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sábado, junio 13, 2020

Enrique Lihn / Dos sonetos















Los maniquíes son sinuosexuales

Los maniquíes son sinuosexuales
nunca ellos mismos ni igualmente otros
Los maniquíes son, no más, algotros
Cosa: ni vegetales ni animales.

En las vitrinas de las principales
calles del mundo viven de nosotros
mueren, si no los vemos, de nosotros
y al mirarlos ya somos sus vestales

y ellos las nuestras. Basta una mirada
que se tenga a sí misma por objeto
y se sirva del otro de sujeto

para que en esa escena entre la nada
haciendo del sujeto y del objeto
la misma vaina no identificada.


Paco, opa, copan, tango, paquito

Paco, opa, copan, tango, paquito
hay que bancarse aquí lo de tu muerte
y te la pintan de distinta suerte
-Viíz (z) te loco, los niños del distrito.

Buenos Aires y Malos, sos el grito
de coraje y terror que te convierte
pólvora y polvo en plomo de la muerte
en un poeta de la acción, maldito.

Dicen que estabas demasiado raro
cuando por un descuido voluntario
o casi, te quitaron el laburo

de vivir, que pagaste mío caro
un precio inmenso, absurdo, extraordinario
por hacerte el pesado, el muerto, el duro.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988), Mascaró, n° 5, Buenos Aires, mayo de 1986

Nota: Estos dos poemas de Enrique Lihn fueron publicados como inéditos hasta entonces, junto con poemas éditos y una breve entrevista firmada por Luis Eduardo Alonso

Envío de Eduardo Ainbinder

Otra Iglesia Es Imposible - Poeta Enrique Lihn - Memoria ChilenaGog y Magog - Op. Cit. - OverolDe Sibilas y Pitias - A Media Voz - La Caína - Eterna Cadencia - Vallejo & Co. - El Vuelo de la Lechuza
---
Foto: Claudia Donoso/Latin American Literature Today

viernes, marzo 20, 2020

Isabel Fraire / Dos poemas












Ahí está el jardín

Ahí está el jardín
desde que llegamos hemos estado pensando
             plantar más flores
         arrancar las yerbas
 quitar una pila de basura vieja que hay en un rincón

una o dos veces lo hemos regado

después nos hemos conformado con la lluvia
                     que cae
                             cada cuatro o cinco días

cuando llegamos
             una o dos flores violáceas    ágiles
                             translúcidas
                                       flotaban en el aire
                       destacadas contra el verde refrescante y umbroso

después aparecieron más

cada día había nuevas   milagrosas   corolas
                       meciéndose   entre tallos
                             y hojas esbeltas

poco a poco
           acabaron de salir todas las flores
              se agotó la cosecha

unos meses más tarde
            como movidos
                   por un impulso mágico
         dos rosales juntos
                se llenaron de flores
                             que luego
           
                                   unánimes
                                    se marchitaron

desde entonces

             cada tres o cuatro días
                             decimos

            hay que  comprar semillas
                         abonar la tierra
                         regar
                         cortar las flores secas
        quizás lo hagamos
entretanto
         el jardín
sigue su propia vida   y nosotros la nuestra


Día de verano

Día de verano
hilo de araña   plateado   meciéndose
puente delgado y tenso
contra un azul profundo blancas nubes
verde claro e intenso     contrastado con sombras
pasó la primavera         se aproxima el invierno
vuela un pájaro            un ladrido se oye en la distancia
               mientras      el sol
              aquí       calienta
               nada   por ahora   se mueve
el hilo de la araña       se destaca     meciéndose
                         frágil
                         resistente
                              tendido

               de lo oscuro     a lo oscuro

Isabel Fraire (Monterrey, México, 1934-Ciudad de México, 2015), Poemas en el regazo de la muerte, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1978
Envío de Eduardo Ainbinder

Isabel Fraire - UNAM - Enciclopedia de la Literatura en México  - Círculo de Poesía - Poesía Mexicana Contemporánea - Prensa Libre

Foto: Protestante Digital

miércoles, agosto 14, 2019

Gerardo Deniz / Mosca













Lo soy y mi abdomen
es de metal azul,
ningún insecto díptero me es ajeno. ¿Quedó claro?
Mi larva medró en un policía muerto
al sur de esta capital. Correcto.

