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jueves, junio 20, 2019

Francisco Gandolfo / De "Segundo sueño"















30.

Según el diccionario
Psique es un espejo con bisagras
para regular la inclinación.

Amor fue la visión suprema
contemplada por el Yo
en la profundidad de Psique

pero Amor como si fuese Ello
carece de imagen y presencia
no se ve en superficie
se siente en profundidad

la condición impuesta por Amor
para esa experiencia
es mejor no aconsejarla:
al que le toque, que aguante
y aproveche la Ocasión mayúscula

aparte esta excepción
el espejo es manejado por Ello
en fases de superficie

presenta rostros de Ellas
otros y dobles que reciben y trasmiten
reflejos de profundidad

comparten el intercambio y trasmisión
de esas imágenes en distintos grados
el Yo y el Otro.

Francisco Gandolfo (Hernando, Argentina, 1921-Rosario, Argentina, 2008)

"El sueño de los pronombres" (1980),
Secreto intransferible. Versos y prosas / 1980-1992,
Iván Rosado,
Rosario, 2017









Más poemas de Francisco Gandolfo en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Francisco Gandolfo, 1982 Herederos de Francisco Gandolfo/Iván Rosado

miércoles, marzo 23, 2016

Francisco Gandolfo / De "El búho encantado"














El otro día estuve en el Mausoleo de los Poetas.
Quería comunicarme con Dante y con Petrarca
para consultarlos sobre el amor,
porque es evidente que todo poeta que persiste
está poseído de amor extremo.
No pude llegar a ellos
porque entre las columnas del atrio
Horacio me presentó a Tirteo,
el bélico poeta espartano.
La charla de Horacio fue amena,
pero a mí los ojos se me iban hacia Dante, Virgilio
y Leopardi que se espantaba las moscas
con un ramo florido de retama.
Hubiese querido llegarme a Giacomo para expresarle:
"Querido Leo, he llorado por la ternura de tus versos
y por tu angélica desgracia física:
la retama del patio de mi casa aroma de amor por ti".
De Dante quería tener, además,
su opinión sobre las cintas de Fellini,
de potentes contrastes como su Comedia.
Pero cuando Horacio terminaba de hablarme
del árbol que cayó a punto de matarlo
y de su dorada medianía,
el portero vino a cerrar el Mausoleo.

*

Como Virgilio,
yo también amo a los pastores
con la diferencia de que,
dos mil años después del Mantuano,
encontré en un verde prado
un pastor reclinado en un tronco
tocando su armónica,
mientras pastaban las ovejas.

El fondo del paisaje lo cerraba
una montaña azul, que hacía
un cuadro eglógico perfecto:
sólo me faltaba dialogar con el pastor.

Desde el alambrado lo llamé
levantando mi brazo
y él con el suyo me hizo un corte obsceno,
que me dejó como estúpido y mascando
las contradicciones de la vida y el arte,
el sexo y el amor.

Francisco Gandolfo (Hernando, Argentina, 1921-Rosario, Argentina, 2008), El búho encantado, Editorial Interzona, Buenos Aires, 2005

martes, marzo 22, 2016

Francisco Gandolfo / De "Presencia del secreto"














5

El cuerpo puede ser poseído, pero el secreto no. Todo cuerpo sugiere y oculta un secreto inviolable.


6

Es más, supongamos que el secreto con forma de mujer está en un país lejano donde, para conocerlo, hay que irse a vivir allá. El problema del traslado, el desarraigo de un ambiente y la adaptación al nuevo; la búsqueda del secreto a través de la elección de una mujer, requieren la decisión de entregarse con amor y amargura a la vaga posibilidad de encontrar lo que se busca para nada, es decir, para que esa nada sea el inexplicable secreto que une el cuerpo de un hombre al cuerpo de una mujer.


9

Por negarse a revelar el secreto, fue condenado a trabajos forzados en la fábrica de balas de cañón de un país despótico y guerrero. Transportaba la carcasa de una granada de 15,5 cuando lo paró el déspota que estaba a cargo de hacer cumplir las condenas. Tuvo que explicarle que llevaba esa pieza al taller para calibrarla y medir su volumen. No era verdad: dentro de la granada él puso su secreto, que era de paz. Cuando en una prueba su bala no explotó, la desenterraron y nadie se animó a desrenroscarle la espoleta para saber por qué había fallado. Lo hizo el tirano, cuya valentía carecía de secretos. Tampoco nadie más que él se animó a realizar una conexión bajo el agua, y nunca se supo quién le dio corriente. Lo sacaron del agua encogido y negro, como un objeto humano cuya edad antropológica habría que analizar.

Francisco Gandolfo (Hernando, Argentina, 1921-Rosario, Argentina, 2008), Presencia del secreto, El Lagrimal Trifurca, Rosario, 1987

jueves, abril 15, 2010

Francisco Gandolfo / Realidad




Relidad interna

Avanzó hacia la energía que zumbaba enfrente
mientras le gritaban cuidado

atraído por el imán de su pared circular
saltó con fuerza girando
para estamparse de espaldas
como clavado ante la gente

con los brazos abiertos y adheridos
comenzó a levantar sus piernas
por sobre la cabeza
para introducirse en el ciclotrón

en el esfuezzo final su aspiración
era proporcional a su tortura
y sentía un zumbido creciente de huracán

al ceder su agotador esfuerzo
cayó desprendido del imán
y por su gran anhelo frustrado
lloró a secas

los testigos del intento
considerado mortal
sintieron alivio al compartir
la angustia de su esfuerzo.

Francisco Gandolfo (Hernando, 1921), Realidad interna, plaqueta sin mención de editorial ni fecha

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Foto: Gandolfo con su hijo, Sergio Kern. Silvina Salinas/La Capital