Mostrando las entradas con la etiqueta Carlos Battilana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Carlos Battilana. Mostrar todas las entradas

viernes, enero 19, 2024

Encuesta lírica II / Lecturas elegidas, 12

Carlos Battilana *

Teresa Arijón, Un millón de veranos, Miño y Dávila, 2023. (Una voz que se multiplica en diversos tonos y produce múltiples estremecimientos).

Gabriel Caldirola, Libro de nubes, Bajo la Luna, 2023. (Lo etéreo, lo alado y lo mítico construyen una cosmogonía).

Fernanda Bracco, Descalza, NC, 2023. (La sencillez como experiencia lingüística y el regocijo de los días como gracia vital).

Ariel Delgado, Poesía, Neutrinos, 2022. (Poemas estremecedores de amor y soledad).

Horacio Zabaljáuregui, Yo era un cuadro, Bajo la Luna, 2022. (La experiencia política y los fogonazos de un modo de ver el mundo en una época precisa).

Beatriz Vignoli, Viernes. Poesía reunida (1979-2021), Nebliplateada, 2022. 

Irene Gruss, Poesía completa, Ediciones en Danza, 2021.


* Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964). Reside en Buenos Aires. Profesor de Literatura Latinoamericana. Poeta. Ensayista. Es autor de El fin del verano, El lado ciego, Materia, Velocidad crucero, Una mañana boreal y La lengua de la llanura, entre otros libros de poemas. La editorial Caleta Olivia publicó en 2018 su poesía reunida con el título de Ramitas. Realizó la compilación y el prólogo de las crónicas periodísticas de César Vallejo en Una experiencia del mundo. Publicó los libros de ensayos El empleo del tiempo y Actos mínimos

sábado, septiembre 23, 2023

Carlos Battilana / Enigma



Antes
en la estepa ventosa,
ella escrutaba,
como si trajera una larga visión infantil,
los días que vendrán.

Ahora observa las piedras alrededor. Una a una. Despreocupada.

El futuro -dice- es un pequeño territorio
que se mira con afecto,
amorosamente

y sin verdadera comprensión.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), La lengua de la llanura, Buenos Aires, Caleta Olivia, 2021 


lunes, noviembre 15, 2021

Carlos Battilana / De "La lengua de la llanura"



Cierta hora

Sobre la llanura verde
sobre su extensísima superficie
frutos maduros están por caer
de las plantas y los espinos.

Nace una luz rosada
detrás del horizonte
que todo lo cubre,
incluso
los restos olvidados del corazón,
sus restos desperdigados
su parte más oscura. En medio de los sedimentos
y el vendaval, que han hecho una labor minuciosa,
la luz lo cubre
todo
después de los meses
de crudo invierno:

deshace la visión del día,
el espejismo de la razón.


Restos

En el parque de la ciudad universitaria
el abrumador silencio de las cosas
empuja el cuerpo,
y filtra
su fuerza -como un agua helada-
entre los brazos.

Escucho ritmos ignorados,
miro
a la manera de un ser ajeno
los restos
que el río trae. Rozamos la superficie
de mínimas gemas, aquí están ¿ves? Todo
es suave: desperdicios,
ramas, artesanías
trabajadas por el agua.

El cúmulo de objetos
se parece 
a muchas palabras

pronombres
cuyos orígenes desconocemos.

Los elementos y los desechos del río
tienen algo de vital. Su núcleo más duro
no se puede tocar
ni tampoco tiene sentido intentarlo.
Es inútil. El presente pesa
como un vendaval.

El canto 
de los viajeros 
-ahogados al amanecer-
sigue sucediendo
en algún sitio. Parece raro,
aunque es así. Por algún motivo
que ignoramos
hay hechos dispersos
voces olvidadas
murmullos
en medio del agua
y la desintegración
que son el signo de algo,
eso que nunca nombraremos del todo
y que, no obstante,
más que un peso
resulta
finalmente
un secreto sostén.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964)

