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martes, febrero 11, 2025

Dana Gioia / Elegía con proverbios surrealistas como estribillo



"La poesía debe conducir a alguna parte", declaró Breton.¹
Todos los días Breton llevaba una rosa dentro de su abrigo
para regalársela a una bella desconocida — "Es mejor morir de amor
que amar sin pesares".² Y quienes lo amaron
pronto se arrepintieron. "El acto surreal más simple
es correr por la calle con un revólver
disparando al azar".³ Viejo y famoso, parecía démodé.
Siempre hay un esqueleto en el aparador.⁴

El herido Apollinaire tenía una pequeña placa de acero
insertada en el cráneo. "Amaba yo tanto el arte", decía con una sonrisa,
"que me alisté en la artillería". A los amigos se les pidió que esperaran
mientras su viuda le ponía un crucifijo sobre el pecho.
Picasso odiaba la muerte. El funeral lo angustió tanto
que pinto un autorretrato. "Siempre son los otros",
comentó Duchamp, "los que mueren".⁵
Vine. Me senté. Me fui.⁶

Dalí soñó que Hitler era una niña de piel blanca—
increíblemente pálida, luminosa y desolada como la luna.
El acaudalado Roussel ⁷ enseñó a su caniche a fumar en pipa.
"Cuando escribo, me rodea un resplandor.
Mi gloria es como una gran bomba a punto de explotar".
Cuando su mayordomo se negó a cortarle las venas,
el escritor, en bancarrota, tomó una sobredosis de pastillas.
Siempre hay un esqueleto en el aparador.

Breton consideraba el suicidio el arte supremo,
Si la vida parece dura vale la pena deshacerse de ella.
Los coroneles alemanes paseaba por la Île de la Cité—
algunos hacia el Louvre, otros hacia la Place Pigalle.
"La soledad de los poetas ha sido eliminada", gritó Éluard
en su elogio a Stalin.⁸ "Quemad todos los libros" dijo Hugo Ball en su lecho de 
muerte.⁹
Siempre hay un esqueleto en el aparador.
Vine. Me senté. Me fui.

Dana Gioia (Hawthorne, condado de Los Ángeles, California,  Estados Unidos, 1950), Interrogations at Noon, Graywolf Press, St. Paul, Minnesota, 2001
Versión de Jonio González.

Notas del traductor:

¹ "La poésie doit mener quelque part", en Les Pas perdus, NRF, París, 1924. Edición en castellano: Los pasos perdidos, Alianza, Madrid, 1972. Traducción de Miguel Veyrat.
² "Mieux vaut mourir d'amour que d'aimer sans regrets", en Paul Éluard y Benjamin Péret, 152 proverbes mis au gout du jour, publicado por La Révolution Surréaliste, París, 1925.
³ "L'acte surréaliste le plus simple consiste, revolvers aux poings, à descendre dans la rue et à tirer au hasard, tant qu'on peut, dans la foule", André Breton en el número 12 de La Révolution Surréaliste, diciembre de 1929, y en el Second Manifeste du Surréalisme, Kra, París, 1930. Véase André Breton Manifiestos del surrealismo, Argonauta, Buenos Aires, 2012. Traducción de Aldo Pellegrini.
⁴ "Il y a toujours un squelette dans le buffet", en Paul Éluard y Benjamin Péret, op. cit.
⁵ "D’ailleurs, c’est toujours les autres qui meurent", epitafio en la tumba de Marcel Duchamp, 
cementerio de Ruan, Francia.
⁶ "Je suis venu, je me suis assis, je suis parti", Paul Éluard y Bénjamin Péret, op. cit. El 
proverbio sin duda alude a la frase atribuida a Julio César Veni, vidi, vici, en francés "Je suis 
venu, j'ai vu, j'ai vaincu".
⁷ Se trata de Raymond Roussel (1877-1933), poeta, dramaturgo y músico admirado por los 
surrealistas y, más tarde, OuLiPo. A propósito de la cita, véase el poema de Roussel "Mi alma" 
(Mon âme) y Raymond Roussel, de Françoise Caradec, en el que aparece la frase "Alcanzaré 
cimas inmensas y he nacido para una gloria fulgurante...".
⁸ La frase "La solitude des poètes, aujourd'hui, s'efface" corresponde a una conferencia que dio Paul Éluard en Londres en 1936, en tanto que el "elogio a Stalin" sin duda alude a la "Ode à Staline" que Éluard escribió en 1950 y que, por otra parte, no incluye dicha frase. A propósito de esto último, véase "Hommages", en Cahiers de la Poésie Nouvelle, n.º 7-8, 1950.
⁹ Ball habla, de hecho, de bibliotecas: "Habría que quemar las bibliotecas y no dejar de ellas 
más que lo que cada uno se sabe de memoria. Comenzaría una hermosa época de leyendas" (Eswäre notwendig, die Bibliotheken zu verbrennen und sie nicht mehr als das, was jeder auswendig weiß, zu verlassen, es würde eine schöne Legendenzeit beginnen). Véase Hugo Ball, La huida del tiempo, El Acantilado, Barcelona, 2005, traducido por Roberto Bravo de la Varga.