Mi alma máter fue la que tenía que ser.
Allí, posada en tubos fluorescentes,
atendí a todas las clases, en las conferencias magistrales
me enteré de que todos los cretenses mienten.
Presencié cómo un tal viejo cachondo, Einstein creo,
era arrastrado sobre corcholatas y colillas (bachichas, puchas),
atados los pelos blancos al carro triunfal del antimonio Birkhof,
y tantísimas cosas más.

Llegado el período de los amoríodos,
sucumbí a las feromonas
y en el cuarto de baño rectoral consumamos nuestras nupcias
sobre baldosín, jabón y caca sabia.
Por el ventalle de cedros huimos a la atmósfera
sin desengancharnos,
impelidos por el bufar del viento
como Paolo y Francesca o Lamberto y Mamerta.
Abandoné a mi pareja cuando se luxó dos patas al hacer tierra;
le dejé un huevo ovalado de recuerdo
y volé a poner los demás en las legañas de un basarisco desahuciado.

Hube de buscar un tema para mi tesis de doctorado.
Opté por hacer un estudio sobre los perjuicios y estragos del neoliberalismo
sobre las moscas del pedregal adyacente.
Ayer empecé, pero hay que volar mucho y ya me siento cansada.
Afortunadamente mañana es domingo.
Atardece.
A duras penas logro distinguir a los lobos de los canes.
Aún distingo con facilidad las nervaduras blancas de las negras en mis alas,
pero esto no me da ni frío ni calor pues me emancipé del ramadán hace tiempo.
Ascenderé cuanto pueda, aun cuando me falla la respiración
y me aterra pensar que el mal del hongo ha hecho presa en mí.

Todo nos amenaza y quizás el tiempo no sea para tanto:
la noche promete ser larga y llena sucesos.
No: en el aire lo más temible son los murciélagos
que surgen de la noche con rectas zigzagueantes
o asintóticamente sobre el suelo
con bocas descoyuntadas, de tragaldabas rápidas,
entre la maleza que por ultrasonora
no trastorna la poética quietud
del castillo de grandes naipes sombríos.

Acaso sea peor a flor de piedra
pues está cubierta de telarañas pringosas
a más de grietas donde es posible cualquier cosa:
se habla de sistemas de túneles y galerías
donde se escuchan gritos y carcajadas lejanas,
todo un salvaje burdel gratuito que despierta entre pruritos.
Allí hay coleópteras panzarriba, desplegados los élitros,
ofreciendo vientres pataleantes
a odonatos infames e injustos,
mientras en los rincones efemerópteros raquíticos
exhalan penúltimos suspiros
masturbándose sin prisa.
Allí enormes grillotalpas pasean por pasillos estrechos su pavorosa mecánica
armada de serruchos;
allí humean sobre estufas las estofas de las estafas
de la trata de blancas, de negras o de verdes,
presas en ergástulas sucias.
A esta hora en que se exalta la fiesta en el pedregal extinto–
¡Xitle! En las crestas de pómez posa Tlazotéotl los talones amarillos
y la única mosca aún activa decide,
antes que nada, reconocer las luces.

Allá, al norte, arriba, en el piso catorce
(téngase presente que todo esto que narro aconteció hace largos años,
en tiempo de las apsaras),
yace en una cápsula un nuevo sesquiterpeno a medio desnudar
en este laboratorio de Canidia
y al cual lo abrasaron con tetróxido de osmio (pues se confesó glicol)
y ahora quieren capturar el fruto del estropicio
como dinitrofenilhidrazona,
cristalizada en mezcal de Oaxaca.
Tras encristalados distantes al oeste,
hominicacos amargados ordenan a sus jorgolines
encender todas las luces de las arañas opulentas.
Llega la mosca exhausta, otea y continúa.
Se eleva para contemplar el inmenso jardín bello y rocoso
desde las estribaciones más allá de donde el hombre llega.
Los cien mil ojos pueden ver, no parpadear. Ve, pues.

