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jueves, mayo 09, 2024

Carina Sedevich / De "El dios de los vacíos"




Golpeas/ en esta costa/ y se juntan arenas// en la otra.
Hugo Padeletti

1


La difícil extracción del sentido es simple, dice el poeta.

El sonido de las alas de la bolsa negra
que espera llenarse de basura en el patio
es dulce como la marea.

He hecho lo que he podido. 
Como en los poemas. 

Lo acopiado es sucio, trabajoso. 
Conformado por elementos simples.

Lo que me ocupa ahora es este patio. Tierra
acaso no muy mala ni muy buena, la que se saca 
para encontrar arena. 

Estaba buscando algún sentido y la
necesidad puso en mis manos
tierra que otros desechan.

Como en los poemas.
La arena querida es imposible. 
Debo querer esta tierra modesta.

Y conseguir un basurero.
Poder cerrar las alas de la bolsa negra.
Perder el ruido de la marea, dulce.

*

Biseles de la rueda de los cielos
que no entran aún en el otoño:

faltaría que esto
se me encastre en el cuerpo.

Ver la hermosa
consciencia completándose,
la serpiente mordiéndose la cola.

Faltaría encontrar la mariposa 
clavada en el espejo.




Se lavan las lentísimas rejas. De este lado
le temo al patio salvaje, inconmovible.
A las claridades. Al sereno. 

Qué duros son los visos de las cosas. 

Y todo por no saber hincarme ante lo dado, 
por haberme olvidado de que quería un perro. 

*

Si mi hijo estuviese podría cifrar las formas de la casa.
Tiene un cerebro celeste, como de ramas de enebro.

Yo apenas sé que las cosas son duras como muertos.
Acepto la rara matriz que alcanzo a ver y que no alcanzo:

un continente de pena que es tan grande, tan antigua, 
no puede pertenecer ni traspasarse.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)

El dios de los vacíos
,
Alción,
Córdoba, Argentina, 2024









Más poemas de Carina Sedevich en Otra Iglesia Es Imposible

---
Foto: Carina Sedevich / Facebook

lunes, mayo 15, 2023

Carina Sedevich / De "Un pez en un cauce que mengua"



IV. Ave traspasada de universo

                                                     You exist without the feeling of existence.
                                                                                               BKS Iyengar
1

Órgano raro
desangrado del árbol
se azula un limón. 

*

El amarillo 
habla su lengua
flamígera.

El canto del tero
apenas lo toca.

*

La llama está viva
saturada de sí

en la hora nublada
que se consume
lenta.

2

Ave traspasada
de universo:
amanece.

No puedo decir día
o decir noche.

*

En el curso del viento
vibra el pálido gris.

Pasan dos perros mojándose.
No vienen ni van.

*

A los ruidos
de la noche
siguen los ruidos
del día.

El sol no llega
ni pasa.

Mi mente
no intenta unir puntos
en el espacio
infinito.

*

En un lugar que existe

dentro de mí

no escribo.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)

Un pez en un cauce que mengua
,
Santa Fe Cultura,
Santa Fe, Argentina, 2023










viernes, agosto 12, 2022

Carina Sedevich / De "Krishnamurti"




No hay sol. El agua, que lo ha olvidado todo,
se funde con el cielo y con las aves barcinas.
Los huevos de sapo refulgen en la orilla
para los solitarios como yo, que pasan.


*

Llovió. No tengo sombra. 
Los pájaros parecen alegrarse.

Un golpe de viento en el recodo del río
iguala mi niñez y la del eucalipto: 
plateadas, crudas.

Llegan mis hermanos en pantalones
cortos, cantan las ranas,
se cruzan árboles de hojas amarillas,
el sol se precipita sobre los alambrados.

Llegar al borde 
de lo que existe sin preguntarse.

Llegar al río.

Mirar en la espuma ensancharse, verde,
el pasado fresco y el tardío
y no buscar un orden.

*

En las compuertas bajas, donde nace el sonido de lo sideral,
terminan la calle angosta, las flores lácteas de los ligustros.
Bajo las frondas las loras se llaman con su fósforo verde
y en los primeros árboles del río me ampara la inmensidad.

Carina Sedevich (Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina, 1972)

Krishnamurti
El Vendedor de Tierra, 
Florida, Provincia de Buenos Aires, 2022










Foto Carina Sedevich por Laura Bellomo Carina Sedevich/Facebook

sábado, diciembre 19, 2020

Carina Sedevich / De "Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder"

               

                                       
















                                                        Kárhozat o La condena

El hombre conoce el filo del cuchillo que le raspa la cara
por el sonido espeso y gris. Cae la lluvia sobre el bar
y la mujer que canta dentro tiene el pelo húmedo.
Cada película del húngaro es una caja de música.
Los diálogos son innecesarios, pero en un momento
alguien dice: “todas las historias son de desintegración”.
El protagonista vacía la copa de un trago y yo me ahogo.