ELEGY WITH SURREALIST PROVERBS AS REFRAIN

“Poetry must lead somewhere,” declared Breton.
He carried a rose inside his coat each day
to give a beautiful stranger—“Better to die of love
than love without regret.” And those who loved him
soon learned regret. “The simplest surreal act
is running through the street with a revolver
firing at random.” Old and famous, he seemed démodé.
There is always a skeleton on the buffet. 
Wounded Apollinaire wore a small steel plate
inserted in his skull. “I so loved art,” he smiled,
“I joined the artillery.” His friends were asked to wait
while his widow laid a crucifix across his chest.
Picasso hated death. The funeral left him so distressed
he painted a self-portrait. “It's always other people,”
remarked Duchamp, “who do the dying.”
I came. I sat down. I went away.
Dali dreamed of Hitler as a white-skinned girl—
impossibly pale, luminous and lifeless as the moon.
Wealthy Roussel taught his poodle to smoke a pipe.
“When I write, I am surrounded by radiance.
My glory is like a great bomb waiting to explode.”
When his valet refused to slash his wrists,
the bankrupt writer took an overdose of pills.
There is always a skeleton on the buffet.
Breton considered suicide the truest art,
though life seemed hardly worth the trouble to discard.
The German colonels strolled the Île de la Cité—
some to the Louvre, some to the Place Pigalle.
“The loneliness of poets has been erased,” cried Éluard,
in praise of Stalin. “Burn all the books,” said dying Hugo Ball.
There is always a skeleton on the buffet.
I came. I sat down. I went away.
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miércoles, noviembre 06, 2019

Dana Gioia / Piedras del mar: una elegía













Amor, cómo el tiempo hace que brille la dureza.
Hay de todos colores, puros o desiguales:
basalto verde, jaspe ensangrentado, cuarzo,
granito y feldespato —hasta piezas de vidrio—,
pulidas por el paciente orfebre de las mareas.

Nacidas de volcanes, temblores y glaciares,
talladas y esculpidas por el viento y el calor,
veteadas, manchadas, brillantes en la espuma.
No hay dos que se parezcan. Hijas de tierra firme,
lanzadas por millones a una costa vacía.

Cuán pequeña la muerte en las rocas. Ligera,
como un hueso astillado que entrega la marea,
un destello entre conchas destruidas y abatidas
por las gaviotas, por la sal y el sol desteñidas:
la vajilla rota de las cosas vivas.

Los cormoranes planean por el callado golfo.
Desde el risco, un halcón me observa, indiferente
a los problemas que he cargado hasta aquí.
Es absurdo ir más lejos, entonces me detengo:
hueco como un madero, muerto como una piedra.

Dana Gioia (Hawthorne, Estados Unidos, 1950), Periódico de Poesía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 7 de octubre de 2019
Traducción de Gustavo Solórzano-Alfaro

Dana Gioia Web SiteDana Gioia/Facebook, Emma Gunst, Altazor, Samoa
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Foto: Dana Gioia Web Site


Sea Pebbles: An Elegy

My love, how time makes hardness shine.
They come in every color, pure or mixed
gray-green of basalt, blood-soaked jasper, quartz,
granite and feldspar, even bits of glass,
smoothed by the patient jeweller of the tides.

Volcano-born, earthquake-quarried,
shaven by glaciers, wind-carved, heat-cracked,
stratified, speckled, bright in the wet surf—
no two alike, all torn from the dry land
tossed up in millions on this empty shore.

How small death seems among the rocks. It drifts
light as a splintered bone the tide uncovers.
It glints among the shattered oyster shells,
gutted by gulls, bleached by salt and sun—
the broken crockery of living things.

Cormorants glide across the quiet bay.
A falcon watches from the ridge, indifferent
to the burdens I have carried here.
No point in walking farther, so I sit,
hollow as driftwood, dead as any stone.