La lengua de la llanura
,
Caleta Olivia,
Florida, Buenos Aires, 2021










Foto: Gentileza del autor

lunes, julio 27, 2020

Carlos Battilana / Tierra adentro


















Pisan las últimas claridades del día. Oyen sonidos, pero no fuertes. Sonidos lejanos que les recuerdan colores y, sin saber cómo, las oscuras profundidades del océano. En ese ajetreo pasan los días de la estación, venerando algo misterioso que no está en el desierto sino, aun sin conocerlo, en medio del mar.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), La lengua de la llanura, inédito

Otra Iglesia Es ImposibleCaleta Olivia - Zindo & GafuriEl Litoral - Hablar de Poesía - Op. Cit. - Eterna Cadencia - Colofón - La Nación - La Pecera 

Foto: El Litoral

miércoles, marzo 04, 2020

Carlos Battilana / Nocturno














Liviano ante las ruinas de este jardín,
el aire roza la superficie
que atravesó ciudades
y ríos. ¿Qué
fatiga, qué bellísima fatiga
nos disuelve?

En esta tarde de junio
de un cielo plomizo
dejo atrás lo que viví,
y el escaso margen que queda,
el frío
es
-sabemos-
una llama blanca
que encenderá una letra, una voz y
una caligrafía
con que se pueda escribir
eso que cada uno,
a su modo,
conoce:

que las horas y los días,
que las lluvias torrenciales
son apenas
hechos pasajeros

que más allá
de sus destrozos,
los temporales pueden dotar de fuerza
a los seres
inmersos
en su estruendo

y que el olvido,
que todo lo arrasa
y todo lo ve,
no tiene fin

que, a pesar de todo,
las tempestades
pueden volverse benignas
como animales nocturnos
disolviéndose.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), La lengua de la llanura, inédito

Carlos Battilana - Otra Iglesia Es ImposibleCaleta Olivia - Zindo & Gafuri - Op. Cit. - Eterna Cadencia - La Pecera - 1 Poeta 10 Preguntas - Círculo de Poesía - Malón Malón

Foto: Carlos Battilana por Gustavo Gottfried 

jueves, noviembre 15, 2018

Carlos Battilana / Materia













Miro a los niños. Uno, dos,
tres… El peso de
estos años
fue terrible
y casi no hay paz
en el
aire. ¿Quién
podrá
fuera de la política,
alejado del Capital,
decirme: este objeto
es pequeño
aquella alegría
es versátil
esto se inscribe
en el terreno de la
bondad?

Saludo con mi mano izquierda
a los próceres
del día
y camino
bajo la lluvia
a costa
del pasado.

La línea de la playa
es gris, pero hay
viento. En estos terrenos
fríos la pobreza
no es posible, el constante
sobresalto
se vuelve una moneda
real. Apoyo mis pies
en la arena, hago un hoyo
con mis manos,
arrojo
sin tristezas
un poco de materia
al aire.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964)

Ramitas. Poesía reunida (1992-2018),
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2018









Op. Cit.1 - Op. Cit. 2 - Espacio Murena - Hurlingham al Día - Malón Malón

Foto: Carlos Battilana/Facebook

lunes, abril 02, 2018

Carlos Battilana / Vapor














Sabe
con razón
que esta lluvia
de infancia
nos pertenece.

Deshechos
los truenos y los
relámpagos,
no tenemos
ya nada
entre manos.

La tardecita
antes del anochecer
absorbe
este rumor de lluvia
monocorde
y nos dice
con voz inaudible
que algo de su humedad
forma parte
de la incertidumbre del mundo,
de lo que –a cualquier precio
y de todas maneras–
nos empeñamos en llamar
un espacio de protección.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), Una mañana boreal, publicará Club Hem, La Plata

jueves, octubre 22, 2015

Carlos Battilana / Inclinado















Inclinado
el cuerpo
observando la procesión
de insectos y alimañas
descuidé
el jardín
y otros seres
han hecho con él
lo que ahora
es: matas de pasto
manchones de color
marrón
canteros
destrozados, plantas
raquíticas.

El viento
cruza el terreno
pero no es viento,
es brisa fría.

Me mojo
la cara
y veo
los papeles acumulados
las cicatrices o las marcas
concentradas
en el cuerpo
y sin detener el tiempo
recuerdo
que la vida existe
corre por algún lugar.

Celebrar
-me digo-
es también
inclinar el cuerpo
saber
que el día
acontece
en un plano
distante
a la retórica
de lo vital.

