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jueves, septiembre 19, 2019

Dante Alighieri / Infierno, Canto décimo


















Se encaminó por una secreta senda
entre los muros desa tierra y los martirios,
mi maestro, y yo detrás de sus espaldas.

"¡Oh virtud suma, que por infames círculos
me llevas", comencé, "tal como te place,
háblame, y satisface mis deseos.

"¿La gente que por los sepulcros yace
podré ver? Ya están levantadas
 las cubiertas y no hay quien las vigile."

Y él a mí: "Todas serán cerradas
cuando de Josafat aquí regresen
con los cuerpos que dejaron allá arriba.

"Su cementerio en esta parte tienen
con Epicuro todos sus secuaces,
que creen que el alma con el cuerpo muere.

"Pero la pregunta que me haces
pronto será aquí mismo satisfecha
y también el deseo que no dices."

Y yo: "Buen duca, nada tengo oculto
a ti en mi corazón, sino por decir poco,
y tú, no solo ahora, a ello me has dispuesto.

"Oh toscano, que por la ciudad del fuego
vivo vas así, hablando honesto,
te plazca detenerte en este sitio.

"Tu inflexión te hace manifiesto
de aquella noble patria nacido
a la cual, tal vez, fui muy pesado."

Súbitamente este cantar salió
de una de las arcas; por esto me arrimé,
temiendo, un poco más al duca mío.

Y él me dijo: "¿Qué haces? Date vuelta.
Mira allá a Farinata que se está derecho; *
de la cintura para arriba, todo lo verás."

Yo había ya mi mirada en la suya puesto;
y él se erguía con el pecho y con la frente
como si tuviese al infierno en gran desprecio.

Y las animosas manos del duca, ágiles,
me empujaron entre las tumbas hacia él,
diciendo: "No sean tus palabras imprudentes."

Tan pronto al pie de su tumba estuve
me miró un poco, y luego, casi desdeñoso,
me preguntó: "¿Quiénes fueron tus mayores?"

Yo, que era de obedecer deseoso,
no le recelé, más bien le dije todo;
por lo que las cejas levantó un poco,

para decir: "Fueron adversos fieramente
a mí, a mis primeros y a mi parte,
de suerte tal que los dispersé dos veces."

"Echados, volvieron desde todas partes",
yo le respondí a él, "una vez y otra;
los tuyos no aprendieron esas artes."

Entonces surgió a la vista descubierta
otra sombra, junto a esta, hasta el cuello;
creo que se sostenía arrodillada.

Miró a mi alrededor, como si tuviese
voluntad de ver si otros eran conmigo;
y luego que su sospechar fuera apagado,

llorando dijo: "Si por este ciego
presidio vas por la altura del ingenio,
¿mi hijo dónde está? ¿por qué no va contigo?"

Y yo a él: "No vengo por mí mismo:
el que espera allá, por aquí me lleva,
tal vez, el que tuvo en desdén tu Guido." **

Sus palabras y el modo de la pena
me habían de aquel el nombre dicho;
por eso fue tan plena la respuesta.

De súbito levantado, gritó: "¿Cómo
dijiste? ¿Él lo tuvo? ¿No vive ya?
¿No hiere la dulce luz sus ojos?"

Cuando observó alguna demora
que yo tuve en darle la respuesta,
supino cayó y ya no se alzó fuera.

Pero aquel otro magno en cuya posta
me había detenido, no mudó de aspecto,
no movió el cuello ni torció su costa;

y continuando el diálogo primero,
"Si  tienen aquel arte", dijo, "mal sabido ,
eso me atormenta más en este lecho.

"Pero no cincuenta veces encendido
será el rostro de la dama que aquí reina, ***
que el peso de ese arte habrás probado. ****

"Y así nunca al dulce mundo vuelvas,
dime, ¿por qué es tan impío ese pueblo
con los míos, en cada una de sus normas?"

Y yo a él: "La vejación y el exterminio
que hicieron el Arbia colorar de rojo,
tal oración ordena en nuestro templo."

Luego que moviera la cabeza suspirando,
"A eso no fui solo", dijo, "y por cierto,
no sin razón me he movido con los otros.

"Pero estuve solo allá, donde aprobaron
todos que Florencia fuera devastada,
y la defendí a rostro descubierto."

"¡Ah, tenga reposo tu descendencia!",
imploré, "desátame ahora un nudo
que aquí ha enredado mi sentencia.

"Parece que ven ustedes, si bien oigo,
delante lo que el tiempo agrega,
pero en el presente tienen otro modo."

"Vemos, como el que tiene luz escasa,
las cosas", dijo, "que nos son lejanas,
todo cuanto nos ilumina el sumo guía.

"Cuando se acercan o son, todo es vano
nuestro intelecto; y si otros no aportan,
nada sabemos de vuestro estado humano.

"Puedes comprender que será muerta
nuestra sabiduría desde el punto
que del futuro se cerrará la puerta."

Entonces, de mi culpa compungido,
dije: "Le dirás entonces al que cayó
que su hijo aún se reúne con los vivos,

"y si fui, antes, en la respuesta mudo,
hazle saber que fue porque pensaba
en el error que ahora me has resuelto."

Y ya mi maestro me reclamaba;
por lo que al espíritu rogué apurado
me dijera quién más con él yacía.

Me dijo: "Aquí con más de mil yazgo;
acá dentro está el segundo Federico,
y el Cardenal, y los demás me callo." *****

Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo
poeta volví los pasos, meditando
ese hablar que me pareció enemigo.

Se movió y  mientras caminaba
me dijo: "¿Por qué estás abatido?"
Y yo lo satisfice a su demanda.

"Tu mente conserve lo escuchado
contra ti", me ordenó aquel sabio.
"Y ahora atiende", y alzó el dedo:

"cuando delante estés del dulce rayo
de aquella cuyos bellos ojos todo ven,
por ella sabrás de tu vida el trazo."

Luego volvió a mano izquierda el pie:
dejamos el muro y fuimos hacia el medio,
por un sendero que conduce a un valle
que hacía sentir arriba olor inmundo.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), La Divina Comedia, Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2018
Traducción de Jorge Aulicino

[Notas del traductor:]

* Farinata degli Uberti, recordado gibelino (partidario del emperador germano). Todo lo que sigue a continuación hace referencia a la rivalidad con los güelfos (partidarios de Roma, es decir, del papado). Dos veces Farinata echó a los güelfos de Florencia. En ocasión de la batalla de Monteaperto, en 1260, junto al Arbia (que se tiñe de rojo en este canto), los venció en lucha franca. Luego se opuso, en el consejo de los gibelinos toscanos, a la destrucción de los muros de Florencia y la reducción de la ciudad a pequeños burgos. El pecado de Farinata no ha sido la traición: Dante lo trata con duro respeto en el cementerio de los epicúreos.

** La sombra que ha hablado es la de Cavalcante Cavalcanti, güelfo y, según Boccaccio, epicúreo, padre del poeta Guido Cavalcanti. Algunos comentaristas -entre nosotros, Angel Battistessa- han considerado la posibilidad de que Dante no pretendiese decir que su entrañable amigo, Guido, desdeñaba a Virgilio, aunque eso es, literalmente, lo que menciona como conjetura: forse cui Guido vostro ebbe a disdegno: tal vez al que vuestro Guido tuvo en desdén. La edición oficial de la Commedia resume todas las variantes anotadas a lo largo de las ediciones históricas del libro, en cuanto a explicar el desdén atribuido a Guido. Estas sobreentienden que tal sentimiento es “desdén” y no “desprecio”, ya que ambas acepciones son válidas. En tal conjunto de opiniones, se distinguen las políticas de las filosóficas y estéticas. Entre las primeras, tiene peso la que atribuye a Cavalcanti, güelfo, desdén por el entusiasta cantor del Imperio. Entre las filosóficas, la que señala que Guido bien podría desdeñar al Virgilio que Dante eleva a símbolo de razón y sabiduría. Entre las estéticas, la inclinación natural de Calvalcanti al canto lírico, de raíz provenzal, desdeñoso del latín épico. Hay, aún, una hipótesis gramatical, un tanto más peregrina, y no obstante acogida por la Sociedad Dantesca, que desvía el desdén de Guido hacia Beatriz, símbolo de la fe casada con la lógica; matrimonio este no apreciado por Cavalcanti. En tal hipótesis, el cui, con valor de "quien", deviene en colei che (aquella que), de suerte que los versos en cuestión dirían entonces: “aquel que espera allá, por aquí me lleva, / tal vez a aquella que vuestro Guido tuvo en desdén”. La solución no deja mejor parado a Cavalcanti a los ojos de Dante.

*** La Luna. Antes de que se encienda cincuenta veces, es decir, antes de que pasen otros tantos meses.

**** Probable alusión al futuro destierro de Dante. Razón, en ese caso, de su congoja en los versos finales y de la severa amonestación de Virgilio, en tanto solo en el cielo puede considerarse inscrito el porvenir humano.

**** El emperador germano Federico II Hohenstaufen, llamado Stupor Mundi (asombro del mundo), y también el Anticristo, y el cardenal Ottaviano degli Ubaldini, gibelino, quien se encuentra entre los herejes por haber dicho que había entregado su alma al partido del emperador, con el agravante, herético, "si hay un alma".

Ref.:
Studenti
Prefacios a los Cantos de la Comedia
Universidad Complutense de Madrid
Letras Libres

Imagen: Farinata y Calvacante, por William Blake

Canto X

Ora sen va per un secreto calle,
tra ’l muro de la terra e li martìri,
lo mio maestro, e io dopo le spalle.

«O virtù somma, che per li empi giri
mi volvi», cominciai, «com’ a te piace,
parlami, e sodisfammi a’ miei disiri.

La gente che per li sepolcri giace
potrebbesi veder? già son levati
tutt’ i coperchi, e nessun guardia face».

E quelli a me: «Tutti saran serrati
quando di Iosafàt qui torneranno
coi corpi che là sù hanno lasciati.

Suo cimitero da questa parte hanno
con Epicuro tutti suoi seguaci,
che l’anima col corpo morta fanno.

Però a la dimanda che mi faci
quinc’ entro satisfatto sarà tosto,
e al disio ancor che tu mi taci».

E io: «Buon duca, non tegno riposto
a te mio cuor se non per dicer poco,
e tu m’hai non pur mo a ciò disposto».

«O Tosco che per la città del foco
vivo ten vai così parlando onesto,
piacciati di restare in questo loco.

La tua loquela ti fa manifesto
di quella nobil patrïa natio,
a la qual forse fui troppo molesto».

Subitamente questo suono uscìo
d’una de l’arche; però m’accostai,
temendo, un poco più al duca mio.

Ed el mi disse: «Volgiti! Che fai?
Vedi là Farinata che s’è dritto:
da la cintola in sù tutto ’l vedrai».

Io avea già il mio viso nel suo fitto;
ed el s’ergea col petto e con la fronte
com’ avesse l’inferno a gran dispitto.

E l’animose man del duca e pronte
mi pinser tra le sepulture a lui,
dicendo: «Le parole tue sien conte».

Com’ io al piè de la sua tomba fui,
guardommi un poco, e poi, quasi sdegnoso,
mi dimandò: «Chi fuor li maggior tui?».

Io ch’era d’ubidir disideroso,
non gliel celai, ma tutto gliel’ apersi;
ond’ ei levò le ciglia un poco in suso;

poi disse: «Fieramente furo avversi
a me e a miei primi e a mia parte,
sì che per due fïate li dispersi».

«S’ei fur cacciati, ei tornar d’ogne parte»,
rispuos’ io lui, «l’una e l’altra fïata;
ma i vostri non appreser ben quell’ arte».

Allor surse a la vista scoperchiata
un’ombra, lungo questa, infino al mento:
credo che s’era in ginocchie levata.