Es el jardín de Kachey
sin pájaros y sin fuegos.
Tierra adentro, piedra afuera,
la música está dada a la distancia
y no se oye sino el pitpat de un coyote herido
trotando por un apenas sendero,
sin dejar de dejar huellas con sangre.
Las luces se fueron apagando, ahora la luna
empieza a descender sobre el templo que nunca fue del todo.
Tose la mosca con su cuerpo entero
domeñado por la empusa.
Sólo aspira alcanzar la única luz amarillenta
que desafía a la lunar penumbra
y desafía a una pareja nueva
caída sobre surcos muy frecuentes.
Nobles cópulas les abrieron el camino, pero ahora
han pasado bajo el arco triunfal que conduce sin aduanas
al reino encantado de las parafilias químicamente puras (para análisis)
que los absorben horas enteras, hasta dormirse a media postura,
sin haber siquiera apagado la luz.
Afuera las oreadas mulatas circundantes sin chistar
preparaban con papel y carrizo un amanecer glorioso
digno del día tan festivo aún frío en la olla.
Cuando ellos despertaron tuvieron la primera riña, a propósito de quién iría a
mear primero.
Bien meados, y reconciliados, él se fijó en la mosca pegada al vidrio:

Él: –Ve, fíjate:
a esta pinche mosca le cayó la empusa.
–¿Qué es eso? –Una vil mucoral de las que tú sabes:
la mosca aspira por las tráqueas y se ahoga.
Dirían en mi tierra: se la chupó la bruja.
Qué bueno que no seas mosco: ni tú oruga.
–¿Tú qué sabes? –Sólo me veo a luz más cierta
frente a hongo, pelusa y mosca muerta.

Gerardo Deniz (Madrid, 1934-Ciudad de México, 2014)

Tupé,
número 7,
Buenos Aires, agosto 2019,
Publicación original:
revista Este País, enero 2014








Nota: Este número de la revista Tupé está dedicado a poemas sobre insectos. El de Deniz no fue publicado en sus libros, se aclara

Persée - Luvina - Milenio - Letras Libres - ZonaPaz - Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Hilo Directo

viernes, marzo 29, 2019

João Cabral de Melo Neto / Dos poemas













Sobre Elizabeth Bishop

Quien hable como ella habló
llevará una lente especial:
no agranda ni disminuye,
esa lente filtra lo esencial

que todos vemos pero no vemos
hasta impedirle a hablar de él:
lo esencial que filtra está vivo
e inquieto como cualquier pez.

No se sabe es la sabia receta
que hace que su palabra esencial
conserve encendido en un libro
el vigor del pez inaugural.

[Versión de E.A. y J.S.]


Caricatura de Henry James

Él, novelista solterona
pregunta a otra matrona:

cómo comportarse en la mesa,
cómo comportarse en la iglesia,

cómo comportarse en la estrecha
y de mil tonos, moral inglesa,

él, bien criada neoyorquina
a quien lo que es América irrita.

Cómo se ha de estar en esas salas
donde no va, pero de las que habla,

cómo vivir aquella vida:
cuál sería la mejor regla

para ser aceptado, como igual,
en ese laberinto moral

que él ya borda, con el cuidado
que la matrona pone en el bordado.

[Versión de E.A.]

João Cabral de Melo Neto (Recife, Brasil, 1920-Río de Janeiro, Brasil, 1999), Agrestes, Editora Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1985
Envío de Eduardo Ainbinder

Cultura Genial - Pidotiempo - Poemas del Alma - El Cultural - Literal

Foto: João Cabral de Melo Neto Brasília in Foco

SOBRE ELIZABETH BISHOP

Quem falar como ela falou
levará a lente especial:
não agranda e nem diminui,
essa lente filtra lo essencial

que todos vemos mas não vemos
até o cegar a falar dele:
o essencial que filtra está vivo
e inquieto como qualquer peixe

Não se sabe é a sabia receita
que faz sua palabra esencial
conservar aceso num livro
o aço do peixe inaugural.


CARICATURA DE HENRY JAMES

O romancista solteirona
pergunta a uma outra matrona:

como comportar-se na mesa,
como comportar-se na igreja,

como comportar-se na estreita,
e de mil tons, moral inglesa,

ele, bem-criada nova-iorquina
a quem o que é América irrita.

Como se há de estar nessas salas,
onde não vai, mas de que fala,

como viver naquela vida:
qual seria a melhor cartilha

para ser aceito, como igual,
nesse labirinto moral

que ele já borda, com o cuidado
que a matrona põe no bordado.

sábado, octubre 24, 2015

Kenneth Patchen / Dos poemas
















El soldado y la estrella  

El rifle apunta:
Hace lo que los rifles hacen.

La estrella es muy bonita: 
Haciendo lo que las estrellas hacen.

Diles, oh Soñador, que algunos fueron
Asesinados al principio de la matanza

Diles, oh Soñador, que la lluvia y la nieve
Están cayendo sobre esas pobres cabezas sin jinete.

