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sábado, enero 03, 2015

Allen Ginsberg / Catulo / Malest Cornifici tuo Catullo












Soy feliz, Kerouac, tu alocado Allen
por fin lo ha hecho: ha descubierto a otro jovencito
y mi fantasía de un chico eterno
camina por las calles de San Francisco,
hermoso, y me encuentra en cafeterías
y me ama. Ah, no pienses que soy un asco.
Estás enojado conmigo. ¿Debido a todos mis amantes?
Es duro comer mierda sin tener visiones;
cuando ponen sus ojos en mí es como
el Paraíso.

S.F, 1955

Allen Ginsberg (Newark, 1926-Nueva York, 1997), Reality Sandwiches, City Lights, San Francisco, 1961.
Versión de Jonio González

MALEST CORNIFICI TUO CATULLO

I'm happy, Kerouac, your madman Allen's
finally made it: discovered a new young cat,
and my imagination of an eternal boy
walks on the streets of San Francisco,
handsome, and meets me in cafeterias
and loves me. Ah don't think I'm sickening.
You're angry at me. For all of my lovers?
It's hard to eat shit, without having visions;
when they have eyes for me it's like
Heaven.

SF 1955












XXXVIII

Mal le va, Cornificio, a tu Catulo;
le va mal, ¡por Hércules!, y a trancas y barrancas,
y más y más de día en día y de hora en hora.
Y tú (¡con lo poquito y lo fácil que es!),
¿con qué palabras lo estás consolando?
Estoy enfadado contigo. ¿Así tratas mi cariño?
Poco te cuesta cualquier palabra,
más triste que las lágrimas de Simónides.

Cayo Valerio Catulo (Verona, 84 a.C-Roma, 54 a.C), Catulli Carmina, Babab.com, vol. 7, Madrid, marzo de 2002, edición revisada. Texto, traducción y notas de Rosario González Galicia.
Envío de Jonio González

XXXVIII

Malest, Cornifici, tuo Catullo,
malest, me Hercule, et laboriose,
et magis magis in dies et horas.
Quem tu – quod minimum facillimumque est
qua solatus es allocutione?
Irascor tibi. Sic meos amores?
Paulum quid lubet allocutionis,
maestius lacrimis Simonideis. 


Foto: Busto de Catulo en Sirmione, Brescia

jueves, junio 27, 2013

Poemas elegidos, 51


Ignacio Uranga
(Bahía Blanca, 1982)

31, de Safo; LI, de Catulo
Dos poemas a los que siempre vuelvo y en los que siempre encuentro alguna novedad. Ahora se me ocurre, por ejemplo, que el fragmento de Safo sea, quizá, el primer testimonio de algo que en la actualidad prolifera, llámese “panic attak”, crisis de ansiedad, o como sea. Entre otras cosas, es una posible respuesta a por qué estos poemas son un clásico: textos que no envejecen. En lo estrictamente formal, la lengua griega y el latín me hicieron pensar qué cosa es la “dispositio”, eso llamado “ritmo” en el formalismo. Rubén Darío decía que si la lengua española se oyera bien, se vería que aún siguen existiendo, además de los de intensidad, los acentos de altura. Luego, y en relación también a esto, leer las coplas de Manrique da cuenta de que esa estrofa, aun sin respetar la métrica grecolatina, tiene su origen en estos poemas, de modo que ahí tenía otra cosa para pensar, y es el hecho de que no ya los motivos o temas, sino la forma misma hablara y creara un palimpsesto, eso que hizo Catulo al reescribir el fragmento de Safo. Digo “reescribir” porque la operación catuliana pone en evidencia -y quizá sea otro primer testimonio- que traducir posiblemente no sea otra cosa que reescribir. Más allá de todo lo dicho sobre la traducción, esa “aemulatio”, de un poeta tan original como Catulo, no deja de ser, y sigo leyendo el plano formal, la exposición de proyecto poético; es decir, un poeta novedoso en su época, que no deja de atender a eso que venía de atrás, la tradición. Pareciera estar diciendo que la novedad no surge desde la nada, y que quien crea que sí, puede quedar entrampado en la transgresión por la transgresión misma. Suficientes motivos como para volver -si tal cosa se pudiera- una y otra vez a estos dos poemas y a los sinnúmeros de poemas que generan en cada traducción, es decir, en cada reescritura.


