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lunes, diciembre 19, 2016

Estela Figueroa / Construcciones















He aquí la casa.
En nada parecida a la idea que
-por sus poemas- uno se hace
de la casa de los poetas:

ventana al río
o al "vértigo horizontal" de la llanura
"soledumbre antiquísima"
terreno cóncavo (o espacio hueco
si se quiere) de Henri Michaux.

He aquí la casa, lo que la puebla
y lo que ella conforma.
Qué disgusto será para el viajero
fatigado
reposar aquí.
Ni el acto simple
de abrir la ventana
para que la humedad florecida
del jardín
en otoño
penetre.
Puesto que no hay ventanas
su ademán
chocaría en vano
contra la tozudez
de la casa.
Y lo que ella conforma...
Se nos dice: al morir
arribamos en tropel
como niños de fiesta
a una espaciosa casa
donde vivimos nuestra vida
en el sentido en que se recuerda un sueño:
-desde la muerte recién consumada
hasta el momento de nacer-
y que este
ejercicio de memoria
es la felicidad.
Pero no es esa mi casa.

También se nos dice
si la tarde aguarda
en un cielo despejado
que el pensamiento comprende
-: Tu tiempo ha terminado.
En ese, el momento
en que más necesario era
quedarnos en la casa
escuchando cómo canta
rumorosa la sangre
adecuando el mobiliario
a nuestro pequeño tamaño
limando aquí una aspereza del piso
allá una arruga de la pared
ansiosamente
dándole un poco de lo que somos
equilibrándonos un poco
para poder
volver a nuestro lado.

Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946 - 2022), "Profesión: sus labores" (inédito)

El hada que no invitaron.
Obra poética reunida 1985-2016
Bajo la Luna,
Buenos Aires, 2016








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Foto: Estela Figueroa Natalia Leiderman/Malón Malón

domingo, abril 19, 2015

Estela Figueroa / Principios de febrero















No.
El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son.
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.

No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.

Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.

Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
¡Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!

Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto
asaltan.

Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946-2022), La forastera, Recovecos, Córdoba, Argentina, 2007

Más poemas del mismo libro en La infancia del procedimiento

Foto: Estela Figueroa en Bajo la Rosa China
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act. 2022

jueves, julio 25, 2013

Poemas elegidos, 81


Carlos Battilana
(Paso de los Libres, 1964)


Abril, de Estela Figueroa
Me gusta la poesía de Estela Figueroa. Elijo un poema: “Abril”. Podría haber elegido algunos otros: “Motivos”, “Sol de otoño”, “Caminando bajo la llovizna en una noche de junio”. ¿Qué me gusta de la poesía de Figueroa, la poeta argentina de una obra breve, no demasiado difundida, pero que, inevitablemente, va a expandirse por imperio de su contundencia? Me gusta su transparencia. ¿Qué significa transparencia en poesía? Un lenguaje instrumental que designa objetos, personas, que cuenta historias y que, al mismo tiempo, habla de sí mismo. Los poemas de Figueroa narran una historia, generalmente ínfima, que se asocia a una anécdota personal. Por ejemplo, una caminata nocturna, una visita a un amigo, un recorrido por un álbum de viejas fotografías, la preparación de su hija para salir (un poema que nos recuerda un famoso texto de Giannuzzi). Sin embargo, en ese relato de historias mínimas, las palabras del poema no dejan de interrogarse sobre sus condiciones de posibilidad en relación con el sentido. Es cierto que varios de sus poemas hablan del oficio poético. Pero no es por eso que las palabras adquieren registro autónomo, no es por eso que, al mismo tiempo que hablan de un referente, se designan a sí mismas. En la poesía de Figueroa cada vocablo se usa en función de la pequeña historia que se cuenta, de eso no hay dudas. Pero al leer sus poemas se percibe -casi de manera física- el peso de cada palabra, como si ellas fueran leves materias, o como si los vocablos del poema no sólo nombraran una anédota, sino que la acompañaran a través de su propia proyección como signos. Los poemas de Figueroa son una suerte de acústica tenuemente rumorosa que va desencadenando, de manera inesperada, una reflexión tremenda, objetiva y atroz. A la manera de una luz oscura y un poco insondable, estos poemas remiten a la sencillez de los vocablos (lo que acaso se podría llamar el artificio de la sencillez), una categoría estética que se construye cuando los vocablos han pasado por un potente grado de combustión y, finalmente, regresan a su carácter comunicativo.
Vuelvo al poema “Abril”. La mayoría de los verbos del poema se hallan en pretérito, verbos muy característicos del género narrativo. El poema cuenta una historia sobre un bolso que se rompió y sobre su contenido (recibos de sueldo, monedas, documentos, boletos de ómnibus, una carta de ultramar, etc). Progresivamente percibimos que el bolso del que se habla -“el bolso viejo”- se transforma en el “bolso de la vida”. Allí descubrimos que la sucesión de hechos que se narra, en su parca precisión, va desmadejando una suerte de plegaria final, casi una oración profana en modo imperativo que tiene mucho de ternura y de piedad: “sé benévolo”. En función de ese final, inesperado, el poema transita por acontecimientos, en apariencia, menores y, al mismo tiempo, los va sorteando. Los pequeños acontecimientos -advertimos- tan exactos son el sustento de ese final, su condición necesaria. El poema designa un objeto concreto que resulta significativo para el sujeto poético y, a través de él, quiere decirnos algo más. Es paradójica la escritura de Estela Figueroa: el sentido se expande y, sin embargo, las palabras afirman su precisión y exactitud en esa especie de arco oscilante entre la acepción literal y la metáfora que construyen.