Dintorno mi guardò, come talento
avesse di veder s’altri era meco;
e poi che ’l sospecciar fu tutto spento,

piangendo disse: «Se per questo cieco
carcere vai per altezza d’ingegno,
mio figlio ov’ è? e perché non è teco?».

E io a lui: «Da me stesso non vegno:
colui ch’attende là, per qui mi mena
forse cui Guido vostro ebbe a disdegno».

Di sùbito drizzato gridò: «Come?
dicesti «elli ebbe»? non viv’ elli ancora?
non fiere li occhi suoi lo dolce lume?».

Quando s’accorse d’alcuna dimora
ch’io facëa dinanzi a la risposta,
supin ricadde e più non parve fora.

Ma quell’ altro magnanimo, a cui posta
restato m’era, non mutò aspetto,
né mosse collo, né piegò sua costa;

e sé continüando al primo detto,
«S’elli han quell’ arte», disse, «male appresa,
ciò mi tormenta più che questo letto.

Ma non cinquanta volte fia raccesa
la faccia de la donna che qui regge,
che tu saprai quanto quell’ arte pesa.

E se tu mai nel dolce mondo regge,
dimmi: perché quel popolo è sì empio
incontr’ a’ miei in ciascuna sua legge?».

Ond’ io a lui: «Lo strazio e ’l grande scempio
che fece l’Arbia colorata in rosso,
tal orazion fa far nel nostro tempio».

Poi ch’ebbe sospirando il capo mosso,
«A ciò non fu’ io sol», disse, «né certo
sanza cagion con li altri sarei mosso.

Ma fu’ io solo, là dove sofferto
fu per ciascun di tòrre via Fiorenza,
colui che la difesi a viso aperto».

«Deh, se riposi mai vostra semenza»,
prega’ io lui, «solvetemi quel nodo
che qui ha ’nviluppata mia sentenza.

El par che voi veggiate, se ben odo,
dinanzi quel che ’l tempo seco adduce,
e nel presente tenete altro modo».

«Noi veggiam, come quei c’ha mala luce,
le cose», disse, «che ne son lontano;
cotanto ancor ne splende il sommo duce.

Quando s’appressano o son, tutto è vano
nostro intelletto; e s’altri non ci apporta,
nulla sapem di vostro stato umano.

Però comprender puoi che tutta morta
fia nostra conoscenza da quel punto
che del futuro fia chiusa la porta».

Allor, come di mia colpa compunto,
dissi: «Or direte dunque a quel caduto
che ’l suo nato è co’ vivi ancor congiunto;

e s’i’ fui, dianzi, a la risposta muto,
fate i saper che ’l fei perché pensava
già ne l’error che m’avete soluto».

E già ’l maestro mio mi richiamava;
per ch’i’ pregai lo spirto più avaccio
che mi dicesse chi con lu’ istava.

Dissemi: «Qui con più di mille giaccio:
qua dentro è ’l secondo Federico
e ’l Cardinale; e de li altri mi taccio».

Indi s’ascose; e io inver’ l’antico
poeta volsi i passi, ripensando
a quel parlar che mi parea nemico.

Elli si mosse; e poi, così andando,
mi disse: «Perché se’ tu sì smarrito?».
E io li sodisfeci al suo dimando.

«La mente tua conservi quel ch’udito
hai contra te», mi comandò quel saggio;
«e ora attendi qui», e drizzò ’l dito:

«quando sarai dinanzi al dolce raggio
di quella il cui bell’ occhio tutto vede,
da lei saprai di tua vita il vïaggio».

Appresso mosse a man sinistra il piede:
lasciammo il muro e gimmo inver’ lo mezzo
per un sentier ch’a una valle fiede,

che ’nfin là sù facea spiacer suo lezzo.

viernes, septiembre 13, 2019

Dante Alighieri / Infierno, Canto vigésimo primero


















Así, de puente en puente, hablando
de cosas que a mi Comedia no la ocupan,
fuimos, y alcanzamos la cima cuando

paramos para ver la otra fisura
de Malebolge y los otros llantos vanos;
y la vi, maravillosamente oscura.

Como en el arsenal de los venecianos
bulle en invierno la pez tenaz
para reparar los barcos averiados

que no pueden navegar; y a la vez
uno hace su barco nuevo, otro calafatea
los costados del que hizo más viajes;

quien recorre la proa, quien la popa;
otros hacen remos, otros retuercen sogas;
quien trinquete y artimón retoca,

tal, no por fuego, sino por divinas artes,
bullía allá abajo una pez espesa
que se pegaba a la orilla en todas partes.

Yo miraba, pero no veía en ella
más que borbotones que el hervor alzaba,
e hincharse toda, y caer prieta.

Mientras allá fijamente miraba,
mi duca, diciendo: "¡Cuidado!",
me atrajo hacia sí de donde estaba.

Me volví, como el que se demora
en ver aquello de lo que conviene irse,
y a quien súbita pavura debilita

y luego, por mirar, ya no se retrasa:
y vi, tras de nosotros, un diablo negro
venir corriendo por encima de la roca.

¡Ah, qué feroz era su aspecto
y cuán en el acto me pareció acerbo,
con alas abiertas, sobre sus pies ligeros!

Su hombro, que era agudo y soberbio,
cargaba un pecador con ambas ancas,
de quien tenía, de los pies, asido el nervio.

Desde el puente dijo: "¡Oh Malebranche,*
aquí va uno de los viejos de Santa Zita!
Llévalo abajo, que vuelvo a buscar otro

"a esa tierra, que me sé tan bien provista:
todos son estafadores, salvo Bonturo;
del 'no', por el dinero, allí hacen 'ita'".**

Abajo lo tiró, y por el peñasco duro
se volvió; y jamás fue un mastín suelto
a seguir un ladrón con tanto apuro.

Aquel se hundió, y emergió convulso,
pero los demonios resguardados en el puente,
gritaron: "¡Este no es el lugar del Santo Rostro!

"¡Aquí se nada distinto que en el Serchio!
Si no quieres saber de nuestros garfios,
no te asomes de la resina demasiado."

Después de pinchar con más de cien arpones,
dicen: "Cubierto conviene que aquí bailes,
de modo que, si puedes, ocultamente robes."

No distintamente los cocineros a sus ayudantes
hacen sumergir en medio de la caldera
la carne con los ganchos para que no flote.

Y el buen maestro: "A fin de que no sepan
que tú estás aquí", me dijo", "te ocultas
tras una roca que algún abrigo ofrezca;

"y por ninguna ofensa que me sea hecha
debes temer, que tengo cosas vistas
y otra vez estuve en refriega parecida."

Enseguida pasó del puente a la otra orilla,
y cuando llegó a la sexta bolsa,
menester le fue mostrar frente segura.

Con la ferocidad y con la borrasca
con que salen los perros sobre el pobrecito
que de pronto mendiga donde para,

salieron del puente los demonios
y contra él volvieron los arpones;
pero les gritó: "¡No se atreva ninguno!

"Antes que cualquier gancho me toque,
venga adelante uno que me oiga
y después decidan si deben escardarme."

Todos gritaron: "¡Que vaya Malacoda!" ***
Uno se movió entre los otros, quietos,
y fue hacia él diciendo: "¿Qué te trae?"

"¿Crees, Malacoda, que podrías
verme aquí", dijo mi maestro,
"a salvo de todas estas armas

"sin voluntad divina y hado diestro?
Déjame ir, que en el cielo es querido
que yo enseñe a otro este camino."

Entonces quedó su orgullo tan caído
que dejó rodar el gancho a tierra,
y les dijo a los demás: "No sea herido".

Y el duca mío a mí: "¡Oh tú, que estás
tras las rocas del puente, acurrucado,
seguramente a mí puedes acercarte!"

No bien yo me moví hacía él, rápido,
los diablos se echaron todos adelante,
y temí que rompieran lo pactado.

Así vi yo temer a los infantes
que salían tras el pacto de Caprona,
viéndose rodeados de rivales.

Yo me pegué con toda mi persona
a mi duca, y no sacaba la mirada
de la cara de ellos, nada buena.

Movían los ganchos y: "¿Quieres que lo pinche
en las ancas?", se decían el uno al otro,
Y respondían: "Sí, que se le frunza."

Pero el demonio que parlamentaba
con mi duca, se volvió súbitamente
y dijo: "¡Quieto, quieto, Scarmiglione!"

Luego nos dijo: "Ir muy lejos
por aquí no se puede, porque yace
todo roto, en el fondo, el arco sexto.

"Y si seguir adelante aún les place,
más bien vayan por aquí, por esta gruta;
cerca hay otro escollo, que consiente.

"Ayer, cinco horas pasada esta hora,
mil doscientos sesenta y seis años
se cumplieron de que se hundió la vía. ****

"Yo mando allá a varios de los míos
a vigilar si alguno no se airea:
vayan con ellos, no les harán nada.

"Adelante, Allichino y Calcabrina", *****
comenzó a decir, "y tú, Cagnazzo,
y Barbariccia que guíe la decena.

"Libicocco va también, y Draghignazzo,
Ciriatto, el dientudo, y Graffiacane,
y Farfarello y Rubicante, el loco.

"Vigilen en torno del hirviente pan;
estos lleguen salvos al siguiente escollo
que va sobre las otras madrigueras."

"¡Ay, maestro, ¿qué estoy viendo?",
dije yo. "Sin escolta andemos solos
si tú sabes ir; yo no la demando.

"Si eres tan prudente como sueles,
¿no ves que rechinan con los dientes
y que el entrecejo amenaza males?"

Y él a mí: "No quiero que te espantes,
déjalos que rechinen cuanto quieran:
lo hacen por los que están en el aceite."

Por el lado izquierdo dieron vuelta;
pero antes cada uno apretó la lengua
con los dientes, como seña hacia su duca;
y este hizo del culo una trompeta.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321)
Traducción de Jorge Aulicino

La Divina Comedia,
Ediciones Lom,
Santiago de Chile, 2018

[Notas del traductor:]

* Se traduce como "malas garras".

** En los antiguos documentos públicos, anotación afirmativa. Todo este pasaje alude a los escribanos de Luca, cuya patrona es Santa Zita y donde se venera el Santo Rostro.

*** Significa "mala cola".

**** Alude a la muerte de Cristo: "y la tierra tembló y las rocas se partieron" (Mateo, 27:52). Ubica la fecha en que sucede este Canto y de aquí se deduce todo el tiempo de ficción de la Comedia.

***** Los nombres de los demonios significan: Allichino: que hace inclinar a otros; Calcabrina: que pisa el rocío; Cagnazzo: perro malo; Barbariccia: barba crespa; Libiocco: lividinoso; Draghignazzo: dragón ponzoñoso; Ciriatto: jabalí; Grafficcane: perro que araña; Rubicante: inflamado (siguiendo las notas de Cristóforo Laudino, siglo XV). Farfarello puede significar espíritu maligno o loco [no hay acuerdo de los comentaristas].

Ref.:
LOM
Puerto de Ideas
Dardanelos
Prefacios a los Cantos de la Comedia
El Mercurio

Imagen: Andrea da Bonaiuto, Basilica Santa María Novella, Florencia, siglo XIV

Canto XXI

Così di ponte in ponte, altro parlando
che la mia comedìa cantar non cura,
venimmo; e tenavamo ’l colmo, quando

restammo per veder l’altra fessura
di Malebolge e li altri pianti vani;
e vidila mirabilmente oscura.

