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lunes, abril 01, 2024

Dylan Thomas / La luz entra donde ningún sol brilla



La luz entra donde ningún sol brilla;
donde no corre ningún mar, las aguas del corazón
empujan sus mareas;
y los rotos fantasmas con luciérnagas en sus cabezas;
las cosas de la luz
se meten en la carne donde ninguna carne cubre los huesos.

Una vela en los muslos
anima a la juventud y a la semilla y quema la semilla de la vejez;
donde ninguna semilla despierta,
el fruto del hombre rejuvenece en las estrellas,
brilloso como un higo;
donde ninguna cera hay, la vela muestra su pabilo.

El alba entra detrás de los ojos;
de mástiles de calavera y dedos la sangre turbulenta 
se desliza como un mar;
sin cercas, ni vallados, los surtidores del cielo
brotan hasta la caña
adivinando en una sonrisa el aceite de las lágrimas.

La noche ronda en las órbitas,
como una luna de alquitrán, el límite de los globos;
el día ilumina el hueso;
donde no hay frío alguno, los vendavales desolladores desprenden 
los vestidos del invierno;
la película de la primavera cuelga de los párpados.

La luz entra en solares secretos,
en la punta del pensamiento donde los pensamientos huelen en la lluvia;
cuando muere la lógica,
el secreto del suelo crece a través del ojo,
y la sangre salta al sol;
sobre los terrenos baldíos se detiene el alba.

Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914 - Nueva York, Estados Unidos, 1953), Poemas escogidos (1934-1952), Editorial Barnacle, Buenos Aires, 2024
Traducciones de Silvia Camerotto

Más poemas de Dylan Thomas en Otra Iglesia Es Imposible


Light Breaks Where no Sun Shines 

Light breaks where no sun shines;
Where no sea runs, the waters of the heart
Push in their tides;
And, broken ghosts with glow-worms in their heads,
The things of light
File through the flesh where no flesh decks the bones.

A candle in the thighs
Warms youth and seed and burns the seeds of age;
Where no seed stirs,
The fruit of man unwrinkles in the stars,
Bright as a fig;
Where no wax is, the candle shows its hairs.

Dawn breaks behind the eyes;
From poles of skull and toe the windy blood
Slides like a sea;
Nor fenced, nor staked, the gushers of the sky
Spout to the rod
Divining in a smile the oil of tears.

Night in the sockets rounds,
Like some pitch moon, the limit of the globes;
Day lights the bone;
Where no cold is, the skinning gales unpin
The winter's robes;
The film of spring is hanging from the lids.

Light breaks on secret lots,
On tips of thought where thoughts smell in the rain;
When logics dies,
The secret of the soil grows through the eye,
And blood jumps in the sun;
Above the waste allotments the dawn halts.

The Poems of Dylan Thomas, New Directions © 1952, 1953 Dylan Thomas © 1938, 1939, 1943, 1946, 1971 New Directions Publishing Corp
---
Foto: Dylan Thomas en White Horse Tavern, Greenwich Village, Nueva York, 1952 Vanity Fair /Cordon Press

jueves, febrero 15, 2024

Dylan Thomas / Prólogo del autor



Este día que hoy termina de a poco 
al final del acelerado verano de Dios
en el torrente del sol color salmón,
en mi casa sobre rocas peligrosas
sacudida por el mar
enredada entre chirridos y fruta,
espuma, flauta, aleta y pluma,
frente a la pata danzante de un bosque,
junto a las sucias arenas de estrellas de mar
atravesadas por vendedoras de pescado
gaviotas, gaiteros, berberechos y velas,
allí afuera, la corneja negra, hombres
interceptados por nubes, que se arrodillan
ante las redes del atardecer,
gansos casi tocando el cielo, muchachos 
que los apuñalan y garzas y caracoles
que dicen los siete mares,
aguas eternas lejos
de las ciudades de noches de nueve días
cuyas torres serán rodeadas
por el viento religioso
como estacas de paja alta y seca,
ante la pobre paz yo canto
para ustedes, desconocidos, (aunque el canto
sea un acto ardiente y furioso,
el fuego de los pájaros en
el mundo del bosque que cambia,
porque mis sonidos afilados se propagan),
más allá de estas hojas de pulgares marinos
que volarán y caerán
como las hojas de los árboles, que veloces
se desmoronan y se estrellan
contra la noche llena de cigarras.
En dirección al mar, el consumido sol se escurre,
y los aturdidos cisnes sacuden 
el anochecer danzarín de mi bahía, mientras limpio
este tumulto de sombras
para que tú sepas
que yo, un hombre habilidoso,
también celebro a la estrella, pájaro 
clamando, mar nacido, hombre roto, sangre bendita.
Oye: ¡yo anuncio el lugar,
desde el pez hasta la colina que se eleva! Mira:
construyo mi arca que grita 
por el bien de mi amor
cuando el diluvio comienza,
desde el origen del miedo,
rabia furiosa, hombre vivo, 
chorreante y enorme para desparramarse
sobre las heridas granjas de ovejas, 
blancas, vacías, dormidas
hasta Gales en mis brazos.
¡Oye, tú, quédate en el castillo,
tú que reinas la cantinela de los búhos,
que con la luz de la luna iluminas
los parpadeantes caminos y lanzas
muerto al peludo ciervo del valle!
¡Ay, en colinas verticales,
oh, mis acicaladas tórtolas de collar negro
ululan, casi oscurecidas
por la reverente graja galesa,
que arrulladora mordisquea la alabanza del bosque,
llorando sus notas tristes desde el nido
hacia la bandada de sarapicos!
¡Ey, ágape del escandaloso clan, 
con pesar en vuestros picos, 
en los cabos locuaces! 
¡Epa, montando la colina, la
veloz liebre macho!, que escucha
allí bajo esta luz tramposa, el estruendo del diluvio 
de mi arca mientras golpeo y destruyo todo
(un choque de yunques para mi
fárrago y mi violín, esta tonada
de habladores hongos de polvo)
menos a los animales más rápidos que ladrón
en las duras e inestables tierras de Dios
(¡Alabadas sean Sus bestias!).
Bestias que duermen bien y profundo,
¡shhh, en los bosques entre colinas! ¡Empajonadas 
granjas vacías, aglutinadas en una hilera 
de aguas cacarean y se aferran,
y los graneros cacarean guerra!
Oh reino de vecinos, aleteante
caído y emplumado, corran a mi arca
remendada y a la luz de la luna
que se bebe a Noé en la bahía,
con piel y escamas y vellones:
solo las profundas campanas ahogadas
de ovejas e iglesias hacen ruido
por la pobre paz mientras cae el sol
y la oscuridad cae sobre cada campo sagrado.
¡Solos resistiremos, y después,
bajo las estrellas de Gales,
gritaremos, Multitudes de arcas! A través
de las tierras cubiertas de agua,
guiados por sus amores se desplazarán,
como islas boscosas, de una colina a otra.
¡Hola, mi paloma de proa con su flauta!
¡Ah, viejo zorro maestro del mar,
jilguero y herrerillo!
Mi arca canta bajo el sol
al final del acelerado verano de Dios
y el diluvio florece ahora.