Diles, oh Soñador, que hay unas manos miserables
     flotando en el agua…
Manos heladas que habrán de alcanzarlos en sus cálidos
     lechos.


Toda la noche estruendosa

Está bien oscuro, Jack
Y las estaciones allá afuera no se identifican
Estamos totalmente ciegos, como ratas quemadas
Se está acabando
A nuestro alrededor
Las huellas de la bestia, una bestia de la que nadie
    sabe nada
Los ojos en blanco
De algo allá arriba
Algo que ni siquiera sabe que existimos
Me huele a corazones rotos allá arriba, Jack
Un corazón roto en el centro de las cosas —
Y nosotros no contamos para nada

Kenneth Patchen (Niles, Estados Unidos, 1911-Palo Alto, Estados Unidos, 1972), Material de Lectura, número 116, Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), Ciudad de México, 2012
Selección y traducción de Alberto Blanco

Foto: The American Reader

martes, abril 21, 2015

Néstor Groppa / Mis anteojos perdidos














Qué estarán mirando mis anteojos.
Sin mis ojos, ya no sirven.
Vacíos y con un solo paisaje fijo, son ciegos
perdidos un en maizal de letras y otro maizal
de cosas. Mendigan paisajes
de este mundo y de los demás.
Qué estarán dejando mirar y desde qué ángulo.
Aunque sus cristales entiendan y corrijan
les faltará el corazón que les encienda
una fiesta más la primera lluvia de la primavera,
la glicina de la nostalgia, los pétalos de los afectos,
las conclusiones constantes.
Porque ya nadie podrá cantar tras ellos
lo perdurable que enhebran los días.
Sus distancias quedarán en dibujos que nadie entienda.

Serán idioma que se irá apagando. Puras nieblas de acecho.
Alejados de mí, huérfanos de mis ojos
de espíritu mirador,
y lector,
ninguno podrá con ellos enamorar y besar el corazón
de las cosas.
Pobre mis anteojos con esa inútil
vaguedad verdosa, con su único paisaje helado
de muerte, para el resto del tiempo.
Y sus cristales sin ojos
como una ventana abierta a la que nadie asoma,
en la que de vez en cuando aparece un ciego
gesticulando al paredón del mundo:
“Para qué quiere el ciego
casa pintada;
ventanas a la calle
si no ve nada”
                                       dice el cantar

                                       Para qué mis anteojos
                                       al que los halló
                                       si esos vidrios sólo hablan
                                       cuando miro yo.

Néstor Groppa (Laborde, Córdoba, Argentina, 1928 -San Salvador de Jujuy, Argentina, 2011), Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2004
Envío de Eduardo Ainbinder

lunes, abril 20, 2015

Alejandro Romualdo / Cosa corriente









Si me volteo para ver qué pasa,
pasa un río de sangre bajo el puente.
De arriba a abajo. Rasa la corriente,
bramadora de sangre y de sanguaza.

Y si salgo a la calle, con la masa
hambreada, aprendo al tiro, mortalmente,
que la sangre es igual: cosa corriente,
arriba, bajo el puente y en la plaza.

Igual. Cosa corriente, en este valle
de sangre, en donde un hombre tira al blanco,
al negro, al rojo, y barre de la calle

al mendigo sentado junto a un Banco
de sangre y soledad. Y es un detalle
que quien no queda cojo quede manco.

Alejandro Romualdo (Trujillo, Perú, 1926-Lima, 2008), Como Dios manda, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1967
Envío de Eduardo Ainbinder

domingo, marzo 25, 2012

Basilio Uribe / De "La ballena"




Algunas decadencias

La pera comienza a deshacerse,
pierde los bordes, se vuelve transparente
y blanda en la carne
que debía resistir la lengua,
y en la zona de los límites,
donde fluía el agua dulce y nítida,
se adormila el gusto, híbrido ahora
de batata y papa que han estado
demasiado en el hervor.

Otra experiencia más que se degrada.
Es difícil retener el instante fugaz
de la madurez perfectamente joven.
E inútil aclararlo.
Cualquiera sería mirado con asombro
si en el almuerzo explicara
qué es un verso, y cómo puede
pasarse de punto en el pulido del oficio,
esa maldita cocina de la muerte.