Quale ne l’arzanà de’ Viniziani
bolle l’inverno la tenace pece
a rimpalmare i legni lor non sani,

ché navicar non ponno - in quella vece
chi fa suo legno novo e chi ristoppa
le coste a quel che più vïaggi fece;

chi ribatte da proda e chi da poppa;
altri fa remi e altri volge sarte;
chi terzeruolo e artimon rintoppa -:

tal, non per foco ma per divin’arte,
bollia là giuso una pegola spessa,
che ’nviscava la ripa d’ogne parte.

I’ vedea lei, ma non vedëa in essa
mai che le bolle che ’l bollor levava,
e gonfiar tutta, e riseder compressa.

Mentr’io là giù fisamente mirava,
lo duca mio, dicendo "Guarda, guarda!",
mi trasse a sé del loco dov’io stava.

Allor mi volsi come l’uom cui tarda
di veder quel che li convien fuggire
e cui paura sùbita sgagliarda,

che, per veder, non indugia ’l partire:
e vidi dietro a noi un diavol nero
correndo su per lo scoglio venire.

Ahi quant’elli era ne l’aspetto fero!
e quanto mi parea ne l’atto acerbo,
con l’ali aperte e sovra i piè leggero!

L’omero suo, ch’era aguto e superbo,
carcava un peccator con ambo l’anche,
e quei tenea de’ piè ghermito ’l nerbo.

Del nostro ponte disse: "O Malebranche,
ecco un de li anzïan di Santa Zita!
Mettetel sotto, ch'i' torno per anche

a quella terra, che n’è ben fornita:
ogn’uom v’è barattier, fuor che Bonturo;
del no, per li denar, vi si fa ita".

Là giù ’l buttò, e per lo scoglio duro
si volse; e mai non fu mastino sciolto
con tanta fretta a seguitar lo furo.

Quel s’attuffò, e tornò sù convolto;
ma i demon che del ponte avean coperchio,
gridar: "Qui non ha loco il Santo Volto!

qui si nuota altrimenti che nel Serchio!
Però, se tu non vuo’ di nostri graffi,
non far sopra la pegola soverchio".

Poi l’addentar con più di cento raffi,
disser: "Coverto convien che qui balli,
sì che, se puoi, nascosamente accaffi".

Non altrimenti i cuoci a’ lor vassalli
fanno attuffare in mezzo la caldaia
la carne con li uncin, perché non galli.

Lo buon maestro "Acciò che non si paia
che tu ci sia", mi disse, "giù t’acquatta
dopo uno scheggio, ch’alcun schermo t’aia;

e per nulla offension che mi sia fatta,
non temer tu, ch’i’ ho le cose conte,
perch’altra volta fui a tal baratta".

Poscia passò di là dal co del ponte;
e com’el giunse in su la ripa sesta,
mestier li fu d’aver sicura fronte.

Con quel furore e con quella tempesta
ch’escono i cani a dosso al poverello
che di sùbito chiede ove s’arresta,

usciron quei di sotto al ponticello,
e volser contra lui tutt’i runcigli;
ma el gridò: "Nessun di voi sia fello!

Innanzi che l’uncin vostro mi pigli,
traggasi avante l’un di voi che m’oda,
e poi d’arruncigliarmi si consigli".

Tutti gridaron: "Vada Malacoda!";
per ch’un si mosse - e li altri stetter fermi -
e venne a lui dicendo: "Che li approda?".

"Credi tu, Malacoda, qui vedermi
esser venuto", disse ’l mio maestro,
"sicuro già da tutti vostri schermi,

sanza voler divino e fato destro?
Lascian’andar, ché nel cielo è voluto
ch’i’ mostri altrui questo cammin silvestro".

Allor li fu l’orgoglio sì caduto,
ch’e’ si lasciò cascar l’uncino a’ piedi,
e disse a li altri: "Omai non sia feruto".

E ’l duca mio a me: "O tu che siedi
tra li scheggion del ponte quatto quatto,
sicuramente omai a me ti riedi".

Per ch’io mi mossi e a lui venni ratto;
e i diavoli si fecer tutti avanti,
sì ch’io temetti ch’ei tenesser patto;

così vid’ïo già temer li fanti
ch’uscivan patteggiati di Caprona,
veggendo sé tra nemici cotanti.

I’ m’accostai con tutta la persona
lungo ’l mio duca, e non torceva li occhi
da la sembianza lor ch’era non buona.

Ei chinavan li raffi e "Vuo’ che ’l tocchi",
diceva l’un con l’altro, "in sul groppone?".
E rispondien: "Sì, fa che gliel’accocchi".

Ma quel demonio che tenea sermone
col duca mio, si volse tutto presto
e disse: "Posa, posa, Scarmiglione!".

Poi disse a noi: "Più oltre andar per questo
iscoglio non si può, però che giace
tutto spezzato al fondo l’arco sesto.

E se l’andare avante pur vi piace,
andatevene su per questa grotta;
presso è un altro scoglio che via face.

Ier, più oltre cinqu’ ore che quest’otta,
mille dugento con sessanta sei
anni compié che qui la via fu rotta.

Io mando verso là di questi miei
a riguardar s’alcun se ne sciorina;
gite con lor, che non saranno rei".

"Tra’ ti avante, Alichino, e Calcabrina",
cominciò elli a dire, "e tu, Cagnazzo;
e Barbariccia guidi la decina.

Libicocco vegn’oltre e Draghignazzo,
Cirïatto sannuto e Graffiacane
e Farfarello e Rubicante pazzo.

Cercate ’ntorno le boglienti pane;
costor sian salvi infino a l’altro scheggio
che tutto intero va sovra le tane".

"Omè, maestro, che è quel ch’i’ veggio?",
diss’io, "deh, sanza scorta andianci soli,
se tu sa’ ir; ch’i’ per me non la cheggio.

Se tu se’ sì accorto come suoli,
non vedi tu ch’e’ digrignan li denti
e con le ciglia ne minaccian duoli?".

Ed elli a me: "Non vo’ che tu paventi;
lasciali digrignar pur a lor senno,
ch’e’ fanno ciò per li lessi dolenti".

Per l’argine sinistro volta dienno;
ma prima avea ciascun la lingua stretta
coi denti, verso lor duca, per cenno;

ed elli avea del cul fatto trombetta.

martes, septiembre 12, 2017

Dante Alighieri / Infierno, Canto vigesimoctavo





















¿Quién podría, aun con palabras sueltas, *
decir de la sangre y de las llagas a pleno
que allá vi, aunque mil veces lo narrara?

Toda lengua, por cierto, iría a menos,
porque nuestro sermón y nuestra mente
son, para tanto comprender, estrechos.

Si se aunase incluso toda la gente **
que allá en la afortunada tierra
de Pulla fue doliente de su sangre

por los troyanos y por la larga guerra,
que de anillos tuvo botín tan grande,
como escribe Livio, que no yerra;

con aquella que sintió dolor de golpes
por contrastar a Roberto Guiscardo;
y la otra, cuyos huesos aún acoge

Ceperano, allá donde fue falsario
todo pullés, y allá en Tagliacozzo,
donde sin armas venció el viejo Alardo;

y uno, hendido su miembro, y otro roto
mostrasen, no habría modo de igualar
de la novena bolsa el modo inmundo.

Un tonel cuyo fondo perdiese o duela,
como yo vi a uno, no se desbarata,
roto desde el mentón a donde se pea:

entre las piernas las tripas le colgaban;
se le veían las costillas y el triste saco
que todo lo que engulle lo hace mierda.

Mientras que me acerqué para mirarlo,
me miró, y con las manos se abrió el pecho,
diciendo: "¡Mira cómo me desgarro!

"¡Mira cómo a Mahoma han estropeado! ***
Delante de mí va llorando Alí,
herido el rostro del mentón al jopo.

"Y todos los que ves por este lado,
sembradores de escándalo y de cisma,
fueron vivos y ahora van cortados.

"Un diablo viene atrás, que nos siega
así cruelmente, al tajo de la espada,
remitiendo a cada uno a esta gavilla,

"cuando dan vuelta a la doliente senda;
porque las heridas son cerradas
antes que adelanten a la escuadra.

"¿Pero tú quién eres? ¿Sobre el escollo
husmeas, tal vez para retrasar la pena
que le fue adjudicada a tus acciones?"

"Ni muerte lo alcanza aún, ni culpa lo lleva",
respondió el maestro, "a atormentarlo;
pero para darle una experiencia plena,

"a mí, que estoy muerto, cupo llevarlo
por el infierno abajo, de vuelta en vuelta;
y esto es tan cierto como que yo te hablo."

Más de cien, cuando lo oyeron,
se pararon en el foso a contemplarme,
por asombro, olvidando su martirio.

"Entonces di a fray Dolcino que se arme, ****
tú que tal vez verás el sol en breve,
si no quiere pronto aquí encontrarme,

"bien de víveres, y que ceñido por la nieve
no entregue la victoria al novarés,
a quien conquistarla así no será leve."

Luego que alzó un pie para girar,
Mahoma me dijo estas palabras;
entonces, lo apoyó para marcharse.

Otro, que tenía agujereada la garganta,
y trunca hasta la ceja, la nariz,
y no tenía más que una oreja sola,

parado para mirar maravillado,
antes que nadie abrió la caña,
que por afuera era bermeja,

y dijo: "Oh tú, cuya culpa no condena,
y a quien yo vi allá, en tierra latina,
si tanta semejanza no me engaña,

"acuérdate de Pier da Medicina, *****
si aún regresas a ver el dulce llano
que de Vercelli a Marcabó declina.

"Y haz saber a los dos mejores de Fano,
al maese Guido y así también al Angiolello,
que si el predecir de aquí no es vano,

"arrojados serán fuera de su barco
y masacrados cerca de Católica
por traición de un tirano falso.

"Entre la isla de Chipre y la de Mallorca,
no vio nunca Neptuno tan grande engaño,
ni de piratas ni de gente argólica.

"Aquel traidor, que ve sólo por uno,
y tiene la tierra que un tal aquí conmigo
querría de mirarla estar ayuno,

"los hará venir a parlamento rápido;
luego hará tal mal, que al viento de Focara
no les será menester voto ni ruego."

Y yo a él: "Demuéstrame y declara,
si quieres que lleve arriba tu noticia,
quién es aquel de la mirada amarga."

Entonces puso la mano en la mandíbula
de un compañero y le abrió la boca,
gritando: "Este es, pero no habla.

"Este, desterrado, sumergió en la duda
a César, afirmando que quien está listo,
siempre sufre daño cuando espera." ******

¡Oh, cuán asustado me pareció,
con la lengua cortada en la garganta
Curión, que para decir fue tan ardido!

Y uno que tenía una y otra mano cortadas,
elevando los muñones en el aura fosca,
tal que la sangre la cara le ensuciaba,

gritó: "Acuérdate también del Mosca, *******
que dijo, ¡miserable!, 'Está la cosa hecha',
que fue mala simiente para la gente tosca."

Y yo agregué: "Y muerte de tu casa";
por lo que él, sumando dolor al duelo,
se marchó como persona triste y loca.

Mas yo quedé para mirar la turba
y cosa vi que me daría pavura
sin más trámite que contarla sólo,

si no me asegurara la conciencia,
esa buena compañía que alienta
bajo el abrigo del sentirse pura.

Lo vi, por cierto, y parece que lo viera,
un busto sin cabeza andar tal como
andaban los otros de la triste fila;

y la cabeza cortada tenía por el pelo,
colgada de la mano a modo de linterna;
y  "¡Ay de mí!", al mirarnos, fue su metro.

De sí hacía a sí mismo lucerna,
y eran dos en uno y uno en dos:
cómo es posible, lo sabe quien gobierna.

Cuando derecho al pie del puente fue,
levantó el brazo con la cabeza,
para acercarnos las palabras de él,

que fueron: "¡Ahora mira la molesta pena,
tú que, respirando, vas mirando muertos:
mira si alguna es grande como ésta!

