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viernes, diciembre 09, 2016

Enrique Solinas / En la zarza ardiente













Desde esta absoluta oscuridad
veo a mi padre despedirse
con esa dignidad propia
de quien conoció
el mundo y lo habitó.
Acompaño a mi padre
en el gesto de su despedida,
en esta vida de hospitales
donde todo pasado es presente
y el futuro
es nada más
que una conversación.
Atrás quedan
los días de la noche,
las palabras
que debían madurar
para ser ciertas;
queda en el camino
la expectativa
de lo que no sucedió,
la verdad de la belleza,
su cuerpo inaccesible.
Pero ahora es el silencio,
el silencio que grita
el silencio
en la voz del bosque.
Pero ahora es el deseo,
el deseo de que el tiempo
vuelva hacia atrás,
cuando el invierno todavía joven
encendía
su lámpara mágica
y alumbraba el camino
de nuestro alegre porvenir.

Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969)


Barcas sobre la zarza ardiente,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2016








Foto: Enrique Solinas en FB

viernes, febrero 27, 2015

Enrique Solinas / En ti confío





Cuando era chico
en la Iglesia me regalaron
una estampa del Sagrado
Corazón de Jesús.

El rostro joven
no dejaba de mirarme
a los ojos,
al mismo tiempo que
la mano santa
señalaba su corazón,

       su corazón,

su corazón:

su corazón como una llama roja,
rodeada de espinas;
su corazón de fuego atravesado
por el mundo y la cruz;
su corazón divino y humano.

Entonces, en ese instante,
me di cuenta de que
el amor de verdad es un misterio
y que el dolor te hace más hermoso.

Para que brilles
y descubra tu belleza,

siempre, siempre,

siempre el corazón encontrará
una nueva manera de sufrir.

Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), Corazón sagrado, Viajero Insomne Editora, Buenos Aires, 2014


Foto: Enrique Solinas FB

jueves, junio 27, 2013

Poemas elegidos, 52


Enrique Solinas
(Buenos Aires, 1969)

Poema V, de Safo
Este poema lo leí por primera vez a los catorce años en Antología de la poesía lírica griega, Siglos VII–IV A:C. Selección prólogo y traducción de Carlos García Gual (Alianza Editorial, 1980) y fue una conmoción. Desde ese momento hasta el día de hoy siempre me acompaña. Compré el libro en el puesto de EUDEBA que estaba en Avenida Rivadavia y Acoyte, en el barrio de Caballito. Cuando lo leí, me pareció increíble, sentía que en el texto había algo que no podía terminar de entender, pero que sucedía y que “eso” hacía que lo volviera a leer. Se lo llevé al Padre Gabriel, en la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, de Parque Centenario. El Padre me dijo “Enrique, no hay que leer estas cosas, esto es un orgasmo femenino”. Y yo no quise decir nada porque no entendía hasta que me puse a investigar y pude entender, y sentí vergüenza. Pero a partir de ese entonces, yo fui creciendo con el poema y el poema fue creciendo conmigo. Más adelante, lo tuve que traducir mientras estudiaba y ahí pude descubrir muchas cosas más:
El motivo del poema es el anuncio público del noviazgo de una discípula de Safo. Se entiende que la situación es de noviazgo por la proximidad física de los jóvenes. “Sentarse frente”  supone un conocimiento muy cercano y, además, hacerlo público, implica compromiso.
Safo era sumamente inteligente. En los dos primeros versos se ocupa del novio, al cual compara con los dioses y lo deja muy bien parado, para luego posar su atención en la muchacha, el verdadero centro de su interés. Pero lo cierto es que Safo mira a los futuros esposos, mira a la muchacha y está ante la contemplación de la belleza, eso se traduce concretamente en la descripción de un orgasmo. Hacia el final del poema, leemos “apenas distante de la muerte”, uniendo eros y thánatos (toda relación sexual que no esté destinada a la reproducción conduce a la muerte; los hindúes afirman que en el orgasmo se puede escuchar la respiración de la muerte). Y encima, como si fuera poco, el final inconcluso, que parece pedir nuestras palabras para continuarlo, “Pero todo es soportable…”, y otorgándole a lo inconcluso la dosis de misterio necesaria, aunque García Gual prefirió quitar ese verso para su traducción, que está en todas las demás versiones.
Este poema es tan bello y tan simple, que ha atravesado todos los tiempos, sin que pierda vigencia, creo, porque ha encontrado su cuota de verdad universal. Me ha influido, el comienzo del poema “El doble” que está en mi libro  Noche de San Juan; dice: “Ese hombre que está sentado frente a mí…”, y el poema continúa, aunque en otra dirección; pero se trató de mi pequeño homenaje a Safo.
Traducido por muchos, podemos mencionar la versión realizada en forma de poema en prosa por Francisco Rodríguez Adrados para Gredos.
Y por supuesto, para terminar, yo tengo mi propia traducción, que dice así:



[V]

Me parece que es igual a los dioses
ese hombre que está sentado frente a ti,
y que a tu lado absorto te escucha
mientras dulcemente hablas

y encantadora sonríes.
Lo que en mí pecho arrebata
el corazón;
apenas te miro y entonces
no puedo decir ya palabra.

Se me espesa la lengua,
de pronto,
un sutil fuego me recorre
la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,

me invade un frío sudor
y toda entera
me estremezco,
más pálida que la hierba estoy,
y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

Pero todo es soportable…

Safo (Grecia, VII a.C.- VI a.C.)
Versión de Enrique Solinas

Foto: Enrique Solinas en El Whisky Desnudo

martes, julio 26, 2011

Enrique Solinas / Acerca del Rigor de la Muerte




Acerca del Rigor de la Muerte

Para no morir uno empieza a escribir por la mañana
con un cigarrillo en la mano
y esa paciencia de absoluto
que nadie es capaz de ejecutar.

Nos queda la escritura y el silencio
para cuando llega la tarde
y el humo del cigarrillo en la piel,
y otro cigarrillo más.

Qué oscura es la ciudad cuando anochece,
pero su oscuridad nos muestra una certeza.
Ahora sabemos
que con buena voluntad también se muere
y que uno es capaz de morir como cualquiera.
Se deja la vida a medio hacer,
se piensa en todo aquello
que jamás sucedió
y a nadie importa.

A veces se pierde y está bien.
La inmortalidad es algo demasiado alto,
demasiado pesado, demasiado lejano.

A veces se pierde y está bien.

Estoy listo,
estoy listo.

Por lo menos,
habré intentado mis palabras para no morir.


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), El gruñido y otros poemas – Antología poética–, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2011.


Foto: Solinas Macedonianos