[1952]

Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914 - Nueva York, Estados Unidos, 1953), Poemas escogidos (1934-1952), Editorial Barnacle, Buenos Aires, 2024
Traducciones de Silvia Camerotto

Nota del autor:
"El prólogo en verso -escrito para esta edición de poemas escogidos- fue pensado como guía para mis lectores, esos desconocidos.
"Este libro contiene la mayoría de los poemas que he escrito y, también, todos aquellos que, hasta el presente año, deseo conservar. He corregido un poco algunos de ellos, pero de continuar corrigiendo todo aquello que ahora no me gusta de este libro, estaría tan ocupado que no tendría tiempo para seguir escribiendo nuevos poemas.
"Leí alguna vez sobre un pastor quien, cuando le preguntaron por qué seguía ciertos ritos a la luna, dentro de un corro de brujas, para proteger a sus rebaños, respondió: “¡Sería un maldito idiota si no lo hiciera!”. Estos poemas con sus crudezas, sus dudas y complicaciones han sido escritos por amor al Hombre y en alabanza de Dios, y yo sería un maldito idiota si no lo fueran.
  Dylan Thomas
  Noviembre, 1952

Los poemas de Dylan Thomas en Otra Iglesia Es Imposible


Author's Prologue 

This day winding down now 
At God speeded summer's end 
In the torrent salmon sun, 
In my seashaken house 
On a breakneck of rocks 
Tangled with chirrup and fruit, 
Froth, flute, fin, and quill 
At a wood's dancing hoof, 
By scummed, starfish sands 
With their fishwife cross 
Gulls, pipers, cockles, and sails, 
Out there, crow black, men 
Tackled with clouds, who kneel 
To the sunset nets, 
Geese nearly in heaven, boys 
Stabbing, and herons, and shells 
That speak seven seas, 
Eternal waters away 
From the cities of nine 
Days' night whose towers will catch 
In the religious wind 
Like stalks of tall, dry straw, 
At poor peace I sing 
To you strangers (though song 
Is a burning and crested act, 
The fire of birds in 
The world's turning wood, 
For my swan, splay sounds), 
Out of these seathumbed leaves 
That will fly and fall 
Like leaves of trees and as soon 
Crumble and undie 
Into the dogdayed night. 
Seaward the salmon, sucked sun slips, 
And the dumb swans drub blue 
My dabbed bay's dusk, as I hack 
This rumpus of shapes 
For you to know 
How I, a spining man, 
Glory also this star, bird 
Roared, sea born, man torn, blood blest. 
Hark: I trumpet the place, 
From fish to jumping hill! Look: 
I build my bellowing ark 
To the best of my love 
As the flood begins,
Out of the fountainhead 
Of fear, rage read, manalive, 
Molten and mountainous to stream 
Over the wound asleep 
Sheep white hollow farms 
To Wales in my arms. 
Hoo, there, in castle keep, 
You king singsong owls, who moonbeam 
The flickering runs and dive 
The dingle furred deer dead! 
Huloo, on plumbed bryns, 
O my ruffled ring dove 
In the hooting, nearly dark 
With Welsh and reverent rook, 
Coo rooning the woods' praise, 
Who moons her blue notes from her nest 
Down to the curlew herd! 
Ho, hullaballoing clan 
Agape, with woe 
In your beaks, on the gabbing capes! 
Heigh, on horseback hill, jack 
Whisking hare! who 
Hears, there, this fox light, my flood ship's 
Clangour as I hew and smite 
(A clash of anvils for my 
Hubbub and fiddle, this tune 
On a tounged puffball) 
But animals thick as thieves 
On God's rough tumbling grounds 
(Hail to His beasthood!). 
Beasts who sleep good and thin, 
Hist, in hogback woods! The haystacked 
Hollow farms in a throng 
Of waters cluck and cling, 
And barnroofs cockcrow war! 
O kingdom of neighbors finned 
Felled and quilled, flash to my patch 
Work ark and the moonshine 
Drinking Noah of the bay, 
With pelt, and scale, and fleece: 
Only the drowned deep bells 
Of sheep and churches noise 
Poor peace as the sun sets 
And dark shoals every holy field. 
We will ride out alone, and then, 
Under the stars of Wales, 
Cry, Multiudes of arks! Across 
The water lidded lands, 
Manned with their loves they'll move, 
Like wooden islands, hill to hill. 
Huloo, my prowed dove with a flute! 
Ahoy, old, sea-legged fox, 
Tom tit and Dai mouse! 
My ark sings in the sun 
At God speeded summer's end 
And the flood flowers now.
---
Foto: Dylan Thomas junto a edificios dañados por un bombardeo, Londres, 1945 Erich Auerbach*/ Popperfoto/ Getty Images

* El autor de esta imagen (Erich Auerbach, Sokolov, República Checa, 1911 - Londres, 1977), fotógrafo y crítico musical, fue homónimo del autor de Mímesis y de un célebre ensayo sobre Dante Alighieri y la Divina Comedia (Erich Auerbach, Berlín, 1892 - Wallingford, Estados Unidos, 1957). Las fotos del fotógrafo checo figuran en las colecciones de la Cancillería de su país, la Tate Gallery y la National Portrait of London. Abajo se reproduce la toma entera, con el sello de Getty Images.


jueves, noviembre 30, 2023

Dylan Thomas: No entres dócilmente



30. No entres dócilmente en esa noche tranquila

No entres dócilmente en esa noche tranquila,
la vejez debería arder y maldecir cuando termina el día;
furia, furia contra la agonía de la luz. 

Aunque los hombres sabios sepan al morir que la oscuridad es justa,
porque sus palabras no han forjado ninguna luz, ellos
no entran dócilmente en esa noche tranquila. 

Hombres buenos, en su última hora, lloran por el brillo
con que sus frágiles actos pudieron haber bailado en una verde bahía,
furia, furia contra la agonía de la luz. 

Hombres rebeldes que atraparon y cantaron el sol en vuelo,
y que aprenden, demasiado tarde, lamentándose en su camino,
no entres dócilmente en esa noche tranquila. 

Hombres solemnes, cerca de la muerte, ven con mirada enceguecedora
que los ojos ciegos pueden arder como meteoritos y alegrarse,
furia, furia contra la agonía de la luz.

Y tú, padre mío, allí en tu triste plenitud,
maldíceme, bendíceme con tus lágrimas feroces, te lo ruego.
No entres dócilmente en esa noche tranquila.
furia, furia contra la agonía de la luz.

Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914-Nueva York, Estados Unidos, 1953)
Versión de Silvia Camerotto

Poemas escogidos (1934-1952)
Editorial Barnacle.
Ilustración de Merlina Cisnero











Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.
---
Foto: Dylan Thomas mientras actuaba como director de escena de El deseo atrapado por la cola, de Pablo Picasso, Londres, 1950 Haywood Magee/Getty Images

martes, octubre 24, 2023

Dylan Thomas / Poema en su cumpleaños



En el sol de mostaza,
junto al río en plena corriente y mar zigzagueante
de donde huyen los cormoranes,
en esta casa levantada sobre pilotes
y parloteos de aves
este día de grano de arena en la tumba inclinada de la bahía
él celebra y desprecia
la madera a la deriva que el viento convirtiera en treinta y cinco años;
garzas giran y se clavan.

Debajo y alrededor suyo van
lenguados, gaviotas, en sus estelas agónicas y frías,
haciendo lo que se les dice,
zarapitos gritones en las olas de congrios
trabajan su camino hacia la muerte,
y el coplero en la habitación de lengua larga,
que tañe su campana de cumpleaños,
se esfuerza hacia la emboscada de sus heridas;
garzas, campanarios retenidos, bendicen.

En el otoño de los cardos,
él canta hacia la angustia; vuelan pinzones
entre las huellas de las patas de los halcones
en un cielo poderoso; pequeños peces se deslizan
entre gargantas y cascos de ciudades
de barcos hundidos hacia praderas de nutrias marinas. Él
en su ladeada, cruel casa
y en las hélices cercenadas de su oficio percibe
como las garzas caminan en sus mortajas,

el interminable manto del río
de mojarras enroscadas a su oración,
y lejos en el mar él sabe,
quien se esclaviza a su agazapado, eterno final
bajo una nube de serpientes,
los delfines se sumergen en el polvo de su zozobra,
las focas ondulantes corren veloces
a matar y su propia marea bañada de sangre
se desliza bondadosa en la boca satinada.

En el cavernoso silencio de la ola que se mece, 
lloran las campanadas blancas del ángelus.
Treinta y cinco campanas cantan tañidas en el cráneo 
y en la cicatriz donde yacen los naufragios de sus amores,
timoneados por las estrellas fugaces.
Y el mañana llora en una jaula ciega
que desatará el terror
antes de que las cadenas se rompan bajo la llama del martillo
y el amor libere la oscuridad

y él se pierda en libertad
hacia la famosa luz desconocida del grande
y fabuloso Dios amado.
La oscuridad es un modo y la luz es un lugar,
el cielo que no fue
ni será es siempre cierto,
y, en ese vacío de zarzas,
pleno como las moras en el bosque
los muertos crecen para Su alegría.

Allí podría vagar desnudo
con los espíritus de la bahía con forma de herradura
o con los muertos en la playa de estrellas,
médula de águilas, raíces de ballenas
y huesos de gansos salvajes,
con el bendito Dios no nacido y su Espíritu,
y cada alma es Su sacerdote,
engañada y cantando en la iglesia del Cielo
en la nube temblando de paz,

pero la oscuridad es un largo camino.
Él, en la tierra de la noche, solo
con todo lo vivo, reza,
quien sabe de la agitación del viento arrojará
los huesos de las colinas
y los peñascos cercenados por la guadaña sangrarán, y las últimas
aguas furiosas hechas polvo patearán
mástiles y peces hacia las estrellas fugaces,
sin ninguna fe en Él

que es la luz del antiguo
y aireado Cielo donde las almas se vuelven salvajes
como caballos en la espuma:
oh, deja que me lamente a mi edad mediana junto a los relicarios
y los juramentos de las garzas druidas
del viaje a la ruina que debo emprender,
barcos del amanecer encallados,
sin embargo, aunque grite aun con mi lengua confusa,
cuento mis bendiciones en voz alta:

cuatro elementos y cinco
sentidos, el hombre un espíritu enamorado
enredándose en este limo enlazado
bienvenido sea el reino a su campana de nimbo
y las perdidas cúpulas iluminadas por la luna,
y el mar que esconde sus íntimos secretos
en lo profundo de estos negros huesos vulgares,
arrullando las órbitas en la carne de la concha,
y esta última bendición más,

cuanto más me acerco a la muerte, un hombre a través de sus cascos rotos,
cuanto más fuerte sale el sol
y el mar destartalado e incisivo se regocija;
y cada ola del camino
y cada vendaval que domino, el mundo todo entonces,
con fe más triunfante
que nunca desde que el mundo fue dicho,
da vueltas en su mañana de alabanza,

escucho las colinas que rebotan
criar alondras y reverdecer el marrón de las bayas
que caen y las alondras del rocío cantan
más alto esta primavera tronante, y ¡cuánto 
más cerca de los ángeles cabalgan las feroces islas de almas! Oh,
más santas que sus ojos,
y mis radiantes hombres ya no están solos
mientras yo navego hacia la muerte.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), The Collected Poems of Dylan Thomas 1934-1952, New Directions, Nueva York, 1971
Versión de Silvia Camerotto



Poem on His Birthday

In the mustard seed sun,
By full tilt river and switchback sea
Where the cormorants scud,
In his house on stilts high among beaks
And palavers of birds
This sandgrain day in the bent bay's grave
He celebrates and spurns
His driftwood thirty-fifth wind turned age;
Herons spire and spear.

Under and round him go
Flounders, gulls, on their cold, dying trails,
Doing what they are told,
Curlews aloud in the congered waves 
Work at their ways to death,
And the rhymer in the long tongued room,
Who tolls his birthday bell,
Toils towards the ambush of his wounds;
Herons, steeple stemmed, bless.

In the thistledown fall,
He sings towards anguish; finches fly
In the claw tracks of hawks
On a seizing sky; small fishes glide
Through wynds and shells of drowned
Ship towns to pastures of otters. He
In his slant, racking house
And the hewn coils of his trade perceives
Herons walk in their shroud,

The livelong river's robe
Of minnows wreathing around their prayer;
And far at sea he knows,
Who slaves to his crouched, eternal end
Under a serpent cloud,
Dolphins dive in their turnturtle dust,
The rippled seals streak down
To kill and their own tide daubing blood
Slides good in the sleek mouth.

In a cavernous, swung
Wave's silence, wept white angelus knells.
Thirty-five bells sing struck
On skull and scar where his loves lie wrecked,
Steered by the falling stars.
And to-morrow weeps in a blind cage
Terror will rage apart
Before chains break to a hammer flame
And love unbolts the dark

And freely he goes lost
In the unknown, famous light of great
And fabulous, dear God.
Dark is a way and light is a place,
Heaven that never was
Nor will be ever is always true,
And, in that brambled void,
Plenty as blackberries in the woods
The dead grow for His joy.

