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domingo, octubre 31, 2021

Atribuido a Francisco de Quevedo/ Rogarla, desdeñarme; amarla, hundirme...




Rogarla, desdeñarme; amarla, hundirme;
seguirla, defenderse; asirla, airarse;
querer y no querer dejar tocarse
y a persuasiones mil mostrarse firme.

Tenerla bien, probar a desasirme;
luchar entre mis brazos y enojarse;
besarla a su pesar y ella agraviarse;
probar, y no poder, a despedirse.

Decirse agravios, reprenderse el gusto
y, en fin, a baterías de mi prisa,
dejar el ceño, no mostrar disgusto.

Consentir que le aparte la camisa,
hallarlo limpio y encajarlo justo:
esto es amor y lo demás es risa.

Atribuido a Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-Torre de San Juan Abad, Villanueva de los Infantes, España, 1645), "Sonetos encontrados en diversos lugares", Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Nota del Ad.: El soneto se considera una respuesta satírica al muy conocido de Lope de Vega (Madrid, 1562-1635) que enseguida se reproduce:

CXXVI

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega, Rimas, 1602 , edición de Ramón García González, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Ilustración: Detalle de una de las tres copias del retrato original de Francisco de Quevedo pintado por Diego de Velázquez, cuyo paradero se desconoce. Las copias se atribuyen a Juan van der Hamen (Madrid, 1596-1631).Siglo XVII Wikimedia Commons

lunes, enero 28, 2019

Francisco de Quevedo / A un amigo que retirado de la corte pasó su edad













Dichoso tú, que alegre en tu cabaña,
mozo y viejo espiraste la aura pura,
y te sirven de cuna y sepultura,
de paja el techo, el suelo de espadaña.

En esa soledad que libre baña
callado Sol con lumbre más segura,
la vida al día más espacio dura,
y la hora sin voz te desengaña.

No cuentas por los Cónsules los años;
hacen tu calendario tus cosechas;
pisas todo tu mundo sin engaños.

De todo lo que ignoras te aprovechas;
ni anhelas premios ni padeces daños,
y te dilatas cuanto más te estrechas.

Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-Torre de San Juan Abad, Villanueva de los Infantes, España, 1645), Poesías escogidas de don Francisco de Quevedo Villegas, tomo IV, Imprenta de Villalpando, Madrid, 1798
Envío de Jonio González

Imagen: Retrato de Quevedo, siglo XVII © Biblioteca Nacional de España España es Cultura

viernes, agosto 02, 2013

Poemas elegidos, 96


Eduardo Álvarez Tuñón
(Buenos Aires, 1957)


Salmo XVII, de Francisco de Quevedo
Si la extensión del blog lo permitiese, si existieran traducciones que no la arrasaran, mi elección hubiese sido, sin dudarlo "Tristesse D´Olympio" de Victor Hugo. Pero quizás porque es igual en su grandeza, en su profundidad y en su perfección, me inclino por el "Salmo XVII" de los sonetos metafísicos de Quevedo. Creo, lo cual no significa que sea cierto, que el paso del tiempo y sus huellas sobre los objetos y los seres, es un tema central no solo de la poesía sino de la literatura y la filosofía en sus acepciones más amplias. Desde que empecé a escribir mi obsesión fue "lo perdido", lo que se llevan los días.  Este soneto, que solo puede ser leído en voz alta, es uno de los momentos más altos de la poesía castellana y resume muchos textos de la literatura universal que, si se me permite el anacronismo, van desde Virgilio al Tiempo recobrado de Marcel Proust.







Salmo XVII

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos de hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí la espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.


Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-Ciudad Real, 1645)


martes, julio 30, 2013

Poemas elegidos, 90


Carlos Aldazabal
(Salta, 1974)

