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lunes, junio 03, 2024

Gabriela Schuhmacher / De "Tres holandeses"




Escena

Llevo días de fiebre y decaimiento. El cuadro avanza.
Dulle Griet es reconocida como una mujer de Flandes
a punto de arder. ¿Está loca? Qué paradoja, pienso, soy
considerado un pintor de caseríos y ella se diluye como
una gota de aceite en el brasero del pueblo.


Trigales

Rembrandt, estoy en Auvers, frente a los trigales después 
de la lluvia. Acérquese a mis impresiones: tallos
verdes y azules, hojas como cintas, espigas amarillas
con reflejos en rosa pálido. Nada más que tallos, eso es
lo que veo: una divinidad que se despereza por efecto
de la luz y de la humedad. Cada etapa del ciclo de
desarrollo tiene atractivos y el tiempo es breve. De un
día para otro, nada se corresponde con lo que hoy le
cuento. Por eso soy muy riguroso, como la vida lo es
con una flor y con su semilla antes de que el viento la
tome.


Árboles

Tres árboles en medio de la llegada de una tormenta. En
un instante pudo plasmar el cambio de la luz, una
alteración en el cielo. Así es el alma que nos fue dada:
matices y violentos contrastes. La destreza del ánimo
curtió sus manos, usted sabe, solo son tres árboles.

Gabriela Schuhmacher (Sante Fe, Argentina, 1970)

Tres holandeses
,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2024












Más poemas de Gabriela Schuhmacher en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Gentileza de la autora

domingo, agosto 01, 2021

Gabriela Schuhmacher / De "Golpe de frío"




Los colores del atardecer

aparecían al terminar las tareas.
El hijo de Doña María, la vendedora
de frutas y verduras, nos acompañaba
a contemplar el cielo.
Luego de una larga jornada 
sobre el tractor, sus ojos 
nos acercaban la luz 
del corazón de las sandías partidas, del jugo
de los melones ablandados por las lluvias. 
Él, antes de sentarse con nosotros,
se bañaba solo y al salir de la pileta 
cruzaba los brazos tiritando de frío.
Su rostro abría un éxtasis lejano
que nos dejaba desnudos, uno al lado del otro, 
en el vacío de la tarde.


El origen de las estrellas

Miraba a los mayores hacer el fuego
como quien contempla el origen de las estrellas. 
A esas alturas ya había descubierto que no nacían solas. 
Se trataba de minúsculos grupos resultantes 
de una materia nebulosa. En el proceso de formación, 
algunas explotaban violentamente. Intuí lo infernal:
nada bueno iba a pasar bajo cuerpos vacilantes.


Babas del diablo

Atrás de los piramidales se escondía el sol.
En ese punto de fuga, mi perro desaparecía
y llegaban otros sin dueños. Las babas 
del diablo quedaban retenidas 
por los pinos. Las avispas 
hacían sus panales y en lo bajo de los troncos 
varias culebras se encontraron muertas.
Las mujeres avanzábamos de la mano, 
o convencíamos a algún amigo para que
nos acompañara a explorar. 
Agitadas, voceábamos su nombre, 
dándonos palmadas sobre la boca. 
La gloria y el miedo iniciaron un lugar donde
luces y sombras se perdían juntas. Inexpertas,
jurábamos que nunca nos íbamos a enamorar.

                                                 / a Fernanda, 
                                                Cecilia e Inés


La fuerza divina

no podía elevarnos. Con la creciente 
el pueblo se puso intransitable.
Por el camino de arena 
se arreaba el ganado
a tierras más altas. Nadie podía 
llegar a la iglesia. 
Dios se había convertido 
en un pájaro que bajaba 
en picada 
para devorar ranas y libélulas:
los temores vagos 
entre el cielo y la tierra
necesitan alimentarse.
Comprendimos, 
en nuestro humano entendimiento, 
que la fuerza divina 
era limitada, sin embargo,
nos salvaba.
Agradecidos, tomábamos sol, 
cerca de la tranquera
para ver el paso de las vacas.

Gabriela Schuhmacher (Sante Fe, Argentina, 1970)

Golpe de frío
,
Universidad Nacional del Litoral,
Santa Fe, 2021









N. del Ad.: Algunos de los poemas de Golpe de frío refieren a los del Trabajar cansa, de Cesare Pavese, según se deja constancia en el final de este libro. De los aquí presentados, "Los colores del atardecer" tributan a "Revelación"; "Babas del diablo", a "Mujeres apasionadas" y "Después".



domingo, julio 22, 2018

Gabriela Schuhmacher / De "Extensos óleos"














6

Soy el ojo de Dios, su trayecto.
A diferencia de los artistas
en este mármol blanco, esbozo
el horror al vacío, perduro como Apolo
del Belvedere. Desde la cima
extiendo un sesgo de deseo
putrefacto. Pero miren la obra
del significante al goce, en cada blanco:
un muerto, otro muerto.
Prueben sin culpa
la ausencia del temor al Altísimo,
también su sustancia
y eleven este frío anónimo
frente al misterio de lo creado.

Gabriela Schuhmacher (Sante Fe, Argentina, 1970)

Puros e impuros / Extensos óleos,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2018










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Foto: FB