[Fragmento 31]

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta aun pobre...

Safo (Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


[LI]

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo y nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Catulo (Verona, c. 87 a.C.-Roma, c. 54 a.C.)

Versiones de Ignacio Uranga

Foto: Ignacio Uranga en Urbe Salvaje

lunes, abril 18, 2011

Safo/Catulo



Safo
Fragmento 31

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta cuando pobres...

Safo (Isla de Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


Catulo
Carmines

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Caius Valerius Catullus (Verona, 87 aC. - Roma, 54 aC)
Versiones de Ignacio Uranga


φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν' ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τό μ' ἦ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν,
ὠς γὰρ ἔς σ' ἴδω βρόχε' ὤς με φώναισ'
οὐδ' ἒν ἔτ' εἴκει,

ἀλλ' ἄκαν μὲν γλῶσσα ἔαγε λέπτον
δ' αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμηκεν,
ὀππάτεσσι δ' οὐδ' ἒν ὄρημμ', ἐπιρρόμ-
βεισι δ' ἄκουαι,

έκαδε μ' ἴδρως ψῦχρος κακχέεται τρόμος δὲ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ' ὀλίγω 'πιδεύης
φαίνομ' ἔμ' αὔται·

ἀλλὰ πὰν τόλματον ἐπεὶ καὶ πένητα

*

Ille mi par esse deo videtur
ille si fas est superare divos
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit
dulce ridentem misero quod omnis
eripit sensus mihi nam simul te
Lesbia aspexi nihil est super mi
vocis in ore
lingua sed torpet tenuis sub artus
flamma demanat sonitu suopte
tintinant aures gemina teguntur
lumina nocte.
Otium Catulle tibi molestum est
otio exsultas nimiumque gestis
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes

---
Ilustración: Safo y Alceo, 1881, Lawrence Alma-Tadema

miércoles, abril 01, 2009

Catulo-Ezra Pound / N.Y. - Carmina, VIII



N.Y.

Ciudad blanca, amada,delicadamente
en la música de esta flauta, atiende.

Sé, ahora, que estoy loco
porque aquí hay un millón de almas
ásperas por el tráfico
y no sabría tocar una flauta si la tuviera.

Ciudad blanca, amada,
eres una chica sin pechos
esbelta como una flauta.
Escúchame, atiende,
te infundiré un alma.
Y tú, Catulo, resiste.

Ezra Pound (Hailey, 1885- Venecia, 1972), "Ripostes (1912)", Poems & Translations,The Library of America, New York, 2003
Catulo (Caius Valerius Catullus, Verona, 87 aC.-Roma, 54 aC.), Carmina, Biblioteca Babab

Versiones y montaje: J.A.

N.Y.

My City, my beloved, my white! Ah, slender,/ Listen! Listen to me, and I will breathe into thee a soul./ Delicately upon the reed, attend me!// Now do I know that I am mad,/ For here are a million people surly with traffic; / This is no maid. /Neither could I play upon any reed if I had one.// My City, my beloved,/ Thou art a maid with no breasts, / Thou art slender as a silver reed./ Listen to me, attend me! /And I will breathe into thee a soul,/ And thou shalt live for ever. E.Pound


Carmina, VIII

at tu, Catulle, destinatus obdura. 

Catulo

---
Ilustración: Jol, Xul Solar, 1926. MALBA, Buenos Aires

jueves, marzo 19, 2009

Catulo / Versiones



[XXII]

Ese Sufeno, Varo (tú lo conoces),
tan elegante, ingenioso y refinado,
también hace versos. Más versos que nadie.
Miles de versos, y no como nosotros
en papiros baratos: en papel "Carta Imperial",
rollos nuevos, con estuches nuevos, cintas
de seda, y empastadura de pergamino fino,
rayados con plomo y pulidos con piedra pómez.
Pero lo lees, y el exquisito, el lindo
Sufeno, el dandy de los banquetes,
se transforma en un cuidador de cabras,
en un peón escribiendo poesía.
¡Y nada le halaga tanto como escribir poesía!
Pero, Varo, todos somos Sufeno en una cosa
o en otra, y no nos damos cuenta.
Todos llevamos un Sufeno dentro.


