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jueves, agosto 08, 2024

Diego Colomba / De "Carne sola"


Tiempo pretérito perfecto

Hay un nogal frondoso en el confín de mi tierra natal.
Vivimos exiliados en la agitación de la intemperie. 
Alcanzados por el fuego los robles predicen la desgracia.
Los cachorros destetados recorren tu pedazo de tierra.
Afortunado viejo: dejás estar las frutas del árbol
de la quinta, los desconocidos pastos, los olorosos
hinojos, los conejos, las jaulas. Tomando el frescor 
de la sombra de ese sauce amargo. Masticás
con pocos dientes castañas blandas y queso 
en abundancia. Mientras tu tejado en lontananza 
humea como un hálito que husmea en las alturas.


A veces me inquieta la deriva infinita del mundo

Puedo volverme un cristo tragicómico que suda bajo el sol.
Vagando entre yuyales, malezas, sembrados entre lo más 
y lo menos consciente de la tierra. Punteo un cardo en esta 
parcela de fuerza. Extraigo de la mala hierba una chispa 
de vida. No se trata de andar separando las cosas del mundo. 
¡Sino de hincarles su pureza! A la hora de la siesta mi cuerpo 
se abandona. Orgánico y fatal. Al porvenir.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Carne sola
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024









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Foto: Diego Colomba / Facebook

miércoles, junio 12, 2024

Diego Colomba / De "Fotones que se enamoran de electrones"




Un nuevo sol en el cielo

La luz tiene una velocidad. Y es finita. Para seguir discutiendo deberíamos ponernos de acuerdo por lo menos en eso. Pero no. Vivimos con ideas absurdas. Con prejuicios que nadie parece querer olvidar. Mamá abre las cortinas. Papá, camino al baño, las cierra. Un hervidero de fotones que chispean ante mis ojos desaparecen luego como pompas de jabón. La escena se repite a lo largo de la jornada. Resulta extraña -por no decir desesperante- la ecuación de fuerzas desplegadas en el aire grumoso del hogar: cuanta más energía, menos tiempo.


La posibilidad

Camino por la plaza nocturna. Piso la gramilla, toco un banco despintado, miro las ramas entretejidas de los fresnos… Dios no puede estar, como algo más, entre las cosas del mundo. Perdido en la soledad de la plaza, lo busco. ¿Estará en las raíces invisibles? ¿En el abismo que se abrió cuando enterraron la cápsula del tiempo por los cien años del pueblo? No lo sé. Apenas puedo recordar ahora la insidiosa nulidad del día.


Todas las edades de la vida

¿Quién de todos nosotros puede jactarse de ese privilegio? Hay almitas en la casa. Angelitos con los que soñar de noche. ¡Cuántas noches le quedan a esta familia para destapar botellas de ginebra, preparar el hielo de las cubeteras, limpiar bien los vasos! Cada cual podrá lagrimear más tarde frente al retrato del niño solo.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Fotones que se enamoran de electrone
s, 
Ediciones Op.Cit., 
Buenos Aires, mayo de 2024









Más poemas de Diego Colomba en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Diego Colomba, Facebook, diciembre de 2023

sábado, diciembre 16, 2023

Encuesta lírica / Los libros de 2023, 12

Diego Colomba *


Lastre, Lisandro González (Librería de la Paz, Resistencia, Chaco, 2023) 
González sigue escribiendo su imaginativa y sombría poesía ciudadana. El humor velado e irónico parecen las armas de quien ama la materia que sabe originalmente caída:


Avenida interestelar

Como un silbido de la nieve
que no existe
canta la canción un astronauta desnudo.

Se despereza el pájaro
con medio cuerpo en tierra.

Lucra la aurora con su propio color.
Son la mitad de fugaces los ríos vacíos
y de felices las abejas sombrías.

Va a decir primavera una casa vacía,
pétalo una pared de casi piedras,
 licor el vaso dado vuelta.

Todo
dentro de una tela que se cierra.


