Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Ainbinder. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Ainbinder. Mostrar todas las entradas

viernes, marzo 26, 2021

Eduardo Ainbinder / Si no le gusta

























que golpeen a su puerta
se transforma en un pariente pobre,
en un recién llegado, inoportuno siempre.
Si no le gusta lo sucio
se viste como un deshollinador,
si no le gusta salir de su casa, oficia de cicerone;
de noche, parado en ciertas esquinas,
señala a las niñas que hermosean el paisaje
tomadas del brazo con quienes lo decepcionan.
Si no le gustan las plantas
se las encuentra a cada momento.
Con una cara le ocurre, que si le desagrada
se transforma en esa cara.
Cuando se lo mira de lejos
se ve venir el fantasma de un pelele,
cuando se lo observa de cerca
se ven irse uno a uno los sueños en retirada
de quien se convierte en todo lo que abomina.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), ¡Párense derecho!, Gog & Magog, 2015


Foto: Eduardo Ainbinder por Paula Albirzú

domingo, marzo 08, 2020

Eduardo Ainbinder / Tres poemas













POETAS
ansiosos
por terminar
cuanto antes
con su tarea,
poco afectos
a esperar
que se presente
una solución
extemporánea,
impropia
del tiempo
en el que
escribieron
su poema.


POETAS
prolijos
incapaces
de arrugar
el papel
en el que
escriben,
de problematizar
el plano;
sumamente
prudentes
no se aventuran
a escribir
con otras palabras
que no sean
las de los
alrededores.


POETAS
apartados
por propia
voluntad,
vueltos
insectos
domiciliarios
cuyo
único don
consiste
en aportar
inframundo
a la superficie.

[inéditos]

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968)

Otra Iglesia Es Imposible - Gog y Magog - Interzona - Op. Cit. - Otra Parte - La Voz - Siglo en la Brisa - Hacienda Glamorosa - El InterpretadorDe Sibilas y Pitias - Eterna Cadencia - El Poeta Ocasional

Foto: Interzona

jueves, noviembre 07, 2019

Eduardo Ainbinder / Nada es suave














para el que cae
ni el idílico poema
      del principio
  ni la arena, ni el agua
tampoco la mullida piel del conejo.
Nada es suave: 
El poema del principio puja
contra el poema del fin;
       todos los días un duelo.
     A su vez,
     el mundo dividido
entre los que acompañan
     al poema del fin
  hasta sus últimas consecuencias
          y los que no
(en esto -como en todo-
hay volátiles propósitos opuestos).
Quien interminablemente cae
   día a día manipula
                los resultados
     en favor del poema del fin.
Nada es suave para el que cae:
   el poema del fin
           exige ser leído
                 con un desplome óptico.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), Quién es quién, inédito

Ref.:
Poetas Argentinos
Interzona
Gog y Magog
Op. Cit.
Ñ
Siglo en la Brisa
Eterna Cadencia
El Interpretador
Poetas Siglo XXI
Otra Iglesia Es Imposible

Imagen: Eduardo Ainbinder, Buenos Aires, 2011 - Foto de Silvia Camerotto - Archivo del Administrador

domingo, octubre 07, 2018

Eduardo Ainbinder / Dos poemas

















El buscador

Como todos sabemos
no se puede
estar en dos lugares
al mismo tiempo.
Acaso es posible
-no todos lo saben-
vincular cuestiones
distantes entre sí,
oír sus lejanas
concomitancias,
o a lo sumo aspirar
a la discreta utopía
de estar en el lugar correcto
y en el momento indicado
cuando un tesoro
hace su aparición.
Si me necesitan
ya saben donde estoy.
Estoy en las librerías.
Permanezco allí
la mayor parte
de las horas del día,
para dar
fe de vida.


Su mundo

era tan ancho
como profundo,
en él
solo acopiaba
lo inmundo.
Nadie
supo explicar
un éxito
tan rotundo.

[inéditos]

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968)

Ref.:
Op. Cit.
Otra Parte
Eterna Cadencia
Ñ
El Poeta Ocasional
Interzona

Foto: Fernando Fernández/Siglo en la Brisa

domingo, agosto 30, 2015

Eduardo Ainbinder / De "¡Párense derecho!"
