There he might wander bare
With the spirits of the horseshoe bay
Or the stars' seashore dead,
Marrow of eagles, the roots of whales
And wishbones of wild geese,
With blessed, unborn God and His Ghost,
And every soul His priest,
Gulled and chanter in young Heaven's fold
Be at cloud quaking peace,

But dark is a long way.
He, on the earth of the night, alone
With all the living, prays,
Who knows the rocketing wind will blow
The bones out of the hills,
And the scythed boulders bleed, and the last
Rage shattered waters kick
Masts and fishes to the still quick stars,
Faithlessly unto Him

Who is the light of old
And air shaped Heaven where souls grow wild
As horses in the foam:
Oh, let me midlife mourn by the shrined
And druid herons' vows
The voyage to ruin I must run,
Dawn ships clouted aground,
Yet, though I cry with tumbledown tongue,
Count my blessings aloud:

Four elements and five
Senses, and man a spirit in love
Tangling through this spun slime
To his nimbus bell cool kingdom come
And the lost, moonshine domes,
And the sea that hides his secret selves
Deep in its black, base bones,
Lulling of spheres in the seashell flesh,
And this last blessing most,

That the closer I move
To death, one man through his sundered hulks,
The louder the sun blooms
And the tusked, ramshackling sea exults;
And every wave of the way
And gale I tackle, the whole world then,
With more triumphant faith
Than ever was since the world was said,
Spins its morning of praise,

I hear the bouncing hills
Grow larked and greener at berry brown
Fall and the dew larks sing
Taller this thunderclap spring, and how
More spanned with angles ride
The mansouled fiery islands! Oh,
Holier then their eyes,
And my shining men no more alone
As I sail out to die.
---
Foto: Dylan Thomas, Nueva York, c. 1952 Hulton Archive/Getty Images

sábado, junio 17, 2023

Dylan Thomas / Nuestros sueños de eunuco



I

Nuestros sueños de eunuco, sin frutos bajo la luz,
de luz y amor los vaivenes del corazón,
golpean las extremidades de sus niños,
y, amortajados en sus mantos y  sábanas,
preparan a las novias oscuras, las viudas de la noche
envueltas entre sus brazos. 

Las sombras de las chicas, todas acicaladas con sus sudarios,
cuando se va el sol son apartadas del gusano,
los huesos de los hombres, rotos en sus lechos,
arrancados de la tumba por poleas nocturnas.

II

En esta época nuestra el gánster y su novia
dos fantasmas unidimensionales, se aman en el celuloide,
ajenos a la verdad de nuestros ojos, 
y dicen sus nadas nocturnas mientras se agrandan;
cuando las cámaras se apagan corren a su agujero
en el jardín diurno.

Bailan entre sus luces y nuestra calavera,
imponiendo sus fotos, exhibiendo sus noches;
vemos el show de sombras que se besan o matan,
aderezados con celuloide mienten amor.

III

¿Cuál es el mundo? De nuestros dos sueños, ¿cuál
será el que despierte cuando el remedio y su escozor
levante esta tierra de ojos rojos?
Despacha a las formas del día y su rigidez,
a los alegres caballeros, a los galeses ricachones,
o empuja a la luz a quienes se proveen con la noche.

La foto está unida al ojo,
injerta en su novia la piel parcial de la verdad;
el sueño se tragó la fe del durmiente
esos hombres amortajados podrían regenerarse mientras vuelan.

IV

Este es el mundo; la engañosa semejanza de
nuestros pedazos que se hacen jirones cuando nos movemos
amando y siendo reacios;
el sueño que saca a los enterrados  de su bolsa
y honra sus despojos tanto como a los vivos.
Este es el mundo. Ten fe.

Porque seremos cantores como el gallo,
llamando a nuestros muertos; nuestras fotos se besarán
con la imagen de las placas;
y seremos camaradas dignos de por vida,
y el que permanezca florecerá mientras ellos se aman,
sean alabados nuestros corazones errantes.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), "18 poems, 1934", The Collected Poems of Dylan Thomas, 1934-1952, New Directions Publishing, New York, 1971
Versión © Silvia Camerotto



Our eunuch dreams 

I
Our eunuch dreams, all seedless in the light,
Of light and love the tempers of the heart,
Whack their boys' limbs,
And, winding-footed in their shawl and sheet,
Groom the dark brides, the widows of the night
Fold in their arms.

The shades of girls, all flavoured from their shrouds,
When sunlight goes are sundered from the worm,
The bones of men, the broken in their beds,
By midnight pulleys that unhouse the tomb.

II
In this our age the gunman and his moll
Two one-dimensional ghosts, love on a reel,
Strange to our solid eye,
And speak their midnight nothings as they swell;
When cameras shut they hurry to their hole
down in the yard of day.

They dance between their arclamps and our skull,
Impose their shots, showing the nights away;
We watch the show of shadows kiss or kill
Flavoured of celluloid give love the lie.

III
Which is the world? Of our two sleepings, which
Shall fall awake when cures and their itch
Raise up this red-eyed earth?
Pack off the shapes of daylight and their starch,
The sunny gentlemen, the Welshing rich,
Or drive the night-geared forth.

The photograph is married to the eye,
Grafts on its bride one-sided skins of truth;
The dream has sucked the sleeper of his faith
That shrouded men might marrow as they fly.

IV
This is the world; the lying likeness of
Our strips of stuff that tatter as we move
Loving and being loth;
The dream that kicks the buried from their sack
And lets their trash be honoured as the quick.
This is the world. Have faith.

For we shall be a shouter like the cock,
Blowing the old dead back; our shots shall smack
The image from the plates;
And we shall be fit fellows for a life,
And who remains shall flower as they love,
Praise to our faring hearts.
---
Foto: Dylan Thomas, 1953,  Rollie McKenna/The Guardian

jueves, enero 28, 2021

Dylan Thomas / Veo a los muchachos del verano
















I.

Veo a los muchachos del verano en su ruina
echar el diezmo de oro estéril,
descuidar las cosechas, congelar los suelos;
allí, en su calor, las inundaciones de invierno
de amores congelados donde ellos buscan a sus niñas,
y ahogan en sus mareas las cargas de manzana.

Estos muchachos de luz paralizados en su locura,
amargan la miel hirviente;
manosean los muñecos de nieve de las colmenas;
allí, en el sol, ellos nutren sus nervios
en los frígidos hilos de la duda y la oscuridad;
la señal de la luna en sus vacíos es nula.

Veo a los niños del verano dentro de sus madres,
separar la carne del cálido útero,
dividir la noche y el día con dedos de duende;
allí, en lo profundo, con las cuatro sombras
del sol y la luna ellos pintan sus diques
así como la luz del sol pinta el contorno de sus frentes.

Veo que de estos muchachos han de surgir hombres de nada
destinados hacia la perdición,
a lisiar el aire en el arrebato de sus calores;
desde sus corazones, el pulso más caluroso del día
estalla de amor y luz en sus gargantas.
Oh, miren el pulso del verano en el hielo.

II.

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
en el momento en el que suene el cuarto de hora
cuando, puntual como la muerte, tocamos las estrellas;
allí, en su noche, el soñoliento hombre del invierno
toca de las campanas de lengua ennegrecida,
nunca antes que el aire de luna de medianoche.

Somos los oscuros negadores, convoquemos
a la muerte a partir de una mujer de verano,
a la fuerza de la vida desde el calambre de los amantes,
desde la pálida muerte que el mar levanta en la superficie,
el gusano de ojos brillantes en la lámpara de Davy,
hasta el hombre de paja en el útero sembrado.