A un hombre de gran nariz, de Francisco de Quevedo
En cierta ocasión el poeta Santiago Sylvester sugirió que los escritores del presente queríamos ser como Quevedo. Esto es: leídos, recordados y admirados cuatro siglos después de nuestra muerte. Lo cierto es que aquella vez yo respondí con un poema que me sirvió para titular un libro: “Por qué queremos ser Quevedo”, que fue como preguntar por qué escribir, por qué insistir con la poesía en un idioma tensado magistralmente por el pulso de un Quevedo, pero también de un Góngora o de un Cervantes.
En otra ocasión me pidieron explicar la importancia de Quevedo para la historia de “la humanidad”, concepto del que descreo fervientemente porque obliga a abstraer al hombre de sus circunstancias, de las condiciones especiales de su época y de su cultura. Por eso prefiero hablar de la importancia de don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas para la lengua castellana, su exploración verbal que nos permite descubrir, por ejemplo, ciertos recursos que emplearía nuestro Oliverio Girondo, recursos vanguardistas que pocos admitirían remitir al momento más clásico de la poesía española (recordemos el tono de uno de los sonetos quevedianos más conocidos, “A un hombre de gran nariz”, y pensemos, simplemente, en el libro Espantapájaros. Lo que estoy queriendo decir es que Girondo fue un gran lector de Quevedo).
Si hoy podemos considerar la obra de un hombre que vivió en una cronotopía precisa (la España barroca, la España del siglo de oro, pero también la España de la santa inquisición) como patrimonio de esa tautología con que la cultura occidental se define a sí misma, es decir, de “la humanidad”, es porque Quevedo fue, cabalmente, un hombre de su tiempo, inmerso en realidades sociales y políticas que le permitían hablar de temas filosóficos, pero también de temas “mundanos”, arrancados de la sabiduría de los sectores populares españoles. Ahí está la Vida del Buscón Don Pablos como testimonio de ese registro, una suerte de Lazarillo de Tormes con firma que reconstruye la tipología del “pícaro”, una de las tantas subjetividades populares de la época que daban cuenta de la profunda crisis moral y económica que atravesaba el imperio español del siglo XVII.
Esta mirada atenta a la realidad social y cotidiana, junto a una búsqueda de innovación estética constante (después del siglo de oro español, recién las vanguardias del siglo XX volverían a poner de moda la palabra “originalidad” con tanta fuerza), y el manejo excepcional de las formas métricas del verso latino, permitieron sostener una poesía precisa y sorprendente, una metafísica de la cotidianidad que no temía recurrir a personajes de los mitos helénicos ni a seres encarnados en la realidad circundante. Cultura alta y cultura popular tejiendo el sentido de una obra que consiguió la originalidad sin caer en arbitrariedades.
Por eso la importancia de Quevedo para nuestra lengua, y por lo tanto para nuestra cultura. Porque sin saberlo anticipó las vanguardias. Porque hablando de su mundo consiguió volverse “universal” por efecto de lectura. Porque Borges era quevediano, y Heidegger, y tantos otros nombres que desfilan por los corredores de la historia entre la maravilla y el oprobio. Porque como la “humanidad” de la que terminó formando parte, la cultura occidental impuesta en el mundo por la seducción o por la fuerza, Quevedo matizó la genialidad de su obra con prejuicios racistas. El antisemitismo de Quevedo, que era un denominador común en los hombres de su tiempo, nos sirve también para pensar, desde nuestra realidad, en los “progresos” de la cultura occidental, los “progresos” de una “humanidad” que ha repetido limpiezas étnicas y genocidios en su esfuerzo por uniformar el mundo. Una “humanidad” que museifica a sus artistas para olvidar la diversidad cultural que sus obras invocan. Para decirlo con Quevedo: “Cualquier instante de la vida humana/ es nueva ejecución, con que me advierte/ cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana”.



A un hombre de gran nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;

Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.


Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-Ciudad Real, 1645)



Foto: Carlos Aldazabal en FB

martes, abril 20, 2010

Octavio Paz / de "Salamandra"




Homenaje y profanaciones

Aspiración

1

Sombras del día blanco
Contra mis ojos. Yo no veo
nada sino lo blanco
La hora en blanco. El alma
Desatada del ansia y de la hora.

Blancura de aguas muertas,
Hora blanca, ceguera de los ojos abiertos.
Frota tu pedernal, arde memoria,
Contra la hora y su resaca,
Memoria, llama nadadora.

2

Desatado del cuerpo, desatado
Del ansia, vuelvo al ansia, vuelvo
A la memoria de tu cuerpo. Vuelvo.
Y arde tu cuerpo en mi memoria,
Arde en tu cuerpo mi memoria.

Cuerpo de un Dios que fue cuerpo abrasado,
Dios que fue cuerpo y fue cuerpo endiosado
Y es hoy tan sólo la memoria
De un cuerpo desatado de otro cuerpo:
Tu cuerpo es la memoria de mis huesos.

3

Sombra del sol Solombra segadora
Ciega mis manantiales trasojados
En nudo desanuda Siega el ansia
Apaga el ánima desanimada

Mas la memoria desmembrada nada
Desde los nacederos de su nada
Los manantiales de su nacimiento
Nada contra corriente y mandamiento

Nada contra la nada
Ardor del agua
Lengua de fuego fosforece el agua
Pentecostés palabra sin palabras

Sentido sin sentido No pensado
Pensar que transfigura la memoria
El resto es un manojo de centellas


Espiración

1

Cielos de fin de mundo. Son las cinco
Sombras blancas: ¿son voces o son pájaros?
Contra mi sien, latidos de motores.
Tiempo de luz: memoria, torre hendida,
Pausa vacía entre dos claridades.
Todas tus piedras vueltas pensamiento
La ciudad se desprende de sí misma.
Descarnación. El mundo no es visible.
Se lo comió la luz. ¿En tu memoria
Serán mis huesos tiempo incandescente?