El vaciadero

que lo acepta todo no lo aceptó,
la casa de tolerancia no lo toleró,
tampoco hizo nada el aguantadero.
Aun así, el pordiosero
preside su no lugar en el mundo
y desde una montaña de basura
-he aquí su mobiliario-
con tono poco hospitalario
señala: "Aquí, en el inframundo,
se forman parejas increíbles,
las inmundas para los inmundos
están siempre disponibles,
más de un cuento hay
con cucos y cuquillos,
a mamá coneja se le escapan
conejos con colmillos,
y así, todo es reunión de fealdades.
No hay más posibilidades".


Érase un señor

que mientras indefectiblemente
se dirigía hacia un horizonte
de iluminaciones negativas, repetía para sí:
"El mayor tesoro que un hombre posee es agradar".
"El mayor tesoro que un hombre posee es agradar".
Y cuando pensó que tras pronunciar estas palabras
en vez de insectos zancudos
distinguidas damas se le acercarían,
de pronto encontrose
a una inquisitiva mujer
en estado exasperante:
"¿Por qué no puedo estar yo
en estado interesante?
¿Acaso los tiempos muertos
en los que transcurren los maleficios
no son en verdad, ocios propicios,
para pasar de un estado a otro?".
Una y otra vez se preguntaba
aquella señora en estado exasperante
que sólo quería estar en estado interesante.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), ¡Párense derecho!, Gog y Magog, Buenos Aires, 2015

miércoles, agosto 28, 2013

Eduardo Ainbinder / Había un anciano


que era incapaz de hacer
una correcta composición de lugar.
No sabemos las razones verdaderas,
presumimos falta de entendederas,
para lo irrelevante memoria de elefante,
lo interesante no lograba retener ni un día
aquel anciano incapaz de hacer
una correcta composición de lugar.
En una caminata por suelo lunar
en una cruzada contra el facilismo,
en los bajos fondos o en las altas esferas
en inhabitables, insufribles salas de espera
en una visita guiada, en la vida retirada
o en una interminable velada de los incautos,
en el mundo del revés
o bajo una pirámide invertida,
no sabía dónde, dónde
había extraviado su vida.
Buscaba y más buscaba
y el lugar no encontraba.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968) XXI Festival de Poesía de Rosario 

viernes, julio 19, 2013

Poemas elegidos, 68


Eduardo Ainbinder
(Buenos Aires, 1968)

O esto o aquello, de Cecilia Meireles
Descubrí este poema (sin mención de traductor) hace muchos años en las páginas de Brasil Cultura, una publicación de los años ’70, que encontré en alguna librería de viejo del centro porteño. El texto, uno de los tantos que Meireles escribió para chicos, es a todas luces un poema menor, pero forma parte de esa constelación de poemas menores que luego forman el poema central (aunque W. Stevens afirma que es el poema central “el multiplicador milagroso de los poemas menores”, y no al revés.) Lo elegí, porque muchas veces a la hora de escribir, tuve presente como un verdadero leitmotiv, la frase medular del poema: O esto o aquello. Es decir, tuvo un sentido formativo para mí. Quizá gracias a ella, cuando tuve cuatro poemas en la guantera dejé dos de lado; cuando tuve dos, descarté uno; incluso cuando tuve sólo algunas palabras, no elegí ninguna.



O esto o aquello

O se tiene lluvia y no se tiene sol,
o se tiene sol y no se tiene lluvia!

O se calza el guante y no se pone el anillo,
o se pone el anillo y no se calza el guante!

Quien vuela por los aires no queda en el piso,
quien queda en el piso no vuela por los aires!

Es una gran pena que no se pueda
estar al mismo tiempo en los dos lugares!

O guardo el dinero y no compro el dulce,
o compro el dulce y gasto el dinero.

O esto o aquello: o esto o aquello…
y vivo eligiendo el día entero!

No sé si juego, no sé si estudio,
si salgo corriendo o me quedo tranquilo.

Pero no conseguí entender todavía
que es mejor: si es esto o aquello.

