan las niñas tristes,
a mí me gustan las niñas pálidas,
las de apacibles ojos obscuros
donde perenne misterio irradia;
las de miradas que me acarician
bajo el alero de las pestañas…
Más que las rosas, amo los lirios
y las gardenias inmaculadas;
más que claveles de sangre y fuego,
la sensitiva mi vista encanta…
Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada:
pasad en ronda vertiginosa;
vuestros encantos no me arrebatan…

*
Himnos vibrantes de las victorias,
notas triunfales, bélicas marchas,
¡os aborrezco! porque, al oíros,
trémulas huyen mis musas blancas.
A mí me gustan las notas leves…
las notas leves… las notas lánguidas,
las que parecen suspiros hondos…
suspiros hondos de almas que pasan…
Chopin: delirio por tus nocturnos;
Beethoven: sueño con tus sonatas:
Weber: adoro tu Pensamiento
Schubert: me arroba tu Serenata.
¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio
de vuestra música apasionada,
Ella me dice: ¿Me quieres mucho?
y yo respondo: ¡Con toda el alma!
Himnos vibrantes de las victorias,
notas triunfales, bélicas marchas:
¡chit! porque huyen al escucharos,
trémulas todas, mis musas blancas…
Sol esplendente de primavera,
lindas mujeres de faz rosada,
himnos triunfales…; ¡dejadme a solas
con mis ensueños y mis nostalgias!
Pálidas brumas que me rodean
como rizado crespón de plata,
vagas penumbras, niñas enfermas
de ojos obscuros y tez de nácar,
notas dolientes: ¡venid, que os amo!
¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, Amado Nervo (Tepic, México, 1870-Montevideo, 1919)
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Foto: Germán Arens en El Infinito Viajar

lunes, septiembre 24, 2012

Germán Arens / Después de caminar casi nueve leguas...























Después de caminar casi nueve leguas...

Después de caminar casi nueve leguas
llegué a la ermita.
El niño estatua permanece en ella,
también su madre.

Río y altura mediantes
el pueblo está a mis pies.
En su apariencia todo está abandonado.

Llega la noche,
decido dormir en el lugar.

A pesar de ser octubre
las colonias están secas.

La luna está casi llena.
En el centro de Orión las Tres Marías.
Sobre el horizonte oeste
muy cerca de Venus distingo a Saturno,
el de los diecisiete satélites.
Venus, que es el Lucero, apenas si se ve.
Busco a Júpiter en el este.
¿Estará el Gordo en Ganímedes?...

Entro a mi bolsa de dormir,
una vieja Duvet de pluma de ganso.
Enciendo mi linterna
y me entrego a la lectura de
“Algunos discursos presidenciales desde la vuelta
de la democracia a nuestros días”.

Mañana cruzaré el puente negro.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Siempre creí que los zombis eran los protagonistas de un subgénero del cine de terror clase B (publicará Vox, Bahia Blanca)
---
Ilustración: The Big Moon, 1923, Marianne von Werefkin

lunes, enero 30, 2012

Germán Arens / En una nave comandada...



















En una nave comandada por Enrique
unos pocos hombres abandonamos la Tierra

(...)

La madrugada del 4 de marzo
Ñancufil dejó un mensaje de voz en mi celular...
diciendo que en dos días
Enrique viajaría con destino incierto.
La vida humana corría serios peligros de extinción.
Había una única posibilidad de impedirlo.
Si quería ser de la partida
debería comunicarme con ellos ni bien me despertara.

No lo pensé dos veces.

El carnicero González, Don Luis Rancaño,
el Cigarra grande, el payador Alderete,
el investigador Pablo Rebich, Barilatis
y el poeta Fabián Benassi
recibieron el mismo mensaje.

Razón que me llevó a escribir sobre ellos...
en estas memorias de mis últimos días en la Tierra.

(...)

Fabián, cuenta que un tal Harold Camping
predijo el fin del mundo
para el 21 de mayo del año 2011.
Dos días después,
Camping agregaría que el fin de los tiempos
llegaría algo más tarde de lo predicho.
-No cambio la fecha...
los humanos debemos ser más espirituales
en relación a esto, diría Camping.

Pablo,
agrega que para el 27 de septiembre de este año,
estuvo pronosticada una explosión solar.
Ese día en Sierra de la Ventana,
precisamente en el cerro Tres Picos,
se suicidaron 27 personas
que integraban parte de una comunidad
llamada Seres de Luz.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), En una nave comandada por Enrique unos pocos hombres abandonamos la Tierra, editorial Vox, Bahía Blanca, 2011
---
Ilustración: The Gas Factory at Courcelles, 1884, Ernest Jean Delahaye

lunes, abril 04, 2011

Germán Arens / Una carnicería


















Una carnicería

Una carnicería
es un lugar destinado
a manipular carne con o sin hueso
me dijo González,
carnicero en mi pueblo.

Una carnicería debe ser blanca.