2

Vana conversación del esqueleto
Con el fuego insensato y con el agua
Que no tiene memoria y con el viento
Que todo lo confunde y con la tierra
Que se calla y se come sus palabras:

Mi suma es lo que resta, tu escritura:
La huella de los dientes de la vida,
El sello de los ayes y los años,
El trazo negro de la quemadura
Del amor en lo blanco de los huesos.

3

Sol de sombra Solombra cegadora
Mis ojos han de ver lo nunca visto
Lo que miraron sin mirarlo nunca
El revés de lo visto y de la vista

Los laudes del laúdano de loas
Dilapidadas lápidas y laudos
La piedad de la piedra despiadada
Las velas del velorio y del jolgorio
El entierro es barroco todavía
En México
Morir es todavía
Morirse de repente en cualquier parte

Lo nunca visto nunca dicho nunca
Es lo ya dicho el nunca del retruécano
Vivo me ves y muerto no has de verme


Lauda

1

ojos medulas sombras blanco día
ansias afán lisonjas horas cuerpos
memoria todo Dios ardieron todos
polvo de los sentidos sin sentido
ceniza de lo sentido y el sentido

Este cuarto, esta cama, el sol del broche,
Su caída de fruto, los dos ojos,
La llamada al vacío, la fijeza,
Los dos ojos feroces, los dos ojos
Atónitos, los dos ojos vacíos,
La no vista presencia presentida,
La visión sin visiones entrevista,
Los dos ojos cubriéndose de hormigas,
¿Pasan aquí, suceden hoy? Son hoy,
Pasan allá, su aquí es allá, sin fecha.
Itálica famosa madriguera de ratas
Y lugares comunes, muladar de motores,
Víboras de Uxmal anacoretas,
Emporio de centollas o imperio de los pólipos
Sobre los lomos del acorazado,
Dédalos, catedrales, bicicletas,
Dioses descalabrados, invenciones
Del ayer o del decrépito mañana,
Basureros: no tiene edad la vida,
Volvió a ser árbol la columna de Dafne.

2

Entre la vida inmortal de la vida
Y la muerte inmortal de la historia
Hoy es cualquier día
En un cuarto cualquiera
Festín de dos cuerpos a solas
Fiesta de ignorancia saber de presencia
Hoy (conjunción señalada
Y abrazo precario)
Esculpimos un Dios instantáneo
Tallamos el vértigo

Fuera de mi cuerpo
En tu cuerpo fuera de tu cuerpo
En otro cuerpo
Cuerpo a cuerpo creado
Por tu cuerpo y mi cuerpo
Nos buscamos perdidos
Dentro de ese cuerpo instantáneo
Nos perdemos buscando
Todo un Dios todo cuerpo y sentido
Otro cuerpo perdido

Olfato gusto vista oído tacto
El sentido anegado en lo sentido
Los cuerpos abolidos en el cuerpo
Memorias desmemorias de haber sido
Antes después ahora nunca siempre

---
Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo

Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), "Salamandra (1958-1961)", La centena (Poemas 1935-1968), Barral Editores, Barcelona, 1969
---
Foto: Radio Perfil

lunes, junio 08, 2009

Quevedo /20

Salmo XXVIII

Amor me tuvo alegre el pensamiento,
y en el tormento, lleno de esperanza,
cargándome con vana confianza
los ojos claros del entendimiento.

Ya del error pasado me arrepiento;
pues cuando llegue al puerto con bonanza,
de cuanta gloria y bienaventuranza
el mundo puede darme, toda es viento.

Corrido estoy de los pasados años,
que reducir pudiera a mejor uso
buscando paz, y no siguiendo engaños.

Y así, mi Dios, a Ti vuelvo confuso,
cierto que has de librarme de estos daños;
pues conozco mi culpa y no la excuso.

De Quevedo y Villegas

domingo, junio 07, 2009

Quevedo /19

SIGNIFICA LA INTERESABLE CORRESPONDENCIA
DE LA VIDA HUMANA

El ciego lleva a cuestas al tullido:
dígola maña, y caridad la niego;
pues en ojos los pies le paga al ciego
el cojo, sólo para sí impedido.