"Y para que lleves noticia de mis duelos,
sabe que soy Bertran de Born, aquél ********
que al joven rey dio malos consejos.

"Que padre e hijo se pelearan provoqué:
Ajitófel no hizo más contra Absalón
y contra David con sus punzones.

"Porque separé lo que estaba junto,
separado llevo mi cerebro, ¡desdichado!,
de su comienzo en este tronco.
Así se observa en mí el contrapaso."

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), "Infierno", Divina Comedia, traducción y notas de Jorge Aulicino, Edhasa, Buenos Aires, 2015

Ilustración: Bertran de Born sostiene su propia cabeza de los pelos (detalle). Gustav Doré, siglo XIX

* La expresión fue traducida como "prosa. El concepto de prosa correspondería a la idea de palabras no sujetas a metro.

** Luego de la declaración de las limitaciones de la prosa, sobreviene un largo y complejo procedimiento poético: primero se alude a la Segunda Guerra púnica (218-201 aC.) de los romanos contra Aníbal el Cartaginés, y a la gran matanza de los primeros (llamados por el autor "troyanos" por suponerlos descendientes de Eneas) en diversas batallas, especialmente la de Cannas, donde se calcula que murieron 25.000, cuyos anillos fueron enviados a Cartago; se agrega enseguida a los muertos que desde mediados del XI cayeron luchando en la Pulla contra el normando Roberto Guiscardo; se suma enseguida a los caídos por causa de la traición de los barones pullenses, que dejaron entrar en el siglo XIII, hacia la fecha del nacimiento de Dante, a Carlos de Anjou, lo que provocó la matanza de Benevento. Y por fin, a los muertos en la batalla de Tagliacozzo contra los suevos. Los pullenses, tras perder casi todo su ejército, siguieron el consejo del viejo Araldo de Valery y corrieron sin armas, fingiendo una huida, para arrastrar a los suevos a una emboscada: con todos estos muertos destrozados se compara esta parte del infierno.

*** La Comedia resuelve que el islam no es herejía ni estrictamente cisma religioso, pues Mahoma no está entre los herejes del Décimo Canto. De hecho, no dividió el judeocristianismo ni pretendió darle otra interpretación, sino que declaró un nuevo profeta. De acuerdo con su propia información, Mahoma está entre los seminatori di scandalo e de scisma (sembradores de escándalo y de cisma). La amplitud de ambos términos se deduce del canto: se consideran cismas diversos tipos de discordias.

**** El frate Dolcino da Novara, cabeza de los apostólicos, de doctrina albigense y franciscana. Los dolcinistas predicaban la igualdad y la vida comunitaria. Hermanos guerreros, los de Dolcino resistieron en las montañas del norte de Italia los embates de los obispos de Vercelli y Novara y al marqués de Montferrato. Aunque llegaron a sumar más de diez mil combatientes, debieron rendirse en 1307. Dolcino fue quemado luego de presenciar la quema de su compañera, Margherita, y de su lugarteniente, Longino da Bergamo. Mahoma, que fue soldado, lo aconseja aquí más como estratega que como religioso acerca de hechos futuros, ya que la Comedia sucede en 1300: con buen avituallamiento, Dolcino podría haber resistido más, acantonado tras la nieve en los montes, y quizá hubiese logrado dominar cierto territorio. De este modo, presume el Profeta, podía liberarse de caer en este círculo del infierno. Es el pensamiento de Dante puesto en la boca de Mahoma, quien desde luego no conoció a Dolcino.

***** El reo Pier da Medicina es un personaje del que no sobran datos. Los comentaristas dicen que era famoso por sus intrigas entre nobles boloñeses. La historia que cuenta es la de Guido da Casera y Angiolello da Cignano, nobles de Fano, sobre el Adriático, unidos contra las pretensiones de Malatesta da Verrucchio, el Tuerto. Como sólo eso los unía, el tirano Malatesta los invitó a conferenciar en Católica, los apresó y los arrojó al mar en un saco. Del monte Focaro se suponía que provenían vientos tormentosos, por lo que los navegantes solían rogarle. Guido y Angiolello ya no necesitarán hacerlo.

****** Cayo Curión, tribuno romano. Aconsejó a Julio César no demorarse en iniciar la guerra civil contra Pompeyo. Al parecer, solía hablar en exceso, por lo que ahora, privado de la lengua, no habla.

******* Mosca dei Lamberti tomó en sus manos la venganza de la familia Amidei, una de cuyas hijas había sido deshonrada. Comunicó su decisión a la familia con la frase: "Cosa cumplida, cosa hecha". Y mató al ofensor, un señor Buondelmonte. Esto fue germen de grandes discordias entre güelfos y gibelinos. En 1258, a causa de tales reyertas, su propia familia fue expulsada de la ciudad. Él dice que su crimen trajo desgracia a los "toscos" (toscanos) y Dante le agrega: "Y a los tuyos".

******** El gran poeta provenzal y guerrero, vizconde de Hautffort (c.1140-1215). Instigó al hijo de Enrique II de Inglaterra a rebelarse contra su padre. Compara el resultado de su acción, un poco exageradamente, con la rebelión bíblica de Absalón contra David. En esta conjura, Absalón fue aconsejado por Ajitófel. Sin embargo, el no aceptar Absalón la propuesta de Ajitófel sobre el mejor modo de terminar con David, lo condujo a la ruina (II Samuel, 15 a 18).


XXVIII

Chi poria mai pur con parole sciolte
dicer del sangue e de le piaghe a pieno
ch'i' ora vidi, per narrar più volte? 3
  Ogne lingua per certo verria meno
per lo nostro sermone e per la mente
c' hanno a tanto comprender poco seno. 6
  S'el s'aunasse ancor tutta la gente
che già, in su la fortunata terra
di Puglia, fu del suo sangue dolente 9
  per li Troiani e per la lunga guerra
che de l'anella fé sì alte spoglie,
come Livïo scrive, che non erra, 12
  con quella che sentio di colpi doglie
per contastare a Ruberto Guiscardo;
e l'altra il cui ossame ancor s'accoglie 15
  a Ceperan, là dove fu bugiardo
ciascun Pugliese, e là da Tagliacozzo,
dove sanz'arme vinse il vecchio Alardo; 18
  e qual forato suo membro e qual mozzo
mostrasse, d'aequar sarebbe nulla
il modo de la nona bolgia sozzo. 21
  Già veggia, per mezzul perdere o lulla,
com'io vidi un, così non si pertugia,
rotto dal mento infin dove si trulla. 24
  Tra le gambe pendevan le minugia;
la corata pareva e 'l tristo sacco
che merda fa di quel che si trangugia. 27
  Mentre che tutto in lui veder m'attacco,
guardommi e con le man s'aperse il petto,
dicendo: "Or vedi com'io mi dilacco! 30
  vedi come storpiato è Mäometto!
Dinanzi a me sen va piangendo Alì,
fesso nel volto dal mento al ciuffetto. 33
  E tutti li altri che tu vedi qui,
seminator di scandalo e di scisma
fuor vivi, e però son fessi così. 36
  Un diavolo è qua dietro che n'accisma
sì crudelmente, al taglio de la spada
rimettendo ciascun di questa risma, 39
  quand'avem volta la dolente strada;
però che le ferite son richiuse
prima ch'altri dinanzi li rivada. 42
  Ma tu chi se' che 'n su lo scoglio muse,
forse per indugiar d'ire a la pena
ch'è giudicata in su le tue accuse?". 45
  "Né morte 'l giunse ancor, né colpa 'l mena",
rispuose 'l mio maestro, "a tormentarlo;
ma per dar lui esperïenza piena, 48
  a me, che morto son, convien menarlo
per lo 'nferno qua giù di giro in giro;
e quest'è ver così com'io ti parlo". 51
  Più fuor di cento che, quando l'udiro,
s'arrestaron nel fosso a riguardarmi
per maraviglia, oblïando il martiro. 54
  "Or dì a fra Dolcin dunque che s'armi,
tu che forse vedra' il sole in breve,
s'ello non vuol qui tosto seguitarmi, 57
  sì di vivanda, che stretta di neve
non rechi la vittoria al Noarese,
ch'altrimenti acquistar non saria leve". 60
  Poi che l'un piè per girsene sospese,
Mäometto mi disse esta parola;
indi a partirsi in terra lo distese. 63
  Un altro, che forata avea la gola
e tronco 'l naso infin sotto le ciglia,
e non avea mai ch'una orecchia sola, 66
  ristato a riguardar per maraviglia
con li altri, innanzi a li altri aprì la canna,
ch'era di fuor d'ogne parte vermiglia, 69
  e disse: "O tu cui colpa non condanna
e cu' io vidi in su terra latina,
se troppa simiglianza non m'inganna, 72
  rimembriti di Pier da Medicina,
se mai torni a veder lo dolce piano
che da Vercelli a Marcabò dichina. 75
  E fa sapere a' due miglior da Fano,
a messer Guido e anco ad Angiolello,
che, se l'antiveder qui non è vano, 78
  gittati saran fuor di lor vasello
e mazzerati presso a la Cattolica
per tradimento d'un tiranno fello. 81
  Tra l'isola di Cipri e di Maiolica
non vide mai sì gran fallo Nettuno,
non da pirate, non da gente argolica. 84
  Quel traditor che vede pur con l'uno,
e tien la terra che tale qui meco
vorrebbe di vedere esser digiuno, 87
  farà venirli a parlamento seco;
poi farà sì, ch'al vento di Focara
non sarà lor mestier voto né preco". 90
  E io a lui: "Dimostrami e dichiara,
se vuo' ch'i' porti sù di te novella,
chi è colui da la veduta amara". 93
  Allor puose la mano a la mascella
d'un suo compagno e la bocca li aperse,
gridando: "Questi è desso, e non favella. 96
  Questi, scacciato, il dubitar sommerse
in Cesare, affermando che 'l fornito
sempre con danno l'attender sofferse". 99
  Oh quanto mi pareva sbigottito
con la lingua tagliata ne la strozza
Curïo, ch'a dir fu così ardito! 102
  E un ch'avea l'una e l'altra man mozza,
levando i moncherin per l'aura fosca,
sì che 'l sangue facea la faccia sozza, 105
  gridò: "Ricordera' ti anche del Mosca,
che disse, lasso!, 'Capo ha cosa fatta',
che fu mal seme per la gente tosca". 108
  E io li aggiunsi: "E morte di tua schiatta";
per ch'elli, accumulando duol con duolo,
sen gio come persona trista e matta. 111
  Ma io rimasi a riguardar lo stuolo,
e vidi cosa ch'io avrei paura,
sanza più prova, di contarla solo; 114
  se non che coscïenza m'assicura,
la buona compagnia che l'uom francheggia
sotto l'asbergo del sentirsi pura. 117
  Io vidi certo, e ancor par ch'io 'l veggia,
un busto sanza capo andar sì come
andavan li altri de la trista greggia; 120
  e 'l capo tronco tenea per le chiome,
pesol con mano a guisa di lanterna:
e quel mirava noi e dicea: "Oh me!". 123
  Di sé facea a sé stesso lucerna,
ed eran due in uno e uno in due;
com'esser può, quei sa che sì governa. 126
  Quando diritto al piè del ponte fue,
levò 'l braccio alto con tutta la testa
per appressarne le parole sue, 129
  che fuoro: "Or vedi la pena molesta,
tu che, spirando, vai veggendo i morti:
vedi s'alcuna è grande come questa. 132
  E perché tu di me novella porti,
sappi ch'i' son Bertram dal Bornio, quelli
che diedi al re giovane i ma' conforti. 135
  Io feci il padre e 'l figlio in sé ribelli;
Achitofèl non fé più d'Absalone
e di Davìd coi malvagi punzelli. 138
  Perch'io parti' così giunte persone,
partito porto il mio cerebro, lasso!,
dal suo principio ch'è in questo troncone. 141
  Così s'osserva in me lo contrapasso".  

domingo, agosto 13, 2017

Dante Alighieri / Infierno, Cantos vigesimosexto y vigesimoséptimo (Las llamas dolientes)




















Canto vigesimosexto

¡Goza Florencia, porque eres tan grande,
que por mar y por tierra bates alas
y por el infierno tu nombre se difunde!