Abril

El año pasado
por este mes
me compré un bolso
que tenía muchos compartimientos.

Me acompañó un año.
El año más atroz de mi vida.
Pero para qué extenderse
en una descripción de situaciones
que reclaman olvido.

Este año el cierre se rompió
y compré otro.
Ya sin compartimientos
y del mismo color.

Pasaron unos días
hasta que llegó el momento de la ceremonia.
Sobre la colcha floreada de mi cama
vacié el bolso viejo.
Todos sus compartimientos.

Aparecieron recibos de sueldo
propagandas de distintos comercios
remedios
boletos de ómnibus
una libreta en blanco
mi documento de identidad
monedas
y una carta enviada desde Madrid
donde un joven me escribe
que momentáneamente está allí
que todas las noches
piensa en mí que
fue una pena que
sabré de él por
otra carta o…

He orado
por él
por mí.
Bolso de la vida:
sé benévolo.

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946)

Foto: Carlos Battilana en FB

miércoles, marzo 16, 2011

Estela Figueroa / No es más que una casa



NO ES MAS QUE UNA CASA
clavada en el suburbio.
Una casa con su techo sus paredes
sus ventanas y sus puertas. Su historia.

Por ella me muevo segura
y la conozco tanto como a mi cuerpo.
¡A nadie se le ocurre
contar cuántos dedos tiene!
Así, no cuento cuántas cosas tengo en esta casa
pero tengo lo que necesito.
Preparo mi café, cocino mi comida
y mi lugar ante la mesa es siempre el mismo.

Si estoy contenta me siento en el patio
y me contagio de la frescura de las plantas.
Si estoy triste ordeno hasta que la tristeza es soportable.

La casa nunca está muy desordenada
y no paso demasiado tiempo en el patio
por lo que creo que la vida
me es al fin
benévola.
De noche duermo con la ventana abierta
en una cama grande y mullida
consciente de que el planeta gira de oeste a este
y a una velocidad increíble.

Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946 - 2022), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Ilustración: Interior, 1909, Vassily Kandinsky
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Act. 2022

jueves, octubre 21, 2010

Estela Figueroa / La mosca



Primero fue como la intromisión de una mosca en invierno.
Algo tan raro. Los ojos siguen el vuelo.
El oído trata de percibir el zumbido.
La mosca se detiene en la mesa
en la bombilla de luz. Desconcierta.

Después -esto se sabe-
una mosca en invierno puede anunciar tormenta.
Es peligro. Es
como un frío repentino en el pecho.
-Voy a enfermarme -se piensa.

Y el primer trueno es un escándalo.
No queda un vidrio sano. No hay
espejo donde mirarse.

Hay que cerrar la casa como cuando llega la noche.
Que sentarse como para abrir una carta.
Que acostarse como para recibir una enfermedad.
Que levantarse como para ir hacia la puerta
como si se hubiera escuchado que golpean.

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946 - 2022), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Ilustración: Nocturn matinal, 1970 Antoni Tàpies
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Act. 2022

viernes, octubre 15, 2010

Estela Figueroa / El poema malo















Amortajado por una red de palabras
tachaduras y manchas
conservo del poema malo
su esqueleto precario.

Digo que la idea no era mala
así como puedo decir de otra mujer
-No es fea.
Pero si una buena idea
no es perfectamente desarrollada...
Pero si una mujer hermosa
no lleva un hermoso vestido...

En el cajón de la mesa lo escondí
junto con remedios, resultados de análisis y facturas.
¡Y pensar que lo escribí creyendo
que lo llevaría sobre la frente
incrustado como una perla
o un pequeño ojo perfecto
que reflejaría el mundo!

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946 - 2022), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Foto: Universidad del Litoral / Infobae
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Act. 2022

sábado, julio 18, 2009

Estela Figueroa / Tragedia griega













A veces la confusión se produce
al elegir un rol equivocado.

Algunos sólo servimos
para estar en el Coro
diciendo parlamentos y canciones
que aclaren las pasiones de la Obra.

Cuando la vanidad
la euforia o simplemente
la grandeza del tema
nos convierte en actores
paralizados
olvidamos el texto
quedando en un ridículo silencio.

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946-2022)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario