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miércoles, enero 13, 2016

Carlos Pellicer / Señor, tenme piedad, bajo el escombro

















Señor, tenme piedad, bajo el escombro
desta noche de púas y venenos.
Relampaguea, mírame en qué cienos
pudro la voz con que al azul te nombro.

Haz que vaya otra vez hombro con hombro
con la alegre verdad que hiciste llenos
mis ojos peces de amargados senos
que miran sin belleza y sin asombro.

Una callada tempestad asoma
y se lleva la sombra. Una paloma
vuela sobre las brújulas destruidas.

Se ve el retoño entre mi pecho fuerte,
y un ángel con las alas compungidas
se interpuso entre mí y aquella muerte.

Carlos Pellicer (Villahermosa, México, 1897-Ciudad de México, 1977), Sonetos lamentables y nocturnos, Fondo de Cultura Económica, México D. F., 1994
Envío de Jonio González

domingo, octubre 18, 2015

Carlos Pellicer / Nocturno "B"












No tengo tiempo de mirar las cosas
como yo lo deseo.
Se me escurren sobre la mirada,
y todo lo que veo
son esquinas profundas rotuladas con radio,
donde leo la ciudad para no perder tiempo.
Esta obligada prisa que inexorablemente
quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.
Este mirar urgente y esta voz en sonrisa
para un joven que sabe morir por cada sueño.
No tengo tiempo de mirar las cosas,
casi las adivino.
Una sabiduría ingénita y celosa
me da miradas previas y repentinos trinos.
Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo
de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser.
Y acelerando rachas -quilla o ala de oro-,
repongo el dulce tiempo que nunca he de tener.

Carlos Pellicer (Villahermosa, México, 1897-Ciudad de México, 1977), Obras de Carlos Pellicer, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1981
Envío de Jonio González

sábado, agosto 15, 2009

Carlos Pellicer / Sonetos a Gorostiza



Diciéndole a José Gorostiza

Uno

¿Te diste cuenta de que en Junio el día
tiene algo de la noche? La pregunta
lleva en la flor de tu presencia adjunta
el fruto silencioso deste día.

Algo de subterránea idolatría
alcanza al cielo que el amor conjunta
y entre el día y la noche se barrunta
todo eso que no sé y es cosa mía.

Pasa por la alegría un soplo obscuro
que fácil pudo unirse a lo maduro.
Desbaraté con mis palabras eso

que nunca supe lo qué es. Y sigo
diciéndote de Junio… Libre y preso,
si te das cuenta de lo que yo te digo.


Dos

La ventana soy yo. El todo afuera
está dentro de mí. Te sigo ardiendo
sin que nadie lo vea. No destruyendo
la luz de piedra de tu cordillera.

Dentro de mí se ve crecer lo afuera.
La luz que no fue mía ya la enciendo.
La flor cuya belleza nunca entiendo
me da en los ojos su fulgor ceguera.

Me dices que así es Junio. Yo quisiera
desnudarme en sus ojos. Desde afuera
verme por dentro. Sin decirme nada

volver a las antiguas geometrías.
Y estoy entre mi nube y tu almohada
viendo caer las noches y los días.


Tres

Tu ausencia es para siempre. Te quedaste
para siempre también. Juntos hallamos
lo que nunca se encuentra. Embalsamamos
lo frutal de la vida. Todo amaste

sin decírselo a nadie. Tu desgaste
fue propio de la luz. Si nunca estamos
en donde todo el mundo, es porque estamos
con nosotros y en todo. No hay contraste.

El papelito de la mariposa
que cayó en una rosa, por descuido
sólo nosotros lo leímos. Cosa

que nadie toma en cuenta. Noche tuya
fue día para mí. Lo prometido
es deuda. Que anochezca y que concluya.

Lomas de Chapultepec, 17 de Junio de 1973

Carlos Pellicer (Villahermosa, Tabasco, 1897 - Ciudad de México, 1977), José Gorostiza - Carlos Pellicer, Correspondencia 1918-1928, Ediciones del Equilibrista , México, 1993

Nota del Ad.: Pellicer escribió estos sonetos exactamente tres meses después de la muerte de José Gorostiza (Villahermosa, 1901-Ciudad de México, 1973)

Foto: Pellicer La Jornada, México

domingo, marzo 01, 2009

Carlos Pellicer / Estudio




Esta fuente no es más que el varillaje
de la sombrilla
que hizo andrajos el viento.
Estas flores no son más que un poco de agua
llena de confeti.
Estas palomas son pedazos de papel
en el que no escribí hace poco tiempo.
Esa nube es mi camisa
que se llevó el viento.
Esa ventana es un agujero
discreto o indiscreto.
¿El viento? Acaba de pasar un tren
con demasiados pasajeros…
Este cielo ya no le importa a nadie;
esa piedra es su equipaje. Lléveselo.
Nadie sabe dónde estoy
ni por qué han llegado así
las asonancias y los versos.

México 1925

Carlos Pellicer (Villahermosa, Tabasco, 1897- Ciudad de México,1977), Obras, FCE, México, 1981

Foto: Carlos Pellicer en Zinancantepec, 1969- Raúl Anguiano, La Jornada, México