Entre ladrones, encontré cinco tales,
ciudadanos tuyos, y me dio vergüenza,
y tú muy honrosa de esto no te sales.

Pero si el sueño es cierto en la mañana,
tú sentirás de aquí a un corto tiempo
aquello que Prato, no otros, te desea; *

y si fuese ahora, no sería temprano:
¡Ojalá fuese ya, puesto que debe ser!
Más me pesará cuanto más pase el tiempo.

Nos fuimos de allí, y por el borde
cuyos peldaños sirvieron para bajar,
remontó el duca, arrastrándome;

y prosiguiendo la solitaria vía,
entre astillas y rocas del escollo,
los pies sin las manos no valían.

Entonces me dolí, y a dolerme vuelvo,
cuando alzo la mente a lo que vi,
y el ingenio refreno más de lo que suelo,

para que no corra sin virtud que guíe;
tal que si estrella buena o mejor cosa
me dio el bien, a mí mismo no me envidie.

Como el aldeano que reposa en la colina,
cuando aquel que el mundo aclara
su cara a nosotros menos nos oculta

y ante el mosquito cede la mosca,
ve luciérnagas abajo por el valle,
tal vez allá donde vendimia y ara;

de tantas flamas resplandecía toda
la octava bolsa, tal como fue claro
ni bien llegué adonde el fondo se veía.

Y como el que tomó venganza de los osos
vio el carro de Elías alejarse, **
cuando los caballos al cielo lo elevaron,

que no podía seguirlo con sus luces,
pues no se veía más que una llama sola,
como nubecita cuando a lo alto se dirige;

tal se mueve cada una en la garganta
del foso, y ninguna muestra el hurto,
que cada llama un pecador oculta.

Yo miraba parado sobre el arco,
y de no haber estado tomado de una roca,
sin que me tiraran, me habría despeñado.

Y el duca, que me viera tan absorto,
dijo: "Están dentro del fuego los espíritus;
de la llama que lo enciende, fajado cada uno."

"Maestro mío", repuse, "al escucharte
estoy más cierto; pero había visto
que es así, y quería preguntarte:

"¿quién está en aquel fuego dividido
arriba, que parece surgir desde la pira
en la que Etéocles ardió junto a su hermano?" ***

Me respondió: "Allá adentro se tortura
a Ulises y Diomedes, y así juntos ****
a la venganza van como a la ira;

"y dentro de su llama se castiga
la celada del caballo que fue puerta
a la simiente gentil de los romanos.

"Se llora dentro el arte por la que, muerta,
Deidamia aún por Aquiles se lamenta,
y por el Palladium también se lleva pena." *****

"Si pueden dentro de esas llamas
hablar", dije yo, "entonces te ruego
y vuelvo a hacerlo, y el ruego sea millar,

"que no me niegues esperar, maestro,
hasta que la llama cornuda venga:
¡tanto me inclino a este deseo!"

Y él a mí: "Tu plegaria es digna
de alabanza, y por eso la acepto;
pero procura contener tu lengua.

"Déjame hablar a mí, que entiendo ******
lo que tú deseas; que pueden ser
esquivos ante ti, pues fueron griegos."

Cuando la flama hubo llegado donde
pareció a mi duca buen lugar y tiempo,
de esta forma su parlar audive:

"Oh ustedes, dos dentro de un fuego,
si les fui meritorio mientras estuve vivo,
si les fui meritorio, bastante o poco,

"cuando escribí altos versos en el mundo,
no se marchen; uno de ustedes diga
dónde fue, por fin, a morir perdido."

El mayor cuerno de la antigua llama
comenzó a estremecerse murmurando,
como aquella a la que el viento la fatiga;

luego la punta aquí y allá moviendo,
como si fuese su lengua que parlara,
gritó voces de furia y dijo: "Cuando *******

"me alejé de Circe, que me retuviera
más de un año, allá junto a Gaeta,
antes que como tal Eneas la nombrara,

"ni la dulzura del hijo ni la piedad
del viejo padre, ni el debido amor
que debía a Penélope la dicha,

"pudieron vencer en mí el ardor
que tuve por ser del mundo sabio,
y de los humanos vicios y del valor;

"más bien me puso en alto mar abierto
sólo con un leño y aquella compañía
pequeña, la que no me abandonó.

"De una costa a otra vi hasta España,
y hasta Marruecos, y la isla de los sardos,
y las otras que aquel mar en torno baña.

"Yo y mis compañeros éramos viejos y tardos
cuando llegamos a aquella boca estrecha
donde Hércules señaló sus dos resguardos,

"para que ningún otro hombre allí se meta:
a la mano derecha yo dejé Sevilla;
de la otra, ya había dejado Ceuta.

"'¡Oh hermanos, dije, que por cien mil
peligros han llegado hasta el occidente,
cuando ya es tan escasa la vigilia,

"'de nuestros sentidos apenas remanente:
no quieran negarse la experiencia
de ir tras el sol, del mundo sin gente!

"'Consideren cuál fue su ascendencia;
no fueron hechos para vivir como brutos,
sino para seguir virtud y sapiencia.

"A mis compañeros puse tan dispuestos
al camino con este oración pequeña,
que a duras penas los habría retenido;

"y vuelta nuestra popa a la mañana,
con remos hicimos alas al loco vuelo,
siempre inclinados a la parte izquierda.

"Todas las estrellas ya del otro polo
veía la noche, y el nuestro tan abajo,
que no surgía del marino suelo.

"Cinco veces encendido y apagado
fue el resplandor debajo de la luna,
luego que entramos en el alto paso,

"cuando apareció una montaña, oscura
por la distancia, y me pareció alta, tanto
cuanto vista no tenía a ninguna.

"Nos alegramos, y presto volvió el llanto;
nació un torbellino de la nueva tierra
y golpeó de nuestro leño el primer canto.

"Tres veces lo hizo girar con toda el agua;
a la cuarta, levantar la popa en alto
y, como alguien quiso, abajo irse la proa;
hasta que el mar se cerró sobre nosotros."



* Pequeña población sometida al gobierno de Florencia, descontenta. "No de otros": no de grandes ciudades, sino de esta pequeña.

* Eliseo, discípulo de Elías, maldijo a unos muchachos que se burlaban de su calvicie; dos osos salieron de la fronda y se cargaron a cuarenta y dos; Eliseo vio a Elías elevarse en un carro de fuego (II Reyes, 2: 11, 23).

*** En la mitología griega, Etéocles y Polinices, los dos hermanos hijos de Edipo, uno defensor de Tebas contra el asedio de "los siete" y el otro del lado de los sitiadores, se odiaban en vida. Muertos ambos en el combate e inmolados en la misma hoguera, provocaron que el fuego se dividiese, tal su encono.

**** Alusión a que los griegos mal querrían hablar con un descendiente de Eneas, troyano. Virgilio, hijo del mismo padre, confía en que con él lo harán, debido a que deben de apreciar sus versos, que al fin y al cabo narran la destrucción de Troya. Audive: latinismo, por "oí"

***** La diosa Tetis había confiado a su hijo Aquiles al cuidado de Licomedes, para alejarlo de la guerra. Aquiles vestía de mujer, pero en tanto había seducido a la hija de Licomedes, Deidamia. Odiseo reveló el engaño mediante la argucia de dejar a la vista la espada de Aquiles, y éste debió abandonar su escondite e ir a la guerra.

****** Diomedes fue el secuaz de Odiseo (Ulises) en la famosa treta del caballo de madera y en el robo de la estatua de Palas de su templo, el Palladium. Los troyanos creían a esa estatua caída del cielo y protectora de la ciudad.

******* Desde aquí, Odiseo narra su aventura hacia el occidente. Menciona a la hechicera Circe, a su familia (alude a Telémaco, su hijo, y nombra a Penélope, su mujer) y al paso frente a la mitológicas columnas de Hércules, es decir, el estrecho de Gibraltar. Los comentaristas suelen indicar que en la descripción del viaje se insinúa el conocimiento de Dante de la redondez de la Tierra (Odiseo ve que las estrellas de un polo se elevan y las del otro se hunden tras el horizonte). Tal percepción de Dante se hará evidente en el último canto del Infierno. Interesante es comprobar que el presente canto alude al soterrado pensamiento de Alighieri acerca del pecado de conocimiento, del que se cuida aunque lo comete de hecho, que por eso está Odiseo ardiendo y no por los fraudes ("el ingenio refreno más de lo que suelo, para que no corra sin virtud que guíe.") Dante no menciona que Odiseo lo precedió en el conocimiento de los infiernos. La opinión más extendida es que no lo hace porque no había leído la Odisea completa, aún no traducida al latín. Sus fuentes eran fragmentarias y latinas. Sin embargo, cabe la duda de que no tuviese Alighieri referencias de ningún tipo sobre el legendario descenso del héroe griego al Hades.



Canto vigesimoséptimo

Ya estaba enhiesta la llama y quieta
para no hablar más, y ya de nos se iba,
con la licencia del dulce poeta;

cuando otra, que venía detrás de ella
nos hizo volver los ojos a su cuerno
por el confuso sonido que formaba.

Como el buey siciliano que mugió primero *
con el llanto de quien, y eso fue justo,
lo había con su lima temperado,

mugía con esa voz el afligido,
tanto que, aunque de bronce fuera,
parecía atravesado por el duelo;

de este modo, por no tener hueco ni vía
en la cima del fuego, en tal lenguaje
se convertían las míseras palabras.

Pero luego que hubo hecho su viaje
hacia la punta, dándole el brinco
que le dio la lengua en su pasaje,

oímos decir: "Oh tú a quien dirijo
la voz, y que hablabas en lombardo,
diciendo: 'Istra puedes ir; más no te pido', **

"aunque haya llegado yo un poco tarde,
no te pese quedarte a hablar conmigo:
¡mira que no me pesa a mí, y ardo!

"Si no hace mucho en este mundo ciego
has caído de aquella dulce tierra
latina, de donde toda mi culpa traigo,

"dime si los romañoles tienen paz o guerra;
que yo fui de los montes allá entre Urbino
y el paso del que el Tíber se desata."

Yo estaba quieto, atento e inclinado,
cuando mi duca me tocó la espalda,
diciendo: "Háblale tú, este es latino."

Y yo, que tenía ya pronta la respuesta,
comencé a hablarle sin demora:
"Oh ánima que estás allí escondida,

"tu Romaña no está, y no estuvo nunca
sin guerra en el corazón de sus tiranos;
pero concreta, ninguna he visto ahora.

"Ravena está como estuvo muchos años: ***
allí anida el águila de los Polenta,
tanto que Cervia recubre con sus alas.

"La tierra que hizo ya su larga prueba
y de franceses un montón sangriento,
bajo las garras verdes aún se encuentra.

"Y el viejo mastín y el nuevo de Verucchio,
que hicieron de Montagna mal gobierno,
allá donde solían clavan sus colmillos.

"Las ciudades de Lamone y de Santerno
conduce el leoncito del campo blanco,
que cambia de bando de verano a invierno.

"Y aquella a la que el Savio baña el flanco,
así como se asienta entre monte y llano,
así entre tiranía vive y libre estado.

"Ahora, quién eres dinos, te lo ruego:
no seas más duro que los otros,
si quieres que tu nombre lo recuerde el mundo."

