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viernes, abril 21, 2023

Constantino Cavafis / La prórroga de Nerón




Nerón no se inmutó al escuchar 
el vaticinio del Oráculo Délfico:
"Cuídate de la edad de setenta y tres".
Hay mucho tiempo para divertirse: 
apenas tiene treinta. La prórroga
que el dios le he concedido
es más que suficiente 
para enfrentarse a los futuros peligros. 

Ahora, un poco fatigado, volverá a Roma 
maravillosamente fatigado 
tras un viaje 
que consagró al placer: 
fiestas en el jardín, teatros, estadios...
Noches en las ciudades de Acaya...
Sobre todo el deleite de los cuerpos desnudos...

Así piensa Nerón. Pero, en la Hispania, Galba 
en secreto reúne y ejercita sus tropas. 
El viejo Galba,
que ya hace tres cumplió
los setenta años.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011


Foto: Constantino Cavafis, Alejandría Fettel & Bernard/Onassis Cavafi Archive

jueves, febrero 02, 2023

Constantino Cavafis / El dios abandona a Antonio



Si de pronto a medianoche escuchas
la comparsa invisible pasar
con músicas soberbias, con voces –
tu suerte que ya cede, tus obras
fracasadas, los planes de tu vida que
salieron todo engaño, no lamentes en vano.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
despídete de Alejandría que se va.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue
un sueño, que una ilusión ha sido de tu oído.
No abrigues esas vanas esperanzas.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
a quien corresponde el honor de tener esa ciudad,
acércate a pie firme a la ventana
y escucha emocionado, pero sin
los ruegos ni las quejas propias de cobardes,
como último placer los sones,
los soberbios instrumentos de la invisible comparsa
y despídete de la Alejandría que pierdes.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Letras de Grecia, 29 de mayo de 2015 
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña


lunes, enero 30, 2023

Constantino Cavafis / Una noche




Era un cuarto corriente y miserable,
oculto en el desván de una taberna.
Su única vista daba a un callejón
sucio, asfixiante. Del local subían
las voces de los clientes que jugaban.

Pero en ese lugar abyecto y ruin
conocí el cuerpo del amor; sus labios
rojos, ebrios, intensos, voluptuosos;
a tal punto que ahora cuando escribo
después de tantos años y estoy solo
hasta mi casa vienen a embriagarme.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011


viernes, mayo 08, 2020

Constantino Cavafis / Esperando a los bárbaros



- ¿Qué esperamos reunidos aquí en esta plaza?

A los bárbaros que van a llegar hoy.

- ¿Por qué esa abulia instalada en el Senado?
¿Por qué están los Senadores ahí sin legislar?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
¿Qué leyes van a hacer los Senadores ya?
Cuando lleguen los bárbaros van a legislar.

- ¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano  
Y en la puerta principal de la ciudad está sentado,
solemne sobre el trono, llevando la corona?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
Y el emperador aguarda recibir
A su jefe. Incluso más, dispuso
un pergamino para darle. En él
le otorga muchos títulos y nombres. 

- ¿Por qué los dos cónsules y los pretores han salido
El día de hoy con esas togas rojas y bordadas;
Por qué esas pulseras con tantas amatistas,
Anillos luminosos, brillantes esmeraldas;
Por qué hoy día van con los valiosos bastones
De oro y plata labrados con arte excepcional?

Porque los bárbaros van a llegar hoy;
Y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

- ¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre
A decirnos sus discursos, a hablar de sus asuntos?

Porque los bárbaros van a llegar hoy
Y se aburren con discursos y elocuencias.

- ¿Por qué ha comenzado de repente esta inquietud
Y confusión. (Las caras se  volvieron taciturnas).
Por qué así presto las calles y las plazas se han vaciado
Y todos regresan a sus casas preocupados?

Porque anocheció y no llegaron bárbaros.
y vinieron desde la frontera algunos
diciendo que los bárbaros no existen ya.

Y ahora qué será de nosotros sin los bárbaros.
Esas gentes hubieran sido una cierta solución.  

c. 1911

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Letras de Grecia, 29 de mayo de 2015
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña

martes, mayo 16, 2017

Constantino Cavafis / Termópilas



Honor a aquellos que en sus vidas
custodian y defienden las Termópilas.
Sin apartarse nunca del deber;
justos y rectos en sus actos,
no exentos de piedad y compasión;
generosos cuando son ricos, y también
si son pobres, modestamente generosos,
cada uno según sus medios;
diciendo siempre la verdad,
mas sin guardar rencor a los que mienten.

Y más honor aún les es debido
a quienes preven (y muchos preven)
que Efialtes aparecerá finalmente
y pasarán los Persas.

1901

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Konstantino Kavafis, Poesía completa, traducción de José María Álvarez, Hiperión, Madrid, 1981

Nota del Ad.: Efialtes fue el traidor que reveló a Jerjes la existencia de un paso lateral al desfiladero de Termópilas defendido por tropas de la alianza griega, al mando de Leónidas (490 a.C.)

viernes, julio 29, 2016

Constantino Cavafis / Anduve















Anduve

Querían atarme. Me solté y anduve.
Anduve por la noche constelada.
Encontré goces que eran mitad reales;
la otra mitad, denuedos de mi alma.
Bebí el áspero vino que reservan,
para el placer, los bravos.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011

martes, septiembre 14, 2010

Constantino Cavafis / La tumba de Jases



Aquí descanso yo, Jases. De esta gran ciudad
efebo famoso por su hermosura.
Admirado por reflexivos sabios y también por
el pueblo simple y frívolo, me regocijaban
ambas cosas. Pero tanto
me compararon con Narciso y Hermes que
los abusos me consumieron, me mataron. Caminante,
si tú eres alejandrino, no me juzgues. Sabes de
la intensidad de nuestra vida, qué ardiente es,
qué voluptuosidad extrema.