El mundo en estos dos está entendido,
si a discurrir en sus astucias llego:
pues yo te asisto a ti por un talego;
tú, en lo que sé, cobrar de mí has querido.

Si tú me das los pies, te doy los ojos:
todo este mundo es trueco interesado,
y despojos se cambian por despojos.

Ciegos, con todos hablo escarmentado:
pues unos somos ciegos y otros cojos,
ande el pie con el ojo remendado.

De Quevedo y Villegas

sábado, junio 06, 2009

Quevedo /18

PROCURA ADVERTIR LA LOCA OPINION
DE LAS PIEDRAS PRECIOSAS

Si el mundo amaneciera cuerdo un día,
pobres anochecieran los plateros,
que las guijas nos venden por luceros
y, en migajas de luz, jigote el día.

La vidriosa y breve hipocresía
del Oriente nos truecan a dineros;
conócelos, Licio, por pedreros,
pues el caudal los siente artillería.

Si la verdad los cuenta, son muy pocos
los cuerdos que en la Corte no se estragan,
si el ardiente diamantón los hace cocos.

Advierte cuerdo, si a tu bolsa amagan,
que hay locos que echan cantos, y otros locos
que recogen los cantos y los pagan.

De Quevedo y Villegas


Notas del editor:

guija: piedra lisa y pequeña
jigote: guiso de carne picada
caudal: hacienda, bienes
hacer cocos: halagar a alguien con fiestas o ademanes
echar cantos: tirar piedras: estar loco o muy irritado

viernes, junio 05, 2009

Quevedo /17

SONETO AMOROSO

Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;

después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;

en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?

Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.

De Quevedo y Villegas

jueves, junio 04, 2009

Quevedo /16

PELIGROS DE HABLAR Y DE CALLAR,
Y LENGUAJE EN EL SILENCIO


¿Cómo es tan largo en mí dolor tan fuerte,
Lisis? Si hablo y digo el mal que siento,
¿qué disculpas tendrá mi atrevimiento?
Si callo, ¿quién podrá excusar mi muerte?

Pues, ¿cómo, sin hablarte, podrá verte
mi vista y mi semblante macilento?
Voz tiene en el silencio el sentimiento:
mucho dicen las lágrimas que vierte.

Bien entiende la llama quien la enciende;
y quien los causa, entiende los enojos;
y quien manda silencios, los entiende.

Suspiros, del dolor mudos despojos,
también la boca a razonar aprende,
como con llanto y sin hablar los ojos.

De Quevedo y Villegas

miércoles, junio 03, 2009

Quevedo /15

JUSTIFICA SU TINTURA UN TIÑOSO

La edad, que es lavandera de bigotes
con las jabonaduras de los años,
puso en mis barbas a enjugar sus paños,
y dejó mis mostachos Escariotes.

Yo guiso mi niñez con almodrotes
y mezclo pelos rojos y castaños:
que la nieve que arrojan los antaños
aún no parece bien en los cogotes.

Mejor es cuervo hechizo que canario;
mi barba es el cienvinos todo entero,
tinto y blanco, y verdea y letuario.

Negra fue siempre, negra fue primero;
jabelgóla después el tiempo vario:
luego es restitución la del tintero.

De Quevedo y Villegas

martes, junio 02, 2009

Quevedo /14

SONETO AMOROSO DEFINIENDO EL AMOR


Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño amor, éste su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

De Quevedo y Villegas

lunes, junio 01, 2009

Quevedo /13

FINGE DENTRO DE SI UN INFIERNO
CUYAS PENAS PROCURA MITIGAR, COMO ORFEO,
CON LA MÚSICA DE SU CANTO, PERO SIN PROVECHO

A todas partes que me vuelvo veo
las amenazas de la llama ardiente,
y en cualquiera lugar tengo presente
tormento esquivo y burlador deseo.

La vida es mi prisión, y no lo creo;
y al son del hierro, que perpetuamente
pesado arrastro, y humedezco ausente,
dentro en mí propio pruebo a ser Orfeo.

Hay en mi corazón furias y penas;
en él es el amor fuego y tirano,
y yo padezco en mí la culpa mía.

¡Oh dueño sin piedad que tal ordenas,
pues, del castigo de enemiga mano,
no es precio ni rescate l'armonía!

De Quevedo y Villegas

domingo, mayo 31, 2009

Quevedo /12

POR MAS PODEROSO QUE SEA EL QUE AGRAVIA,
DEJA ARMAS PARA LA VENGANZA

Tú, ya ¡oh ministro!, afirma tu cuidado
en no injuriar al mísero y al fuerte;
cuando les quites oro y plata, advierte
que les dejas el hierro acicalado.