Luciana. Plaga Zombi Sodomita, el Púber P, heterónimo de Cristian Molina (Brumana, Rosario, 2023) 
Con una música vertiginosa y chillona, la poesía narrativa de Molina horada la imaginación política, restituyéndole a sus figuras y fantasmas su indeterminación constitutiva:

La Fugitiva 

(fragmento)

Por la noche ocuparon nuestra casa 
era una tropa de la Federal 
que nos buscaba por xombicidas 
gracias a la astucia de la má
y a la comprensión de la heroína 
agarramos unas mierdas justo antes 
y escapamos 
al otro día vimos el noticiero 
y nuestra casa destrozada 
el mundo xombi esclavizado en su máximo esplendor 
algunos se arrastraban por las calles 
otros eran latigados en los campos 
El Niño C daba conferencias 
tratando de convencer de los beneficios 
de volverse a comprar xombis para esclavos 
vida eterna mano de obra barata 
y dinero dinero dinero para sus arcas 
Era la primera vez en la historia 
que el final coincidía con la derrota 
porque esto no es un dibujito o historieta 
esto es poesía imaginaria 
y Lu Ciana a pesar de sus poderes 
a pesar de su amor 
a pesar de sí misma 
lloraba con las pestañas decaídas y apagadas


Esa materia que se fuga, Daniel Freidemberg (Barnacle, 2023)
A quien conoce la poesía de Freidemberg no se le escapa el dramatismo de quien confiesa no entender mientras relee irónicamente las ansias de experiencia y revelación de la poesía beat:

III

Como fundando su lugar las palabras,
como resacas de lo que nunca ocurrió.

Como los frutos del árbol 
                                   del paraíso, pudriéndose
(¿cantos de cisne? ¿música de las esferas de acá?).
Y era como si el tiempo en esa escena empezara
o (¿no es lo mismo?) llegara a su fin

(algo en la escena iba llegando a su fin, o empezaba,
                    entre otras cosas que no entiendo). 

He visto alas oscuras en un campo amarillo.
He oído pasar largos trenes de carga,
como una música de las esferas de acá,

y un amanecer vi, y el temblar de unas hojas
(puedo decir que he visto temblar unas hojas).


Todos queremos ser hallados, Alberto Cisnero (Barnacle, 2023)
La temática amorosa de este libro de Cisnero quizá haga más evidente para el lector apresurado la prosodia, la puntuación, la transgresión constitutiva de la norma, ese singular prosaísmo con que parece cantar un extranjero del mundo:

1-
Y si habiéndolo, perdimos todo. y si un verso
falseara como un espejo aquella ilusión,
acaso hubiéramos detenido el tiempo allí.
borrachos o tristes o en ambas condiciones.
si fuéramos ingenuos o desleales intentaríamos
fijar las palabras. no había más que eso.
pasaron meses, tal vez años. hoy plegamos
flores de papel y escribimos nuestro deseo.
para empezar de nuevo lo que dura el sueño.


* Diego Colomba (San Nicolás en 1972), vive en Rosario desde 1990. Publicó libros de crítica, narrativa y poesía, entre los que destacan Papá trajo a casa un Cuatro Ele y Blanco a la cal, publicado en México. 

lunes, octubre 09, 2023

Diego Colomba / De "Los malos hábitos"



Visita del fantasma

No se ha movido ni una comadreja en el baldío.
Como si todos, en la noche, estuviéramos esperándote.

Te vimos, finalmente, traspasando el tapial
y la puerta tejido.

Podemos dar nuestra palabra. Pero, ¿podría
alguien más que nosotros mismos
dar fe de nuestros ojos?

Una estrella se corrió para iluminar la parte del cielo
que nos correspondía.
No era necesaria más luz. Mirábamos alrededor
con lo que llaman el ojo 
del espíritu.

Ninguno de nosotros teme infectarse por tocarte.

Cuando estés más cerca te saldremos al paso.
Te gritaremos que te detengas.
Te hablaremos de buena manera. 

Nada por las malas se consigue
de una masa de aire 
invulnerable.

Nuestros corazones en duelo te hablarán
tal como nos lo pide nuestro amor.

Solo el canto del gallo romperá nuestra ilusión.


Hogar

Hay lluvia. Hay rayos. Hay truenos.
El frío cala los huesos.

¡Enciendan los marlos de la estufa! 
¡Agreguen madera seca!

¡Calor!, pide el cuerpo, ¡calor! ¡Y luz!
Que la parentela se arrime al fuego.

El Gran Sapo nos reclama
debajo del bargueño. 

¿Quién dejó la puerta abierta?

¡Escuchen el reclamo del ojudo!
¡Qué hermoso puede ser lo feo!