La superficie
de una carnicería
deberá ajustarse a las ordenanzas municipales
de edificación establecidas.

Paredes azulejadas, pisos impermeables.

Un sanitario y sus elementos.

Iluminación artificial o natural
ventilación natural o artificial.

Las heladeras
deberán estar en funcionamiento continuo
garantizando de manera ininterrumpida
una temperatura inferior a -18 ºC.

Todo mientras haya carne.

Ahora bien…
Teniendo en cuenta que desde la Asociación de Abasteros y Matarifes informaron
 una caída en el consumo de un 25 % y que muchos productores se dedicaron
 a la soja por la renta económica que genera.
Teniendo en cuenta la sequía del 2009.
Teniendo en cuenta la presión para que no se exporte.

¡No es el precio internacional
el que empuja los valores locales!...

Hasta puse 4 sillas violetas
en el intento
de destacar a mi carnicería
de otras carnicerías.

Entonces Germán...
respondiendo a tu curiosidad,
nada más significativo que el diálogo
que hoy por la mañana tuve con Minieri.

- ¿Qué tal, González, cómo va ese negocio?
- A la mañana no entra nadie, che. No pasa una mierda…
- ¿Y a la tarde?
- Y a la tarde merma un poco siempre.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Pueblada 2 - El regreso, inédito
---
Ilustración: Relieve toscano, 1967, Ben Nicholson

jueves, noviembre 25, 2010

Germán Arens / Buscábamos...















Buscábamos la salina…

-Por la 22 como quien va para Algarrobo-
nos dijo Almaraz cinco días antes.

-Llegan a Gas del Estado…
ahí nomás a la izquierda agarran la 1 que es de tierra,
le pegan hasta el km. 52,
la ruta es arenosa
y cruza todo el “Bajo Negro” que le dicen.
A 20 kms. del cruce
hay un bolichito de adobe en medio de un caldenal…
cualquier cosa pregunten.-
nos dijo Almaraz cinco días antes.

En el A.C.A. llenamos el tanque...
por si las moscas.

Al Sprint 79 le hice el motor en el 98…
cambié los conjuntos
(camisas, pernos, bujes, aros, pistones),
rectifiqué el cigüeñal,
cambié cojinetes de biela y bancada,
le hice reemplazo de válvulas en la tapa...
después le instalé un equipo de gas.
Lo ando a nafta en las primeras vueltas de motor,
ya tiene 90.000 kms.
y nunca tuve que abrirlo.

No fuma ni pistonea.

Es el auto que religiosamente
me lleva a trabajar todos los días…
el auto con el que agarro la ruta
cada vez que puedo.

Buscábamos la salina.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967)
---
Foto: Puelches, La Pampa Arens/Facebook

lunes, septiembre 06, 2010

Germán Arens / Dos poemas















Cuando esos dos hombres...

Cuando esos dos hombres
venidos del pueblo
instalaron el tanque australiano entregado
por la firma fabricante que lo fabricara...
que hicieran al tanque
el envío incluía
accesorios diversos
las chapas
de un metro
de un metro
de ancho
tres metros
de largo...
y entre ellas
las juntas
las juntas
de unión,
etc., etc..



Dijera el abuelo:

-¡Cepillar con cepillo
de año en año debemos las paredes internas...
evitará permanezcan adherencias en tiempo!

Nunca hubiéramos imaginado;
tan niños nosotros...
que estábamos a días
de contemplar agradecidos a Diana en bikini
mientras las vacas abrevaban cerquita.



Anoche apareció el espíritu de Edgardo...

Anoche apareció el espíritu de Edgardo...
La abuela estaba con dolor de cabeza y fue al living a buscar bayaspirinas.
El miraba una fotografía en la que acababa de tomar su primera comunión.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Los ojos del cordero, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2010
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Ilustración: La bañista, 1848, Jean-François Millet

miércoles, agosto 26, 2009

Germán Arens / de los "Versos de Gabino"















Vecinos

Ayer...

(no daré
datos precisos
en relación
a Waimann,
dejo situado
el ayer
en algún lugar
de mi tiempo)
vi a Waimann
esperando
a la muerte
en su puerta
de calle.
Lo sé
muerto
desde hace
cuatro meses,
predestinación
de su médico.
Ayer
vi a Waimann
esperando
a la muerte...

y hoy
Waimann
está muerto
está muerto
está muerto
Ayer...
además de
a Waimann
esperando
a la muerte
en su puerta
de calle
ví a Alberto...
volvía satisfecho
del gimnasio...
y ayer,
además de
a Waimann
en su puerta
de calle
esperando
a la muerte
al momento
en que Alberto
satisfecho
volvía
del gimnasio...
pude ver
a la mujer
de Kandia
y en sus manos,
de la cooperativa obrera
cinco bolsas.
Todos ellos
(mis vecinos)
me han visto,
aunque no tienen
el deseo irrelevante
de escribirme.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Versos de Gabino, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2009
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Foto: Arens con su hija Malena