Cecilia Meireles (Río de Janeiro, 1901-1964)



Foto. Eduardo Ainbinder por Mario Varela

lunes, diciembre 05, 2011

Eduardo Ainbinder / Sépanlo






Sépanlo:

nuestra forma de gobierno
se da mediante un mecanismo de poleas,
cuando sube al poder un enano
baja un gigante, o viceversa.
Mi filosofía no ha ido más allá
de escribir insultos contra el régimen
en el interior de las grutas
que otros inmediatamente leerán como elogios
ya que veinticuatro horas al día funciona
la maquina de transformar
vituperios en alabanzas.
Con más acierto andaban quienes dejaron escritos
sus consejos amorosos en un abanico, lo sé.
Y como de escribir en las grutas
diatribas contra el régimen no se vive,
ante la mirada atenta de mi superior,
puloi en mano, limpiando cacas e insultos
de la estatua del tirano de turno, voy.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), inédito

Ilustración: fresco en la Villa di Agrippa Postumo, Boscotrecase, Nápoles, fines del siglo I a.C., comienzos del siglo I

domingo, enero 02, 2011

Eduardo Ainbinder / Después de una noche de conejos...


Larga noche de conejos y mortales

Después de una noche de conejos,
baja de la alcoba con el hocico seco, las orejas caídas,
hacia la sala iluminada
así como todos los días para entrar o salir
de su infierno privado deberá atravesar qué
¿los espinosos esquemas de un jardín?
Se pregunta si no es una exageración llamar "en celo"
a ese intimar de los insectos bajo la luz,
y si ese suave golpeteo de los insectos contra la lámpara
no es en una mínima escala
la tendencia de los mortales -no de los conejos-
a estrellar su lenguaje contra una pared;
se pregunta si no sería otra exageración
llamar a esa silenciosa colisión, a esa alianza momentánea
de cal, cemento, ladrillo hueco y palabras:
"una gramática", usada por los jóvenes del mañana
para andar por ahí chillando vanidosamente: "Al infierno
o a la paz inservible, vence con el caos",
en el caso de que mañana haya jóvenes
o siquiera un demonio niño, demasiado crecido para su edad,
que prefiera el caos a cualquier círculo del infierno.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), "Carreras contra la fealdad", 1995-1996, Con gusano, Editorial Interzona, Buenos Aires, 2007

Foto: Ainbinder, por Mario Varela

sábado, julio 03, 2010

Eduardo Ainbinder / Es falta de esperanza...




La imprevisión

es falta de esperanza,
es desnivelar la balanza
pensar que nada le va a ocurrir
a quien propone mantener
una correspondencia con el mundo
en donde todas las faltas
y desatenciones intelectuales
corren por su cuenta y cargo,
además adopta los adjetivos
que menos corresponden al sujeto,
la falta de lógica más elemental;
a ninguna cosa por su nombre llama,
nombra en forma solapada a quien más ama
y aunque sea del todo impostergable
nada registra con apodo perdurable
e incólume, siempre igual a sí mismo
llama a la imprevisión con eufemismo:
“Despertar en lugares imprevistos,
ni siquiera en sueños entrevistos”.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), inédito

Ilustración: Vista desde la ventanilla de un carruaje, 1901, František Kupka

martes, agosto 14, 2007

Sin instrucciones


Si la materia no contuviera

sus propias leyes de autodestrucción
es probable que un demiurgo previsor
dejase precisas instrucciones
para la destrucción de lo rosado
blanquecino, beige, azul y oro,
lo rojizo, verdusco o incoloro,
en fin... de todo lo creado.
Pero las "Instrucciones para sostenerle
la vela a una anciana" son más bien imprecisas.
En ellas no figura cuánto tiempo
hay que sostener la vela,
si hasta el fin de nuestros días
o hasta que las pupilas se nos vuelvan cuadradas.
Y lo más preocupante, inquisidor de la conciencia,
si en todo caso cuando la vela se consuma
quien la sostiene estará muerto
y la anciana vivirá para contarlo.

Eduardo Ainbinder, Con gusano, Interzona, Buenos Aires, 2007

jueves, diciembre 07, 2006

La perla de la casa

Por qué nunca viene...

un Don Nadie a llevarse la perla de la casa,
y a falta de un verdadero espíritu malvado que apedree las ventanas
o pisotee las flores del jardín,
mi mundo es revisitado a diario
por quien está de turno y me toca en suerte:
un demonio al que llaman "mal menor",
porta la nariz roja de los seres castigados por la justicia poética,
su apodo lo avergüenza, y cuando desciende al averno
sus compañeros de cuadrilla se burlan de él.
Nuevamente cabe preguntarme por qué nunca viene un Don Nadie
a llevarse la perla de la casa,
y solo es recurrente un gato
trayéndome un ratón muerto a la memoria
y ésta lo rechaza como quien repite:
"No quiero animales en mi casa".

Ainbinder, Mi descubridor, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2006 (en todos los quioscos)