                                                              Mogari no mori

Sobre el pueblo de Naomi Kawase ondulan las ramas
más altas de los bosques de bambú. El plano cenital
genera una imagen simple, pero el sonido es complejo
como el del mar. Físico, granular, continuo. La vista
de angostos pasillos de los campos de té precisa en
cambio risas, cuerpos. La casa de los viejos requiere
un fūrin, con su brisa discreta y su papel manila.


                                                      The Duino Elegies

Se escucha un grillo, perdido, y ese canto de agosto
del benteveo, todavía frío. Camino
hacia el ciprés ceniciento en el fondo del parque
igual que todas las mañanas. Según Rilke, ese
árbol que podemos contemplar, de nuevo, cada
día, nos resguarda del comienzo del horror.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)

Cuando la muerte sorprendió a Fassbinde
r,
Tanta Ceniza Editora,
Neuquén, 2020










sábado, diciembre 07, 2019

Carina Sedevich / De "Grandes metales oscilantes crujen"














El sonido de una llave gira en mis oídos
profundo, extenso. Si el remanente de los gestos
repetidos segrega casi un perfume: ¿no era
el olor de los hoteles por las tardes nuestro?
¿No era más cierta la vida, oscura, sensitiva?

*

La campana del monje en la campana celeste
suena, y no hay viento siquiera. Lo de siempre.
Unos teros fijos sobre el pasto verde.
Nada más a los lados de los puentes metálicos.

*

La casona de los viejos huele a lavandina.
El televisor se escucha en la penumbra. A veces
un destello en la mirada que vuelve, en el cielo
reflejado sobre un vidrio, en una voz que suena
familiar. Es pirotecnia fría, desvaída.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)


Grandes metales oscilantes crujen,
Editorial de l'aire,
Santa Fe, 2019











miércoles, marzo 20, 2019

Carina Sedevich / Tres poemas de "Flor cineraria"















En las piernas inmóviles del niño
que empujan en su silla cuando llueve
corre una luz profusa, de faroles. 

*

Una mujer se interna
en el hospicio.
Un hombre asume
que su hijo morirá.
Sólo el viento incontable
sobre el puente.

*

Como un pájaro se posa en mi brazo mi madre.
Hemos jugado nuestras cartas.
Ha sido justa la partida. 
Se estiba el frío, sobre el horizonte,
en su materia sacra, divisable.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972), Flor cineraria, publicará Detodoslosmares, Capilla del Monte, Córdoba, Argentina

Op. Cit. - La Voz - Vallejo & Co. - Letralia - Círculo de Poesía

Foto: FB

lunes, octubre 01, 2018

Carina Sedevich / De "Lejanas bengalas estallan"















Pobres seres de barro que se parte

3

Un hombre limpia cada día
el excremento de los tordos.
Su tarea es infinita.
Más allá,
en la vereda de la escuela,
viejos chicles desechados
forman negrísimos mandalas
y otros dos hombres
no hacen nada.

4

Es tarde.
El viento corre alto.
Un benteveo calla sobre un cable.
Una paloma en la rama de un sauce.
Dos viejos sosteniéndose uno al otro.
Para los que andamos en el parque
todos los días, bajo el cielo de cal,
cualquier momento
podría ser el fin.
Nos sonreímos.

5

Ruidos confusos de una fiesta en la calle.
Mi corazón está en calma: todo acaba.
Los días de calor, las borracheras,
la incomodidad de las mudanzas.
El viento gira y el perfume de enero
gira también. En cuanto me recueste
la gata se echará en silencio. Se cerrará
la noche, como las flores de las enredaderas.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)

Lejanas bengalas estallan,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2018










Indie Hoy - Triplov - Letralia - La Raíz Invertida

Foto: FB

jueves, mayo 03, 2018

Carina Sedevich / La fruta que los budas se llevan a la boca















1

Los budas no tuvieron padres que combatir
ni hermanos más amorosos, que los fueron destronando.
Tuvieron tiernos maestros y ramalazos de luz
en los que el dolor ardió por combustión espontánea.

*

Los vecinos de los budas no se burlaban de ellos.
Ni por sus raras palabras ni por sus grandes orejas.
Y la sombra de los árboles buscaba sus cabezas.



2

Los budas no necesitan caminar a la montaña.
Respiran con gran dulzura el aire más cristalino:
el que la lluvia mojó, el sol libró de los ácaros,
y perfumaron agujas de las ramas de los pinos.