El estruendo de las chapas 
nos está dejando mudos.


Una literatura vitalista

Escucho los consejos, las advertencias de mis muertos. Recibo sus signos diurnos y nocturnos. Acojo sus recuerdos. Escribo en estado de inspiración.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Los malos hábitos
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










viernes, agosto 26, 2022

Diego Colomba / De "Los sonidos que deambulan en nosotros"



El orden de la naturaleza

Los pájaros dejaron de alborotar en las ramas más altas. Las ranas esperan la medianoche en las cunetas anegadas. Llegan los sonidos atenuados del crepúsculo, como el picor en nuestras piernas. En este intervalo muerto, se abrió una herida de perturbado silencio. Mi curioso oído oye, en el umbral de la noche, la hora que solo a mí me pertenece.


Una forma de vida

Ninguno de nosotros, muertos u olvidadizos, podría describirla. Pero detrás de las paredes del hogar hay indicios de vida clandestina.


Un universo en expansión

Desde el techo de chapa, oculto tras la hojarasca de los naranjos, contempla a los otros. Entregados al frágil mecanismo del día. En silencio. Advierte cómo transitan el tiempo. El modo en que se alejan los unos de los otros.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Los sonidos que deambulan en nosotros
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2022









lunes, septiembre 06, 2021

Diego Colomba / De "Poetas que regresan a la patria de la infancia"



Tu infancia puede ser un vasto eco

Los caminos que hacen las hormigas, el zumbar de las abejas, la luz que se astilla en unos vidrios... Un pájaro muerto incluso y el delirio de los crotos. Todo reverbera. En el prodigio de un mundo indefinido.


Sin sombras de duda el mundo es nada

De ese sauce, por ejemplo, cae, como lluvia, una pregunta invisible. Y en la orilla y su resaca se mece una pregunta cristalina. Y en los juncos encimados una pregunta cortante se agudiza. Y otra más. Y detrás de cada una, insidiosa y transparente, la pregunta que podría valer como la madre de todas las preguntas: ¿de qué manera vas a responder?


Poetas que regresan a la patria de la infancia

Los trasnochados que nos invitaron nos dan las buenas nuevas: no habrá, en breve, viáticos, a raíz de una serie de rencillas intestinas, y en el único hotel disponible ya no hay plazas vacantes. ¿Puede la crasa realidad local hacernos mella? Hablaremos positivamente ─incluso con afecto─, a lo largo del día, de todo lo que crece en nuestra íntima geografía: plantas, animales y seres humanos. Con la caída del sol, una señora que confiesa haber conocido a papá en su juventud reconoce que soy muy parecido, pero advierte que él era más alto. La contradigo, sonriendo, argumentando que yo era un centímetro más alto que papá. Mido un metro ochenta y seis centímetros. Pero la señora, con gesto de desaprobación, prefiere dar por terminada nuestra charla. Leemos, finalmente, nuestras cositas, para estudiantes secundarios que bostezan, custodiados por sus profesores de Lengua y Literatura. Mientras comemos, poco después, un choripán, envueltos por la bruma nocturna de la pampa, imaginamos factibles maneras de volver a nuestras vidas. Que no se nos juzgue mal. Nosotros solo vinimos a devolverle al pueblo la memoria poética que le pertenece.


El gran miedo

Como si el Diablo hubiera logrado juntar los hilos sueltos de tu miedo, en las tormentas del campo se enredaban los rayos, truenos y refucilos, el viento, la oscuridad ─que el débil tendido hacía inevitable─ y tu aversión a los faroles de gas. Ojalá, mamá, que a los espíritus no les den miedo las tormentas. ¡Que tuyo sea para siempre el desastre de la luz!

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972)


Poetas que regresan a la patria de la infancia
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










lunes, agosto 03, 2020

Diego Colomba / De "El lado de la sombra"
















Más alla de cualquier inventario

Los habitantes de la casa se han ido a descansar. Nadie, felizmente, te reclama. Podés seguir recostado en el techo de la galería, entre marañas de cables y ramas. Entrever desde allí la
lejanía del cielo. Una chispa de vida. Pero hay sombras o pájaros como dioses que hacen crujir las chapas. Y se niegan a dejarte solo.


