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sábado, mayo 28, 2016

Efraín Barquero / La mesa servida















Si arrancas el cuchillo del centro de la mesa
y lo entierras en el muro a la altura del hombre,
estás maldiciendo el pan con su semilla,
estás profanando el cuchillo que usa tu padre
para rebanarse la mano, para que la sangre sea más pura.
Y los hijos se reconozcan. Y no se oculten de sus hermanos.
Sólo el padre la recibe en su cabeza desnuda
ensordecido por el trueno, encandilado por el relámpago.
La recibe como el anuncio de un hijo tardío
o como el signo de una pronta desgracia.

No es una mesa, es una piedra. Tócala en la noche.
Es helada como el espejo de la sangre
donde nadie está solo sino juzgado por su rostro.
Tócala y pídele que vuelva a ser ella misma
porque si no existiera, no podríamos tocar
el sol con una mano y la luna con la otra.
Y comeríamos a oscuras como los ratones el grano.

Es la vieja mesa que nadie pudo mover.
Sólo la luz de la estación la cambia de sitio.
O los nuevos convidados con su voz nunca oída.
Y el ausente la encuentra siempre donde mismo,
siempre dándole su rostro, nunca a sus espaldas.
Porque el hombre tiene la edad de su primer recuerdo.
Y el ausente crece al caminar hacia ella.

Si la mesa está puesta es que alguien va a venir.
¿No la ha visto servida en la casa más sola?
¿No la ha visto surgir de la oscuridad
iluminada sólo por el brillo de las copas
y el color de sal fresca de todas las mesas?
Y es más bella que en el día más esperado
porque la ves con los ojos de un niño que ha crecido
o de la vieja mujer que dispone las flores.

Huelen las casas amadas a la limpieza de su mesa
y está servida en esa espera agrupada del árbol
que nadie puede recordar ni tampoco olvidar
porque todo lo que existe nació a la misma hora.
Y en el punto invisible que guía a las abejas
han puesto el pan y el vino a nuestro alcance.
Para que siempre te acuerdes al extender la mano
que estás tocando la mano de todos los hombres.

de La mesa de la tierra, 1998

Sergio Efraín Barahona, Efraín Barquero (Piedra Blanca, Chile, 1931 - Santiago de Chile, 2020)
Vía Gabriel Martino/Pie de Espuma

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lunes, septiembre 01, 2008

Efraín Barquero / La herramienta que hace a los hombres
















Al encontrarlo después de mucho tiempo
lo miré sin verlo
porque pensé en la herramienta que hace a los hombres.
Lo miré sin verlo
lo vi sin ella en las manos
y me pareció que las piernas ya no lo sostenían como antes.
Había cambiado como todos vamos cambiando.
Había cambiado para bien porque sonrió
abrió grandes los brazos
dio unos pasos en torno
como mostrándome que los hombres aunque estén vacíos
guardan en el fondo unos granos de esa materia preciosa.
Y en los ojos
una chispa de ese metal resplandeciente
que arrancaron sus manos a los días opacos.

Efraín Barquero (Piedra Blanca, Curicó, 1931 - Santiago de Chile, 2020), El pan y el vino, Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2008

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