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martes, julio 04, 2023

Gabriele D’Annunzio / De "Canto nuevo"




Canto del sol

IX

Nupciales, los vientos hablan a la fresquísima selva,
dormida en la vasta luz plenilunar,

dormida junto al mar que calla. De cerca calla el mar
lleno de sus profundos, mudos, lejanos amores.

Hablan los vientos: -Oh vosotros a quienes sube por el tronco la linfa,
cual por las venas la viva sangre a los humanos asciende;

vosotros, verdes atletas, que tendéis los brazos al azul,
en la fecunda tierra húmeda hundidos los pies,

¡acoged el mensaje! A lo lejos una selva virgen
sueña en el monte, bajo la luna, lejanos amores-.

Hablan los vientos. Duermen las selvas. De cerca, calla el mar
lleno de profundos, mudos, lejanos amores.

No se mueve hoja ni onda. Silenciosas pasan las nubes
en la suprema luz desvaneciéndose.

Llevan las nubes en su regazo abrazos a los númenes,
voluptuosamente desvaneciéndose.

Gabriele D’Annunzio (Pescara, Italia, 1863-Gardone, Italia, 1938), Canto nuevo [1896], Lumen, Barcelona, 1987
Traducción: Fernando Iscar



IX

Pronubi i vènti parlano a la freschissima selva
dormente ne la vasta luce plenilunare,

dormente presso il mare che tace. Da presso, il mar tace
pieno de suoi profondi muti lontani amori.

Parlano i vènti: -O voi cui viva pe' tronchi la linfa,
qual per le vene il sangue vivo degli umani, sale;

voi, verdeti atleti, protesi le braccia a l'azurro,
giù ne l'altrice terra umida immersi il piedi,

accogliete il messaggio! Lontano una vergine selva
si 'l monte, a la luna, sogna lontani amori.- 

Parlano i vènti. Dormon le selva. Da presso, il mar tace
pieno di suoi profondi muti lontani amori.

Non destasi foglia, onda. Silenti passan le nubi
ne la sovrana luce dileguandosi.

Recano le nubi in grembo gli amplessi dei numi
voluttuosamente dileguandosi.

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Foto: Gabriele D'Annunzio en su finca de Il Vittoriale degli Italiani, Gardone, Lombardía. En L'Illustrazione Italiana, año XLVIII, 20 de noviembre de 1922 Biblioteca Agostini /Getty Images

domingo, enero 31, 2016

Gabriele D’Annunzio / Stabat nuda aestas


Primero entreví su pie ligero correr
sobre la hojarasca de los pinos
donde cortaba el aire con grande
temblor una blanca flama fugaz.
Callaron las cigarras. Y más roncos
se hicieron los arroyos. Copiosa
la resina brotaba más intensa.
Advertí la culebra y su rumor.

En el bosque de olivos la encontré.
Entre sombras cerúleas de las ramas,
en su espalda caía el pelo leonado
y en el argénteo paladio transvolar
sin sonido. Más lejos en el rastrojo
la alondra saltó del surco raso,
y llamó su nombre desde el cielo.
También por su nombre la llamé.

Entre los laureles la vi voltearse.
Como mies de bronce entre los juncos
penetró, que se cerraron estrepitosos.
Más lejos, hacia el lido, entre el juncal **
marino pisó su pie en falso.
Tendida cae entre la arena y el agua.
El poniente espumó en sus cabellos.
Apareció inmensa, inmensa y desnuda

Gabriele D’Annunzio (Pescara, Italia, 1863-Gardone, Italia, 1938), Alcyone (1902), Arnoldo Mondadori Editore, Milán, 1984
Versión de Ángel Faretta

*El título está tomado de un hemistiquio de Ovidio en las Metamorfosis, II. 28: “stabat nuda Aestas/ et spicea serta gerebat”: “Estaba desnudo el verano y coronas de espigas llevaba”.
**Dejo en “lido” y no “playa” u “orilla” porque se ha hecho un término ya universal, siquiera por el turismo que hizo famoso al lido de Venecia. [Ns. del T.]

Foto: D'Annunzio en 1922 con el uniforme de la Regia Aeronautica (Fuerza Aérea) italiana, de la que formó parte durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Wikimedia Commons


Stabat nuda aestas

Primamente intravidi il suo piè stretto
scorrere su er gli aghi arsi dei pini
ove estuava l'aere con grande
tremito, quasi bianca vampa effusa.
Le cicale si tacquero. Più rochi
si fecero i ruscelli. Copiosa
la resina gemette giù pe'fusti.
Riconobbi il colùbro dal sentore.

Nel bosco degli ulivi la raggiunsi.
Scorsi l'ombre cerulee dei rami
su la schiena falcata, e i capei fulvi
nell'argento pallàdio trasvolare
senza suono. Più lunghi nella stoppia,
l'allodola balzò dal solco raso,
la chiamò, la chiamò per nome in cielo
Allora anch'io per nome la chiamai.