[XXVI]

Furio, no está mal mi pequeña villita azotada
ni por el Austro, ni por el Céfiro,
ni por el fiero Cierzo invernal,
sino por una hipoteca de quince mil doscientos sestercios.
¡Qué diferente condición atmosférica!

(Versiones de Ernesto Cardenal en Catulo y Marcial, Editorial Laia, Barcelona, 1978)

*

[VIII]

Abandona el ridículo, desdichado Catulo;
y lo que ves que ha muerto
considera perdido.
Un tiempo, albos,
ardientes rayos de un sol,
al fulgurar, tú poseías,
cuando pertinaz,
en la muchacha,
succionado, recaías:
la que amamos cual ninguna
debe ser amada.
Allí,
en donde los copiosos
goces resurgían:
los que tu deseabas
y a la muchacha no desencantaban.
Ciertamente, poseías el fulgurar
de un sol, rayos
albos, ardientes.

Ahora, ya ella no lo quiere;
tú, entonces, impedido, tampoco.
No aceches a quien huye, ni agobiado vivas,
sino con ánimo obstinado, paciente,
resiste.
Adiós muchacha. Ya resiste Catulo,
no te persigue -violentándote- ni ruega.
Mas, no hallándote rogada,
dolorida estarás.
Ay de ti, pérfida! Qué vida te reservas?
Quién ahora se te ofrenda?
Por quién bella eres vista?
A quién hoy amarás? De quién
se dirá que perteneces?
A quién has de besar? Qué labios morderás?
Pero, tenaz, tú, Catulo,
resiste.

(Versión de Aldo Oliva en Leaving Salonica)

*

[LI]
Aquel me parece ser un dios, aquél, si no es una impiedad, me parece superar a lo dioses, el que, sentado frente a vos, constantemente te observa y escucha tu dulce reír. Miserable, esto desgarra todos mis sentidos, pues tan pronto como te veo, Lesbia, nada resta de mí... La lengua se entorpece, una tenue llama fluye por debajo de los miembros, los oídos tintinean con su propio sonido, las lámparas gemelas de mi rostro se cubren con noche.
El ocio, Catulo, te molesta, con el ocio te regocijás y te alegrás demasiado: El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades.

(Leonor Silvestri, Versiones rioplatenses y libres de poemas de Catulo, Diario de una Poeta Mala)

*

[XVI]

Se la meteré y me la chuparán,
Aurelio, comilón, Furio, culastro,
que me consideran basto
porque son mis versos ligeros.
Es adecuado que el poeta
sea personalmente puro,
no que sus versos lo sean.


[LXXXV]

Odio y amo. Me preguntarás cómo lo hago.
No lo sé. Pero sé qué es, y me crucifica.


[LXXXVII / LXXV]

Ninguna mujer puede decir que fue amada
como yo a ti, Lesbia, te amé.
Ningún pacto de amor fue mantenido
con la fidelidad con que mantuve el mío.
Tanto, Lesbia, mi alma has reducido
que no podría quererte aunque fueras buena,
ni dejar de desearte hagas lo que hagas.

(Versiones de Jorge Aulicino)

Caius Valerius Catullus, Verona, 87 aC.-Roma, 54 aC., Carmina 
---
Ilustración: El dios Príapo, hijo de Dionisio y Afrodita, con su largo pene. Fresco procedente de Pompeya, siglo I. Gabinete Secreto del Museo Archeologico Nazionale, Nápoles

viernes, enero 11, 2008

Catulo / Poesía escatológica





XVI

Se la meteré y me la chuparán,
Aurelio, comilón, y Furio, culastro,
que me consideran basto
porque son mis versos ligeros.
Es adecuado que el poeta
sea personalmente puro,
pero no que sus versos lo sean.


XXXIII

Malandra supremo de los baños,
Vibenio, el padre, mariposón el hijo,
(tan diestra la mano del padre
como insaciable el culo del hijo):
¿por qué no se exilian en maldita orilla,
ya que las rapiñas del padre
son populares, y el hijo ni por un centavo
logra vender sus peludas nalgas?

Cayo Valerio Catulo (Verona, 87aC.-Roma, 54 aC.)


Imagen: Fresco en el llamado Lupanar, Pompeya, Nápoles, siglo I