Un hombre retirado

Ese viejo que desarma el tiempo en el espacio, colgando los rollos de alambre en los clavos recién puestos, contando una y otra vez las monedas para volverlas a guardar, con las manos tiznadas, en grandes frascos de vidrio, se pregunta si tiene algún destino lo que hace, si las cosas mismas no se están aprovechando de un hombre de poca voluntad.

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972)


El lado de la sombra
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2020








 

lunes, marzo 30, 2020

Diego Colomba / De "El largo aliento"












Decadente

Olvidado entre bolsas de arpillera, con un yuyo en la boca, contempla el desgarro del cielo. Su espalda flaca se hunde en las espigas, ausculta el traqueteo de la chata en los rastrojos. Ni siquiera un ladrido puede arrebatarlo del vértigo con que las cosas se van muriendo.


Una densidad

Tus lentes culo de botella, esas marcas que dejan en la piel grasosa, el brillo de tus ojos, tu barba de días, ese quinoto perfumado que llevás en el bolsillo, el asiento de tractor clavado en la tierra donde probás la embriaguez de lo que dura, no son las moléculas escandidas de una historia. Apenas pedazos de tu materia viva.

Un orden sensible

Aunque se empape la cobija de rocío y amanezca mañana acatarrado, no quiere salir de esa confusión de destellos y oscuridades que arrojan los naranjos en el porlan. Seguirá hamacándose, un rato más, en la amistad dudosa de la noche.

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972), El largo aliento, Alción, Córdoba, Argentina, 2016

Diego Colomba - Otra Iglesia Es Imposible - Premios Nacionales - Ediciones en Danza - Barnacle - Editorial Municipal de Rosario - Op. Cit. - Círculo de Poesía

Foto: Diego Colomba/Facebook

martes, diciembre 17, 2019

Diego Colomba / De "El planeta de la poesía"














¿Hay vida en Marte?

Las gallinas picotean cerca de las vías. No queremos hacerles ningún daño: molestarlas nomás, correrlas hasta el monte de eucaliptus. Hacer que el loco se canse y salga de la casilla con la escopeta. Que tire un tiro al aire. Un disparo que raje el cielo, el murmullo caótico de las hojas, el estallido del sol en el follaje. ¿No se trata, al fin de cuentas, de aprender a respirar?


Verbo

Nadie pone en duda la hospitalidad de tus palabras, papá. Pero mirá cómo se llenan de polvo, girando en el vacío de la casa. Una vez vi tu foto de monaguillo: guardabas silencio al lado de Dios. Pero tuviste que hacerte carne, habitar entre nosotros. Sentir cómo el viento se mete en los resquicios, confunde tus palabras con el ruido del mar.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972), El planeta de la poesía, inédito

Diego Colomba - Premios Nacionales - Barnacle - Ediciones en Danza - Editorial Municipal de Rosario - Op. Cit. - La Capital - Círculo de Poesía

domingo, septiembre 08, 2019

Diego Colomba / De "Blanco a la cal"














La humildad nunca es elegida

Ahora
que el sol
quema
en el porlan
me mandan
a la sombra
del galpón.

Qué nítidos
se ven
los demás
desde lo oscuro.

Cómo se mueven
de un lado
a otro.

Qué ganas
ciegas
de vivir.


Una lectura tendenciosa de Fitzgerald

Si yo leo
tu genio
—tus fugas
tus alcoholes
tus nostalgias—
no es
que quiera
parecerme
a vos
en nada.

Lo que yo
quiero saber
es cómo
piensa
una cabeza
—una brizna
de hierba—
sin rostro.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Blanco a la cal,
Universidad Autónoma del Estado de México, 2019