Tra i leandri la vidi che si volse.
Come in bronzea mèsse nel falasco
entrò, che richiudeasi strepitoso.
Più lungi, verso il lido, tra la paglia
marina il piede le si tolse in fallo.
Distesa cadde tra le sabbie e l'acque.
Il ponente schiumò nei sui capegli.
Immensa apparve, immensa nudità.

viernes, septiembre 12, 2014

Gabriele D'Annunzio / De "Canto de la invitada"
















[de Canto de la invitada]

III

Cuando los jóvenes rayos del sol alborozos
áureos en las aguas turbias encienden,
la valisneria * en el fondo,
recibe al dios con temblor;

y las flores femíneas ávidas emergen
sobre sus volubles espirales, al polen,
a las auras, al sol ofreciendo
sus cálices lujuriosos;

las nupcias sonríen, auspicios cantan
por el selvático estanque los favonios,
mas las flores masculinas al sol
flotan entristecidas;

tal del alma, por el diamantino
fulgor de tus iris, con un ímpetu
de nueva juventud
me sube el deseo;

y a tu flexible flanco de antílope
tiendo mis brazos, y a tu temerosa
boca anhelando amor
tiendo yo mi boca temerosa:

suenan los besos, corren estremecimientos
largos por las íntimas venas, ¡pero rígidas
a tus pies caen
con alas truncadas las estrofas!

Gabriele D'Annunzio (Pescara, 1863-Gardone, 1938), "Canto de la invitada", Canto nuevo [1896], traducción de Fernando Iscar, Lumen, Barcelona, 1987

 * Planta acuática cuyo lujurioso florecer bajo la influencia del sol compara el poeta con su propia excitación ante la presencia de la amada. [N. del T.]


[Canto dell'opsite]

III

Quale, se i giovini raggi tripudii
ne l’acque torpide aurei accendono,
la vallisneria a l’imo
sente il dio con un fremito;

e i fior feminei avidi emergono
su le volubili spirali, a i pollini
a l’aure a ’l sol porgendo
lussurïosi i calici:

le nozze arridono, liberi cantano
lungo il selvatico stagno i favonii,
ma i fiori maschi a ’l sole
intristiti galleggiano;

tale da l’anima, Lalla, ne ’l gemmeo
fulgor de le iridi tue, con un impeto
di giovinezza nuova
mi sale il desiderio;

e a ’l tuo flessibile fianco di dàina,
Lalla, io le braccia, e a la tua trepida
bocca alenando amore
tendo io la bocca trepida:

i baci scoccano, corrono brividi
lunghi per l’intime vene, ma rigide
a’ tuoi piedi le strofe
con ali mozze cadono!

---

viernes, mayo 20, 2011

Gabriele D'Annunzio / La lluvia en el pinar



La lluvia en el pinar

Calla. Sobre el umbral
del bosque no oigo
palabras que llamas
humanas; pero oigo
palabras más nuevas
que hablan gotas y hojas
lejanas.
Escucha. Llueve
de las nubes fugitivas.
Llueve sobre los tamariscos
salobres y quemados,
llueve sobre los pinos
escamosos y áridos,
llueve sobre los mirtos
divinos,
sobre las fulgentes retamas
de flores plenas,
sobre las retamas densas
de golosos aromas,
llueve sobre nuestros rostros
silvanos,
sobre nuestras manos
desnudas,
sobre nuestras ropas
ligeras,
sobre las frescas ideas
que el alma anuncia
como la buena nueva,
sobre la fábula bella
que ayer
te ilusionó, y que hoy me ilusiona,
Oh Hermione.

¿Oyes? La lluvia cae
sobre la solitaria
verdura
con un crepitar que dura
y en el aire muta
propicias las frondas
Más densas, menos densas.
Escucha. Responde
al llanto el canto
de las cigarras
que el llanto austral
no asusta,
ni el cielo espectral.
Es el pino
tiene un sonido, y el mirto
tiene otro y el enebro
aún otro, instrumentos
diversos
bajo innumerables dedos.
E inmersos
estamos en el espíritu
silvestre,
de arbórea vida viviente;
y tu rostro ebrio
está mórbido de lluvia
como una hoja,
y tus cabellos
huelen como
las claras retamas,
oh criatura terrestre
que tiene nombre,
Hermione.

Escucha, escucha. El acorde
de las áreas cigarras
de a poco
más sordo
se hace sobre el llanto
que crece;
Pero un canto se vierte
más ronco
que de allí sale,
de la húmida sombra remota.
Más sordo y más tenue
se ralenta, se apaga.
Sólo una nota
aún tiembla, se apaga,
Resurge, tiembla, se apaga.
No se oye la voz del mar.
Ora se oye sobre la fronda toda
repiquetear
la argéntea lluvia
que monda,
el murmullo que muta
según la fronda
más densa, menos densa.
Escucha.
La hija del aire
está muda; pero la hija
del limo lejana,
la rana,
canta en la sombra más honda,
¡quizás donde, quizás donde!
Y llueve sobre tus cejas,
Hermione.