5-III-75


La otra orilla

Cada día sentía el odio hecho de amor
entre zarzas y espinas que la ira
no lograba sofocar.
La vida provendría de un equivoco lejano
visto demasiado de cerca. Las espinas
serían hilos y hebras de ese nido.
Y canto sus chirridos.

9-IX-80

Basilio Uribe (Buenos Aires, 1916-1997), La ballena, Emecé, Buenos Aires, 1981

Foto: Basilio Uribe en Fundación Kónex

miércoles, agosto 18, 2010

Alfonso Reyes / Propio camaleón de otros cielos...





Para un mordisco

Propio camaleón de otros cielos mejores,
a cada nueva aurora mudaba de colores.

Así es que prefiera a su rubor primero
el tizne que el oficio deja en el carbonero.

Quiero decir (me explico): la mudanza fue tal,
que iba del rojo al negro lo mismo que Stendhal.

Luego, un temblor de púrpura casi cardenalicio
(que viene a ser también el tizne de otro oficio)

se quebró en malva y oro con bandas boreales,
que ni el disco de Newton exhibe otras iguales.

Es muy de Juan Ramón esto de malvas y oros,
o del traje de luces de un matador de toros.

Y no sé si atreverme, en cosa tan sencilla,
a decir que hubo una “primavera amarilla”,

con unas vetas verdes, con unos jaspes grises
en olas circunflejas como en el mar de Ulises.

¡Ulises yo, que apenas de Caribdis a Escila
-de un vértice a un escollo- saciaba la pupila!

Porque como es efímero todo lo que es anhelo,
el color se evapora y otra vez sube al cielo,

y ya sabemos que poco a poco se va
aun la marca de fuego de la infidelidá.

Y se acabó la historia. –Tal era la mordida
que lucía en el anca mi querida.

Alfonso Reyes (Monterrey, 1889-Ciudad de México, 1959), Una ventana inmensa. Antología poética, edición a cargo de Gerardo Deniz, Editorial Vuelta, México, 1993

Foto: Reyes, 1949 internet

viernes, julio 23, 2010

Marina Tsvetáyeva / Dos poemas




A mis versos…

A mis versos escritos tan temprano,
que no sabía yo que era poeta,
brotados como chorros de una fuente
como chispas de un proyectil,

llegados como diablos diminutos
al templo del incienso y del sueño,


a mis versos de muerte y juventud
-¡Intactos! ¡No leídos! ¡Solos!

Dispersos entre el polvo de las tiendas,
donde nadie los ve ni los verá.
como a vinos excelsos a mis versos,
también les llegará su hora.

Koktebel, 13 de mayo de 1913


Mi día…

Mi día es desordenado y absurdo:
al poderoso le pido pan,
al rico le ofrezco una limosna,

enhebro en una aguja – un rayo,
al ladrón confío – la llave,
con cascarilla doy color a mi pálido rostro.

El pordiosero no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no entra por la aguja.

El ladrón entra sin llave,
y yo, tonta, me deshago en lágrimas-
por un día vano e inútil.

27 de julio de 1918

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892  -  Yelábuga, 1941), Un espíritu prisionero, traducción de Selma Ancira, Galaxia Gutenberg, España, 1999
---
Foto: Marina Tsvetáyeva, 1925 Pyotr Shumov / Wikimedia Commons

martes, julio 06, 2010

Juan José Hernández / Dos poemas




Antes de la lluvia

A José Bianco

La espiral o corona
de insectos voladores,

el canto de las ranas
en las zanjas,

el pájaro que afloja
la tensión de sus alas,

el sopor de la gata
en la silla de hamaca,

y el aire empalagoso
con moscas obstinadas.

(Muy pronto las mujeres,
temerosas del rayo
cubrirán los espejos de la casa.)


Vuelo nupcial

Degradación de lo húmedo y pulposo,
la mancha azul, ribeteada de pecas
blanquecinas en un limón maduro.
No así la incorruptible levedad
de estos insectos del verano
en su vuelo nupcial llevados por el viento.
Miles de ellos –nube frenética
girando en torno a un farol callejero-
sucumbirán después de una tormenta:
sosegada basura entre las hojas secas.