Nosotros, muchachos del verano en este hilar de cuatro vientos
verde por el hierro de las algas marinas,
levantemos al escandaloso mar y soltemos sus pájaros,
recojamos las olas y la espuma de la bola del mundo
para ahogar los desiertos con sus mareas,
y peinar los jardines del condado por una guirnalda.

En primavera coronamos nuestras frentes con acebo,
salud a los frutos y a la sangre,
y crucificamos en los árboles a los alegres escuderos;
aquí el músculo húmedo del amor se seca y muere,
aquí se rompe un beso en la cantera del desamor.
Oh, miren en los muchachos los polos de la promesa.

III.

Veo a los muchachos de verano en su ruina.
Al hombre en la esterilidad del gusano.
Y los muchachos están plenos y extraños en el vientre.
Yo soy el hombre que fue tu padre.
Oh, miren cómo se besan los polos al cruzarse.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), Collected Poems 1934-53, Everyman Library, J. M. Dent & Sons Ltd, Londres, 1993. Perfil, 24 de enero de 2021
Traducción de Juan Arabia

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Foto: ABC s/d

domingo, mayo 10, 2020

Dylan Thomas / Aquella mano que firmó el papel














Aquella mano que firmó el papel
Derribó una ciudad; los cinco dedos
Soberanos tasaron el aliento,
Redoblaron el número de muertos
Y dividieron a un país - los cinco
Reyes que coronaron a la muerte.

La mano poderosa
Lleva a un hombro caído,
Al yeso que agarrota
Las articulaciones de los dedos;
Una pluma de ganso puso término
Al estrago que dio término al diálogo.

Aquella mano que firmó el tratado
Trajo la fiebre, el hambre y las langostas;
Grande es la mano que domina al hombre
Tan sólo con garabatear un nombre.

Los cinco reyes pueden contar muertos
Pero no saben suavizar la herida
Encostrada, no saben dar consuelo
A una frente; es regida la piedad
Por una mano, y otra rige el cielo;
Las manos nunca derramaron lágrimas.

[1936]

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), El Trabajo de las Horas, 29 de abril de 2020
Versión de Pablo Anadón, Córdoba, Argentina, 29-IV-20

Otra Iglesia Es Imposible - Poetry Foundation - Dylan Thomas Web Site - The Allen Ginsberg ProjectDe Sibilas y Pitias - El Placard - OghamA Media Voz - Universidad Austral de Chile - Revista de la Universidad de México


The hand that signed the paper

The hand that signed the paper felled a city;
Five sovereign fingers taxed the breath,
Doubled the globe of dead and halved a country;
These five kings did a king to death.

The mighty hand leads to a sloping shoulder,
The finger joints are cramped with chalk;
A goose's quill has put an end to murder
That put an end to talk.

The hand that signed the treaty bred a fever,
And famine grew, and locusts came;
Great is the hand that holds dominion over
Man by a scribbled name.

The five kings count the dead but do not soften
The crusted wound nor pat the brow;
A hand rules pity as a hand rules heaven;
Hands have no tears to flow.
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Foto: Dylan Thomas, 1952 Rollie McKenna/Encyclopaedia Britannica

domingo, marzo 29, 2020

Dylan Thomas / Amor en el loquero














Apareció una extraña
A compartir mi cuarto en la casa mal de la cabeza,
Y loca como los pájaros

Cierra el pestillo de la noche con su brazo su pluma.
Sujeta al caos de la cama
Burla la casa anticielo con nubes furtivas

Pero en sus rondas burla la habitación de pesadilla,
A sus anchas cual los muertos,
O monta el mar soñado de los pabellones de hombres.

Ha venido poseída
La que atraviesa con luz las paredes que rebotan,
Poseída por los cielos

Duerme en la angosta acequia pero transita el polvo
Pero delira a gusto
Sobre las tablas del loquero transidas por mis lágrimas.

Y llevado por la luz en sus brazos de una ansiada vez por todas
Podré ya sin excusas
Sufrir la primera visión que incendió las estrellas.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953)
Traducción de Andrés Ehreanhaus

Otra Iglesia Es Imposible - Poetry Foundation - British Council/BBC - De Sibilas y Pitias - El Placard - Aullido - A Media Voz


Love In The Asylum

A stranger has come
To share my room in the house not right in the head,
A girl mad as birds

Bolting the night of the door with her arm her plume.
Strait in the mazed bed
She deludes the heaven-proof house with entering clouds

Yet she deludes with walking the nightmarish room,
At large as the dead,
Or rides the imagined oceans of the male wards.

She has come possessed
Who admits the delusive light through the bouncing wall,
Possessed by the skies

She sleeps in the narrow trough yet she walks the dust
Yet raves at her will
On the madhouse boards worn thin by my walking tears.

And taken by light in her arms at long and dear last
I may without fail
Suffer the first vision that set fire to the stars.

Collected Poems, New Directions, Nueva York, 1971
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domingo, febrero 10, 2019

Dylan Thomas / Aquí en esta primavera













Aquí en esta primavera, las estrellas flotan por el vacío;
Aquí en este invierno decorativo
Cae a cántaros el tiempo desnudo;
Este verano entierra a un pájaro de primavera.

Los símbolos son elegidos desde el lento círculo
De los años por las costas de las cuatro estaciones,
En otoño enseñan el incendio de tres estaciones
Y las notas de cuatro pájaros.

Debería contar el verano desde los árboles, y los gusanos
Contar, en todo caso, las tormentas del invierno
O el funeral del sol;
Debería aprender la primavera por el canto del cuco,
Y la babosa me enseñaría la destrucción.

Un gusano cuenta mejor el verano que el reloj,
La babosa es un calendario vivo de los días;
¿Qué me diría si un atemporal insecto
afirma que el mundo se desgasta?

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), Collected Poems, J. M. Dent, Londres, 1988. Buenos Aires Poetry, julio 19, 2017
Traducción de Juan Arabia

Dylan Thomas - Aullido - A Media Voz


HERE IN THIS SPRING

Here in this spring, stars float along the void;
Here in this ornamental winter
Down pelts the naked weather;
This summer buries a spring bird.

Symbols are selected from the years’
Slow rounding of four seasons’ coasts,
In autumn teach three seasons’ fires
And four birds’ notes.

I should tell summer from the trees, the worms
Tell, if at all, the winter’s storms
Or the funeral of the sun;
I should learn spring by the cuckooing,
And the slug should teach me destruction.

A worm tells summer better than the clock,
The slug’s a living calendar of days;
What shall it tell me if a timeless insect
Says the world wears away?

https://buenosairespoetry.com/2017/07/19/aqui-en-esta-primavera-de-dylan-thomas/
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Foto: Dylan Thomas, 1946 Ulton Deutsch Collection/El País

jueves, noviembre 01, 2018

Dylan Thomas / Aferra estos antiguos minutos en el mes del cucú
















Aferra estos antiguos minutos en el mes del cucú,
al pie del cuarto magro obstáculo en la colina de Glamorgan
mientras los verdes capullos suben hacia el cielo a la deriva del tiempo;
el tiempo, como un hidalgo, caballero de obstáculos
corre sobre las vallas con su sabueso a los talones
y desde el sur exangüe caza a mis hombres y a mis hijos.

