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miércoles, febrero 15, 2023

Gabriel Reches / De "Falta un motivo"




Paisajismo

Hay en la prédica de los estambres
esta inquietud 
que la turba desconoce.
Una y otra vez la primavera irrumpe
con amenaza restauradora.
Incrustados en el muro
vidrios ocultos 
por el brote de la hiedra
un fondo donde lo humano
persiste a pesar
de la traza del sol.
Sistema de riego, tijeras, que nada
se escurra en nuestras manos
aunque no haya crecido
en nuestras manos, aunque nunca 
haya dormido
nunca haya muerto en nuestras manos.


La parte más débil

En las vías respiratorias de la parte
más débil de la humanidad, el fresno
disemina sus partículas.
La parte más débil de la humanidad
es algo que tose cuando sale de la iglesia
y la iglesia está cerrada y no es
que no haya débiles.
Se agolpan en las puertas de la iglesia
hasta que abran las puertas de la iglesia
aquellos bienaventurados que van a morir
en las puertas de la iglesia.
La iglesia disemina sus partículas
en la parte más débil del fresno
que se agolpa en las puertas de la humanidad.
Algo en nuestro mundo bulle
me pongo una campera cool y salgo
para traerte a salvo de esto que vuela
y que florezca lo que tenga qué o por fin desista.


Antes de subir al terciario nocturno

Quién sabe si soy este tipo
que mira a los ojos, dice qué tal
¿Y, chicos? Vamos, cuenten, ¿qué trajeron?
No estoy seguro de ser quien vaya a hablarles
de las cosas o los sacos, los cosacos
si avanzaron un poco en la consigna
del zampopo o en aquello que el zampopo y la consigna
permitieran avanzar en el caso en que avanzar
fuera posible, hacia algún lado, dentro de todo
si aún hubiera puntos cardinales, progresión.
¿Estamos a salvo de una lógica sísifa?,
Si lograron, si volvieran, me pregunto,
si acaso cumplieron
con la tarea de este grupo de tareas que formaron
si ustedes ameritan la rastra
por escalones impávidos o como yo
piden más tiempo.

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968)

Falta un motivo
,
Salta el Pez Ediciones,
Buenos Aires, 2022











domingo, julio 28, 2013

Poemas elegidos, 87


Gabriel Reches
(Buenos Aires, 1968)

Lavadero, de Gerardo Deniz
Querido Jorge: Voy a tratar de ser honesto en la justificación de lo que elegí. Lo primero que vino a mi mente después de tu invitación, fueron tres frases, de tres poemas distintos, de tres poetas distintos.
Frases que desde el día en que las leí, me acompañaron en distintas escenas de la vida cotidiana. No podría asegurar que afectaron mi escritura, ni siquiera que fueron trascendentales en mi experiencia como lector.
Pero sí intervinieron en mi percepción del mundo, desde el momento en que las abduje de sus poemas de origen hasta la actualidad. Y supongo que seguirán haciéndolo en el futuro.
La primer frase es “el atril hubiera querido aniquilarse”, de "Persona pálida", de Louis Aragon.
La conocí de manos de Aldo Pellegrini en su ya célebre antología de la poesía surrealista, cuando todavía no era mayor de edad.
Me pareció siempre una frase incómoda. Quizá por la extrema carga subjetiva de la cosa frente al sujeto, pero en estado de total derrota o de derrota tal, que te lleva a suponer el lugar irónico de quien enuncia y a la vez, delata el uso de los artificios. El  tiempo verbal (hubiera querido) es lo que la distingue.
Una pena que la totalidad del poema no me guste. Y una pena mayor que en otras traducciones se hable de una persona que “con el atril hubiera querido aniquilarse”.
Quien sabe, quizá es Pellegrini quien me cautivara más que Aragon.
Sea como fuere, muchas veces en estos últimos veinte años, frente a una escena de patetismo inofensivo, me encontré pronunciando la frase para mí.
Frente a otras situaciones, de cierto regodeo autorreferencial, estuve a punto de escribir frente al espejo “la contractilidad es una virtud”, del hermoso poema que Marianne Moore le escribió a un caracol. Pensé que era demasiado conocido como para incluirlo aquí en su totalidad.
Por último, la tercera exclusión, es la de los tres últimos versos del poema "Vigilia", de Ungaretti, del libro La alegríaNo me he sentido nunca/ tan/ aferrado a la vida, pronunciada luego de una noche despierto sosteniendo los restos de su compañero de batalla masacrado.
A diferencia de "Persona pálida", todo este poema me resulta hermoso. La frase -que rápidamente se volvió “nunca me sentí tan aferrado a la vida”- aún hoy sigue funcionando como un filtro, un tamizador para percibir o reflexionar (una reflexión abreviada, chatarra) en determinadas situaciones; y hasta alguna vez escribí un poema sobre el modo en que mis acciones más banales debían convivir con los residuos de de esa afirmación poética.
El hecho de que Ungaretti haya sido citado al menos dos veces en tu blog, lo deja afuera.
Explicadas las tres exclusiones, elijo a Gerardo Deniz y su poema “Lavadero”, del libro Mundonuevos.
Gana como ganó Reutemann, luego de que otros competidores abandonaran.
Deniz llegó a mis manos hace unos veinte años, a través de un muy querido librero y también poeta, a quien no veo hace mucho, Daniel Schiavi.
Fue en el 92  -mientras Irene Gruss trataba de apaciguar con beatniks y otros yankees mi registro más infantil emparentado con los malditos- que Dani en Gandhi le dio un libro chiquito y gris a mi mujer  y le dijo: tiene que leer esto. Creo que fue uno de los regalos que recibí para mi cumpleaños número veinticinco.
Tenía razón. Deniz me divirtió y liberó, con su bufoneo de Rimbaud en el poema “Artocarpa” y con su manera de introducir el humor como desafío conceptual.
 Me inquietó su cosmogonía omnipensante de la que puedo asirme nunca del todo, el modo dislocado y a la vez tan orgánico en que ésta se hacía carne en estructuras semánticas y gramaticales; nunca en un desafío formal acrobático, sino más bien, en la yuxtaposición de un orden y un desorden estructural, vital.
La búsqueda de sentido, donde el lenguaje convencional no es tan rendidor como sus posibles fisuras, aquella necesidad comunicativa para la que no son tan útiles las leyes de funcionamiento, sino los bordes y transgresiones. Podría alegarse que esta última afirmación corresponde a la definición genérica de aquello que entenderíamos como poesía.
Podría alegar entonces que Deniz por momentos, es poesía en el sentido más tajante, en estado puro y ya irreductible.
El paralelismo entre el ruido de la espuma de un lavarropas y el murmullo de una masa de militantes derrotados por la propia reflexión es solo muestra de un autor capaz unir sus elucubraciones y la experiencia, como si después de la poesía, todo lo posible formara parte de un nuevo sistema de leyes naturales.
Deniz me transmitió la ilusión de una escritura que acerque un poco los mundos de la percepción con los del pensamiento elaborado y fundamentalmente, la idea de que cada tanto, hoy todavía, te encontrás con tipos que escriben como nadie antes.