Diego Colomba - Círculo de Poesía - Op. Cit. - La Voz - Solo Tempestad

Foto: Diego Colomba en Facebook

lunes, mayo 28, 2018

Diego Colomba / De "Papá trajo a casa un Cuatro Ele", 2













Un artista de provincia busca su propio estilo

Atisba el revoltijo de luces y de sombras que hacen
esos chicos penitentes que caminan alrededor
del mástil el director de escuela el único pintor paisajista
del pueblo que piensa en su última tela  y siente el súbito deseo
de terminar con todo: tocar la campana para no tener que buscar
a la portera que se encierra en la cocina cuando empieza
a apretar el frío revisar las nucas de los varones
y las trenzas de las mujeres propinar el coscorrón
que le debe al travieso que se fue ayer antes de hora
trepándose al tapial del fondo para encaminar de una buena vez
sus pasos hacia una casa con olor a encierro y la estufa apagada
donde esperan el caballete de campaña y una valija roída
con pomos retorcidos y pinceles. Si se apura cuenta todavía
con un poco de luz natural para dar las pinceladas finales
en el campo mismo donde brota la impresión
el pajonal del bajo donde cerdos perros galgos y potrillos
se alimentan de los restos de basura que el pobrerío
de los ranchos tira a diario mientras mira ondear las aguas
poco profundas si la brisa sopla. Sabe que lo que busca
oscuramente es la expresión en el paisaje una manera
personal de darle lumbre pero el paisaje cambia
como su misma alma que no encuentra asidero y lo obliga
a seguir manchándose los dedos. Esas cavilaciones ocupan su mente
cuando camina cargado y se detiene un segundo
para contemplar la escena que ya ha plasmado en otro
cuadro: los árboles sin hojas la paja brava una bandada
de tordos en el celaje el camino solo.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972) .Papá trajo a casa un Cuatro Ele, Barnacle, Buenos Aires, 2018

Op. Cit. - Barnacle - Libros Silvestres - Diego Colomba

sábado, febrero 17, 2018

Diego Colomba / De "Papá trajo a casa un Cuatro Ele"
















Después de leer el horóscopo 

El hombre de Capricornio
cruza
como un aliado
del tiempo
la calle
ve
con una bolsa
de basura
en la mano
una pelusa
que flota
en el aire
ajena

a la narración.


Destierro

Un vástago rapado por los piojos
que apenas hace pie en el pastizal
sigue a su madre con rezago
distraído en el relumbre de las piedras
en el agudo barullo de un grillo.

Sólo su mano acusa

el pulso severo del amor.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)


Papá trajo a casa un Cuatro Ele
Barnacle, Buenos Aires, 2018









Editorial Municipal de Rosario - Op. Cit.Diego Colomba - Notas de Prensa

viernes, enero 26, 2018

Diego Colomba / Es poco lo que reclama mi hijo de su padre














Salgo del letargo por expresa indicación de mi hijo y de su madre
que me advierte que se aburre en la playa sin amigos y pide
que me hunda un poco más en este mar de mentira
donde flotan barquitos de colores
para jugar con la pelota hecha en China que hace poco compramos:
mi hijo la patea con ganas, provocándole diferentes comportamientos en el aire
hasta que yo la capturo —o intento hacerlo— sumergido hasta la cintura
con algún grado de dificultad.
En el último envío, por ejemplo, el balón se me ha escurrido entre las manos
y ahora se balancea entre dos canoas amarradas:
recuperarlo justificaría nadar en aguas donde no hago pie
pero un lugareño que respira con snorkel detrás de mí
(una de las pocas cosas, parece, que logra mantener a esta gente callada)
hace una pausa justo a tiempo para entender que necesito su ayuda
y se apura haciendo espuma con sus patas de rana
y en un santiamén consigue el balón y lo mantiene en alto como un trofeo
antes de devolverlo con fuerza a tierra firme.
No me queda más remedio que agradecerle con un pulgar extendido
y regresar a mi posición inicial
cuando una suerte de caverna cristalina se ha formado a mi alrededor
y pienso que sería un buen momento para rogar por mi salvación
pero apenas consigo hacer pie un nuevo pelotazo se aproxima:
ahora debo poner mis dos brazos en alto.

[inédito]

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Diego Colomba - Op. Cit. - El Poeta Ocasional

domingo, septiembre 24, 2017

Diego Colomba / Dos poemas












El ritmo de las cosas

Encadenado al vaivén de la piedra que frotás ilusionado

con la luz que cae de canto

contra el filo de la pala de punta que sostenés con una mano

y un pie sobre la bomba

vos y yo vemos las mismas chispas en el aire que hace un rato
no existían.


Simbología

Como si se te fuera la vida en ello ahora se te ha dado por juntar ramitas trocitos de madera

clavos tornillos tuercas arandelas que siempre has dejado tirados en el suelo
confundidos con las hojas secas o el aserrín:

ni siquiera hiciste un parate para dormir la siesta te pasaste la tarde subido a la
escalera

clavando clavos y clavitos en los que colgás cámaras pinchadas de bicicleta
herraduras de caballo pinzas algún martillo elementos que se oxidarán un poco
más con cada lluvia

amurando maderitas y algún que otro fierro o chapita usando las madejas de
alambre que se acumulan contra el tapial

en la corteza del nogal que se levanta majestuoso en el centro del gallinero.