Campo, tu pasatiempo es el verano, y las chacras de diciembre
descansan de las grullas y la acuática torre de los árboles fértiles,
nada resbala en este quinto mes y han huido los pájaros;
aferráos, mis niños campesinos, al mundo de los cuentos,
al follaje que muere como se abate el ciervo entre sus huellas,
a la estación primera ya franqueada, hasta los juegos del verano.

Y ahora los cuernos de Inglaterra en el sonido de las formas,
convocan a nuestros jinetes de nieve, y la colina de cuatro cuerdas
que resuena en las tripas del mar, pone vida en la roca;
zarzas y armas y valles mientras las piedras se levantan,
crujen como un resorte defectuoso, como un abril rompehuesos,
confunden al cazador del obstáculo magro y la esperanza poderosa.

Cuatro estaciones sigilosas caen sobre las tierras escarlatas,
acecha el rostro de mis hijos con una cola ensangrentada,
el tiempo con salto de jinete desde el valle adornado,
sostenéos, mis amados campesinos, pues un halcón desciende,
el Galmorgan dorado se arquea ante la caída de los pájaros.
Tu pasatiempo es el verano mientras la primavera corre enfurecida.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), Poemas completos, Ediciones Corrregidor, Buenos Aires, 1974
Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell

Poetry Foundation - Academy of American Poets - El Mundo - A Media Voz - El Placard


Hold Hard, These Ancient Minutes In The Cuckoo's Month

Hold hard, these ancient minutes in the cuckoo's month,
Under the lank, fourth folly on Glamorgan's hill,
As the green blooms ride upward, to the drive of time;
Time, in a folly's rider, like a county man
Over the vault of ridings with his hound at heel,
Drives forth my men, my children, from the hanging south.

Country, your sport is summer, and December's pools
By crane and water-tower by the seedy trees
Lie this fifth month unstaked, and the birds have flown;
Holy hard, my country children in the world if tales,
The greenwood dying as the deer fall in their tracks,
The first and steepled season, to the summer's game.

And now the horns of England, in the sound of shape,
Summon your snowy horsemen, and the four-stringed hill,
Over the sea-gut loudening, sets a rock alive;
Hurdles and guns and railings, as the boulders heave,
Crack like a spring in vice, bone breaking April,
Spill the lank folly's hunter and the hard-held hope.

Down fall four padding weathers on the scarlet lands,
Stalking my children's faces with a tail of blood,
Time, in a rider rising, from the harnessed valley;
Hold hard, my country darlings, for a hawk descends,
Golden Glamorgan straightens, to the falling birds.
Your sport is summer as the spring runs angrily. 

Dylan Thomas, Collected Poems, © New Directions, Nueva York, 2003, 2010
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Foto: El Mundo

viernes, febrero 19, 2016

Dylan Thomas / Un poema por encargo














Un sueño invernal

A menudo en las noches de invierno la luz de media luna
       ve por un ventanal
De frondas y pestañas a los hombres rascando deslizando en la tumba
Una infancia con lengua de lechuza donde hay aves y árboles fríos,

O ahogados agua abajo en las iglesias de los durmientes visitadas por peces
Observando el gritar de los mares mientras la nieve vuela
       y cabalga entre chispas,
El hielo centellea y los granos de arena patinan en las hayas.

Y a menudo por las ventanas de medianoche ve a los hombres
       con ojos invernales,
La noche conjurada de la lluvia del norte en un diluvio
       de fuegos de artificio,
La Osa Mayor levantando las nieves de su voz para quemar los cielos.

Y así los hombres duermen un camino lechoso por entre el frío,
       inmovilizan las olas
O pisan trueno y aire en un bosque sin pájaros, helado,
Sobre el párpado del norte donde sólo el silencio se mueve,

O dormidos acechan entre relámpagos y oyen hablar a las estatuas,
La lengua oculta en el jardín fundido cantar igual que un tordo
Y la blanda nevada extraer un repique del pómulo de mármol,

Ahogados que ya duermen agua y sonido abajo raspan la calle, espectros
Sumergidos en lagos donde la pesadilla de mejillas rosadas
       se mueve como un pez,
Sobre los adoquines va el Arca a la deriva, la oscuridad navega en una flota

O, quedándose quieta, trepa por la colina volada por la nieve
Cuyas cavernas guardan la astilla de marfil del toro de la nieve,
Vértebra fósil de la foca de esqueleto marino, huella helada
       del pterodáctilo.

Pájaros, árboles, osa y pez, estatuas que cantan, diluvios y focas
Se escabullen del durmiente despierto que espera en la mañana
De invierno, a solas en su mundo, viendo pasar el tráfico de Londres.

1942

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), PN Review 226, Volume 42 Number 2, November - December 2015
Traducción del poema y de la nota sobre el poema: Jordi Doce en Perros en la Playa

Nota sobre el poema

Este poema vio la luz en el número de la revista Lilliput correspondiente a enero de 1942; cada una de las ocho estrofas iba acompañada de una fotografía de tema invernal. Las imágenes, por este orden, eran las siguientes: una medialuna sobre una colina arbolada con jirones de bruma (de «Brandt»); la silueta de un hombre sobre un lago helado sosteniendo un hacha (a punto de hacer trizas el hielo) (de «Fox»); un oso polar exhalando vapor sobre un risco adornado con carámbanos en el foso de un zoo (de «Darchan»); tres hombres descendiendo de noche por una ladera envuelta por la niebla (de «Land»); una estatua neoclásica de una figura femenina en un parque, desnuda hasta la cintura y recubierta de hielo (de «Land»); un canal entre edificios industriales con el reflejo de una luz lejana (de «Fox»); tres alpinistas con picos y crampones ascendiendo por un glaciar (de «Brassai»); un hombre provisto de paraguas junto a una calle bulliciosa de Londres, sobre la nieve medio derretida (de «Glass»).

El artículo va precedido de un breve párrafo introductorio que aparece bajo la primera fotografía: «De entre miles de imágenes invernales hemos escogido estas ocho porque nos parecía que tenían una curiosa cualidad onírica. Se las mostramos al joven poeta Dylan Thomas y le propusimos escribir algunos versos de acompañamiento. Aquí están las imágenes y aquí está su poema». El propio Thomas hizo referencia al trabajo en una carta a John Sommerfield (6 de enero de 1942): «Me alegra que te gustaran mis versos invernales, hechos a toda prisa con mi dócil máquina Swinburne» (Collected Letters, p. 557). Hasta donde se me alcanza, este poema no ha sido recogido en libro, aunque Ferris explica la referencia en una nota a pie de página.