Juan José Hernández (San Miguel de Tucumán, 1931-Buenos Aires, 2007), Desiderátum. Obra Poética, Adriana Hidalgo Editora, 2001

Foto: Hernández s/d

martes, marzo 16, 2010

Constantino Cavafis / Dos poemas

Cosas escondidas

Que nadie trate de deducir quién fui
de todo lo que hice y todo lo que dije.
Había un obstáculo que deformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Había un obstáculo que me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Por medio de mis acciones más inadvertidas
y mis escritos más velados,
sólo por medio de estas cosas podré ser comprendido.
Pero quizá no valga la pena dedicar
tanto interés y tantos esfuerzos a descubrir quién soy.
Más adelante –en una sociedad más perfecta-
otro, hecho exactamente como yo,
sin duda aparecerá y actuará con libertad.


Media hora

Ni te he poseído ni te poseeré
nunca, creo. Unas pocas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es triste, no lo niego. Pero nosotros los artistas,
a veces, con el poder de la mente, y, claro está, sólo
por pocos minutos, creamos un placer
que casi parece real.
Así, en el bar anteayer –ayudado, además,
tan misericordiosamente por el alcohol-
pasé media hora totalmente erótica.
Y me parece que lo comprendiste
y te quedaste un rato más a propósito.
Y eso era muy necesario. Porque,
a pesar de toda mi imaginación y de la magia del vino,
me era preciso ver tus labios,
me era preciso tener tu cuerpo junto a mí.

Constantino Cavafis (Alejandría,1863-1933), Constantine Cavafy, Cien poemas, versiones de Francisco Rivera, Monte Avila Editores, Caracas, 1978

Ilustración: Cafe Royal, 1912, William Orpen

De Cavafis en este blog:
Los caballos de Aquiles / Un viejo / Che fece il gran rifiuto

martes, diciembre 01, 2009

Ronald Kay / Tres poemas



X
A título de ejemplo


La página carcomida por su propia escritura
Propaga la última palabra del progreso:
La muerte del autor en el número fantasma
De las bellas letras. La ilusión óptica
De que el bosque a cada paso ofrece
Admirables temas de pintura,
Traerá consigo el olvido total.
Más allá de los poderes de falsificación,
La honestidad es la ortografía
El último cuadro, inconcluso.


XX
Arco de triunfo del siglo Veinte

Cuando después de poco se retoca la palabra
la parte invisible de cada hecho
configura un panorama lleno de amenaza:
basta con un solo cuerpo extraño
en la quietud del mundo inorgánico
para crear un mundo de opinión
en favor de las actividades sexuales.
No siempre los gobiernos hicieron
uso inobjetable de las poderosas armas.
Para no atribuirle a la situación
más importancia de la que tiene en realidad,
los documentos oficiales
están a disposición de todos.


XXX
Clarity is not enough


Quienes tienen a su cargo
Tan delicada como responsable misión
Parten a los alrededores
A escrutar los rostros
A remozar los monumentos sumergidos
En los años, a sospechar de todo
Y de cada uno
El placer de vivir en un espectáculo
Reproduciendo
La incertidumbre
de un hecho inconcluso.


Ronald Kay (Hamburgo, 1941) Variaciones ornamentales, Ediciones Universidad Diego Portales, 2009, Santiago de Chile

Foto: Kay Viviana Morales/El Mercurio, Chile

lunes, noviembre 09, 2009

Alberto Rubio / Zángano

Zángano

Zángano que expulsaron las obreras
entró en mi cuarto, ronco y decidido,
buscando un agujero para nido,
cansado de volar por las praderas.

Ojalá hallar un hueco en las maderas
beber la oscuridad del hondo olvido
comerse el propio cuerpo sumergido
renunciando a las mieles y a las ceras.

Anidado en tiniebla de hendidura,
las alas en la red de su atadura,
bebe la oscuridad desesperado

sin poder tiritar con más soltura
ni descansar por fin siendo bocado,
muerta la araña en su tejido al lado.

Alberto Rubio (Santiago de Chile, 1928-2002)
Erwin Díaz, Poesía chilena de hoy. De Parra a nuestro días, Documentas, Santiago de Chile, 1988 (Metales Pesados, 2005)

Foto: Rubio letras.s5.com

martes, noviembre 03, 2009

W.H. Auden / Quién es quién



Una biografía común y corriente dará todos los datos:
el padre le pegaba, y se escapó de casa;
tuvo peleas en su juventud, y actos
que lo convirtieron en el hombre más grande de sus días;
luchó, pescó, cazó, trabajó la noche entera;
aunque agotado, escaló nuevas montañas, y dio nombre a un océano.
Algunos estudiosos más recientes dicen, incluso,
que por amor derramó algunas lágrimas, igual que tú y yo.