Son torcidas las maneras de tu fiebre y te irás a dormir sin dar explicaciones.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Foto: FB

La hospitalidad del mundo,
Fiesta, edición digital,
Rosario, 2017








sábado, enero 07, 2017

Diego Colomba / Papá trajo a casa un Cuatro Ele que le dieron como forma de pago
















Y qué si enchispara esta ruina de motor que enchastra el porlan
y explotara ilusionada en la íntima demolición de la tarde
se pregunta con menos lirismo un hombre vacío
que ensaya en la palanca de cambios
disparos sin consecuencias:
seguramente sentiría en la punta de los dedos
el ritmo alternante de una realidad que falla
desaparece y se reanima
en otra parte.

[inédito]

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

foto: Diego Colomba en Facebook

viernes, noviembre 25, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 15


Diego Colomba
(Panorama impresionista e impreciso de la actual poesía argentina)

Nombro a poetas que poseen algunos de los rasgos (apenas apuntados) que me interesan de la producción poética argentina actual (me ahorro, bajo el dictado de las pasiones tristes, de nombrar lo que no me gusta: una lista larga): Luis Tedesco, María del Carmen Colombo, Osvaldo Aguirre (la invención de una lengua); Griselda García, Cristian Molina, Fernando Callero, Osvaldo Bossi (la intensidad vitalista); Carolina Musa, Jorge Aulicino, Daniel Freidemberg (el distanciamiento irónico); Irene Gruss, Carlos Battilana, Estela Figueroa (el laconismo pudoroso); Eduardo Mileo, José Villa, Silvio Mattoni (la sutileza sintáctica); Diana Bellessi, Elena Anníbali, Lisandro González, Jorge Isaías (la entonación lírica); Alejandro Pidello (la osadía imaginativa); Alberto Muñoz, Eduardo D’Anna (el ethos antipoético).



Diego Colomba (San Nicolás, provincia de Buenos Aires, 1972). Docente, poeta, crítico. Licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura. Publicó Letras de rock argentino (Editorial Académica Española, 2011) y Mesa de novedades. Poesía y narrativa del presente (Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2013). Su más reciente libro de poesía es El largo aliento (Alción Editora, Córdoba, 2016).

sábado, noviembre 05, 2016

Diego Colomba / Dos poemas













¿Renegaría de la hora que respira?

Aquella persona extraña de inocultable parecido familiar
en el modo con que arrastra sus pasos hacia la ruina
de la vieja estación ferroviaria
que acaba de hacer un parate en el camino
de ponerse en puntas de pie para tomar el pequeño fruto de un
   árbol
llevárselo a la boca
sentir el asedio desapacible de su sabor.

Acobardado

Aunque se deje estar, endereza el paso rumbo a la huerta. Cada
mañana. Quiere perderse en la maleza. Fumarse un pucho. Que no
lo jodan. Puede espantar alguna abeja o pisar con saña un
zapallito. Que ni se acuerda cuándo lo sembró. Sigue saliendo.
A veces puntea un poco. Encuentra alguna isoca. Qué graciosos
son los teros cuando se vienen al humo. Está haciendo tiempo.
Llueve o truene. Para dejar de repetirse hay que estirar la pata.


Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)


El largo aliento,
Alción,
Córdoba, Argentina, 2016








sábado, junio 25, 2016

Diego Colomba / En el ojo de quien mira














Ahora que la luz pulsa los vibrantes colores solares de
la quinta

que les sale un sarpullido dorado a los tallos de las
trepadoras

que vuelan basuritas y pájaros en la penumbra verdosa
del naranjo

yo aboceto, sin buscarlo, el minuto de un brillo que
empieza a corromperse.

Y no hay distingos lumínicos para mi propia urticaria,
mis picaduras, mis quemaduras del sol en la piel

ni para mis moretones, mis costras que supuran, ni para
la tripa del ombligo mal cortado que dejo al descubierto.

La verdad de mi versión no se resiente, fresca y natural
como la digo, en un mundo

de impresiones donde nada parece sustraerse a la
fuerza de un destino.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972), El largo aliento, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2016

Foto: Diego Colomba en FB