Como en tantas otras ocasiones, Thomas pecaba de un exceso de modestia. Aunque no es un poema tan densamente elaborado como otros de la misma época, dado su carácter de texto de encargo, «Un sueño invernal» juega imaginativamente con los motivos fotográficos de los que parte sin dejar de ser una obra autónoma con su propia lógica verbal, que anticipa un estilo posterior basado en la repetición.

John Goodby

© por la traducción: Jordi Doce


A Dream of Winter

Very often on winter nights the halfshaped moonlight sees 
Men through a window of leaves and lashes marking gliding 
Into the grave an owl-tongued childhood of birds and cold trees, 

Or drowned beyond water in the sleepers’ fish-trodden churches 
Watching the cry of the seas as snow flies sparkling, riding, 
The ice lies down shining, the sandgrains skate on the beeches. 

Often she watches through men’s midnight windows, their winter eyes, 
The conjured night of the North rain in a firework flood, 
The Great Bear raising the snows of his voice to burn the skies. 

And men may sleep a milkwhite path through the chill, struck still waves 
Or walk on thunder and air in the frozen, birdless wood 
On the eyelid of the North where only the silence moves, 

Asleep may stalk among lightning and hear the statues speak, 
The hidden tongue in the melting garden sing like a thrush 
And the soft snow drawing a bellnote from the marble cheek,     

Drowned fast asleep beyond water and sound may mark the street 
Ghost-deep in lakes where the rose-cheeked nightmare glides like a fish, 
The Ark drifts on the cobbles, the darkness sails in a fleet, 

Or, lying down still, may clamber the snow-exploded hill 
Where the caverns hide the snowbull’s ivory splinter, 
Fossil spine of the sea-boned seal, iceprint of pterodactyl. 

Oh birds, trees, fish and bears, singing statues, Arkfloods and seals 
Steal from their sleeper awake as he waits in the winter 
Morning, alone in his world, staring at the London wheels. 



A note on ‘A Dream of  Winter’ 

This poem was published in the January 1942 issue of the magazine Lilliput, one stanza under each of eight photographs on the subject of winter. The photographs were of, in sequence: a crescent moon over a hillside trees in mist (by ‘Brandt’); a man silhouetted standing on a frozen lake, holding an axe (about to hack at the ice) (by ‘Fox’); a steam-breathing polar bear on an icicle-fringed promontory in a zoo enclosure (by ‘Darchan’); three men descending a misty hillside at night (by ‘Land’); a frost-etched statues of a classical female figure, bare to the waist, in a park (by ‘Land’); a canal between factories reflecting a distant light (by ‘Fox’); three ice-pick alpinists wearing crampons ascending a glacier (by ‘Brassai’); a man holding an umbrella standing in snow beside a busy slushy London street (by ‘Glass’). 

The article is introduced by a short paragraph below the first photograph: ‘Out of thousands of winter pictures we chose these eight because they seemed to us to have a curious dreamlike quality. We showed them to the young poet, Dylan Thomas, and asked him if he would like to write some verses to go with them. Here are the pictures and here is his poem’. Thomas himself referred to the poem in a letter to John Sommerfield of 6 January 1942: ‘Glad you liked my winter verses, very quickly produced from my tame Swinburne machine’ (CL, 557). The piece has never been collected, to my knowledge, although Ferris explains the reference in a footnote. 

As so often, Thomas was being too modest. Although it is not as densely- wrought as other wartime poems, being a commercial commission, ‘A Dream of Winter’ plays imaginatively with its photographic images, but is also a stand-alone work with its own verbal logic, anticipating a later style based on repetition. 

John Goodby

lunes, marzo 30, 2015

Dylan Thomas / Veinticuatro años




Veinticuatro años recuerdan las lágrimas de mis ojos
(Entierren a los muertos para que no caminen hacia la tumba
como parturientas).
En la arista de la puerta natural me acurruqué como un sastre
cosiendo la mortaja para un viaje
bajo la luz de un sol devorador de carne.
Vestido para morir, el balanceo sensual comenzó,
las venas rojas llenas de dinero,
en dirección final de un pueblo elemental
avanzo mientras lo eterno exista.

Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, 1914–Nueva York, Estados Unidos, 1953), Muertes y entradas, 1946
Versión: Marina Kohon


TWENTY-FOUR YEARS

Twenty-four years remind the tears of my eyes.
(Bury the dead for fear that they walk to the grave in labour.)
In the groin of the natural doorway I crouched like a tailor
Sewing a shroud for a journey
By the light of the meat-eating sun.
Dressed to die, the sensual strut begun,
With my red veins full of money,
In the final direction of the elementary town
I advance as long as forever is. 

The poems of Dylan Thomas, New Direction, Nueva York, 2003

domingo, junio 09, 2013

Poemas elegidos, 15


Roberto Pasquali
(Boloña, 1955)

Ci fu un redentore (Hubo un redentor), de Dylan Thomas
Salí de la escuela pensando que la poesía era algo aburrido, inútil y viejo con palabras muy lejanas de mi experiencia juvenil, pero algo en mis cuadernos escribía sin saber qué era y cómo llamar a esa forma de escritura. Un día me regalaron un libro de Thomas y fue como un relámpago en un cajón. Hablaba mi lengua y sentía cosas parecidas y él podía decirlas con palabras hermosas; en ese momento entendí qué era la poesía: decir cosas hermosas con palabras hermosas y con total libertad al mismo tiempo. Desde entonces no paré de leer y escribir poesía y de darla  a conocer, sobre todo a los chicos que se aburren en la escuela...




Ci fu un redentore

Ci fu un redentore
Più raro del radio,
Più comune dell'acqua, più crudele della verità;
Fanciulli tolti al sole,
Si riunivano intorno alla sua lingua
Per udire la nota dorata girare in un solco,
Prigionieri dei loro desideri sprangavano gli occhi
Dentro le carceri e gli studi dei suoi sorrisi senza chiave.

La voce dei pargoli dice
Da un perduto deserto
Bisognava far calma nel suo tranquillo tumulto;
Quando uomo ostile feriva
Uomo, bestia, od uccello,
Noi celavamo il terrore in quel fiato omicida;
Bisognava tacere, quando la terra divenne fragorosa,
Dentro le tane e i manicomi del terribile grido.

C'era gloria da udire
Nelle chiese del suo pianto,
Sotto il suo braccio piumoso, mentre colpì, sospiravi
O tu che non sapevi
Piangere sulla terra quando un uomo moriva,
Immettesti una lacrima di gioia nel divino diluvio
E appoggiasti l'orecchio a una conchiglia di nuvola:
Ora nel buio siamo soltanto tu e io.

Due orgogliosi oscurati fratelli,
Sprangati dall'inverno fianco a fianco
Gridiamo a questo vuoto inospitale anno,
O noi che non sapemmo
Trarre un solo sospiro nell'udire
La cupidigia umana avventarsi sul prossimo in fiamme
Ma gemendo corremmo a rifugiarci dentro le azzurre mura,
Ora versiamo gigantesche lacrime per la colpa mal conosciuta,

Per il crollo di case
Che non allevarono le nostre ossa,
Per le morti coraggiose degli unici mai ritrovati,
Orà vediamo, solitari in noi,
La nostra polvere di veri stranieri
Cavalcare attraverso le porte della nostra
Impenetrata casa. In noi esiliati, risvegliamo il molle,
Inerme, disserrato, scabro e setoso amore che frantuma ogni pietra.