1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998
---
Ilustración: Narcissus, 1881, Gyula Benczúr

lunes, septiembre 13, 2010

Constantino Cavafis / La tumba de Lanis



El Lanis que amaste no está aquí, Marcos,
en la tumba donde vienes a llorar, tantas horas.
El Lanis que amaste lo tienes más cerca
cuando en tu casa te encierras mirando su retrato,
ese que algo conservó de lo que tú has amado.

Recuerda, Marcos, cuando trajiste del palacio
del procónsul a aquel pintor famoso de Cirene,
y él, con astucia de artista,
al ver a tu amigo quiso convencerlos
de que debía pintarlo como Jacinto
(de tal forma, más conocida sería su pintura).

Pero Lanis no prestaba su belleza;
con firmeza y contrariado dijo
no ser Jacinto, no ser ningún otro,
sino Lanis, hijo de Ramético, un alejandrino.

1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998
---
Ilustración: Retrato de un joven como San Sebastián, 1528, Bronzino (Agnolo di Cosimo di Mariano)

martes, marzo 16, 2010

Constantino Cavafis / Dos poemas

Cosas escondidas

Que nadie trate de deducir quién fui
de todo lo que hice y todo lo que dije.
Había un obstáculo que deformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Había un obstáculo que me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Por medio de mis acciones más inadvertidas
y mis escritos más velados,
sólo por medio de estas cosas podré ser comprendido.
Pero quizá no valga la pena dedicar
tanto interés y tantos esfuerzos a descubrir quién soy.
Más adelante –en una sociedad más perfecta-
otro, hecho exactamente como yo,
sin duda aparecerá y actuará con libertad.


Media hora

Ni te he poseído ni te poseeré
nunca, creo. Unas pocas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es triste, no lo niego. Pero nosotros los artistas,
a veces, con el poder de la mente, y, claro está, sólo
por pocos minutos, creamos un placer
que casi parece real.
Así, en el bar anteayer –ayudado, además,
tan misericordiosamente por el alcohol-
pasé media hora totalmente erótica.
Y me parece que lo comprendiste
y te quedaste un rato más a propósito.
Y eso era muy necesario. Porque,
a pesar de toda mi imaginación y de la magia del vino,
me era preciso ver tus labios,
me era preciso tener tu cuerpo junto a mí.

Constantino Cavafis (Alejandría,1863-1933), Constantine Cavafy, Cien poemas, versiones de Francisco Rivera, Monte Avila Editores, Caracas, 1978

Ilustración: Cafe Royal, 1912, William Orpen

De Cavafis en este blog:
Los caballos de Aquiles / Un viejo / Che fece il gran rifiuto

lunes, abril 06, 2009

Constantino Cavafis / Tres poemas




Los caballos de Aquiles


Cuando vieron muerto a Patroclo,
tan valiente, tan fuerte y tan joven,
los caballos de Aquiles prorrumpieron en llanto;
su inmortal condición se indignó
ante la obra de la muerte que veían.
Alzaron su cabeza, sacudieron las largas crines,
golpearon el suelo con las patas, y lloraron
a Patroclo, a quien sentían inánime -destruido-
una carne abyecta ahora -el espíritu disipado-
indefenso -sin aliento-
hacia la inmensa Nada vuelto desde la vida.

Zeus vio las lágrimas de esos inmortales
caballos y sintió lástima. “En las bodas de Peleo”,
dijo, “no he debido actuar tan irreflexivamente.
Habría sido mejor no haberos regalado,
infelices caballos. ¿Qué ibais a hacer allí,
entre esos pobres seres, juguetes del destino?
A vosotros que estáis libres de la muerte y la vejez,
os atormentan calamidades pasajeras. En sus apuros
el hombre os ha atrapado”. Pero sus lágrimas,
por la calamidad eterna de la muerte,
seguían derramando los dos nobles animales.

1897


Un viejo

En la parte interior del ruidoso café,
inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo,
con un periódico frente a él por toda compañía.

Y en medio del desprecio de su miserable vejez,
piensa qué poco disfrutó los años
en que tuvo vigor, ingenio y apostura.

Sabe que ha envejecido mucho: lo siente, lo ve.
Sin embargo, el tiempo de su juventud parece
que fue ayer. ¡Que espacio tan breve, que espacio tan breve!
Y piensa en cómo lo engañó la sensatez,
en cómo siempre se fió —¡qué locura!—
de la embustera que le decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo”.

Recuerda los impulsos reprimidos y tantas
alegrías sacrificadas. De su necia prudencia
se mofa ahora cada ocasión perdida.

Pero de tanto pensar y recordar
el viejo se marea. Y se adormita
apoyado en la mesa del café.

1897


Che fece il gran rifiuto *

A ciertos hombres les llega el día
en que tienen que decir el gran Sí
o el gran No. Se ve inmediatamente quién lleva
por dentro el Sí dispuesto y, al decirlo,
avanza por el camino del honor, fuerte en sus convicciones.
El que niega, no se arrepiente. Si lo interrogaran de nuevo,
una vez más volvería a decir No. Y, sin embargo, lo aplasta
ese No —tan justo— durante el resto de su vida.

1901

* Alighieri, Divina Comedia, Inferno, Canto III: Que hizo el gran renunciamiento (N. del Ad.)

Constantino Cavafis (Alejandría,1863-1933), Constantine Cavafy, Cien poemas, versiones de Francisco Rivera, Monte Avila Editores, Caracas, 1978

Ilustración: Constantino Kavafis, 1933, grabado de Jorge Martínez García (sobre una fotografía), 2004 Craig Scott Gallery