Luego que lo enrojeció un poco el fuego
a su modo, movió la aguda punta
de acá para allá, y lanzó este soplo:

"Si creyese que mi respuesta fuese
a una persona que regresara al mundo,
esta llama dejaría de agitarse;

"pero como jamás desde este fondo
ninguno regresó vivo, si bien oigo,
sin temor a la infamia te respondo.

"Fui hombre de armas, y después fraile, ****
creyendo de este modo hacer enmienda;
y en verdad mi creer se hacía entero,

"a no ser por el gran cura, ¡mal padezca!,
que me devolvió a las primeras culpas;
y cómo y quare quiero que me entiendas.

"Mientras que fui de pulpa y hueso
que me dio mi madre, las obras mías
nunca fueron de león, sino de zorro.

"Las artimañas y las cubiertas sendas
conocí todas, y tanto supe su arte,
que hasta los confines resonó mi fama.

"Cuando me vi llegado a esa parte
de la edad donde cada uno debe
plegar las velas y recoger los cabos,

"lo que me placía, ahora me pesaba,
y penado y confeso me rendí;
¡ah miserable!, y me salvaba.

"El príncipe de los nuevos fariseos,
haciendo guerra cerca de Letrán,
y no con sarracenos ni con judíos,

"porque cada enemigo suyo era cristiano,
y ninguno había ido a tomar Acre,
ni había mercado en tierra del sultán,

"ni sumo oficio ni órdenes sagradas
tuvo para sí, ni para mi cordón,
que solía hacer flaco a quien lo usaba.

"Como Constantino pidió a Silvestre
en el Soratte que la lepra le curara,
como maestro, así me pidió éste

"que le curara la fiebre de soberbia:
me demandó consejo, yo callaba
pues sus palabras parecían ebrias.

"Y luego dijo: 'Tu corazón no tema;
ahora te absuelvo, y tú me enseñas
cómo al Penestrino arrojar por tierra.

"'El cielo puedo abrir y cerrar yo,
como tú sabes; pues son dos las llaves
que mi antecesor cuidó muy poco.'

"Me empujaron los argumentos graves
a pensar que el callarme sería peor,
y dije: 'Ya que tú me lavas, Padre,

"'de que por cierto caiga en el pecado,
larga promesa con poco cumplimiento
te hará triunfar sobre el alto trono.'

"Francisco vino después, cuando fui muerto, *****
por mí; pero uno de los negros querubines
le dijo: 'No te lo lleves, no me hagas dolo.

'Este debe estar entre mis infelices,
porque dio un consejo fraudulento,
y desde entonces lo tengo de las crines;

'a quien no se arrepiente no se absuelve,
ni arrepentirse y querer se puede,
porque la contradicción no lo consiente.'

"¡Oh infeliz de mí!, me estremeció
cuando me tomó diciéndome: '¡Tal vez
no pensabas que yo fuera un lógico!'

"A Minos me condujo; y éste enroscó
ocho veces la cola al torso duro;
y luego de mordérsela furioso,

"dijo: 'Este será del rabioso fuego';
por lo que, donde me ves, estoy perdido,
y así vestido, me maldigo mientras ando."

Cuando tuvo su decir cumplido,
la llama adolorando se alejó,
torciendo y debatiendo el cuerno agudo.

Pasamos más allá, yo y el duca mío,
sobre el escollo hasta el siguiente arco
que cubre el foso en que se da castigo
a los que dividiendo acumulan cargos.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), "Infierno", La Divina Comedia, traducción y notas de Jorge Aulicino, Edhasa, Buenos Aires, 2015

* Refiere a la leyenda del toro de Perilo, de Atenas, construido para Falaride, tirano de Agrigento. Se introducía a un reo en él y se ponía el artefacto en el fuego, de modo que los gritos del condenado simulaban los mugidos del toro, mediante un sistema de tubos que distorsionaba el sonido. El inventor fue el primero en probarlo: Dante dice que es justo que el primer mugido del buey fuera de su constructor.

** "Istra" es la palabra lombarda que creyó escuchar la sombra. Significa "ahora". El que despidió a Ulises fue Virgilio, y no puede suponerse que lo haya hecho en lombardo al dirigirse a los griegos. El ánima oye mal, tal vez por los mismos motivos por los que a su voz le cuesta llegar al exterior, o todo el universo de lenguas de la Comedia es entendido por Virgilio y asimismo por Dante .

*** Narra Dante diversas vicisitudes de las ciudades de la Romaña, con alusiones a familias y escudos de armas.

**** Cuenta su historia, a partir de aquí, Guido da Montefeltro, de la Umbria. Fue avezado duca gibelino, ferozmente opuesto a la Iglesia. Tuvo en jaque a las ciudades de la Romaña y peleó contra diversas ciudades güelfas del norte de Italia entre 1270 y 1290. Se lo llamaba "el lobo" o "el león" y era casi legendario cuando en 1298 tomó los hábitos franciscanos. Aquí Dante le hace confesar que lo hizo por el fraude en que había consistido su fama: su arte era más de zorro que de león. Bonifacio VIII, de quien dice el reo que llevó adelante una guerra contra cristianos opuestos al papado cerca de Letrán (es decir, la familia gibelina de los Colonna), y no contra sarracenos o judíos, mostró poco respeto por el cordón de la orden de San Francisco que llevaba el ex condottiero y le pidió consejo perverso; éste lo aconsejó del peor modo respecto del sitio que mantenía contra la fortaleza de Penestre, de los Colonna. El Papa prometió el oro y el moro, y cuando sus enemigos se rindieron, arrasó la fortaleza.

***** Quare, latinismo: "por qué".

***** San Francisco fue por él. El negro querubín es, desde luego, el diablo.

Ref.: Dante Online

Ilustración: Dante y Virgilio frente a Ulises y Diomedes, miniatura del siglo XIV

jueves, agosto 10, 2017

Dante Alighieri / Purgatorio, Canto quinto
















Había ya de aquellas sombras partido,
y seguía las huellas de mi duca,
cuando detrás de mí, alzando el dedo,

una gritó: "¡Vean, no parece que trasluzca
el rayo de siniestra, el de más abajo,
y se conduce como si estuviera vivo!"

Los ojos volví al oír estas palabras,
y lo vi mirar como a una maravilla
hacia mí, hacía mí y hacia la luz partida.

"¿Por qué el ánimo tuyo allí se emplea?",
dijo el maestro, "que el andar demoras?
¿Qué te importa lo que allí gorjean?

"Ven detrás de mí, deja que la gente diga:
sé como torre a la que, por más que sople,
el viento no logra derribar la cima;

"que siempre el hombre en cuyo pensamiento
otro pensamiento brota, se aleja de la meta,
porque el ímpetu de uno al otro afloja".

¿Qué podía reponer, si no "voy"?
Lo dije, un poco del color cubierto
que a veces hace a un hombre digno.

Y en tanto, por la cuesta atravesando,
venían gentes delante de nosotros,
cantando Miserere, verso a verso.

Cuando vieron que no daba lugar
por mi cuerpo al paso de los rayos,
se hizo el canto un "oh!", ronco y largo;

y dos de ellos, como mensajeros,
corrieron hacia nosotros y demandaron:
"De vuestra condición, hacednos sabios".

Y mi maestro: "Pueden ir y contestarle
a quien los ha mandado
que el cuerpo de éste es carne verdadera.

"Si para ver su sombra se pararon,
como yo creo, ya tienen la respuesta:
háganle honor, que puede honrarlos".

Vapores encendidos no vi tan rápidos
al nacer la noche hender el sereno,
ni, sol menguando, nubes de agosto,

como aquellos regresaron más arriba;
y, junto con los demás, volvieron
a nosotros, como tropa ya sin brida.

"Esta gente que a nosotros viene es mucha,
y vienen a rogarte", dijo el poeta:
"pero tú camina, y andando escucha".

"Oh alma que vas a ser dichosa,
con los miembros con los que naciste",
venían gritando, "un poco el paso aquieta.

"Mira si a alguno de nosotros viste,
tal que de él allá lleves noticias;
ah, ¿por qué te vas? ah, ¿por qué no te detienes?

"Nosotros fuimos por la fuerza muertos,
y pecadores hasta la última hora;
entonces nos hizo sabios  la luz del cielo,

"tal que, arrepintiéndonos y perdonando,
de la vida salimos en paz con Dios
y el deseo de verlo nos aflige".

Y yo: "Por más que en sus rostros miro,
no reconozco a ninguno; mas, si les place
algo que pueda, espíritus bien nacidos,

"díganlo, y yo lo haré por esa paz
que, tras los pies de mi guía señalado,
de mundo en mundo me llevan a buscar".

Y uno comenzó: "Cada uno se fía
del beneficio tuyo sin jurarlo,
a menos que tu voluntad sea impedida.

"Por lo que yo, que ante los otros hablo, *
te ruego, si ves de nuevo aquel país
que está entre la Romaña y el de Carlos,

"que tú de tus ruegos me hagas cortesía
en Fano, tal que por mí se rece bien
para que pueda purgar las ofensas graves.

"De allí fui yo; mas los profundos agujeros
por los que salió la sangre en que vivía
me los hicieron en el seno de los Antenores,

"allá, donde más seguro creía estar:
el del Este lo mandó, que en ira me tenía,
mucho más de la que tolera la justicia.

"Pero si hubiese huido hacia la Mira,
cuando alcancé Oriaco,
todavía estaría donde se respira.

"Corrí al pantano, y las cañas y el barro
me atraparon de modo que caí; y de mis venas
vi hacerse en tierra un lago".

Luego dijo otro: "¡Ah, si el deseo
que te trajo al alto monte
se cumple, ayuda al mío!

"Yo fui de Montefeltro, soy Bonconte; **
Giovanna y otros de mí se olvidan;
por eso voy entre estos con la frente baja".

Y yo a él: "¿Qué fuerza, qué ventura,
te arrastró tan lejos de Campaldino,
que nunca se supo de tu sepultura?"

"¡Oh!", respondió, "al pie del Casentino
atraviesa una agua que se llama Arquiano,
que sobre el Eremo nace, en el Apenino.

"Adonde su nombre se hace vano,
llegué herido en la garganta,
huyendo a pie y enrojeciendo el llano.

"Allá perdí la vista y mi palabra
con el nombre de María terminó,
allí caí, y allí quedó mi carne sola.

"Te diré la verdad y dila entre los vivos:
el ángel de Dios me tomó, y el del infierno
gritaba: 'Oh tú, el del cielo, ¿por qué me privas?

"'¡Tú te llevas de este lo eterno;
por una lagrimita me lo niegas,
pero de lo otro haré gobierno!'

"Bien sabes cómo en el aire se recoge
aquel húmedo vapor que en agua llueve,
no bien sube donde lo toma el frío.

"Se juntó el mal querer, que quiere el mal,
con el intelecto, y movió nube y viento
por el poder que tiene su naturaleza.

"Entonces el valle, cuando se apagó el día,
desde Pratomagno al monte se cubrió
de niebla; y el cielo se hizo más pesado,

"tal que el denso aire se volvió agua;
cayó la lluvia y fue a las zanjas
todo lo que la tierra no absorbió;

"y como se juntó en grandes torrentes,
hacia el río principal tan velozmente
se arrojó, que nada pudo contenerla.

"Mi cuerpo helado, en su embocadura
encontró el nombrado Arquiano, y al Arno
lo empujó, y borró la cruz del pecho

"que yo hice cuando me venció el dolor;
me agitó por la orilla y por el fondo,
luego con sus presas me cubrió y ciñó."