Llueve sobre tus cejas negras
pareciera lloraras
pero de placer; no blanca
más casi vuelta verdeante,
que pareces de corteza salida.
Y en nosotros es fresca la vida
fragante,
el corazón en el pecho como durazno
intacto,
Los ojos entre los párpados
como veneros entre las hierbas,
los dientes en los alvéolos
como almendras acerbas.
Y vamos de breña en breña,
Unidos o separados
(y el verde vigor rudo
los tobillos nos enlaza
las rodillas nos enreda)
¡quizás dónde, quizás dónde!
Y llueve sobre nuestros rostros
silvanos,
llueve sobre nuestras manos,
desnudas,
sobre nuestras ropas
ligeras,
sobre las frescas ideas,
que el alma anuncia
como buenas nuevas,
sobre la fábula bella
que ayer
me ilusionó, y que hoy te ilusiona,
Oh Hermione.

Gabriele D'Annunzio (Pescara, 1863 - Gardone, 1938), Del Alcyone, 1903
Traducción: Ángel Faretta

*“virente”, del latín -y lo más aproximado- “verdeante”, como también “volverse, hacerse verde”. Es un término todavía bastante usual en portugués pero no así en italiano. La ultima edición del Hoepli no lo incluye. Es uno de los tantos arcaísmos -como así también de los préstamos tomados de otros idiomas- empleados por D’Annunzio, cuyo catálogo iniciado casi de inmediato a la publicación de sus obras continúa todavía hoy. Para todo ello Mario Praz, passim. (N. del T.)

La pioggia nel pineto
Taci. Su le soglie / del bosco non odo / parole che dici / umane; ma odo / parole più nuove/ che parlano gocciole e foglie / lontane. / Ascolta. Piove / dalle nuvole sparse. / Piove su le tamerici / salmastre ed arse, / piove sui pini / scagliosi ed irti, / piove sui mirti / divini, / su le ginestre fulgenti / di fiori accolti, / su i ginestri folti / di coccole aulenti, / piove sui nostri volti / silvani,/ piove sulle nostre mani / ignude, / sui nostri vestimenti leggieri, / su i freschi pensieri / che l'anima schiude / novella, // su la favola bella / che ieri / t'illuse, che oggi m'illude, / o Ermione. // Odi? la pioggia cade / su la solitaria / verdura / con un crepitio che dura / e varia nell'aria / secondo le fronde / più rade, men rade. / Ascolta. Risponde / al pianto il canto / delle cicale / che il pianto australe / non impaura, / nè il ciel cinerino./ E il pino / ha un suono, e il mirto / altro suono, e il ginepro / altro ancora, stromenti / diversi / sotto innumerevoli dita. / E immersi / noi siam nello spirto / silvestre, / d'arborea vita viventi;/ e il tuo volto ebro/ è molle di pioggia / come una foglia,/ e le tue chiome / auliscono come/ le chiare ginestre, / o creatura terrestre/ che hai nome/ Ermione.// Ascolta, ascolta. l'accordo /delle aeree cicale/ a poco a poco/ più sordo/ si fa sotto il pianto/ che cresce; / ma un canto vi si mesce / più roco/ che di laggiù sale, / dall'umida ombra remota. / Più sordo e più fioco / s'allenta, si spegne./ Sola una nota / ancor trema, si spegne, / risorge, trema, si spegne./ Non s'ode voce del mare./ Or s'ode su tutta la fronda / crosciare / l'argentea pioggia / che monda,/ il croscio che varia / secondo la fronda / più folta, men folta./ Ascolta./ La figlia dell'aria / è muta; ma la figlia / del limo lontane, / la rana,/ canta nell'ombra più fonda, / chi sa dove, chi sa dove! / E piove su le tue ciglia, / Ermione.// Piove su le tue ciglia nere/ sì che par tu pianga / ma di piacere; non bianca / ma quasi fatta virente (*), / par da scorza tu esca./ E tutta la vita è in noi fresca/ aulente, / il cuor nel petto è come pesca/ intatta,/ tra le pàlpebre gli occhi / son come polle tra l'erbe,/ i denti negli alvèoli/ son come mandorle acerbe./ E andiam di fratta in fratta,/ or congiunti or disciolti / (e il verde vigor rude/ ci allaccia i mallèoli/ c'intrica i ginocchi) / chi sa dove, chi sa dove!/ E piove su i nostri volti/ silvani,/ piove sulle nostre mani / ignude,/ sui nostri vestimenti /leggieri,/ su i freschi pensieri/ che l'anima schiude / novella,/ su la favola bella /che ieri / m'illuse, che oggi t'illude,/ o Ermione.


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Foto: D'Annunzio en Il Vittoriale, el conjunto de edificios y jardines creado por él junto al lago Garda en la Lombardía, en 1921