Carlos Battilana(Paso de los Libres, Argentina, 1964), Velocidad crucero, Conejos, Buenos Aires, 2014

Foto: Carlos Battilana/Facebook

martes, octubre 07, 2014

Carlos Battilana / El dulce porvenir











cuando los mejores poetas de mi generación
curtidos por las drogas
la grasa y el vino excesivo
están haciendo pie
y pueden usar la palabra templanza
con toda propiedad

reunir poemas
evaluar con cierta distancia
sus tesoros
su cúmulo precioso

cuando cerca de los 50
la juventud
es una palabra
que ha sido usada
y se puede recordar
-sí, con alegría-
las viejas amistades
los duelos
los viajes pequeños

cuando
el poeta
de los grandes experimentos
pero de otros poemas
mejores aún
es una increíble
referencia
y ahora
puede
-finalmente-
distribuir
el aire
y la respiración
porque ha corrido tanto

yo aún
el poeta de la familia
el poeta que
literalmente
ha administrado la energía
el poeta del tenis
estoy cambiando a mi hijo
interminable
en el baño
posterior de la casa
y le digo
“te amo te amo”
y barro
bajo los signos y los hábitos
de antiguos mecanismos
la ropa la basura y me muevo
-ya ciego-
entre escombros de fuego
y no tengo, lo sé,
escapatoria
no puedo ni podré respirar

amo
con pobreza
como pude

pronuncio “te amo”
como una
invocación
como una oración religiosa
-polvo del camino-
la única propiedad
con base
en lo real

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), Un western del frío, Viajero Insomne, Buenos Aires, 2015

martes, febrero 25, 2014

Carlos Battilana / De "El lado ciego"














Animales

Busca los hechos de la costumbre. Apenas piensa. Si pudiera
elegir, caminaría por un largo bosque, extendería sus pasos
más allá de los árboles; miraría el sol, las nubes, y hasta no
trasponer la línea del horizonte, caminaría, como un animal
salvaje y tenue.


Manchas

Mira por la ventana y sólo ve el movimiento de los autos. El
movimiento es algo que se ve, y ¿los objetos?... De los
objetos queda una suerte de mancha gris.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), El lado ciego, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2013

jueves, julio 25, 2013

Poemas elegidos, 81


Carlos Battilana
(Paso de los Libres, 1964)


Abril, de Estela Figueroa
Me gusta la poesía de Estela Figueroa. Elijo un poema: “Abril”. Podría haber elegido algunos otros: “Motivos”, “Sol de otoño”, “Caminando bajo la llovizna en una noche de junio”. ¿Qué me gusta de la poesía de Figueroa, la poeta argentina de una obra breve, no demasiado difundida, pero que, inevitablemente, va a expandirse por imperio de su contundencia? Me gusta su transparencia. ¿Qué significa transparencia en poesía? Un lenguaje instrumental que designa objetos, personas, que cuenta historias y que, al mismo tiempo, habla de sí mismo. Los poemas de Figueroa narran una historia, generalmente ínfima, que se asocia a una anécdota personal. Por ejemplo, una caminata nocturna, una visita a un amigo, un recorrido por un álbum de viejas fotografías, la preparación de su hija para salir (un poema que nos recuerda un famoso texto de Giannuzzi). Sin embargo, en ese relato de historias mínimas, las palabras del poema no dejan de interrogarse sobre sus condiciones de posibilidad en relación con el sentido. Es cierto que varios de sus poemas hablan del oficio poético. Pero no es por eso que las palabras adquieren registro autónomo, no es por eso que, al mismo tiempo que hablan de un referente, se designan a sí mismas. En la poesía de Figueroa cada vocablo se usa en función de la pequeña historia que se cuenta, de eso no hay dudas. Pero al leer sus poemas se percibe -casi de manera física- el peso de cada palabra, como si ellas fueran leves materias, o como si los vocablos del poema no sólo nombraran una anédota, sino que la acompañaran a través de su propia proyección como signos. Los poemas de Figueroa son una suerte de acústica tenuemente rumorosa que va desencadenando, de manera inesperada, una reflexión tremenda, objetiva y atroz. A la manera de una luz oscura y un poco insondable, estos poemas remiten a la sencillez de los vocablos (lo que acaso se podría llamar el artificio de la sencillez), una categoría estética que se construye cuando los vocablos han pasado por un potente grado de combustión y, finalmente, regresan a su carácter comunicativo.
Vuelvo al poema “Abril”. La mayoría de los verbos del poema se hallan en pretérito, verbos muy característicos del género narrativo. El poema cuenta una historia sobre un bolso que se rompió y sobre su contenido (recibos de sueldo, monedas, documentos, boletos de ómnibus, una carta de ultramar, etc). Progresivamente percibimos que el bolso del que se habla -“el bolso viejo”- se transforma en el “bolso de la vida”. Allí descubrimos que la sucesión de hechos que se narra, en su parca precisión, va desmadejando una suerte de plegaria final, casi una oración profana en modo imperativo que tiene mucho de ternura y de piedad: “sé benévolo”. En función de ese final, inesperado, el poema transita por acontecimientos, en apariencia, menores y, al mismo tiempo, los va sorteando. Los pequeños acontecimientos -advertimos- tan exactos son el sustento de ese final, su condición necesaria. El poema designa un objeto concreto que resulta significativo para el sujeto poético y, a través de él, quiere decirnos algo más. Es paradójica la escritura de Estela Figueroa: el sentido se expande y, sin embargo, las palabras afirman su precisión y exactitud en esa especie de arco oscilante entre la acepción literal y la metáfora que construyen.