"Ah, cuando hayas regresado al mundo,
y descansado de la larga vía",
siguió el tercer espíritu al segundo,

"acuérdate de mí, que soy la Pía: ***
Siena me hizo, me deshizo Maremma:
lo sabe aquél que, cuando era viuda,
volvió a desposarme con su gema".

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), "Purgatorio", La Divina Comedia, traducción y notas de Jorge Aulicino, Edhasa, Buenos Aires, 2015

Ilustración: "Ricorditi di me, che son la Pia" (detalle), Gustav Doré, 1861

Ref.: Dante Online

* Jacopo da Cassero, jefe güelfo, a quien hizo matar Azón II de Este a fines del 1200 en las ciénagas de Oriaco, cerca de Padua, fundada mitológicamente por Antenor, es el primero que habla en nombre de las almas de los que murieron violentamente. La figura "la sangre en la que vivía" alude, según los comentaristas, a la creencia, fundada en Empédocles, de que la sangre es la sede del alma.

** Hijo del conde Guido de Montefeltro (ver Infierno, XXVII). Combatió en 1289 en Campaldino, donde se supone murió, aunque su cuerpo nunca fue encontrado. Dante participó de esa batalla del lado de los florentinos güelfos. Sin embargo, es posible que, hacia el tiempo en que escribió la Comedia, simpatizara con los gibelinos de Montefeltro, según la interpretación que hacen algunos comentaristas a ciertas alusiones del primer Canto del Infierno (ver nota correspondiente). El hijo de Montefeltro está tan avergonzado de que su mujer y demás deudos no lo recuerden, que marcha con la frente baja, incluso entre quienes fueron sus enemigos.

*** Pia Tolomei, dama de Siena, casada en segundas nupcias con Pannochieschi, señor del castillo de Pietra, quien la arrojó en 1295 por una ventana a las marismas. La historia, hecha de las habladurías de la época, supone que su nuevo marido la creía infiel, o que en verdad quería casarse con una nueva heredera, rica y hermosa, aunque no lo consiguió. Con la breve aparición del personaje en los últimos versos de este canto, Dante convierte el relato de "la Pía" en uno de los más conmovedores de la Comedia. Su ruego elemental (“acuérdate”, pues no tiene quien ruegue por ella) y su conciso "Siena me hizo, me deshizo Maremma", contrastan marcadamente con los ornamentados relatos que de sus penurias hacen Cassero, y, sobre todo, Montefeltro. El artículo “la” antepuesto al nombre tiene especial resonancia familiar en la Argentina.


II,v

Io era già da quell’ombre partito,
e seguitava l’orme del mio duca,
quando di retro a me, drizzando ’l dito, 3

una gridò: "Ve’ che non par che luca
lo raggio da sinistra a quel di sotto,
e come vivo par che si conduca!". 6

Li occhi rivolsi al suon di questo motto,
e vidile guardar per maraviglia
pur me, pur me, e ’l lume ch’era rotto. 9

"Perché l’animo tuo tanto s’impiglia",
disse ’l maestro, "che l’andare allenti?
che ti fa ciò che quivi si pispiglia? 12

Vien dietro a me, e lascia dir le genti:
sta come torre ferma, che non crolla
già mai la cima per soffiar di venti; 15

ché sempre l’omo in cui pensier rampolla
sovra pensier, da sé dilunga il segno,
perché la foga l’un de l’altro insolla". 18

Che potea io ridir, se non "Io vegno"?
Dissilo, alquanto del color consperso
che fa l’uom di perdon talvolta degno. 21

E ’ntanto per la costa di traverso
venivan genti innanzi a noi un poco,
cantando ’Miserere’ a verso a verso. 24

Quando s’accorser ch’i’ non dava loco
per lo mio corpo al trapassar d’i raggi,
mutar lor canto in un "oh!" lungo e roco; 27

e due di loro, in forma di messaggi,
corsero incontr’a noi e dimandarne:
"Di vostra condizion fatene saggi". 30

E ’l mio maestro: "Voi potete andarne
e ritrarre a color che vi mandaro
che ’l corpo di costui è vera carne. 33

Se per veder la sua ombra restaro,
com’io avviso, assai è lor risposto:
fàccianli onore, ed esser può lor caro". 36

Vapori accesi non vid’io sì tosto
di prima notte mai fender sereno,
né, sol calando, nuvole d’agosto, 39

che color non tornasser suso in meno;
e, giunti là, con li altri a noi dier volta,
come schiera che scorre sanza freno. 42

"Questa gente che preme a noi è molta,
e vegnonti a pregar", disse ’l poeta:
"però pur va, e in andando ascolta". 45

"O anima che vai per esser lieta
con quelle membra con le quai nascesti",
venian gridando, "un poco il passo queta. 48

Guarda s’alcun di noi unqua vedesti,
sì che di lui di là novella porti:
deh, perché vai? deh, perché non t’arresti? 51

Noi fummo tutti già per forza morti,
e peccatori infino a l’ultima ora;
quivi lume del ciel ne fece accorti, 54

sì che, pentendo e perdonando, fora
di vita uscimmo a Dio pacificati,
che del disio di sé veder n’accora". 57

E io: "Perché ne’ vostri visi guati,
non riconosco alcun; ma s’a voi piace
cosa ch’io possa, spiriti ben nati, 60

voi dite, e io farò per quella pace
che, dietro a’ piedi di sì fatta guida,
di mondo in mondo cercar mi si face". 63

E uno incominciò: "Ciascun si fida
del beneficio tuo sanza giurarlo,
pur che ’l voler nonpossa non ricida. 66

Ond'io, che solo innanzi a li altri parlo,
ti priego, se mai vedi quel paese
che siede tra Romagna e quel di Carlo, 69

che tu mi sie di tuoi prieghi cortese
in Fano, sì che ben per me s’adori
pur ch’i’ possa purgar le gravi offese. 72

Quindi fu’ io; ma li profondi fóri
ond’uscì ’l sangue in sul quale io sedea,
fatti mi fuoro in grembo a li Antenori, 75

là dov’io più sicuro esser credea:
quel da Esti il fé far, che m’avea in ira
assai più là che dritto non volea. 78

Ma s’io fosse fuggito inver’ la Mira,
quando fu’ sovragiunto ad Orïaco,
ancor sarei di là dove si spira. 81

Corsi al palude, e le cannucce e ’l braco
m’impigliar sì ch’i’ caddi; e lì vid’io
de le mie vene farsi in terra laco". 84

Poi disse un altro: "Deh, se quel disio
si compia che ti tragge a l’alto monte,
con buona pïetate aiuta il mio! 87

Io fui di Montefeltro, io son Bonconte;
Giovanna o altri non ha di me cura;
per ch’io vo tra costor con bassa fronte". 90

E io a lui: "Qual forza o qual ventura
ti travïò sì fuor di Campaldino,
che non si seppe mai tua sepultura?". 93

"Oh!", rispuos’elli, "a piè del Casentino
traversa un’acqua c’ ha nome l’Archiano,
che sovra l’Ermo nasce in Apennino. 96

Là ’ve ’l vocabol suo diventa vano,
arriva’ io forato ne la gola,
fuggendo a piede e sanguinando il piano. 99

Quivi perdei la vista e la parola;
nel nome di Maria fini’, e quivi
caddi, e rimase la mia carne sola. 102

Io dirò vero, e tu ’l ridì tra ’ vivi:
l’angel di Dio mi prese, e quel d’inferno
gridava: "O tu del ciel, perché mi privi? 105

Tu te ne porti di costui l’etterno
per una lagrimetta che ’l mi toglie;
ma io farò de l’altro altro governo!". 108

Ben sai come ne l’aere si raccoglie
quell’umido vapor che in acqua riede,
tosto che sale dove ’l freddo il coglie. 111

Giunse quel mal voler che pur mal chiede
con lo ’ntelletto, e mosse il fummo e ’l vento
per la virtù che sua natura diede. 114

Indi la valle, come ’l dì fu spento,
da Pratomagno al gran giogo coperse
di nebbia; e ’l ciel di sopra fece intento, 117

sì che ’l pregno aere in acqua si converse;
la pioggia cadde, e a’ fossati venne
di lei ciò che la terra non sofferse; 120

e come ai rivi grandi si convenne,
ver’ lo fiume real tanto veloce
si ruinò, che nulla la ritenne. 123

Lo corpo mio gelato in su la foce
trovò l’Archian rubesto; e quel sospinse
ne l’Arno, e sciolse al mio petto la croce 126

ch’i’ fe’ di me quando ’l dolor mi vinse;
voltòmmi per le ripe e per lo fondo,
poi di sua preda mi coperse e cinse". 129

"Deh, quando tu sarai tornato al mondo
e riposato de la lunga via",
seguitò 'l terzo spirito al secondo, 132

"ricorditi di me, che son la Pia;
Siena mi fé, disfecemi Maremma:
salsi colui che ’nnanellata pria 135

disposando m’avea con la sua gemma".

sábado, junio 10, 2017

Dante Alighieri / Purgatorio, Canto vigesimosexto
















Mientras por el borde, uno detrás de otro,
íbamos, y a menudo el buen maestro
decía: "Cuidado: mira que te advierto",

me hería el sol sobre el hombro diestro,
que ya rayando todo el occidente
mudaba el blanco en celeste aspecto;

y con mi sombra hacía más incandescente
parecer la llama; de modo que tal indicio
vi que muchas sombras andando lo miraban.

Esa fue la ocasión de que diese inicio
su hablar de mí, y que comenzaran
a decir: "Este no parece un ser ficticio";

luego, hacia mí, cuanto podían acercarse,
lo hicieron, siempre con cuidado
de no salir a donde no se ardiese.

"Oh tú que vas, no por ser tardo,
sino tal vez reverente, detrás de los otros
respóndeme, que en sed y en fuego ardo.

"No sólo para mí es valiosa tu respuesta,
que todos estos tienen sed mayor
que de agua fría el etíope o el hindú.

"Dinos cómo es que haces pared
al sol, a menos que no te haya todavía
la muerte atrapado con la red".

Así me hablaba uno, y le habría
respondido, si no hubiese estado atento
a otra novedad que apareciera.

Por el medio del camino ardiente
venía gente al encuentro de ésta,
lo que me dejó de mirarlos suspendido.

Veo de todas partes acercarse presta
cada sombra a besarse una con otra
sin parar, contentas de la breve fiesta;

así, en medio de su hilera oscura
topa la trompa una con otra hormiga,
tal vez por espiar senda y fortuna.

No bien terminada la recepción amiga,
antes que el primer paso las aleje,
en vociferar cada una se fatiga

la nueva gente: "Sodoma y Gomorra",
y la otra: "A la vaca entra Pasifae
para que el torito a su lujuria corra". *

Luego, como grullas que a las montañas Rife
vuelan en parte, y en parte a las arenas,
éstas de hielo, aquéllas de sol esquivas,

una gente se va, y la otra gente viene
y vuelven, lagrimeando, a los primeros cantos
y a gritar lo que les concierne;

y se acercaron a mí, como estaban antes,
los mismos que me habían rogado,
con la intención de oír en los semblantes.

Yo, que dos veces viese tal deseo,
comencé: "Oh ánimas seguras
de llegar a la paz cuando es debido, 

"no quedaron verdes ni maduras
mis partes allá, que son conmigo,
con su sangre y con sus coyunturas.

"Voy arriba para no ser más ciego;
dama hay allá que me adquiere gracia
y lo mortal por este mundo llevo.

"Sea saciado vuestro mayor deseo
pronto, y que el cielo los acoja,
tan lleno de amor y tan abierto,

"si me dicen, para que lo escriba,
quiénes son ustedes y aquella turba
que se aleja detrás de sus espaldas".

