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jueves, septiembre 22, 2022

Edwin Morgan / Cuando te vayas



cuando te vayas,
si te vas, 
y yo quiera morir, 
nada habrá que me salve
más que la vez
en que te me dormiste en brazos
con una confianza tan dulce
que dejé a la habitación ensombrecerse
y beber la tarde, hasta
que el descanso o la lluvia nueva
te despertaron mansamente.
te pregunté si habías oído llover en sueños
y, aún soñando a medias, solo dijiste te quiero.

Edwin Morgan (Glasgow, Escocia, 1920-2010), The Second Life, University Press, Edimburgo, 1968
Traducción de Andrés Ehrenhaus


Foto: Edwin Morgan en 2003 Murdo MacLeod/The Guardian

When you go

When you go,
if you go,
and I should want to die,
there’s nothing I’d be saved by
more than the time
you fell asleep in my arms
in a trust so gentle
I let the darkening room
drink up the evening, till
rest, or the new rain
lightly roused you awake.
I asked if you heard the rain in your dream
and half dreaming still you only said, I love you.

martes, julio 23, 2013

Poemas elegidos, 76


Alejandro Méndez
(Buenos Aires, 1965)

Frutillas, de Edwin Morgan
Existe un tipo de poesía que tuvo una poderosa, aunque no evidente, influencia en mi escritura. La poesía erótica, y mi constelación de referentes ineludibles, tales como Safo, Constantino Kavafis, Pier Paolo Pasolini, Sandro Penna, Federico García Lorca, César Moro, Frank O´Hara, Jack Spicer; se vio completada hace apenas dos años por un poeta escocés: Edwin Morgan.
Elijo en especial este poema de Morgan, por el nivel de condensación, por el enlace progresivo de imágenes, sonidos y sentido. La sensación que tengo cada vez que lo leo es la de estar frente a una urdimbre perfecta, una amalgama, un diapasón. Cada palabra suena como una nota, y cada nota recrea a esa palabra. Es una poesía celebratoria que se abre al mundo y a la lectura como un festín.


Frutillas

Nunca hubo otras frutillas
como las que comimos
esa tarde agobiante
sentados en el escalón
de la ventana abierta
uno frente al otro
tus rodillas en las mías
platos azules en las faldas
las frutillas reluciendo
bajo la luz quemante
las metíamos en azúcar
y nos mirábamos
sin apurar el festín
para pasar al que vendría
los platos vacíos
juntos sobre la piedra
tenedores cruzados
y me incliné hacia vos
dulce en el aire aquél
sin resistencia entre mis brazos
de tu boca deseosa
el sabor de las frutillas
en mi memoria
me recliné otra vez
que pueda amarte
que pegue el sol
sobre nuestro abandono
una hora de todas
el calor intenso
relámpagos de verano
en las colinas de Kilpatrick

que la tormenta lave los platos.

Edwin Morgan (Glasgow, 1920- 2010)
Traducción de Laura Wittner

Foto: Alejandro Méndez en FB