Dejas espada y lanza al desdichado,
y poder y razón para vencerte;
no sabe pueblo ayuno temer muerte;
armas quedan al pueblo despojado.

Quien ve su perdición cierta, aborrece,
más que su perdición, la causa della;
y ésta, no aquella, es más quien le enfurece.

Arma su desnudez y su querella
con desesperación, cuando le ofrece
venganza del rigor quien le atropella.

De Quevedo y Villegas

sábado, mayo 30, 2009

Quevedo /11

CONTIENE UNA ELEGANTE ENSEÑANZA
DE QUE TODO LO CRIADO TIENE SU
MUERTE DE LA ENFERMEDAD DEL TIEMPO


Falleció César, fortunado y fuerte;
ignoran la piedad y el escarmiento
señas de su glorioso monumento:
porque también para el sepulcro hay muerte.

Muere la vida, y de la misma suerte
muere el entierro rico y opulento;
la hora, con oculto movimiento,
aun calla el grito que la fama vierte.

Devanan sol y luna, noche y día,
del mundo la robusta vida, ¡y lloras
las advertencias que la edad te envía!

Risueña enfermedad son las auroras;
lima de la salud es su alegría:
Licas, sepultureros son las horas.


De Quevedo y Villegas

viernes, mayo 29, 2009

Quevedo /10

SONETO AMOROSO

Dejad que a voces diga el bien que pierdo,
si con mi llanto a lástima os provoco;
y permitidme hacer cosas de loco:
que parezco muy mal amante y cuerdo.

La red que rompo y la prisión que muerdo
y el tirano rigor que adoro y toco,
para mostrar mi pena son muy poco
si por mi mal de lo que fui me acuerdo.

Oiganme todos: consentid siquiera
que, harto de esperar y de quejarme,
pues sin premio viví, sin juicio muera.

De gritar solamente quiero hartarme.
Sepa de mí, a lo menos, esta fiera
que he podido morir, y no mudarme.

De Quevedo y Villegas

jueves, mayo 28, 2009

Quevedo /9

Salmo XVII

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

De Quevedo y Villegas

miércoles, mayo 27, 2009

Quevedo /8

PRONUNCIA CON SUS NOMBRES LOS
TRASTOS Y MISERIAS DE LA VIDA

La vida empieza con lágrimas y caca,
luego viene la mu, con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca.

En creciendo, la amiga y la sonsaca;
con ella embiste el apetito loco;
en subiendo a mancebo, todo es poco,
y después la intención peca en bellaca.

Llega a ser hombre, y todo lo trabuca;
soltero sigue a toda perendeca;
casado se convierte en mala cuca.

Viejo encanece, arrúgase y se seca;
llega la muerte y todo lo bazuca,
y lo que deja paga, y lo que peca.

De Quevedo y Villegas

Nota del editor:
perendeca: atorranta 

martes, mayo 26, 2009

Quevedo /7

A UN TRATADO IMPRESO QUE UN HABLADOR
ESPELUZNADO DE PROSA HIZO EN CULTO

Leí los rudimentos de la aurora,
los esplendores lánguidos del día,
la pira y el construye y ascendía,
y lo purpurizante de la hora;

el múrice, y el tirio, y el colora,
el sol cadáver, cuya luz yacía,
y los borrones de la sombra fría,
corusca luna en ascua que el sol dora;

la piel del cielo cóncavo arrollada,
el trémulo palor de enferma estrella,
la fuente de cristal bien razonada.

Y todo fue un entierro de doncella,
doctrina muerta, letra no tocada,
luces y flores, grita y zacapella.

De Quevedo y Villegas


Notas de José María Pozuela:
múrice: marisco que segrega tinta color púrpura. En culto equivale a púrpura.
corusca: resplandeciente.
zacapella: riña, jaleo, bulla. Equivale a "mucho ruido", "mucho truena y poco llueve".
Nota del editor:
palor: palidez.

lunes, mayo 25, 2009

Quevedo /6

AMOR DE UNA SOLA VEZ NACE, VIVE, CRECE Y SE PERPETUA

Diez años de mi vida se ha llevado
en veloz fuga y sorda el sol ardiente,
después que en tus dos ojos vi el Oriente,
Lísida, en hermosura duplicado.

Diez años en mis venas he guardado
el dulce fuego que alimento, ausente,
de mi sangre. Diez años en mi mente
con imperio tus luces han reinado.

Basta ver una vez grande hermosura;
que una vez vista, eternamente enciende,
y en l'alma impresa eternamente dura.

Llama que a la inmortal vida trasciende,
ni teme con el cuerpo sepultura,
ni el tiempo la marchita ni la ofende.

De Quevedo y Villegas