Versión de Ariodante Marianni, 1965



Una vez hubo un salvador

             Una vez hubo un salvador
             más precioso que el radium
más simple que las aguas, más cruel que la verdad;
             reunidos por su hablar
             los niños se alejaban del sol
para oír la nota de oro dar vueltas en un surco
los prisioneros de sus deseos encerraban los ojos
en las cárceles y el indagar de su sonrisa sin llave.

             Desde un erial perdido
             voces de niños cuentan
que una calma se hacía en su inquietud segura,
             cuando el hombre opositor hería
             al hombre, el animal, o al pájaro
ocultamos el miedo en ese aliento asesino,
silencio, silencio que guardar cuando la tierra se volvió ruidosa
en las cuevas y asilos del tremendo alarido.

             Se dejó oír la gloria
             en las iglesias de sus lágrimas,
suspirabas cada vez que su brazo velludo te golpeaba,
             oh tú que no pudiste llorar
             sobre la tierra cuando un hombre moría
derramaste una lágrima de gozo en el diluvio sobrenatural
y apoyaste la mejilla en una caracola con figura de nube.
Ahora estamos solos tú y yo en la oscuridad.

             Dos ennegrecidos hermanos orgullosos
             encerrados en el invierno lado a lado
le gritan a este inhóspito año hueco.
             Oh nosotros que ni esbozar logramos
             un pálido suspiro cuando oímos
golpear a la codicia en nuestro prójimo y quemar al vecino
             pero acurrucados y lastimeros en el muro celeste
ahora soltamos una lágrima enorme por la caída pequeña que supimos,

             por los hogares derribados
             que no alimentan nuestros huesos,
ni las muertes valientes de unos pocos que jamás hallamos,
             mira ahora solitario en nosotros,
             cómo nuestro genuino polvo de extranjeros
             cabalga por las puertas de nuestra casa inexplorada.
Exiliados en nuestro propio ser levantamos
desatado, sin brazos, el amor sedoso y áspero que deshace todas las rocas.

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell, 1974

Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914–Nueva York, 1953)

jueves, junio 06, 2013

Poemas elegidos, 10


Gerardo Gambolini
(Buenos Aires, 1955)

Y la muerte no tendrá dominio, de Dylan Thomas
Lo elijo en la versión en que lo leí por primera vez, de Elizabeth Azcona Cranwell. En realidad, debería mencionar 3 poemas: "Yo canto el cuerpo eléctrico", de Walt Whitman; "Y la muerte no tendrá dominio" y "Prufrock", de T. S. Eliot, todos leídos entre los 15 y los 20 años, más o menos. Cada uno me marcó a su modo, por distintas razones. En el caso de Thomas, porque me encontré con posibilidades expresivas & de imaginación que hasta ese momento no conocía y que me emocionaban fuertemente, cosa que hasta hoy me parece central, por sobre la mera destreza descriptiva, la corrección formal, o la agudeza de pensamiento (que admiro, pero que busco en otro tipo de textos).
Thomas me significó una audacia que poco después encontré también en Vallejo, con quien internamente siempre lo conecté, aunque sin mucho fundamento.


Y la muerte no tendrá dominio

Y la muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser uno solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y en el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Y las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914–Nueva York, 1953)
Versión de Elizabeth Azcona Cranwell

jueves, septiembre 10, 2009

Dylan Thomas / Negativa a lamentar...




Negativa a lamentar la muerte por fuego de una niña en Londres

Nunca antes de que el hombre creara
pájaro bestia y flor
y toda la humillante oscuridad
diga silenciosa la manifestación de la última luz naciente
y la hora quieta
llegue desde el mar cabalgando en su montura,

y yo deba entrar nuevamente en la circular
Zion de la gota de agua
y en la sinagoga de la espiga de maíz
he de dejar un rezo a la sombra de un sonido
o sembraré mi grano de sal
en el más recóndito valle de arpillera antes que lamentar

la majestad y la inflamada muerte de la niña.
No mataré
su humana partida con una grave verdad
ni blasfemaré sobre las estaciones del aliento
con una postrera
elegía de inocencia y juventud.

En la profundidad, junto a los primeros muertos, yace la hija de Londres
vestida por los viejos amigos,
los granos sin edad, las oscuras venas de su madre,
oculta bajo el agua sin duelo
del cabalgante Támesis.
Después de la primera muerte, no hay otra.

Dylan Marlais Thomas (Swansea, Gales, 1914 – Nueva York, 1953), de Death and Entrances, 1946
Versión de Silvia Camerotto

A Refusal to Mourn the Death, by Fire, of a Child in London
Never until the mankind making/ Bird beast and flower/ Fathering and all humbling darkness/ Tells with silence the last light breaking/ And the still hour/ Is come of the sea tumbling in harness, //And I must enter again the round/ Zion of the water bead/ And the synagogue of the ear of corn/ Shall I let pray the shadow of a sound/ Or sow my salt seed/ In the least valley of sackcloth to mourn//The majesty and burning of the child's death./ I shall not murder/ The mankind of her going with a grave truth/ Nor blaspheme down the stations of the breath/ With any further/ Elegy of innocence and youth.// Deep with the first dead lies London's daughter,/ Robed in the long friends,/ The grains beyond age, the dark veins of her mother,/ Secret by the unmourning water/ Of the riding Thames./ After the first death, there is no other.
---
Foto: Dylan Thomas, durante un ensayo de Bajo el bosque de leche, Nueva York, 1953 Rollie McKenna/Grupo Buseta de Papel

De Dylan Thomas en este blog:


jueves, octubre 11, 2007

Dylan Thomas / No entres dócilmente ... (Versión III)

NO ENTRES DOCILMENTE EN ESA PLACIDA NOCHE

No entres dócilmente en esa plácida noche,
la vejez debería arder y delirar al terminar el día;
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios reconocen al morir que la tiniebla es justa,
porque ningún relámpago han clavado sus palabras
no entran dócilmente en esa plácida noche.

Los buenos, que en el último gesto lloran por el brillo
con que sus frágiles actos hubieran podido bailar en una verde bahía,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los salvajes, que atraparon y cantaron el sol en vuelo,
y demasiado tarde aprenden que lo han apenado en su camino,
no entran dócilmente en esa plácida noche.

Los solemnes, cerca de la muerte, que ven con mirada cegadora
que los ojos ciegos pudieron brillar igual que meteoros y alegrarse,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú, mi padre, allí en la triste altura,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te suplico.
No entres dócilmente en esa plácida noche.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Dylan Thomas (Gales, 1914-Estados Unidos, 1953), trad. de Gerardo Gambolini, Los grandes poetas, prólogo de Jorge Fondebrider, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988