No de otro modo estupefacto se conturba
el montañés, y contemplando enmudece,
cuando tosco y silvestre va a la ciudad,

como en su aspecto lo hizo cada sombra;
pero ya del asombro liberadas,
el cual en altos corazones pronto cesa,

"¡Feliz tú, que de nuestras comarcas",
recomenzó el que primero preguntara,
"para morir mejor, ganas sapiencia!

"La gente que no va con nosotros ofendía
con lo que ya al César, triunfando,
'reina' le costó que le gritaran; **

"por eso se van 'Sodoma' clamando,
reprobándose, como lo has oído,
y ayudan al ardor avergonzándose.

"Nuestro pecado fue hermafrodítico
pero porque no servimos ley humana,
siguiendo como animales el apetito,

"en nuestro oprobio, decimos por nosotros,
cuando partimos, el nombre de aquella
que se embruteció entre brutos leños.

"Ahora sabes de nuestros actos y pecados:
si saber quieres los nombres que tenemos,
no sabría, ni es el tiempo de decirlos.

"Saber el mío te haré quererlo menos:
soy Guido Guinizelli, y  aquí me purgo ***
por haberme dolido ante el extremo".

Cual en la tristeza de Licurgo
corrieron los hijos a ver la madre,
tal hice yo, aunque con menos ímpetu,

cuando lo oí nombrarse al padre
mío y de otros que mejor usaron
rimas de amor dulces y elegantes;

y sin oír ni decir, caminé pensativo
un largo trecho contemplándolo,
separado de él por aquel fuego.

Luego que me complací en mirarlo,
me ofrecí enteramente a su servicio,
con la firmeza de seguro juramento.

Y él me dijo: "Dejas tal vestigio,
por lo que oigo, en mí, y tan claro,
que el Leteo no podrá quitármelo.

"Pero si tus palabras de verdad juraron,
dime por qué razón tanto demuestras,
en el mirar y el decir, que te soy caro".

Y yo: "Por los dulces dichos tuyos,
que, cuanto dure el uso moderno,
harán queridos todos tus escritos".

"Oh hermano", dijo, "éste que te muestro
con el dedo", y señaló un espíritu delante,
"fue el mejor herrero del hablar materno.

"Versos de amor y prosas de romances
las hizo todas; y deja hablar a los estúpidos
que aquél de Lemosín creen que lo vence.

"A voces, más que a verdad, alzan el rostro,
y se afirman así en sus opiniones,
antes de escuchar bien el arte o los juicios.

"Así lo mismo hicieron con Guittone,
de grito en grito por él alzando el precio,
hasta que la verdad de muchos los venciese.

"Ahora, si tienes tan amplio privilegio,
que es lícito para ti llegar al Claustro
en el que es Cristo abad de aquel colegio,

"reza por mí, ante él, un Padrenuestro,
que tanto necesitamos en este mundo,
donde el poder de pecar ya no tenemos".

Luego, tal vez por dar sitio a un segundo
que había llegado, se perdió en el fuego
como el pez en agua se va al fondo.

Me adelanté un poco al señalado
y dije que mi deseo a su nombre
le preparaba gracioso acogimiento.

El comenzó diciendo libremente:
"Tan m'abellis vostre cortes deman, ****
qu'ieu no me puesc ni voill a vos cobrire.

"Ieu sui Arnaut, que plor e vau cantan;
consiros vei la passada folor,
e vei jausen lo joi qu'esper, denan.

"Ara vos prec, per aquella valor
que vos guida al som de l'escalina,
sovenha vos a temps de ma dolor!".
Y se ocultó en el fuego que refina.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), "Purgatorio", La Divina Comedia, traducción y notas de Jorge Aulicino, Edhasa, Buenos Aires, 2015


Ilustración: Dante por Carlos Alonso



* La reina Pasifae, esposa del rey Minos, sació su zoofilia ocultándose en una vaca de madera y cuero que le permitió acercarse a un toro blanco. Hijo de tales apetitos fue el Minotauro.

** Suetonio refiere que, triunfador en las Galias, César oyó que algunos soldados lo llamaban "reina" por supuestas relaciones carnales con el rey de Bitinia, en su juventud.

*** Guinizelli, padre adoptado del dolce stil nuovo, nació en Boloña hacia 1230 y murió en 1276, en Padua. Participó, como Dante, de la vida política, del lado de los gibelinos. Los florentinos consideraron su canción Al cor gentil rempaira sempre amore, en la que proclama la asociación del amor con la virtud del alma, el manifiesto de la "moderna" escuela. En los versos siguientes, Guinizelli descalifica a Gerardo de Bornell, poeta de Limoge, y a Guittone d'Arezzo. Luego presenta al miglior fabbro del parlar materno, Arnaut Daniel.

**** En provenzal en el original. La versión de los comentaristas en italiano permite esbozar esta: Tanto me place vuestra cortés demanda / que no puedo ni quiero a vos celarme. / Yo soy Arnaut, que lloro y voy cantando; / miro afligido la locura pasada / y la dicha que espero alegre veo delante. / Te ruego ahora por aquel valor / que te guía al sumo de la escala, / recuerdes atemperar a su tiempo mi dolor.

P. Canto XXVI

Mentre che sì per l’orlo, uno innanzi altro,
ce n’andavamo, e spesso il buon maestro
diceami: "Guarda: giovi ch’io ti scaltro"; 3

feriami il sole in su l’omero destro,
che già, raggiando, tutto l’occidente
mutava in bianco aspetto di cilestro; 6

e io facea con l’ombra più rovente
parer la fiamma; e pur a tanto indizio
vidi molt’ombre, andando, poner mente. 9

Questa fu la cagion che diede inizio
loro a parlar di me; e cominciarsi
a dir: "Colui non par corpo fittizio"; 12

poi verso me, quanto potëan farsi,
certi si fero, sempre con riguardo
di non uscir dove non fosser arsi. 15

"O tu che vai, non per esser più tardo,
ma forse reverente, a li altri dopo,
rispondi a me che ’n sete e ’n foco ardo. 18

Né solo a me la tua risposta è uopo;
ché tutti questi n’ hanno maggior sete
che d’acqua fredda Indo o Etïopo. 21

Dinne com’è che fai di te parete
al sol, pur come tu non fossi ancora
di morte intrato dentro da la rete". 24

Sì mi parlava un d’essi; e io mi fora
già manifesto, s’io non fossi atteso
ad altra novità ch’apparve allora; 27

ché per lo mezzo del cammino acceso
venne gente col viso incontro a questa,
la qual mi fece a rimirar sospeso. 30

Lì veggio d’ogne parte farsi presta
ciascun’ombra e basciarsi una con una
sanza restar, contente a brieve festa; 33

così per entro loro schiera bruna
s’ammusa l’una con l’altra formica,
forse a spïar lor via e lor fortuna. 36

Tosto che parton l’accoglienza amica,
prima che ’l primo passo lì trascorra,
sopragridar ciascuna s’affatica: 39

la nova gente: "Soddoma e Gomorra";
e l'altra: "Ne la vacca entra Pasife,
perché 'l torello a sua lussuria corra". 42

Poi, come grue ch’a le montagne Rife
volasser parte, e parte inver’ l’arene,
queste del gel, quelle del sole schife, 45

l’una gente sen va, l’altra sen vene;
e tornan, lagrimando, a’ primi canti
e al gridar che più lor si convene; 48

e raccostansi a me, come davanti,
essi medesmi che m’avean pregato,
attenti ad ascoltar ne’ lor sembianti. 51

Io, che due volte avea visto lor grato,
incominciai: "O anime sicure
d’aver, quando che sia, di pace stato, 54

non son rimase acerbe né mature
le membra mie di là, ma son qui meco
col sangue suo e con le sue giunture. 57

Quinci sù vo per non esser più cieco;
donna è di sopra che m’acquista grazia,
per che ’l mortal per vostro mondo reco. 60

Ma se la vostra maggior voglia sazia
tosto divegna, sì che ’l ciel v’alberghi
ch’è pien d’amore e più ampio si spazia, 63

ditemi, acciò ch’ancor carte ne verghi,
chi siete voi, e chi è quella turba
che se ne va di retro a’ vostri terghi". 66

Non altrimenti stupido si turba
lo montanaro, e rimirando ammuta,
quando rozzo e salvatico s’inurba, 69

che ciascun’ombra fece in sua paruta;
ma poi che furon di stupore scarche,
lo qual ne li alti cuor tosto s’attuta, 72

"Beato te, che de le nostre marche",
ricominciò colei che pria m’inchiese,
"per morir meglio, esperïenza imbarche! 75

La gente che non vien con noi, offese
di ciò per che già Cesar, trïunfando,
"Regina" contra sé chiamar s’intese: 78

però si parton "Soddoma" gridando,
rimproverando a sé com’ hai udito,
e aiutan l’arsura vergognando. 81

Nostro peccato fu ermafrodito;
ma perché non servammo umana legge,
seguendo come bestie l’appetito, 84

in obbrobrio di noi, per noi si legge,
quando partinci, il nome di colei
che s’imbestiò ne le ’mbestiate schegge. 87

Or sai nostri atti e di che fummo rei:
se forse a nome vuo’ saper chi semo,
tempo non è di dire, e non saprei. 90

Farotti ben di me volere scemo:
son Guido Guinizzelli, e già mi purgo
per ben dolermi prima ch’a lo stremo". 93

Quali ne la tristizia di Ligurgo
si fer due figli a riveder la madre,
tal mi fec’io, ma non a tanto insurgo, 96

quand’io odo nomar sé stesso il padre
mio e de li altri miei miglior che mai
rime d’amor usar dolci e leggiadre; 99

e sanza udire e dir pensoso andai
lunga fïata rimirando lui,
né, per lo foco, in là più m’appressai. 102

Poi che di riguardar pasciuto fui,
tutto m’offersi pronto al suo servigio
con l’affermar che fa credere altrui. 105

Ed elli a me: "Tu lasci tal vestigio,
per quel ch’i’ odo, in me, e tanto chiaro,
che Letè nol può tòrre né far bigio. 108

Ma se le tue parole or ver giuraro,
dimmi che è cagion per che dimostri
nel dire e nel guardar d’avermi caro". 111

E io a lui: "Li dolci detti vostri,
che, quanto durerà l’uso moderno,
faranno cari ancora i loro incostri". 114

"O frate", disse, "questi ch’io ti cerno
col dito", e additò un spirto innanzi,
"fu miglior fabbro del parlar materno. 117

Versi d’amore e prose di romanzi
soverchiò tutti; e lascia dir li stolti
che quel di Lemosì credon ch’avanzi. 120

A voce più ch’al ver drizzan li volti,
e così ferman sua oppinïone
prima ch’arte o ragion per lor s’ascolti. 123

Così fer molti antichi di Guittone,
di grido in grido pur lui dando pregio,
fin che l’ ha vinto il ver con più persone. 126

Or se tu hai sì ampio privilegio,
che licito ti sia l’andare al chiostro
nel quale è Cristo abate del collegio, 129

falli per me un dir d’un paternostro,
quanto bisogna a noi di questo mondo,
dove poter peccar non è più nostro". 132

Poi, forse per dar luogo altrui secondo
che presso avea, disparve per lo foco,
come per l’acqua il pesce andando al fondo. 135

Io mi fei al mostrato innanzi un poco,
e dissi ch’al suo nome il mio disire
apparecchiava grazïoso loco. 138

El cominciò liberamente a dire:
"Tan m’abellis vostre cortes deman,
qu’ ieu no me puesc ni voill a vos cobrire. 141

Ieu sui Arnaut, que plor e vau cantan;
consiros vei la passada folor,
e vei jausen lo joi qu’ esper, denan. 144

Ara vos prec, per aquella valor
que vos guida al som de l’escalina,
sovenha vos a temps de ma dolor!". 147

Poi s’ascose nel foco che li affina.