Lavadero

El ruido de la espuma que se deshace,
ampliado cuatroscientasmil veces,
se parecería al de una concentración de masas que de pronto,
descubrieran,
simultáneas,
un error garrafal en su ideario político,
y cada quien decidiese regresar a casa sin ostentación,
aunque sin abstenerse tampoco de comentar sotovoche
con los compañeros de mitín.
(El acierto de la presente comparación cala hondo:
diminutas burbujas que revientan/modestos ciudadanos
           se dispersan,
consistencia de la espuma/mortalidad entre jíbaros zurdos,
y demás).

Gerardo Deniz (Madrid, 1934, Ciudad de México, 2014)


Foto: Gabriel Reches por Bernardino Ávila en Página 12

jueves, junio 28, 2012

Gabriel Reches / Tía Berta, el mundo...






Tía Berta, el mundo...

Tía Berta, el mundo
no se extingue, se extingue
la anécdota de nuestra dominación.
Sedimento de polvo estelar
sobre las mejores creaciones

pero un día de nombre distinto a día
aquella conciencia accidental
con su garra excavadora o por telecomando
va a preguntarse qué
frente a la antena parabólica que emerge
de la humanidad hecha trizas

cuando atravieso el camino marcado por los héroes
de la vialidad
el cultivo transgénico separado en márgenes
frente al sol que se pierde
              los caballos pastando
              el sonido del viento
              fluye el milagro en una línea de postes

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968), es el fin del mundo, tía Berta, Ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Soldado turco, 1913, Kasimir Malevich

sábado, abril 14, 2012

Gabriel Reches / Viste que en el vacío los cuerpos caen...




Viste que en el vacío los cuerpos caen...

Viste que en el vacío los cuerpos caen como si tuvieran igual peso
hasta la profesora de química con más clonazepam logra recordarlo
no debería extrañar que nos encontremos en el aire
sea cual fuere tu lugar en el cuadro de honor del mausoleo
sea cual fuere tu mausoleo, como te guste llamarlo
en colonizaciones, chatarra traba merca
neurona de plush, pija rebajada en te verde
elixir montonero de eterna juventud
¿contentos poetitas?
ahora hablemos sobre el fin del mundo
Y qué si jesús y sus colegas lograran volver y se encontraran
reservoreos culturales carcomidos por insectos
la especie que se esfuma en el sueño de grandeza
dominación sobre aquello que aceptara nombre
vos creías estar al margen con tu bolsa
que llenabas de cosas en la feria orgánica
yo contemplaba el éxtasis de las hojas
ay, como dan contra el suelo parquizado
ahora que ya fue, el dilema se plantea
para qué comprar biromes si después del cataclismo
una voz no abriga, una voz no es sombra
será por bendecir la siesta del quiosquero
el último instante donde un pulso
merece derroche
la farsa debe
parecer dicha

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968), de es el fin del mundo, tía Berta, inédito.
Vía Kriller71 (entrevista y poema)

Ilustración: Blanco sobre blanco, 1918, Kasimir Malevich

viernes, junio 27, 2008

Gabriel Reches / Dos poemas

Cuántas veces la tentación
de subirse al vagón de un ramal
preciso para bajar
exactamente en cualquier estación
y ahí conocer la verdad supuesta
de las cosas, fundar una vida
sin sostenes
se disipa?
Planos superpuestos
de movimiento en el tren
expulsan al pasajero
por puertas o ventanas
Llegar a casa, al trabajo
nunca a destino
vuelve al destino
un nunca llegar

***

La gente frecuenta pequeñas salas
art nouveau o paseos
peatonales
así la tele
supone a Lisboa
un extraño en la vereda
gruñimos y no vamos a ver
hace mucho no pasamos
toda la vida en la cama

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968), de 6 series, ediciones Vox, Bahía Blanca, en proceso de edición