*

No necesitan del sol para percibir el sol,
ni la arena de las alas de la oscura mariposa.
No se acercan a los niños para entender
la ternura. No se llenan de pasión
por una sola palabra.


3

Cada día
la fruta que los budas se llevan a la boca
es la más dulce fruta de sus vidas.


4

Flores silvestres
de un amarillo amargo
que entre las lajas de arcilla
esperan el temporal:
los budas no se estremecen
como nosotros.

*

Óleo sedoso
de la taza de la cala,
polen espeso
de la espada de la cala,
tálamo verde
de sombra tan delicada:
recuerden siempre a los budas.
Oren por mí.


Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)

Los budas y otros poemas,
Editorial Universitaria de Villa María (Eduvim),
Villa María, Córdoba, Argentina, 2018









Vuelo Digital - Vallejo y Co. - Sur y Sur - Op. Cit. - De Sibilas y Pitias

miércoles, enero 06, 2016

Carina Sedevich / Aprendí de mi madre la palabra “invisible”










                                 


                                     Para Carla, que ama los unicornios                             
                              y se parece mucho a su abuela Griselda 


Aprendí de mi madre la palabra “invisible”
mirándola cuando se peinaba.

Una palabra afilada y aceitosa,
con algo de cartílago animal.

Me recordaba al antílope, mi madre:
sus huesos finos, sus caderas gráciles,

y sus colores bronceados, también.
Tenía cosas que no podían verse

debajo de sus uñas y su pelo,
debajo del vestido y del polvo de su cara

y del perfume, incluso, de ese polvo
y todavía debajo de su piel.

De su encanto discreto, como de hoja
de árbol, finalmente aprendí a esconderme.

Aprecio los visillos, las enaguas,
los echarpes y las medias de seda,

los anteojos oscuros, los papeles
para forrar cuadernos, los esmaltes,

las hebillas de nácar, las palabras.

Esas palabras que fueron forjando
mi dura vara para medir las cosas.

Y esa palabra invisible y poderosa.
La palabra mágica. La clave

de la esperanza y la transmutación.
Ese unicornio que peinabas, madre.

 Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972)



Klimt,
Club Hem,
La Plata, 2015








Foto: Carina Sedevich en FB

sábado, diciembre 19, 2015

Carina Sedevich / El sol se aleja como un globo de helio













(Fragmento)

2


Bebé:

El sol se aleja como un globo de helio.

Siempre es de día en el invierno.
La luz es dura, vertical, probada,
como la herida de un puñal.

También son fuertes tus encías
aunque sean rosadas, todavía.

*

Bebé, esta mujer cruza la plaza
con una taza vieja en la cartera.
Piensa en usarla para alimentarte.

*

Bebé, esta mujer escribe
sentada a la vera de tu cuna
mientras la vida no deja de escurrirse.

Se acerca a la ventana
donde sólo ve techos y palomas
y piensa que eso es todo.

Y es bastante.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972), Un cardo ruso, inédito

Foto: Cariña Sedevich en FB

martes, septiembre 23, 2014

Carina Sedevich / Dos poemas




Enciendo la lámpara de sal de la montaña
junto a mi cama.
Me suelto el pelo
recordando las canas invisibles.
Me acuesto entre las sábanas de hilo
con la bata dorada de la China.
Debajo mi piel blanca no desea
ni en sus botones rosados
ni en sus lunares pálidos.
Sobre la almohada se escuchan mis anillos
porque está fresco, quizás,
y se afinaron mis dedos.
El oro, la plata, la amatista.
Afuera la noche se ha espesado
porque terminó la luna llena.
Empieza el mes que precede al invierno.

Qué ligera que soy sin tus deseos.

Qué dulce corre el alma
en mi esqueleto.
Qué cierta es esta cara y estos flancos
qué ciertos que son,
qué delicados.
Me admira mi gata, blanca y parda,
y yo la admiro a ella en su silencio.
Hasta el perfume rojo de las flores
tengo.

Qué ligera que soy sin mis deseos.



Mi madre me llevaba a aprender a bailar.
Ella hubiera querido bailar, de pequeña.

Yo sólo me acuerdo del conservatorio
-la fachada blanca,
las columnas altas,
las escaleras de mármol veteado-

y muy vagamente el olor de mi trusa
guardada en el bolso
toda la semana.

Ni una sola imagen del salón de baile.
Apenas un piano que sonaba al fondo.

Yo recuerdo el otoño en los bulevares,
el aire en la cara al salir de la clase,

mis primas, más grandes, que podían ir solas.

Yo apenas recuerdo haber deseado
aquello:

alcanzar esa breve
libertad de mis primas.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972), Escribió Dickinson, Alción, Córdoba, Argentina, 2014

Foto: Facebook