Con todos sus honores, suspiraba por alguien
que, según los atónitos críticos, vivía en su casa,
alguien que hacía sus labores con esmero
y nada más, que silbaba, se sentaba a descansar
o trabajaba en el jardín. Que contestó algunas
de sus largas y magníficas cartas, sin guardar ninguna.

W. H. Auden (York, 1907-Viena, 1973), W.H. Auden: Los primeros años, traducciones de Rolando Costa Picazo, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1994

Who’s Who
A shilling life will give you all the facts:/ How Father beat him, how he ran away,/ What were the struggles of his youth, what acts/ Made him the greatest figure of his day;/ Of how he fought, fished, hunted, worked all night,/ Though giddy, climbed new mountains; named a sea;/ Some of the last researchers even write/ Love made him weep his pints like you and me.// With all his honours on, he sighed for one/ Who, say astonished critics, lived at home;/ Did little jobs about the house with skill/ And nothing else; could whistle; would sit still/ Or potter round the garden; answered some/ Of his long marvellous letters but kept none.
---
Ilustración: HMS Victory entering Portsmouth Harbour, Bill Bishop, 1812 Royal Naval Museum Gift Shop

De Auden en este blog:
Bruselas en invierno
Gare du Midi / Musée des Beaux Arts

domingo, octubre 04, 2009

Enrique Lihn / Para Andrea




La oruga es una trabajadora infatigable, mata
con su apetito sin boca algunos centenares de hojas
que el árbol le tiende compasivo de su ceguera
para ayudarla a cruzar la calle.
No deja más que huecos a su paso tal como la pinta esta tarjeta postal.
La mariposa, en cambio, salta del capullo
en el instante mismo de su transfiguración
En que como una flecha de nacimiento
abre los ocelos de sus alas a la luz
pero quizá no los ojos, porque también está ciega.
Ella baila con sus alas de artista
como una gitana al son de violines húngaros
y no se detiene dos veces en la misma flor.

La mariposa no puede recordar que ha sido oruga
así como la oruga no puede adivinar que será mariposa
porque los extremos del mismo ser no se tocan.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988), A partir de Manhattan, Ganymides, Valparaíso, 1979
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Foto: Letralia
De Lihn en este blog:
de Estación de los desamparados
La revolución es

martes, septiembre 29, 2009

Raúl González Tuñón/ De "Todos bailan", 2



















Blues de Río Gallegos

Te amo a doce grados bajo cero
en un pueblo de soles indecisos, de gruesas lluvias
y de perros lentos,
frente al mar que trae disputas de brújulas y vientos.
Este es el auténtico corazón de la soledad
y la mañana se ha tirado en el puerto
contra barcos alcohólicos, dormidos, fatigados,
que vienen de los países de los mapas gastados,
los alevosos asesinatos, las suntuosas pieles,
los jugadores fulleros y los zorros colorados.
Este es el auténtico corazón de la soledad y de los desencuentros.
Sin embargo aquí encontré a un viejo amigo
sentado al piano con un tango antiguo
-“la vieja está en la cueva
los pajaritos cantan
bien puede ser que llueva
las nubes se levantan”.
Bien puede ser que con estas bellas cosas que te digo
escriba una canción, ahora, cuando nadie escribe canciones.
Aquí se vive de la lana y de los cazadores trashumantes.
aquí se muere, hija mía, y por la noche
mi espectro ha recorrido los prostíbulos,
mi gran alma canalla, ha conversado con mujeres torpes
de roncas voces y de ojos rasgados,
que conocieron a Sebastián Elcano.
La asamblea de los pingüinos prometía otras latitudes
desde el avión, muchacha.
Pero yo te envío mi amor a doce grados bajo cero
y la señorita del correo no sabe nada,
mientras los obreros,
ah, los obreros envejecen en los frigoríficos
y la veletas,
ah, las veletas en los tejados rojos enloquecen
y en la calle ancha,
ah, en la calle ancha debe estar esperando la muerte.

Patagonia 1932

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), Todos bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987

De Tuñón en este blog:
"Me moriré en París"
Los seis hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo / Blues de los pequeños deshollinadores
Escrito sobre una mesa en Montparnasse y Lluvia, Antología votada de poesía argentina
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Ilustración: Paisaje frío, Rubén Bello Traverso, 2009 RBT

viernes, septiembre 25, 2009

Max Jacob / Mendigos



Exito de la confesión

Sobre el camino que conduce a un campo de carreras había un mendigo parecido a un criado: “Tenga piedad de mí”, decía, “soy vicioso e iré a jugar el dinero que me den ustedes”. Y así, en este estilo, seguía su confesión. El mendigo tenía un gran éxito, y lo merecía.

De El cubilete de dados. Traducción de Guillermo de Torre, Losada, Buenos Aires, 2006


La mendiga de Nápoles

Cuando yo vivía en Nápoles, había en la puerta de mi palacio una mendiga a la que yo arrojaba monedas, antes de subir al coche. Un día sorprendido de que nunca me diera las gracias, miré a la mendiga; entonces vi que lo que había tomado por una mendiga más bien era un cajón de madera, pintado de verde, que contenía tierra colorada y algunas bananas medio podridas.

De Cuentos breves y extraordinarios. Traducción de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1968

Max Jacob (Quimper, 1876 - Drancy, 1944)

Ilustración: Max Jacob Literatura Francesa y Traducciones

martes, septiembre 01, 2009

Aldo Oliva / Dos poemas


Rasgo fugaz

Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.

Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.


Fresno

Arrodíllate, Fresno: serás ejecutado;
profusas, humildes ramínculas,
tajeadas cortecitas, apagada flor,
retorcido recato
vedan tu médula corrupta
y sabotea lo natural la justicia.
Ya lo cantaban los azahares desde el alba:
“muerte a quien no da vigor
al amo de la renta sometida.
Te enmascaras Fresno, y simulas
tejerte en la bondad de las horas
que pasan; tienes astucia.
Pero la exhibición productiva
te arrasará. Lo simple caducará”.
¿Mienten, cantando, los azahares
desde el alba?

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva, 1993, por Claudia del Río, op. cit.

De Oliva en este blog: Fábula barrial: primavera

sábado, agosto 15, 2009

Carlos Pellicer / Sonetos a Gorostiza



Diciéndole a José Gorostiza

Uno

¿Te diste cuenta de que en Junio el día
tiene algo de la noche? La pregunta
lleva en la flor de tu presencia adjunta
el fruto silencioso deste día.

Algo de subterránea idolatría
alcanza al cielo que el amor conjunta
y entre el día y la noche se barrunta
todo eso que no sé y es cosa mía.

Pasa por la alegría un soplo obscuro
que fácil pudo unirse a lo maduro.
Desbaraté con mis palabras eso

que nunca supe lo qué es. Y sigo
diciéndote de Junio… Libre y preso,
si te das cuenta de lo que yo te digo.


Dos

La ventana soy yo. El todo afuera
está dentro de mí. Te sigo ardiendo
sin que nadie lo vea. No destruyendo
la luz de piedra de tu cordillera.

Dentro de mí se ve crecer lo afuera.
La luz que no fue mía ya la enciendo.
La flor cuya belleza nunca entiendo
me da en los ojos su fulgor ceguera.

Me dices que así es Junio. Yo quisiera
desnudarme en sus ojos. Desde afuera
verme por dentro. Sin decirme nada

volver a las antiguas geometrías.
Y estoy entre mi nube y tu almohada
viendo caer las noches y los días.


Tres

Tu ausencia es para siempre. Te quedaste
para siempre también. Juntos hallamos
lo que nunca se encuentra. Embalsamamos
lo frutal de la vida. Todo amaste

sin decírselo a nadie. Tu desgaste
fue propio de la luz. Si nunca estamos
en donde todo el mundo, es porque estamos
con nosotros y en todo. No hay contraste.

El papelito de la mariposa
que cayó en una rosa, por descuido
sólo nosotros lo leímos. Cosa

que nadie toma en cuenta. Noche tuya
fue día para mí. Lo prometido
es deuda. Que anochezca y que concluya.

Lomas de Chapultepec, 17 de Junio de 1973

Carlos Pellicer (Villahermosa, Tabasco, 1897 - Ciudad de México, 1977), José Gorostiza - Carlos Pellicer, Correspondencia 1918-1928, Ediciones del Equilibrista , México, 1993

Nota del Ad.: Pellicer escribió estos sonetos exactamente tres meses después de la muerte de José Gorostiza (Villahermosa, 1901-Ciudad de México, 1973)

Foto: Pellicer La Jornada, México