Abril

El año pasado
por este mes
me compré un bolso
que tenía muchos compartimientos.

Me acompañó un año.
El año más atroz de mi vida.
Pero para qué extenderse
en una descripción de situaciones
que reclaman olvido.

Este año el cierre se rompió
y compré otro.
Ya sin compartimientos
y del mismo color.

Pasaron unos días
hasta que llegó el momento de la ceremonia.
Sobre la colcha floreada de mi cama
vacié el bolso viejo.
Todos sus compartimientos.

Aparecieron recibos de sueldo
propagandas de distintos comercios
remedios
boletos de ómnibus
una libreta en blanco
mi documento de identidad
monedas
y una carta enviada desde Madrid
donde un joven me escribe
que momentáneamente está allí
que todas las noches
piensa en mí que
fue una pena que
sabré de él por
otra carta o…

He orado
por él
por mí.
Bolso de la vida:
sé benévolo.

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946)

Foto: Carlos Battilana en FB

lunes, octubre 01, 2012

Carlos Battilana / Los pájaros se acercan



*

Los pájaros se acercan
al jardín: sobre todo
gorriones, pero también
calandrias, jilgueros,
cabecitas negras, algún
hornero. Caminan
por el pasto
mueven sus cabezas
absorben
los minerales de la tierra
están preparados
ante el menor descuido.
Los pájaros
se demoran
en el conurbano
profundo
husmean
los beneficios del jardín:

¿padecerán el recuerdo
de un bosque
oscuro?

Como un resto
de otro resto
la tierra
mezcla
o articula
el residuo
de lo civil.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), Velocidad crucero, inédito

Ilustración: Todo lo que cuelga, 1930, Paul Klee

lunes, noviembre 15, 2010

Carlos Battilana / Parrilla




Parrilla

Sobre el fin de la calle
rumbo al cuartel
hay un asador:

es verano
pero corre una pequeña
brisa.

Mi padre
mi madre
nuestros hermanos
disfrutan de la cena
familiar
al aire libre.

No hay nada que temer
estamos abrazados por el campo
el mundo acontence en este punto
minúsculo del universo. Tengo
seis años. Conozco
todo
lo que me circunda.
Somos libres
en el lugar.
Mi padre es feliz;
se rodea de sus hijos
de su mujer
tiene información suficiente
para proveernos
durante algunos años:
axiomas, libros, narraciones
de adolescencia.
Ahora que
su muerte es fresca
y reciente, recreo el instante
en que mi padre
distribuye la carne,
las achuras, las ensaladas
en derredor.
Mi madre lo roza con los ojos
y deliberadamente
lo deja hacer
deja que su fuerza crezca
allí, en ese punto
minúsculo del universo.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964), Materia, Editorial Vox, Bahía Blanca, 2010

Ilustración: La comida, 1891, Paul Gaugin